12 abril, 2007

Juancito

Juancito nació pocos días después que mi Josué, en noviembre de 2006. Pero como nació sietemesino, yo digo que en realidad, tiene tres meses. Es hijo de unos amigos que apostaron a tener un hijo en común cuando sus otros retoños (de sus parejas anteriores) ya estaban grandes y había que empezar a recordar todos esos detallecitos que hacen al cuidado de un recién nacido (y que tan rápido se olvidan, no?). Pero no solo era desearlo y concebirlo: sucede que su mamá tiene sangre factor RH negativo, y eso empezó a causar problemas desde el principio del embarazo. Ya desde las primeras consultas le dijeron que no se hiciera muchas esperanzas, que lo más probable era que lo perdiera. Recuerdo el llamado telefónico de Graciela, lleno de angustia, aturdida por la horrible posibilidad. Confiamos en Dios y empezamos a buscar donantes de sangre, porque el bebé tendría que recibir transfusiones... mientras aún estaba en la panza. Primero, que no es fácil conseguir ese tipo de sangre en particular. Segundo, que el bebé estaba anémico y lo necesitaba urgente. Vino la primera transfusión, y el asombro de la médica al ver que a pesar del Valium y todo, Juancito insistía en moverse y eso hacía más difícil pasarle la sangre. Algo ayudó, pero hubo que hacer otra poco tiempo después. La anemia continuaba. Otra vez pedir donantes, otra vez esperar y orar, otra vez el dolor del procedimiento y Juancito moviéndose como queriendo dirigir la operación desde dentro de la panza.
Llegada la semana 32, decidieron hacerlo nacer de prepo. Creo que fue al día siguiente que tuvieron que hacerle una nueva transfusión. La mamá se internó con él en el hospital durante esas semanas. Y Juancito, dentro de la incubadora, seguía moviéndose. Y creciendo. Y recuperándose.
Hoy es un hermoso jovencito de casi seis (cuatro) meses, que vino a visitarnos para Pascua y nos recordó que la vida siempre es un milagro. Josué, mi gordito tranquilo, lo miraba moverse, tal vez pensando: "¿Y a este qué bicho le picó?". Y el otro se desesperaba moviéndose y reclamando la teta. Es una hermosura verlo y suspirar aliviados sabiendo que está bien. Si supiera cómo adjuntar fotos, les mandaba una que sacamos de los dos bebés. Pero bueno, por lo menos en palabras, no quería dejar de mostrarlo.

5 comentarios:

Alfonsina dijo...

Nada más lindo que las historias con finales felices! Gracias!

Verte dijo...

Me quedé pensando. Yo soy RH- y me inyecté gammaglobulina autoinmune en la semana 28. Una vez que nace tu hijo, si es RH+ te aplicás otra dosis despues del parto. Seguramente eso es lo que le pasó a Juancito, su madre tuvo anteriormente un hijo RH + que le pasó anticuerpos a su sangre y no la vacunaron post parto. Es algo que se previene muy fácilmente. Una pena que hayan tenido que pasarla tan mal madre e hijo.
De todos modos, Juancito es un león que la peleó y habrá pensado: "esta no me va a ganar"
Felicitaciones a ese rey y a esa madre.

Daisy dijo...

Hola Verte! Qué bueno que vos no tuviste que pasar todo eso. Mi tía también es RH-, tuvo tres hijos y con el tercero tuvo algunos problemas, pero no tan serios como los de Juancito. No sé por qué no la habrán vacunado antes a Graciela; ella tiene dos hijos anteriores y tampoco había tenido problemas. Dicen que a medida que van pasando los embarazos se pone peor el asunto. Creo que el problema era que el nene estaba bastante anémico, no sé si es eso o el tipo de sangre de la madre (aparte de ser RH negativa) lo que complicó las cosas... Pero gracias a Dios, ya pasó. Y no creo que a Graciela le hayan quedado ganas de tener otro hijo :-)

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Daisy, me alegro que esta historia tenga final feliz. Aunque por lo que contás, sospecho que pasó algo más allá además de la incompatibilidad de RH.
¡Me encantaría ver una foto de Josué y también a Bianca! Cuando estás en el editor de textos, verás que en la regleta aparece al posibilidad de subir fotos. Si tenés la foto en la computadora, el programa sólo te irá guiando. ¡Tú puedes! :-)

Kari. dijo...

Cuando leo cosas como esta, me doy cuenta que realmente me quejo de llena nomás