Karina- 33 años, madre, esposa, y miles de etcéteras.
Tengo dos soles, Francisco de 5 años y medio y Lucía de 2 y medio.
El día que me enteré que estaba embarazada, me cambió la vida, de una forma que nunca imaginé, lindo muy lindo y a veces demasiado.
Por momentos me encantaría poder donarlos un ratito. Tener 5 minutos para bañarme sin que nadie entre, pintarme las uñas de corrido, mirar tele sin ruido, conversar sin que nadie me interrumpa, depilarme sin ponerle cera en la cabeza a ninguno de los dos...
Muchas veces siento que vivo la vida de otro, me levanto temprano, hago bici, me baño, los levanto, llevó al más grande al jardín, vuelvo y dejó a la nena en casa, voy a trabajar, salgo a las 6 y cuando no tengo que ir a buscarlos a circo, basquet o gimansia me enchufan un cumpleaños, ir a casa cocinar, esperar al quetejedi para cenar, juntar todo y obvio tirarme de panza (no cabeza) en la cama.
Creo que para la mayoría no debe ser ninguna novedad lo que estoy diciendo, pero esta es mi oportunidad y mi espacio para hacer catarsis sin que nadie me mire como un bicho raro.
Y justo en los momentos en los que siento que la vida me pasa por arriba, me acuerdo de las manitos calentitas tocandome la cara, los besos mojados, los abrazos y tantas cosas gratificantes que tiene la maternidad