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14 julio, 2011

Mc Donalds

Era muy joven cuando tuve a mi hija, tenía 19 años y mi esposo 23. No teníamos ni dónde caernos muertos. Angela fue testigo de todas las dificultades que debimos sobrellevar para tener la casa que ahora tenemos, fue testigo de nuestro andar de arrimados de casa en casa. Angela presenció que tanto su padre como yo, con mucho esfuerzo terminábamos cada uno la carrera, nos vio desvelarnos cada noche para entregar trabajos. Algunas veces me acompañó a clases, me vio presentar examenes y obtener buenas notas.

Pero la razón por la que Angela se siente orgullosa de mí, es que en mi época de estudiante soltera trabajé en McDonalds. Solamente fue un trabajo de dos meses, mi falta de empatía con ese payaso de pelo rojo no me permitió seguir. Pero cuando lo mencioné como un comentario sin importancia, mi niña demostraba llenarse de orgullo; les platicó a sus amigas y el dato corrió como reguero de pólvora en todo el grupo y ya nada fue igual, todos los niños me observaban con admiración, como si hubiera salvado al mundo.

Ahora sé que podría tener muchos logros más en mi vida, pero ninguno superará el haber preparado hamburguesas en el restaurante que hace sonrisas. Por supuesto me ha implorado que lo haga de nuevo, pero no deseo ir por la vida oliendo a pepinillos.

12 mayo, 2011

A volar

Recién casada salí por primera vez de la casa materna, lloré como magdalena aún sabiendo que ahí estaría todas las tardes para tomar el tradicional café con galletas después de la comida, ya me había salido por las malas a los 17 años, pero esa es otra historia, y esa vez me dolía dejar la casa donde crecí aunque pasaría ahí la noche una o dos veces por semana.

Al fin después de 3 años me fui a mi casa, MI casa, lejos, al extremo opuesto de donde vive mi madre, pero ¡oh sorpresa!, existe el teléfono. Ya pasaron 5 años y los últimos dos me he dedicado tiempo completo al hogar y he sido saca-apuros, chofer, nana y asistente de mi mamá y mi hermana, que vive en la casa materna con 38 años de edad y dos hijos. No lo digo en tono de queja, jamás me ha molestado ayudarlas y siempre que puedo lo hago, llevo encargos, cuido sobrinos, las llevo y las traigo, aunque ello implique atravezar la ciudad para hacerles el favor y atravezarla de vuelta para regresar a mi casa.

Hace poco empezamos mi esposo y yo con planes de abandonar la ciudad por diversas razones, ese plan ya es un hecho. Mi madre y hermana pegaron el grito en el cielo y comenzaron a encontrarle defectos a mi esposo y sacar de abajo de las piedras razones sin fundamento para no irme. Todo es una extraña muestra de afecto, lo sé, pero no puedo negar con algo de modestia que se les vendrá el mundo encima y quiero seguir ayudando, pero tengo mi propia familia y por cierto, una vida.

Lo cierto es que aunque las adoro, quiero extrañarlas, tenerlas presentes, durar horas con ellas al teléfono, quiero tener más cosas qué contarles. Quiero esperar con ansias las vacaciones para venir a Morelia, quiero estar lejos para estar cerca. Y quiero saber qué se siente ser la visita.

Por otro lado, esta ciudad está llena de familiares y amigos, aquí esta nuestra vida y ello nos da poco o nada de tiempo para convivir en familia sólo nosotros: mi esposo, mis hijos y yo. Hemos pasado por situaciones complicadas en las que vemos cerca el fin y no hemos tenido momentos para superarlo juntos, para salir adelante; simplemente dejamos pasar todo.

Quiero dedicarme completamente a mi familia, estar para ellos, atenderlos a ellos y nada más a ellos. Idear formas de convivir y pasar el tiempo juntos sin sentir que tenemos que visitar a alguien para que el fin de semana transcurra con rapidez. Me hace falta, nos hace falta, a todos.

Y por si fuera poco, me voy a la ciudad donde se realiza la Feria Internacional del Libro más importante del país, qué más quiero.

15 marzo, 2011

Madre soltera

Antes de narrar el siguiente episodio, cabe señalar que mi madre es una persona muy conservadora, de esas que dicen que los tatuajes son para vagos y rateros, que los hombres deben traer corto el cabello, que los escotes son indecentes, etc.

Estaba Angy jugando con su muñeca, la arrullaba. A su abuela le dio curiosidad y se acercó a preguntar. Así se desarrolló la conversación.

Abuela: ¿A qué juegas?
Angy: A que era madre soltera
Abuela: ¡¿Porqué!?
Angy: Pues porque no tengo esposo, y mi primo Chava no quiere jugar a ser el papá.
Abuela: Puedes jugar a que se había ido a trabajar.
Angy: No, mejor madre soltera. ¿Para qué quiero un esposo que nunca está?

Entre juego y juego, algo de realidad se ha de asomar. La conversación que después mi madre tuvo conmigo fue larga y aburrida, pueden imaginarla.

07 marzo, 2011

Si yo digo que te duele es porque te duele.

En días pasados me encontraba lavando mi auto en la calle, cuando pasó una vecina con sus hijos, uno de ellos se había roto la clavícula en días anteriores. Saludé a mi vecina y enseguida me dirigí al niño lesionado:
- Diego ¿cómo sigues?
- Bien
- ¿Ya no te duele?
- No
Intervino inmediatamente la madre:
- Ah como no, ¡claro que le duele!
Diego ya solamente sonrió y me dirigió una mirada que yo me di a la tarea de traducir en: "está bien, si mi mamá dice que me duele entonces sí, me duele".

Jaja, lo que me asombró es que el niño ya ni siquiera se tomó la molestia de contradecir a su madre, a sus escazos 6 añitos aprendió a darle la razón para no discutir. Cosa que yo empecé a hacer a los 25.

13 diciembre, 2010

Cosas inexplicables

Yo siempre pensé en hablar con mis hijos de lo que mi madre no hablaba, y si lo hacía, era con mucha reserva. Pensé que no habría algún tema del que no pudiera hablar con mi hija... hasta la semana pasada.

Una serie de hechos violentos en nuestra ciudad provocaron que adelantaran la salida de las escuelas, me vi en la necesidad de ir por Angy tres horas antes; para colmo, el camino a mi casa era una de las zonas de conflicto, los tiroteos no paraban, pasamos el dia en la casa de sus abuelos.

Y en la noche, pensando que los disturbios habían pasado, decidimos regresar a casa. En un punto el tráfico se empezó a detener, llegó un momento en que no se podía avanzar ni retroceder, poco a poco nos acercamos hacia donde el flujo vehicular nos guiaba. Había un autobús en llamas, un grupo de hombres armados bajó a una familia de su auto, para prenderle fuego. Los sicarios se fueron. Por el retrovisor busqué a mi hija, en lo que dirigía mi vista hacia ella, deseaba que no hubiera visto aquello, pero vi sus ojos más abiertos de lo normal, las cejas levantadas y con una carita llena de dudas. Max iba dormido.

No pasó mucho tiempo cuando Angy empezó a preguntar y preguntar, para mi vergüenza, no pude responderle nada concreto. ¿Porqué esos señores hicieron eso? ¿Porqué le prenden lumbre a los carros? ¿Porqué están armados? y la última pregunta ¿Porqué no hay policías cerca?

¿Cómo expicarle a mi hija algo que estamos viviendo juntas por primera vez? ¿Cómo decirle que no se asuste si yo estaba tanto o más asustada que ella? Caí en la cuenta de que en ese momento eramos dos niñas descubriendo el mundo. Aún así traté de despejar sus dudas una a una y más me avergonzé de lo que me escuché decir, que después de todo no fueron mentiras: "la policía no viene porque los malos están mejor armados y además son más rápidos; en lo que llega la policía, ellos ya se fueron, la policía tiene miedo además".

En mi infancia, yo no sabía que existían los narcotraficantes, la persona más mala del mundo era el dichoso "robachicos", jamás vi un delincuente en persona, a los 12 años supe lo que significaba la palabra "violación". Angy a los casi 8 años, ya vivió las consecuencias de conflictos armados entre autoridades y narcotraficantes, ya conoció la violencia cara a cara; y su madre no sabe cómo explicarle.

El resto del camino estuvo lleno de autos quemados y algunos aún en llamas, una gasolinera en las mismas condiciones. Afortunadamente sentimos el alivio de llegar a casa. Al día siguiente mi hija vio una ciudad desolada, vacía, con restos de vehículos quemados y todos los negocios cerrados. Mi dilema es qué postura tomar, tan malo es decirle que se acostumbre como malo es dejarla vivir con miedo.

Debo decir que nunca le di tanta importancia al mundo que habrá para ellos en el futuro, nunca tuve tanto miedo de su porvenir, nunca había tenido tantas ganas de taparle los ojos a mi niña, ganas de encerrarlos a ella y Max en una burbuja donde nunca nada les pase y todo lo que esté ante su vista sea agradable.

Yo sé que no podré protegerlos toda la vida, pero hoy mismo haré lo posible, por ello, hoy empieza el proyecto de mudarme de ciudad, sacarlos de aquí. Tal vez esa no sea la solución definitiva, pero por lo pronto, espero se materialice.

28 octubre, 2010

Madre = ¿Tiempo libre?

Me sorpende y a veces me molesta la imagen que tienen las personas de un ama de casa, simple y sencillamente no lo concibo.


Situación 1:

Mi esposo nos lleva de visita a una ciudad vecina para conocer a unos amigos suyos; empresarios, solteros, jóvenes. Nos invitaron a comer, por alguna razón aprecian mucho a mi esposo y como dicen: el que quiere a la plantita, la quiere con todas sus florecitas. Así que la invitación fue extensiva para mí y mis hijos.

Toda la tarde hablaron de negocios, cualquier comentario mío era pasado por alto por más que mi amable esposo trababa de integrarme, lo que yo decia era una brisa, un zumbido de mosco. Cuando intentaron establecer comunicación conmigo solamente me preguntaron: ¿Qué tal la vida de mamá? ¿Tranquila no?

Claro, las madres no tenemos más tema de conversación que pañales, niños, casa. Y por supuesto nuestra rutina es relajada: Estar al pendiente de de una niña aprendiendose las tablas de multiplicar, un bebé aprendiendo a caminar, una casa que tarda todo el dia en limpiarse y 5 minutos en ensuciarse, que mi familia tenga ropa limpia y planchada y un plato de comida caliente todos los dias tres veces al dia, mas refrigerios; eso y una sesión en un spa, es casi lo mismo, claro.


Situación 2:

Me reencontré con unos amigos de la licenciatura en una reunión. La pregunta de ley para todos ¿qué haces ahorita? ¿a qué te dedicas? Yo respondí: "a mi casa, mis hijos, mi marido". El comentario: "¡que bien! tienes todo el dia libre para hacer lo que quieras: leer, escribir, descansar"

Claro, la casa se asea sola, el bebé de un año ya es independiente, la ropa se lava sola, la comida se hace por sí misma y los platos no se diga, se lavan por arte de magia.


Me decepcionó un poco ver que así nos ven a las mujeres que nos dedicamos al hogar. Pero si algo es cierto, es que solamente desepeñando el rol es como se conoce la vida de una mujer y ama de casa, y por supuesto, solo así es que se conocen las satisfacciones, que superan por mucho a lo demás.

He sido madre trabajadora y madre ama de casa y puedo decir que, ambas cosas, por igual son agotadoras, con presiones y satisfacciones, disgustos y alegrías. Una no hace más que la otra, ninguna es mejor madre que la otra.

08 octubre, 2010

Ni flores

Ya ha pasado un año, tres meses, ocho días. Y no me atrevo aún a ir al cementerio a visitar la tumba de mi hijo, ni para dejarle unas flores. ¿Falta de interés? No ¿Falta de cariño? Tampoco ¿Olvido? Por supuesto que no ¿Falta de valor? Tal vez, y cobardía.

19 marzo, 2010

Verdades sobre el embarazo

  • Empezamos a vomitar hasta que tenemos la prueba positiva en las manos, no antes.
  • En los primeros meses inflamos la panza para vernos "más" embarazadas.
  • Despues de ver al bebé en el primer ultrasonido sentimos que cualquier movimiento los podría lastimar o torcer.
  • Nuestra tolerancia es inversamente proporcional a los niños que se nos pegan como lapa.
  • Sentimos cosquillas cuando alguien tiene la firme intención de tocarnos la panza y al final no lo hace.
  • La mano en la cadera al momento de sentarse es un cliché, en realidad no es necesario.
  • Lo que sube de peso no es el embarazo en sí, sino dejarnos consentir.
  • Seríamos capaces de hacerle un agujero al colchón para acostarnos boca abajo.

Estas verdades las recopilé de mi grupo de amigas, si alguien gusta añadir alguna, puede hacerlo.

22 febrero, 2010

La necesidad de conocer la labor de una madre

El sábado llevé a mi hija a sus clases de pintura. El estacionamiento siempre es un problema porque sus clases son en pleno centro de la ciudad. Afortunadamente encontré un buen lugar, cerca de la Casa de la Cultura, que me dejaba espacio para bajar cómodamente por el lado de la acera.

Al salir de la clase, ya de regreso, subí a la banqueta la carreola de Max para abrir la puerta, en ese momento un señor que conducía una gran camioneta me preguntó si iba de salida, como le dije que sí, esperó donde él sería el primero en ocupar mi lugar, pero también obstruía el paso a una creciente fila de autos con personas impacientes y temperamentos de una ciudad llena de carros a medio día.

Yo no podía creer que él estuviera en disposición de esperarme, porque llevaba carreola, bebé, pañalera, niña, mochila y trabajo de artes plasticas, y el ritual de subir al carro lo hago sin soltar mi bolsa de mano. En su lugar yo me hubiera ido a buscar otro espacio pero él prefirió esperar. No sé qué estaba pensando, en qué cabeza cabe que es fácil y rápido subirse al carro con todo lo que yo traía, es todo un ritual de 10 minutos. Ahí me di cuenta de que solamente las mujeres que somos madres estamos conscientes de la labor que implica. Además ando en un Sedán (vochito, escarabajo) de dos puertas donde apenas cabemos mis hijos y yo, subir la carreola es más difícil que armar un cubo de Rubrik.

En fin, comencé con el ritual: Subí al bebé, lo sujeté a su asiento, subió Angela, le pasé todas sus cosas, una por una para que las fuera acomodando. Los carros ya estaban dando un arrítmico concierto con el claxon, cuando el susodicho vio que me faltaba mucho por hacer se recorrió a un lugar donde no estorbaba pero debía estar más alerta. Yo seguí: subí pañalera, cobijas, doblé la carreola, abrí la cajuela del carro para guardarla, la cajuela no cerraba, saqué la carreola para acomodarla de nuevo, cerré la cajuela y al fin subí al carro. Intenté salir pero la gran camioneta no me dejaba fácil la salida, al ver que me era imposible salir el señor me dio un poco más de espacio y aún así tuve que maniobrar el doble.

Al fin salí y al mirar por el retrovisor vi que una segunda camioneta (conducida por una mujer) llegó y se metió en el lugar que yo había dejado, la primer camioneta apenas había empezado a moverse cuando alguien con más suerte vió el lugar vacío y lo ganó. Simplemente pensé: se lo merece. Estoy segura de que si la camioneta con mala suerte la manejara una mujer, simplemente se habría ido a dar otra vuelta en lo que yo subía al carro y seguro habría quedado en mi lugar.

31 agosto, 2009

Madre

Sé que no es 10 de mayo, pero hace poco me encontré con una frase que escuché un 10 de mayo, día de las madres, de una de mis profesoras de escuela y quiero compartirla con ustedes.

"Si al apagarse la última vela del pastel,
si al caer la última cinta del regalo,
si al despertar un 11 de mayo te sigues sintiendo dichosa de ser madre
Felicidades, mujer, que Dios te bendiga"

13 julio, 2009

Rayito de luz

Hace algunos días el pediatra pensaba entregarme a Max, justo en ese momento e él se le ocurrió dejar de respirar y el doctor me dijo: a poco te da miedo. Respondí afirmativamente, como lo hubiera hecho cualquiera, a lo que el doctor respondió: Entonces aquí lo seguimos dejando hasta que se te quite el miedo, porque una persona con miedo hace puras pendejadas, si entrego un niño a una mamá con miedo lo mata. Perdí las esperanzas de sacar pronto a mi hijo de ahí.

Hoy el doctor me vio bañarlo, atenderlo y pudo darse cuenta de que no me da miedo. Me dijo: ya? está lista? Yo le dije que sí y me dijo: bueno, hoy después de la toma de las 12 se lo lleva. Así que Max ya está en casa.

No pude evitar sentir algo de frustración por traerme solamente un bebé en vez de dos, tampoco puedo evitar imaginarme a los dos en la cuna. En el camino vi una familia con unos gemelitos y se me salieron algunas lágrimas. Pero todo esto fue diminuto comparado con la satisfacción que me da tener a mi pequeño conmigo. Volví a sonreír despues de dos largas semanas. Yo sé que me costará superar lo sucedido con mi Ariel pero teniendo cerca a Max y ver cómo mi hija lo adora, supongo será un poco más llevadero.

Por el momento el sentimiento de culpa se ha ido, y también el coraje; ya no tengo ganas de matar al pediatra y me siento más que agradecida con toda la gente que cuidó a mis bebés. Y sé que Ariel estará también más tranquilo.

Ahora sí, a ser mamá se ha dicho.

05 julio, 2009

Junio triste

Realmente todo sucedió demasiado rápido, apenas me daba tiempo de asimilar una cosa cuando ya estaba sucediendo otra y ahora no puedo creer que todo esto me haya sucedido precisamente a mí.

El lunes 22 de junio en la noche comencé a sentir contracciones, algo bastante raro porque apenas contaba con 29.4 semanas de embarazo. Nos fuimos al hospital y la doctora que me atendió me dijo: no puede ser! tienes 2 cm de dilatación y no hay incubadoras disponibles. Ante esto le pregunté por mis opciones y al decirme que era posible detener el trabajo de parto decidí quedarme en el hospital. Efectivamente lograron detenerme las contracciones, me hicieron algunos análisis de laboratorio y todo salió de maravilla. Salí aún embarazada de ese hospital el jueves 25 en la tarde.

Ese mismo día en la noche las contracciones volvieron, y yo volví al hospital con la esperanza de que me las volvieran a detener. En la sala de observación mientras esperábamos que las contracciones se calmaran con el medicamento, se me rompió la fuente, rompí bolsas o como quiera que se diga. Me hicieron una cesárea de emergencia el viernes 26, apenas pude ver a mis pequeños, ambos con dificultades para respirar, uno más grave que otro.

No había incubadoras para mis niños, ni siquiera espacio, estaban recibiendo atención en el mismo quirófano y después en un pasillo. Ante esto mi esposo pidió un traslado pero en ninguno de los hospitales que cubría el seguro tenían espacio. Así que se los llevó a una clínica particular.

Yo salí del hospital el domingo 28 en la noche. El lunes en la mañana fui a ver a mis pequeños, uno estaba evolucionando de maravilla. El más pequeño, Ariel, tenía aún muchas complicaciones pero yo le hablé y le dije que le echara ganas, que pronto saldríamos de ahí. Los vi ese mismo día en la tarde.
Fui el martes 30 a verlos y Ariel estaba muy inestable, con muchos altibajos. Lo vi muy inquieto, tratando de quitarse los tubos de encima; traté de calmarlo, le dije que estaría bien. Ese mismo día en la tarde volví y no me dejaron entrar, había mucha gente antendiendo a mi pequeño, el doctor no llegaba y las enfermeras empezaban a gritarse entre sí. Yo estaba en el sillón de afuera diciéndome a mí misma que eso no estaba pasando; le exigí a Dios que me lo dejara, que sería la mejor madre del mundo. EL doctor llegó a hacer lo suyo mientras yo continué exigiendo la vida de mi hijo.
Así pasaron dos horas, a las 7 de la noche me llamaron, entré y el doctor con un poco de lástima y resignación me dijo: Señora, falleció el bebito, hicimos lo que pudimos. Toda mi vida se derrumbó en ese momento, me quería morir para no dejarlo ir solo. Entré sin dejar de llorar, acaricié a mi hijo. Una enfermera lo desconectó de todo lo que traía puesto para que yo pudiera abrazarlo, me lo entregó en los brazos y así lo tuve cerca de tres horas. Aún tengo la imagen de su cuerpecito pálido, maltratado de tantas agujas, tubos, tela adhesiva. Llegó mi esposo, juntos nos despedimos de él, con el alma hecha polvo y las mejillas empapadas le dimos la bendición y nos lo quitaron para arreglarlo.
A esa hora ya estaban afuera mis padres para arreglar lo necesario para el funeral; Ariel fue colocado en una cajita blanca y llevado a la funeraria. Cuando llegamos ya estaba gran parte de ambas familias y algunos amigos. Yo seguía exigiéndole a Dios que me entregara a mi hijo. El tiempo que estuvimos ahí fue mucha gente a dar sus condolencias, honestamente no lo esperaba porque nadie conocía a Ariel, de hecho algunas personas se enteraron que ya habían nacido para saber que uno de ellos ya se había marchado.
Fue duro ver cómo la tierra iba cubriendo la pequeña cajita blanca poco a poco, yo quería a mi hijo conmigo. Cuando todo acabó descansé y me dio remordimiento de conciencia porque Max seguía en el hospital y él también me necesitaba. Respecto a él me dijo el doctor: éste sí se lo entrego vivo. Max ha evolucionado muy bien, ya respira por su cuenta, voy a verlo todos los días pero estoy buscando la posibilidad de regresarlo al hospital donde nació porque donde está ahora no me da más que desoconfianza.
Durante el día soy una mujer repuesta, porque mi hija debe verme fuerte, yo creo, ya me vio llorar suficiente. El día es para la mujer que lo ha superado todo. En la noche, ya que todos duermen me derrumbo y vuelvo a llorar. De noche me vienen muchos sentimientos; de culpa porque pienso en todo lo que pude haber hecho para alargar mi embarazo, pienso en que debi haber ido a otro hospital, no sé cual pero cualquiera que no hubiera sido ese; me da coraje con todos los que atendieron a mi bebé porque estoy segura de que no hicieron todo lo que estaba en sus manos. Cuando alguien nuevo llega, el doctor presume de haber salvado a muchos niños prematuros y no puedo dejar de reprocharle que al mío lo dejó morir.
Sobre todo el sentimiento de vacío es el que me persigue. A mí me sigue haciendo falta Ariel, yo estaba embarazada de dos bebés, di a luz a dos bebés y debí haber salido de ese hospital con dos bebés. Sigo exigiéndole a Dios que me lo devuelva.
Busco una explicación a todo esto, yo sé que todo esto tiene un propósito, que algo tengo que aprender pero aún no sé qué es. La gente me dice que Dios sabe lo que hace pero eso no me basta, yo también quiero saber porqué no fui digna de quedarme con ambos gemelitos. Me dicen que algo mejor vendrá pero no sé cómo me daré cuenta si ahorita nada es lo suficientemente bueno. ¿Cómo seguir viviendo, cómo volver a disfrutar de las cosas de la vida?
Solamente cuando estoy con Angela o cuando voy al hospital a ver a Max es que logro olvidarme un poco de todo lo que me duele; el inmenso cariño de mi hija y los pequeños logros de mi bebé me hacen sentir que la vida sigue. Pero estar conmigo misma se ha vuelto tóxico.

29 mayo, 2009

Segunda ronda

Hace 6 años nació mi pequeña Angela, después por varias razones (una a la vez) postergamos los planes de tener otro bebé. Por fin nos aventamos, me quité el dispositivo intrauterino pero nada sucedía; dejamos de pensar en eso. Cuando menos lo imaginábamos, una noche de año nuevo compré una rpueba de embarazo que dio un resultado positivo. Nos llenamos de alegría.

Las sensaciones esta vez fueron diferentes, ya no me sentía ante lo desconocido y estaba convencida de que no volvería a cometer las mismas fallas (no tan graves) que con Angela, me sentía en tierra firme, en un puerto seguro, sin incertidumbres.

Hace un mes cumplí 6 meses de embarazo y tuve mi primer ultrasonido, yo iba decidida a preguntar por el sexo. Salí de ahí con alma de primeriza, pues me dieron la gran noticia de que son DOS VARONES. Sí, tendré gemelitos. No está de más decir que me desbordé de alegría, esparcí la noticia en cuanto pude.

Nuevamente me siento ante lo desconocido, con muchas espectativas y feliz. A Angela le divierte la idea, se ve que los amará. Mi esposo está feliz, con un poco de preocupación pero feliz. La vida nos dio una gran sorpresa, y a mi me encantan estos giros inesperados que da la vida.

Ahora me dedico a buscar información sobre embarazos múltiples y crianza de gemelos, así que si alguna de ustedes conoce una página de internet, blog, foro, le agradecería me pasara el link. Y si alguna de ustedes es madre de gemelos me encantaría establecer contacto.

30 octubre, 2008

Desfalco

Ana es una mujer de 35 años, tiene un hijo y una hija de 5 y 3 años respectivamente. Hace cuatro años estando ella embarazada y con el niño pequeño fue abandonada por su marido; suceso que tampoco le dolió mucho porque ¿a quién le dolería perder un marido desobligado, malencarado, nefasto y feo?
Ella recibió una llamada de parte de la Secretaría de Educación Pública. Consiguió una plaza o base de maestra por parte del gobierno estatal a 3 horas y media de donde vivían sus papás. Dejó a su hijo para hacer los trámites correspondientes, presentarse en su lugar de trabajo y tramitar su incapacidad por embarazo.
Regresó a su ciudad a esperar que concluyera su embarazo. Un mes de abril nació una niña a la que llamó Anabel. Cuando Anabel tenía dos meses de nacida, Ana tuvo que volver a su lugar de trabajo, así que se fue con un niño de años y medio y una bebita de dos meses a un lugar desconocido, donde no conocía a nadie, a empezar una vida nueva, a empezar desde cero.
Con el tiempo hizo nuevo amigos, los niños crecieron, todos ya se sentían a gusto en su casa, como si siempre hubieran vivido ahí. Cuando los niños tenían 3 y dos años hizo su aparición el que se había ausentado. Con la ilusión de volver a ser una familia fue aceptado y llegó ya con todo puesto y todas las comodidades a una casa ya completamente amueblada, con unos niños que ya dormían toda la noche y una esposa que ya percibía un sueldo.
Bien o mal duraron juntos dos años más, porque le dieron la buena noticia a Ana de que le podrían dar su cambio a su ciudad; podía conservar su trabajo y permanecer en la bella ciudad de Morelia, en la que había vivido antes de obtener su plaza.
Como su esposo ya tenía un empleo, Ana se adelantó a Morelia con los niños para empezar a ubicarse de nuevo. Estuvieron en casa de los papás de Ana, poco tiempo después llegó Omar (esposo) y solamente quedaba ir por todas sus pertenencias.
Antes de eso Omar sacó un crédito para una casa, se la entregaron, los papás de Ana ayudaron con el dinero que faltaba para tal casa. Entonces sí, a ir por los muebles; Ana consiguió prestada una camioneta y alguien que manejara. Ya cuando todo estaba dispuesto Omar se molestó sin razón aparente y se fue con todo y maletas prometiendo no volver.
Ana viajó sin su marido para ir por lo que le hacía falta y ¿cual fue la sorpresa? que ya no había pertenencias. La casa donde estuvieron ya estaba vacía. Investigó con los vecinos, quienes le dieron todos los detalles: todo había sido vendido. Y si digo que todo, es TODO: sala, refrigerador, estufa, recámara, aparatos, también las camas de los niños, sus juguetes y ropa.
Al volver a Morelia con las manos vacías Ana fue a la casa recién comprada por su marido y sus llaves no coincidían con la cerradura. Es decir: Omar dejó a sus hijos y a su esposa en la calle y prácticamente en calzones. Hasta el carro que les habían prestado los papás de Ana fue vendido y el dinero prestado para la casa prácticamente se fue a la basura. Y por si fuera poco también dejó a Ana con una deuda descomunal en el banco.
No entiendo en qué tipo de mente podría caber tan meticuloso y perverso plan. ¿Qué tipo de persona es la que se atreve a quitarles todo a sus hijos y dejarlos a la buena de Dios?
Creí que estas cosas solamente pasaban en películas pero sucedió más cerca de lo que había imaginado: Ana es mi hermana.
Al principio pensé en mandar golpear al sujeto aquel ya que tengo los contactos y las posibilidades, finalmente no lo hice; confío en que el tiempo, la vida, Dios ponga todo en su lugar algun día.

29 septiembre, 2008

No todo es lo que parece

A veces nuestros pequeños, con toda la inocencia del mundo suelen hacer comentarios que nos meten en problemas, y no porque lo hagan a propósito, simplemente dicen las cosas de manera tan simple que dan a imaginar más de lo debido a los adultos que los escuchan.

1. En una ocasión iba yo saliendo de la casa de mi madre y pasó un vecino (señor de aproximadamente 60 años) en una moto (en ese entonces le llamaban mucho la atención las motos a Angela):


Señor de la moto:
"Buenos días"

Yo:
"Buenos días"

Angela:
"¿Porqué te saludó ese señor mamá?"

Yo:
"Porque me conoce, es vecino de tu abuelita"

En la noche ya estábamos cenando los tres juntos: Angela, su papá y yo. Todo estaba silencioso cuando Angela dejo escapar el siguiente comentario a manera de presunción:


"Mi mamá tiene un amigo con moto"


Está de más explicar la mirada fulminante que me dirigió mi marido y la serie de explicaciones que tuve que dar.



2. En otra ocasión yo me encontraba haciendo cuentas con ayuda de una calculadora:


Angela:
“Mamá, ¿qué haces?”

Yo:
Sumando

Angela:
“Yo también quiero”

Le di la calculadora en cuanto la desocupé y se puso a “sumar”
Tiempo después estábamos en casa de mi madre, casualmente también estaba haciendo cuentas con ayuda de una calculadora.

Angela:
“Abuelita, quiero fumar”

Abuela:
(sorprendida y molesta)
“¿Qué es lo que quieres?”

Angela:
“Fumar como mi mamá”

Abuela:
“¿Tu mamá fuma enfrente de ti?”

Angela:
“Sí, en la casa”

Mi madre me dirigió una mirada asesina, estaba a punto de regañarme cuando Angela intervino:

Angela:
“¿Entonces sí me prestas tu calculadora abue? Para hacer cuentas y fumar como mi mami y como tú”

Con eso se alcaró todo el mal entendido pero el susto nadie nos lo quita.


3. (y más reciente) Ahora que entré a trabajar me salgo de la casa a las 6:20 de la mañana, a esa hora aún no amanece. Desde hace poco Angela se levanta casi a la hora que me voy y me alcanzo a despedir de ella. Una vez me preguntó que porqué me voy de noche a trabajar, yo le aclaré que no es de noche, sino de madrugada y que cuando yo me iba faltaba poco para que el sol saliera.
Estábamos, nuevamente, de visita con la abuela.

Angela:
“Abuelita, yo ya me levanto temprano”

Abuela:
“¿Sí nena? Qué bueno”

Angela:
“Sí abuelita, me levanto cuando todavía es de noche y mi mamá se va”

Esta vez no hubo mal entendido pero le sacó la risa a la abuela, por la cantidad de interpretaciones que se le puede dar a lo que mi Angela dice.

¿Se dan cuenta de que estas cosas solamente suceden cuando estamos con mi madre o mi marido? Eso de que no lo hacen a propósito empiezo a dudarlo.

31 agosto, 2008

Intuición infantil

Muchas mujeres hacemos alarde de nuestra intuición femenina; un tercer ojo que ve detrás de las paredes, dentro de cada cráneo y dentro del corazón más hermético. He escuchado decir que "una madre todo lo sabe", y lo creo. Sabemos cuando nuestros hijos están tristes, cuando están particularmente contentos, cuando tienen miedo.

Seguramente nunca hemos tomado en cuenta que la intuición de nuestros hijos, su observación es a veces más meticulosa que la nuestra. Tal vez ellos sepan más que nosotros sobre lo que nos rodea.

Cuando mi hija tenía aproximadamente un año, ya dormía a pierna suelta; se dormía temprano, dormía toda la noche, nada podía despertarla. Vivíamos los tres en un cuartito improvisado en la azotea de la casa de mis suegros, atravezábamos por algunos problemas económicos. Cierto día ya no pude aguantar las ganas de llorar, después de dormir a Angela dejé salir las lágrimas, en silencio para no hacer ruido. Repentina y extrañamente Angela despertó y lloró junto conmigo. Simplemente no encuentro explicación alguna.

Hace un año, 5 meses y 17 días que el padre de mi hija y yo estamos separados. Mientras resolvíamos si separarnos o no, le ofrecieron un puesto mejor en la empresa donde trabaja, sólo que ese puesto estaba en otra ciudad a 3 horas y media de aquí. La situación entre nosotros provocó que él no vacilara en aceptar el puesto.

Me costó aprender a estar conmigo misma y con mi hija pero finalmente lo logré, incluso empecé a disfrutarlo infinitamente. La distancia nos ayudó a extrañarnos y recordar cuánto nos queremos; sin embargo ni la distancia ni el tiempo han hecho que yo me sienta segura de querer vivir nuevamente con él. Aún así, lo intentaré.

Hoy regresa, y me da la impresión que no regresa el mismo que se fue. Acordamos no decirle a Angela para que sea sorpresa. Pero mientras yo estoy muerta de miedo y de incertidumbre por lo que pasará, por lo que no pasará, Angela está particularmente contenta y no puede dormir, como si supiera que hoy a la media noche llega su padre, y que llega para quedarse.

No dudo que en el fondo sepa.

Escribo este post en vivo, mientras lo esperamos; las lágrimas me hacen ver borroso lo que escribo y Angela está distraida con la televisión, pero no dudo que que se haya dado cuenta de que estoy llorando y no me dice nada para no desconcertarme.

Hoy mientras estemos durmiendo (si es que logramos dormir) llegará Él. Cuando despertemos ya nada será igual a hoy, ni siquiera igual que antes de que se fuera. Y Angela... ella lo sabe.

25 agosto, 2008

Madre vs. Maestra

"Yo no tengo una personalidad;
yo soy un cocktail, un conglomerado,
una manifestación de personalidades".
Oliverio Girondo


Nadie dijo que ser madre es fácil; tratar de organizarnos es un maratón porque la vida transcurre mientras tratamos de organizarla, no se diga las angustias, preocupaciones y demás. El amor de madre hace de esta labor algo totalmente satisfactorio.

La experiencia facilita la docencia, por eso para mí dar clases ahora es igual que practicar un deporte extremo. He dado clases anteriormente, a chicos de entre 19 y 20 años pero no es lo mismo tratar con adolescentes y en eso soy primeriza (llevo exactamente una semana), sin embargo he ido tomando el ritmo para que poco a poco se vuelva parte de mi vida.

Ser madre y maestra es complicado en un principio, con un poco de organización ambas actividades salen adelante; ayuda el hecho de que cada una tiene su espacio: se es madre en todos lados excepto en el aula y se es docente solamente en el aula, en teoría.

Tomemos dos rompecabezas de 1000 piezas cada uno, revolvamos todas y cada una de las 2000 piezas; tratar de separar los rompecabezas es lo mismo que tratar de ser exclusivamente madre con los hijos y exclusivamente docente en el aula. Lo realmente titánico no es ser, sino intentar no ser.

La maestra y la madre conviven en la misma persona y ello provoca que a veces, al menos yo, me comporte insoncsientemente como madre protectora cuando debería ser una autoridad firme con un toque de indiferencia; o que en ocasiones cuando trato de alcarar una duda de mi hija lo haga con el tono de voz y matices propios de alguien cuyo oficio es impartir conocimientos académicos. Me siento como el Gollum de "El Señor de los Anillos".

Tal vez no haya forma de separar totalmente a la madre de la maestra. He llegado a pensar: ¿será porque ambas tienen en común más de lo que había imaginado?

05 julio, 2008

La guardería del terror

Hace aproximadamente dos años fui testigo de un acto indignante, inconcebible, inhumano. Lo doy a conocer porque es una situación que estoy segura no solamente existe donde yo lo vi, y también porque no pensé que pudiera ponerse peor.

Para comenzar trataré de describir el espacio. El patio trasero de la casa de mi madre colinda perpendicularmente con el patio trasero de una casa adaptada como guardería (estancia infantil, sala). En la casa de mi madre se escucha perfectamente lo que sucede en el patio y algunas veces lo que sucede dentro de las instalaciones. La ventana de una habitación en casa de mi madre da al patio trasero, por lo que ofrece una vista parcial del patio de la guardería.


Desde que comenzó a funcionar este espacio escuchábamos regaños que sólo pueden venir de una persona que no tiene la mínima idea de cómo tratar niños; escuchábamos llantos fuertes, constantes y algunos interminables. Los regaños poco pedagógicos provenían de la directora del establecimiento y encargada de cuidar a los niños: "¡cálllate, nadie quiere a los niños llorones!", "si sigues tu mamá no va a venir nunca por ti", "no entiendes, estás tonto".

En una ocasión me encontraba editando algunos videos de mi cámara. Comencé a escuchar lo que ya se había vuelto rutina, sólo que esta vez me encontraba cerca de la ventana y no pude resistir la curiosidad de asomarme y ver lo que sucedía del otro lado de la barda. Enseguida tomé mi cámara de video y ésta fue la escena que pude grabar:

En el patio se encontraban un par de maestras; una grande de edad, directora del plantel y madre de la maestra que la acompañaba. Ambas estaban "enseñando" a caminar a un niño; él caminaba sostenido de un aro que jalaba lentamente una de las mujeres. Yo le calculé al niño aproximadamente un año de edad porque a esa edad lo importante son los pasos. Él se cansó y comenzaba a dejarse caer sentado y ahí comenzó la furia de las bestias que estaban con él.

Primero una, lo levantaba violentamente de un bracito mientras le gritaba: "¡levántate!", esto en repetidas ocasiones. Después lo levantaban del cabello para que siguiera caminando. Finalmente fue el llanto lo que empezó a molestarles y se unieron en contra de un ser que no es capaz de defenderse: una lo hacía caminar mientras la otra le tapaba la boca y no conformes con eso varias veces le propinaron unas nalgadas y cachetadas con una fuerza que no debería usarse con un niño. Posteriormente entraron en la casa y perdí todo de vista.

Señoras, me paralicé, no supe qué hacer; lloré indignada y me quedé frente a la ventana un largo rato sin poder creer lo que acababan de ver mis ojos. Llegó la hora de irme a la escuela y allá le platiqué lo sucedido a una de mis compañeras, el hecho no tardó en difundirse por toda la escuela. Al atardecer se comunicó conmigo un buen periodista y amigo mío; estaba interesado en el video y me dijo que él se encargaría de todo.

Al poco rato nos visitaron un grupo de periodistas que se llevaron el video no sin antes entrevistar a todos los vecinos. Yo esperaba la nota al siguiente día, pero no, me pidieron estar al pendiente por si sucedía algo parecido para tener más videos; lo que les interesaba era la nota. Al cabo de una semana las imágenes ya habían sido divulgadas por los medios de comunicación de la ciudad. Fue entrevistada la directora del plantel, también los padres del niño maltratado. La nota fue complementada por la opinión y orientación del director del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación y fue ahí donde supe que el pequeño alumno contaba con dos años de edad, tenía atrofia cerebral y no podía escuchar de un oído; está de más decir que se multiplicó mi indignación.

Los padres estaban dispuestos a demandar, yo serviría de testigo; pero sucedió algo curioso antes: yo no conocía personalmente a los padres, mi contacto con ellos fue por medio de un periodista y estaba por confirmarse una cita con ellos. Me contactó una persona para decirme que me abstuviera de declarar, a manera de amenaza me sugirió no meterme en problemas. El periodista que servía de intermediario entre los padres del niño y yo, desapareció y en ningún medio de comunicación quisieron darme datos.

Por casualidad la señora pudo ponerse en contacto conmigo, fui al Ministerio Público a declarar como testigo y después de eso no supe más de esa familia ni de la evolución de la demanda.

No vi ningun resultado, la escuelita continúa ofreciendo sus servicios con el mismo personal. He sido testigo de situaciones similares y peores. En el fondo del patio hay un cuartito diminuto donde encierran a los niños a manera de castigo, continúan las reprimendas y no dudo que también los golpes.

Ahí no termina todo, pero antes de seguir necesito explicar algunos puntos. Desde hace algunos años la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) da apoyo económico a estancias infantiles y otorga becas a familias de bajos recursos para que los niños menores de 4 años acudan a las estancias que se encuentran afiliadas mientras los padres trabajan .

Con esto se benefician todas las partes: SEDESOL puede brindar el apoyo a guarderías sin tener que administrarlas. Las guarderías cuentan con el subsidio económico sufiente para mantener calidad en el servicio y además cuentan con prestigio ya que el organismo gubernamental promueve seguridad y confianza en sus estancias. No se diga los padres, que tienen dónde dejar a sus hijos mientras trabajan, tienen la garantía de que estarán bien atendidos y pagan una cuota mínima mensual que representa el 5% de lo que pagarían en otro lado.

La guardería del terror llamada "Mundo Pequeñito" hace algunos meses obtuvo el apoyo de SEDESOL con todos los beneficios: apoyo económico, prestigio y más niños. A grandes rasgos cumplieron con todos los requisitos señalados, porque no existe uno que diga: no maltratar a los niños. Tiene todo para afiliarse y parece que toda la evidencia de los medios de comunicacion no sirvió de nada. Ahora los padres, confiados en la seguridad que brinda SEDESOL dejarán a sus hijos con el lobo.

¿Qué hacer? ¿Denunciar? No sirve de nada. ¿Difundirlo? Tampoco. Opté por esperar a los padres en la esquina de la guardería y mostrarles el video. Algunos niños afortunadamente dejaron de ir, algunas madres respondieron: "es que no tengo dónde más dejar a mi hijo".

A nosotros como padres ¿qué nos queda? Nos queda darnos a la tarea de observar a nuestros hijos y confiar en lo que ellos nos dicen con palabras o sin ellas. Nos queda esperar que los padres que tienen a sus hijos en esa estancia se den cuenta del lugar tan inseguro que es, antes de que los niños sean víctimas de personas que distan mucho de llamarse seres humanos.

18 junio, 2008

Instinto animal... digo, maternal.

Desde que comprobé mi embarazo con una prueba de laboratorio, me dediqué a leer todo lo relacionado con la maternidad. Cada libro, enciclopedia, revista que pasó por mis manos fue leído cuidadosamente. Sé con seguridad que no soy la única en tratar de realizar una licenciatura autodidacta en Maternidad.

Ya que me encontré con Angela enfrente haciendo gala de sus pulmones con tremendo llanto, todo el material leído, consultado y clasificado no era más que papel con tinta, basura, espacio desperdiciado. Con decir que en sus primeras 48 horas de vida, mi niña solamente tomó tres alimentos (y eso porque una enfermera me hizo favor de llevarle leche de fórmula); todo porque yo no sabía que no me estaba saliendo leche, sólo Angela se había dado cuenta pero no tenía forma de hacérmelo saber más que llorando, lo cual es como hablarle a la pared tratándose de una madre primeriza de 19 años. ¿Y todo lo que leí sobre lactancia? Apilado a un lado de mi escritorio.

El pediatra de mi hija me dio un consejo que nadie más me habría dado, no lo hubiera esperado ni siquiera de él, una persona cuyo instrumento de trabajo es la ciencia. "Tu instinto maternal te dirá qué hacer, confía en él. Ese instinto jamás te dejaría hacerle daño a tu bebé".

Nada más cierto. En un momento de llanto inexplicable lo último que viene a la mente son las revistas, y por si fuera poco nos volvemos sordas a los útiles consejos de las abuelas. Mientras el bebé llora sólo podemos abrazarlo, pasearlo, revisarle el pañal, revisarle la ropa, tal vez llorar con él o tratar de amamantarlo... hasta dar con la solución.

Esa es la forma como yo aprendí a ser madre de un bebé. Ahora soy madre de una niña y después seré madre de una adolescente, un adulto; no sé si el proceso de aprendizaje será igual pero por si las dudas además de confiar en mi instinto continúo leyendo libros, enciclopedias y revistas.

21 mayo, 2008

¿Dónde compro la paciencia?

Soy una persona muy paciente, me han dicho que pocas personas son tan prudentes como yo. Hay quien lo ve en mí como una virtud y hay quien piensa que me falta caracter.
Ahora que hay dos niños más bajo mi cuidado he sido puesta a prueba . Por primera vez tuve miedo de mí misma, porque me dieron ganas de pegarles a los niños; pero no darles una nalgada, sino de golpearlos hasta el cansancio. Obviamente no lo hice pero me desconocí por la simple aparición de esos pensamientos. Yo solamente pierdo el control cuando estoy en el baño y alguien me llama, y no se diga si se atreven a tocarme la puerta; eso todo el mundo lo sabe, por eso nadie se atreve a molestarme cuando estoy satisfaciendo una necesidad fisiológica.
Hoy preparé a los niños con toda la tensión y el ajetreo de cada mañana, los dejé arreglados para preparar el almuerzo. Al terminar subí por ellos y encontré desde la escalera un caminito de talco hacia el cuarto, abrí la puerta y ¿qué vi? La cama tapizada de talco y los niños blancos como fantasmas desde la cabeza hasta los pies.
En 20 minutos tuve que cambiarlos a todos nuevamente con su respectivo y enérgico regaño. Al principio me puse a gritar, después tranquilicé mi voz, solamente mi voz porque toda yo estaba llena de desesperación y coraje. Ellos lo notaron porque el resto del tiempo estuvieron calladitos, ni una sola palabra dijeron. Incluso desayunaron sin dejar de verme fijamente, asustados. Les dije ¡desayunen! y enseguida tomaron un bocado, como soldaditos.
Para colmo, Angela no traía zapatos y no se había atrevido a decirme que no los encontraba. Error. Volvió a encender la dinamita, sólo que esta vez en lugar de gritar le dije al oído: "pues los buscas y te los pones porque si no, te vas descalza a la escuela". La pobre tardó horrores en encontrarlos; no terminó de almorzar.
Todos los niños se fueron a la escuela cabizbajos, con restos de talco en el cuerpo. Yo regresé a la casa ya sin energías, con restos de enojo y un poco de cansancio.