17 octubre, 2005

problemas de atención

Empiezo, como siempre, no por el principio. Cuando vi que Verónica abrió este espacio me sentí inmediatamente tentada de solicitar el alta para integrarme al staff. Los hijos (en mi caso uno solo, que vale por cien) nos dan a diario material suficiente para tantas historias como palabras dicen. Pero lo que me había detenido, hasta ahora, es que casi siempre me cuesta encontrar para esas historias cierres o finales. No es que pretenda un final explicativo con moraleja y todo, pero sí algo, un atisbo de remate, aunque más no sea formal, que cierre todo eso que ellos abren.

Félix tiene 7 años y reinicia esta semana sus sesiones de psicóloga. Al principio me costó aceptarlo. A mi me mandaron al psicólogo de chica, como quien lleva el hijo al mecánico "a que le ajusten las tuercas", a ver si había algo que pudiera repararse. Nada más alejado de lo que quisiera hacer con él. Sobre todo porque entiendo que él va a hacer lo que quiera.

La Lic. S. se apresura a explicarme, después de oir un breve cuadro de situación, que en la escuela, cada vez que encuentran nenes con los que les cuesta lidiar (nenes que se aburren, demasiado creativos o demasiado quilombros o demasiado dispersos) los mandan a la consulta. Me explica que el 90% de sus pacientes llegan derivados de la escuela, y que ser derivado por la escuela no significa que el niño tenga en sí nada "malo" sino que es cuestión de ayudarlo a que adapte su conducta a lo que una escuela puede tolerar.

Le digo que, según la maestra, el chico tiene problemas de atención

—Me dice la señorita que, por ejemplo, leen un cuento, lo comentan, él escucha y participa y al otro día no se acuerda nada, como si no hubiera estado. Que vive en las nubes y que en matemática se pierde todo el tiempo. Que cuando de verdad se concentra logra un rendimiendo tan diferente al habitual que se nota que el problema no es de aprendizaje. Pero lo peor es que yo soy igual: puedo tener el cuerpo en un lado y la cabeza en otro, más de lo que me gustaría. A veces vamos caminando por la calle y él interrumpe su monólogo para decirme "ma, no me estás escuchando", y yo "no, la verdad es que me aburre cuando me hablas de la tele".

—Pero, ¿vos te perdés y es algo que te pasa o vos te perdés cuando no te interesa lo que escuchás?

—A veces me pasa más allá de mi voluntad de escapismo mental. Pero yo ya soy grande y con mi problema de atención puedo vivir.

—¿Vos sentís que tenés un problema de atención?

—... no sé, no se me había ocurrido decirle así hasta que hablé con la maestra.

Después la conversación tomó otro rumbo, arreglamos el tema de los horarios, del dinero y nos despedimos.

Pero la pregunta "¿vos creés que tenés un problema de atención?" sigue conmigo hace casi una semana.
Y desencadena otras preguntas todavía menos respondibles para mí. ¿Puedo enseñar algo que no sé? ¿cómo se hace para que el niño imite solamente mis características socialmente aceptables? ¿es un problema de atención hacer de cuenta que lo que no me interesa no existe? ¿es inevitable que mis hábitos de defensa contra el mundo se hayan arraigado en mí al punto de funcionar en automático, sin consultarme?

Y acá es donde me falta el remate. Una frase que responda todas esas preguntas o las invalide por completo. Un "lo único que importa es que lo amás y querés darle lo mejor". No. Evidentemente es condición necesaria pero no suficiente.

No hay remate posible para mí que indique el amor, la voluntad, el esfuerzo y que todo eso sirva pero no sea suficiente.

Pero la verdadera paradoja del asunto es que todo ese malestar, todas esas preguntas que me despiertan a la noche, la inseguridad y la sensación de ineptitud se disipan, todas juntas con juegos en la plaza y abrazos y sonrisas y sos la mejor mamá del mundo y, por lo menos en el segundo en que lo oigo, así me siento.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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daniela gutiérrez dijo...

bienvenida al blog!, y no hay remate mejor que un buen abrazo, es verdad. Además quien sabe qué es ser "buena" madre, ¿no?. Aguante, Félix!, daniela

Verónica Sukaczer dijo...

¡Bienvenida Natalix!
Yo también he mandado a mi pobre crío a la psicóloga, con resultados aterradores (eso va para otra historia). Y también a mi hijo le dicen todo el tiempo en la escuela que debe concentrarse más y hablar menos. Justamente el otro día, en reunión de padres, la maestra decía que este primer grado estaba teniendo fama de "terrible", y que había que hacer algo para que no los etiquetaran. ¡Y no me importa! Juro que no me importa. A mí me parece que es la maestra la que no puede controlarlos, y que por eso le tiran el bardo a los chicos, que la única culpa que tienen es la de ser increíblemente creativos, necesitar estímulo permanente, querer aprender más y hacerlo a su modo.

Bestiaria dijo...

La mayoría de las cosas que aprendí de mi mama, no me las enseñó.
Tenemos que perder el prejuicio y el miedo al psicoanalisis. Cuando uno elige enviar a su hijo a hacer deporte no necesariamente lo hace porque necesite enderezar la columna o recuperarse de un accidente. Lo hace sin ningún defecto previo y con la certeza de que cuanto menos se usa el cuerpo, mas inutil y atrofiado se vuelve.
Yo entiendo el psicoanalisis como el ejercicio de la cabeza, y voy para conocerme, para entenderme, para aprender a pensar y para utilizar cada vez más y mejor mi cabeza.
No voy porque este atrofiada ni tenga un trauma imposible de superar. Voy porque quiero ser mejor.
Y de todo lo que me dio mi mamá, lo mejor es esto, entender el psicoanalisis así, como una enorme oportunidad.

Pilarcito dijo...

Hola Natalix, te cuento: cuando mi hijo comenzó el jardín, en su primer salita de 3 añitos, tenían una maestra que mandó a casi todos los alumnos a terapia! y para que te des una idea del panorama de hoy...están en primer grado y según dice la maestra son terribles. No se si la terapia ayuda o no, depende. Creo que ayuda mucho lo que los padres pueden hablar y depender de los psicos cuando nuestros hijos nos superaron a nosotros! besitos

Natalix dijo...

daniela, verónica, bestiaria, pilar:GRACIAS por la calurosa bienvenida.

Creo que cada cometario da para un post. No me imaginé que el tema chicos/terapia pudiera tener tanto adentro.

Por suerte la psicóloga de Félix y yo estamos de acuerdo en casi todo y las cosas que me dice me suelen ayudar más de lo que me trauman.

Ayer fue a la escuela después de su sesión ¡y la maestra lo felicitó por lo bien que se había portado!!!! (Le di besos hasta que pidió auxilio)

cariños a vosotras

Flor Gama dijo...

el otro dia
El niño tiro una frase para mi
todas las personas
son de la misma familia



eso lo dijo el con sus 7 años
en el colectivo...

me encanto, eso es lo importante lo del apredizaje academico se supera....