Es a ese tipo de cuestiones a las que me refiero cuando pienso en moral. No en los decires vacíos de moralistas, puritanos y progresistas de turno. Me refiero a todo ese republicanismo alegre que habla del valor de lazos sociales puros y del valor de la palabra pura, que se ruboriza cuando algún demente que ama la vida lanza palabras ingratas.
Me preocupa cuando Vida , cuando esa mayúscula la enlaza a otras como Estado o Iglesia. Me preocupa porque no queda sino una vereda de enfrente: la de la Muerte. Y esa no me gusta, sobre todo cuando me obligan a pararme allí.
La forma de construir al adversario no es ingenua. La mayúscula en ambas palabras le da al par un carácter de mutua exclusión. El contrario es siempre absoluto, como uno….Vida o Muerte.
Pero la única verdad es que tanto vida como muerte, en el mundo real, viene en par, no son esos absolutos que pretender hacernos creer inflandoles las letras iniciales. No se trataría entonces de construir un oponente en términos de convicciones político-sociales sino de un enemigo que conviene aniquilar.
La vida ¿es un derecho o un deber? O es más bien un hecho? A partir del cuál hacemos lo que podemos. El estado lo que no puede no garantizar es el derecho a una vida digna. Ahí no hay excepción. La vida no es un deber. A lo largo de los días, hacemos lo que podemos con ella a cada instante, lo que mejor nos sale. Y la vida incluye también momentos en que se impone tomar decisiones. Y esa responsabilidad es indelegable.
- En el país donde nací, el feto de hasta 14 semanas es un embrión y no un niño. Es entonces que la ley permite abortar en un hospital público en condiciones sanitarias adecuadas si ese es el deseo de la mujer y/o de la pareja. Estas leyes tienen bases científicas: un embrión no es un niño por nacer.
- En ese contexto, cuando a los 15 años quedé embarazada: decidí seguir con el embarazo y tener a mi hija mayor. Fue una decisión muy difícil porque tenía que pensar en mí. Eso hice y hoy Lu tiene ya 27.
- Viviendo en Argentina y ya adulta, supe que la penalización del aborto en solamente un privilegio de clase: muchas amigas han tenido que pagar bastante caro para garantizarse las condiciones sanitarias y no morir de alguna infección.
- Yo misma pagué para abortar.
- Cuando aborté tenía 40 años, tres hijos hermosos y uno muerto a los 9 años. Sé lo que es ser madre.
- Decidí el aborto libremente, con la posibilidad de elegir que da el dinero y el respaldo del hombre que amo.
- Si por un instante yo hubiese supuesto o creído que lo que estaba en mi panza era un niño y no un embrión, jamás lo hubiera hecho.
- Lo hice sin culpa, sin remordimiento, con responsabilidad y serena. Aborté habiendo decidido interrumpir un proceso gestacional incipiente, no maté a nadie.
- Y sin embargo, la situación de clandestinidad en que ese costoso evento fue practicado me asustó mucho, me denigró como persona y me humilló como mujer.
- ¿Qué queda para quien no puede elegir?¿merece la muerte?






