01 mayo, 2007

El nombre del hijo (II)

Ahora que lo pienso, no es casual que la primera entrada la haya publicado un 7 de abril. En esa fecha nació mi abuela materna, Dominga Pascuala. ¿Adivinan por qué se llamó así? Adivinaron: nació un Domingo de Pascua. Ya conté la historia del cambio de mi nombre en el momento del registro. Con mi hermana pasó lo mismo, se iba a llamar Viviana nosé qué más, y terminó siendo Silvia Viviana por esos revires de mi viejo. Mi mamá se enteró de la nueva denominación al ver los documentos.
En la familia de mi esposo las cosas no son del todo mejores. Él y su padre comparten el Luis, uno es Alberto y otro Alejandro, de modo que la única manera de saber a quién corresponde abrir la carta del banco que está rotulada como urgente es comprobando los números de cuenta. Sobreabundan los Luises y Alejandros en la familia de mi esposo. Y la manía extraña de llamar al primer hijo como el padre. Es medio vergonzoso para mí llamar a un pariente y decir: "Hola, soy Graciela, la esposa de Luisito..." Ni qué hablar de estar aclarando constantemente a qué Luis me refiero cuando hablo de un comentario o hecho, siendo que comparto varias actividades con mi suegro es necesario el dato.
La cuestión del nombre tiene mucha tela para cortar, como verán. Siempre está el prurito a los motes o burlas que pueda generar el nombre elegido. Mi amiga estaba embarazada de mellizos. Dos varones. Me mandó un mensajito al celular diciendo que uno de ellos se llamaría Juan Bautista, yo se lo respondí muy contenta y entusiasmada con un chiste sobre perder la cabeza por una Salomé y qué sé yo qué otra huevada. Apenas presioné el YES para enviarlo, me dí cuenta de que podía ofenderse. Y se ofendió. Mucho. Perdón, Paula. Su otro hijo se llama Ignacio. Todos lo llamamos Ignacio, pero quizás de más grande opte por el temido "Nacho". Así como yo me resistí durante mucho tiempo a que relacionen a mi primogénito con un palmípedo para que él hiciera suyo el mote, así de inexorables son las aceptaciones de los apodos ¿no?.
Mi cuñado y su esposa eligen llamar a su hija (primera mujer nacida en esa generación) Olivia. Mandan mail: "Olivia, pero no como la esposa de Popeye, como Olivia". Cuando leímos el mail nos quedamos de una pieza y empezaron a surgir de nuestro inconciente miles de derivaciones de Olivia: Olivia de Havilland, Olivia (libro del FCE), aceite de Olivia, Caleta Olivia, Olivia Newton-John (y Neutron Bomb, por supuesto)...
Un sobrino se llama Marco. Así, sin ese. No es Marcos, es Marco. Marco Sinese. Já.

¿Qué nos pasa a los padres cuando vemos que alguien hace una asociación, un chiste (que no una burla) con el nombre de nuestro hijo, ese nombre que elegimos tan cuidadosamente? Nos pasan muchas cosas, sin dudas, nos da miedo, bronca, duda, ganas de protegerlo del daño que les pueda causar... Ojo, no estoy dando ejemplos de nombres como Fructuoso, Soledad Dolores del Solar, Epaminondas, o cualquier nombre que mueve a la risa de por sí. Nombres normales, por todos conocidos...

Cuando iba a nacer Martín hicimos la consabida listita. Algo le preguntamos a Patricio, pero todavía era muy chico y le daba lo mismo cómo se iba a llamar el intruso. Perdón, el hermano. En esta lista estaban otra vez nombres que ya habían aparecido con la elección anterior (tenía a Iván entre ceja y ceja, ustedes entenderán). Pero también aparecían otros nombres, ahora ligados a personajes, rostros, situaciones. Martín era uno de ellos. Había sido mi alumno en la catequesis de Primera Comunión. Un pibe muy especial, tenaz, creativo. Sus padres eran agnósticos, aún así él insistió en hacer la catequesis. Y tomó la Comunión con todas las de la ley. Años después me lo encontré, no siguió practicando pero nunca se arrepintió de esa pequeña decisión que tomó a los 8 años.
Y Martín fue Martín entonces. Claro que nos faltaba el segundo nombre. No era cuestión de tener un Patricio Andrés y Martín Asecas. De eso veníamos hablando con Patricio una tarde al regreso del jardín cuando compartimos el ascensor con una vecina:
-¡Qué lindo!, ¿vas a tener un hermanito o hermanita?
-Hermano -(Patricio siempre fue de pocas palabras)
-Ah, ¿y cómo se va a llamar?
-Martín, se llama Martín. Pero el apellido no lo sabemos todavía.

30 abril, 2007

Agradecimiento

Hola a todas y todos desde el hermoso puerto de Veracruz, el día de hoy estamos con un solecito lindo y festejando el día del niño, además agradeciendo la aceptación al blog para participar en él.
Mil gracias. Mokimom

24 abril, 2007

Marusiñas

Nadie me dijo que me iba a sentir así al verlas.
Nadie me advirtió de la cosquillita que se siente muy dentro al ver que algo que se hizo en casa, a las apuradas si se quiere, toma otro color, otro valor al estar impreso, ilustrado, armado...
Tampoco me advirtieron qué cara iban a poner mis hijos al ver los libritos. O mi marido.
¿Cuántas cosas más provoca un acto tan simple como sentarse a escribir y ser publicado? ¿Me acostumbraré alguna vez a parir libros? (Nunca me acostumbré a parir hijos, aclaro para el que se sienta tentado al chiste fácil.)
Y todos maravillados porque me pagaron por esto. Yo también, no vayan a creer. Pero yo, con esa cara de mosquita muerta, plagio a mi hijo y cobro mis manguitos.
Mirála vos a la mina esta. ¡Quién iba a pensarlo!

PS: Marusiñas es el nombre de la colección donde salió mi cuento publicado

20 abril, 2007

Freedom

Ufff.
La casa está tranquila. No hay ruidos, ningún Barney cantando. No hay peleas. No peines finos. No pensar en que mierda comemos.
La casa está tranquila.
Las niñas se fueron con el papá, durante el fin de semana a la costa.
Es extraña la sensación de alivio y la culpa que esa sensación me da.
Porque no puedo sentirme tranquila si ellas no están conmigo? Porque en realidad, no puedo disfrutar de esa tranquilidad?
Culturalmente debemos ser madres abnegadas, que dan sus vidas por las de sus hijos.
Pero ellas (mis hijas) lo están pasando bomba!!! y no se trata de que tenga (yo) que dar la vida por nadie. Entonces porque no puedo dejar de sentir culpa ante dos días de libertad?
Ok, entonces me duermo una siesta, me doy un baño de inmersión, y pienso en que ponerme hoy a la noche, seguro con la lluvia la culpa se diluye un poco.

18 abril, 2007

Llegás a tu casa con tu hijo llorando porque se te hizo de noche en el camino y ves el auto de tu marido en la puerta. "Que bueno" decís. "Llegó temprano". Te puede ayudar con el baño y la mamadera, con un poco de suerte a dormirlo. Que bien te viene, desde anoche que tenés el estómago revuelto (te levantaste a la madrugada a vomitar) Menos mal que hoy es miércoles y viene la empleada, así de paso te podés borrar un ratito a la mañana a hacerte masajes, encima del malestar dormiste poco y nada porque la espalda te está matando (levantar 8,5 kg de peso dia y noche y tenerlo bajo el brazo se hace duro). Ojo, calavera no chilla porque prometiste ir a visitar a esa amiga que tuvo mellizos hace un mes...hace semanas que estas esperando el momento en que ella no tenga quilombo (tuvo uno de los bebes en neo) y se da justo hoy, la puta madre, que te sentís para el orto. Y Ramiro? Y...hay que llevarlo, no es el mejor programa para él pero no queda otra, tu empleada se va a las 5 y quedaste con tu amiga a las 4...así que vamos, chancho, acompañá a mamá a hacer sociales un poco, de paso paseás vos también.
Estas en lo de tu amiga y hace una hora que te querés ir, pero la pobre está puérpera y ansiosa por tener vida social, te suplica que te quedes un ratito más (y sí, hay que tener mellizos, y estar sola che...no es fácil. Vos te quejás pero mirá un poco a los demás). Uno duerme siempre y el otro nunca. Tu amiga tiene unas ojeras que se las patea, y otra hija más que se desespera por alzar los hermanitos, un peligro en pinta pero es tan divina y la ayuda tanto que te la morfás. Bueno, vamos chancho, volvamos a casa que ya te estás poniendo denso. Y no llorés en el auto, eh? No llorés...pero igual llora, te taladra por la panamericana, menos mal que para de a ratitos...así que te ponés en off y fuerza fuerza que ya llegamos. Que suerte! vino papi! ahora te baña, te da de comer así de paso preparo algo (un zapallo o un arroz, no más que eso porque lo unico que tenés en el estómago son dos tazas de té y galletitas de agua, más no te pasa)...entramos...que pasa? no hay luz? por que está todo apagado? No llorés más chancho, no ves que estamos en casa ya? Hay luz, hay luz porque está la tele prendida, menos mal..pero papi no está..dónde mierda se metió? Ah, ya lo vi, de la frazada salen unos pelos y una mano inerte...estás dormido? mmgfhhrfrrghhff . Hace mucho que llegaste? mfsi comuna hora sha vomite cague me siento para el orto me viamorir...shevatelo porque quiero dormir y shora...y bue..lo bañas vos sola, luchás para que coma, para que duerma y escribís este post mientras está entretenido porque tu marido está con un pie en la tumba...mientras pensás "por algo a los hijos los tienen las mujeres"

17 abril, 2007

HOLA

Karina- 33 años, madre, esposa, y miles de etcéteras.
Tengo dos soles, Francisco de 5 años y medio y Lucía de 2 y medio.

El día que me enteré que estaba embarazada, me cambió la vida, de una forma que nunca imaginé, lindo muy lindo y a veces demasiado.

Por momentos me encantaría poder donarlos un ratito. Tener 5 minutos para bañarme sin que nadie entre, pintarme las uñas de corrido, mirar tele sin ruido, conversar sin que nadie me interrumpa, depilarme sin ponerle cera en la cabeza a ninguno de los dos...

Muchas veces siento que vivo la vida de otro, me levanto temprano, hago bici, me baño, los levanto, llevó al más grande al jardín, vuelvo y dejó a la nena en casa, voy a trabajar, salgo a las 6 y cuando no tengo que ir a buscarlos a circo, basquet o gimansia me enchufan un cumpleaños, ir a casa cocinar, esperar al quetejedi para cenar, juntar todo y obvio tirarme de panza (no cabeza) en la cama.

Creo que para la mayoría no debe ser ninguna novedad lo que estoy diciendo, pero esta es mi oportunidad y mi espacio para hacer catarsis sin que nadie me mire como un bicho raro.

Y justo en los momentos en los que siento que la vida me pasa por arriba, me acuerdo de las manitos calentitas tocandome la cara, los besos mojados, los abrazos y tantas cosas gratificantes que tiene la maternidad

13 abril, 2007

Duda

Que alguien me diga como evito litros y litros de baba chorreando por mi cara, cuando mi niña de 6 años (y primer grado recién iniciado) me dice al pasar una camioneta con la publicidad de "Pico Dulce" con su dirección de Internet pintada -Cuando llegue a casa voy a entrar. Tenes una birome?-
Plop.
No se en que momento se "hizo" grande. No se como pasó, pero juro que cuando escuche esas frases sentí una mezcla de enoooorme orgullo y pánico.
Esa bebita que no se podía dormir sin tocarse el ombligo es la misma nena que ahora "entra" a Internet?
Y de golpe el tiempo me pego una cachetada.

12 abril, 2007

Juancito

Juancito nació pocos días después que mi Josué, en noviembre de 2006. Pero como nació sietemesino, yo digo que en realidad, tiene tres meses. Es hijo de unos amigos que apostaron a tener un hijo en común cuando sus otros retoños (de sus parejas anteriores) ya estaban grandes y había que empezar a recordar todos esos detallecitos que hacen al cuidado de un recién nacido (y que tan rápido se olvidan, no?). Pero no solo era desearlo y concebirlo: sucede que su mamá tiene sangre factor RH negativo, y eso empezó a causar problemas desde el principio del embarazo. Ya desde las primeras consultas le dijeron que no se hiciera muchas esperanzas, que lo más probable era que lo perdiera. Recuerdo el llamado telefónico de Graciela, lleno de angustia, aturdida por la horrible posibilidad. Confiamos en Dios y empezamos a buscar donantes de sangre, porque el bebé tendría que recibir transfusiones... mientras aún estaba en la panza. Primero, que no es fácil conseguir ese tipo de sangre en particular. Segundo, que el bebé estaba anémico y lo necesitaba urgente. Vino la primera transfusión, y el asombro de la médica al ver que a pesar del Valium y todo, Juancito insistía en moverse y eso hacía más difícil pasarle la sangre. Algo ayudó, pero hubo que hacer otra poco tiempo después. La anemia continuaba. Otra vez pedir donantes, otra vez esperar y orar, otra vez el dolor del procedimiento y Juancito moviéndose como queriendo dirigir la operación desde dentro de la panza.
Llegada la semana 32, decidieron hacerlo nacer de prepo. Creo que fue al día siguiente que tuvieron que hacerle una nueva transfusión. La mamá se internó con él en el hospital durante esas semanas. Y Juancito, dentro de la incubadora, seguía moviéndose. Y creciendo. Y recuperándose.
Hoy es un hermoso jovencito de casi seis (cuatro) meses, que vino a visitarnos para Pascua y nos recordó que la vida siempre es un milagro. Josué, mi gordito tranquilo, lo miraba moverse, tal vez pensando: "¿Y a este qué bicho le picó?". Y el otro se desesperaba moviéndose y reclamando la teta. Es una hermosura verlo y suspirar aliviados sabiendo que está bien. Si supiera cómo adjuntar fotos, les mandaba una que sacamos de los dos bebés. Pero bueno, por lo menos en palabras, no quería dejar de mostrarlo.

11 abril, 2007

LLUEVE SIN NIÑOS

En Buenos Aires, en este mismo instante, llueve a cántaros. Y como decimos -y pasa- aquí, caen dos gotas y todo se inunda. Quizás sea una sudestada. La temperatura descendió y el viento lanzó el skate de los niños de un lado al otro del balcón. Ellos están en la escuela. Saldrán en 45 minutos. Yo estoy en paz, escribiendo. El almuerzo está listo.
Y como llueve, y ellos no están, me pregunto si es lícito abandonar a los niños en la escuela.

08 abril, 2007

No lo despierten por favor

Cuando tenemos un bebé y al fin logramos dormirlo consiguiendo así un momento de fugaz tranquilidad, parece como que la familia (no el núcleo familiar primario, sino el resto de la parentela) se confabula para sacarlo aun del sueño más profundo. Nunca falta la ronda alrededor de la cuna, con muchos, muchos pares de ojos que le clavan miradas penetrantes en medio de exclamaciones tipo "miraaaaaa....que hermooooosssoooo....coooomo dueeeeermeeee", o la abuela que lo taladra a flashazos de su Kodak Instamatic de 1972, ni los que pasan y le dicen "que cuenta mi vidaaaaa???" hasta que lo consiguen. Lo logran, te lo despiertan, el chico llora porque está mal dormido, entonces todos en su afán de ayudar complican más las cosas, a saber: pasandolo de brazo en brazo, sacándolo a pasear en cochecito aunque el sol raje la tierra, haga un frío polar o te morfe el dengue, jugándole para que se distraiga, revoléandolo por el aire...hasta que queda más excitado todavía y totalmente pasado de vueltas entra en un círculo vicioso del tipo "tengo sueño y no puedo ni quiero dormir porque todos me dan bola pero me pongo de mal humor y lloro entonces para que no llore todos me juegan y yo sigo con sueño y cada vez lloro más y cada vez me estimulan más".

David Byrne escribió una canción hace muchos años contando cómo a la gente le divierten en estas situaciones. El tema se llama Stay Up Late, está en el disco Little Creatures de Talking Heads, se las dejo completa para que la escuchen (está el podcast mas abajo) y la letra en español dice más o menos así:

Mami tuvo un bebé
Acá está, se quedó dormido
Es una cosita para jugar
Por qué no lo despertamos?
Que divino!! el bebé
que cosita! esos piecitos!
...

Por favor, dejame hacerle upa
quiero despertarlo, toda la noche
Es una cosita para jugar
Quiero despertarlo, toda la noche
Y lo hago!!

Miralo tomar la mamadera
Miralo comer en su plato
Tan divino, como un botoncito
No te dan ganas de despertarlo?
Y nos divertimos gratis
Esa sonrisa en su carita
No te encanta ese bebé?
No te dan ganas de despertarlo?



07 abril, 2007

El nombre del hijo

Cuidadosamente elegimos el nombre de nuestro primer hijo. Compré un libro de nombres, marcamos los que nos gustaban, hicimos la listita y fuimos tachando. Había algunas premisas muy claras:
* tenía que pegar con el apellido. Eso dejaba bastantes nombres largos o lindos afuera.
* no debía haber otra persona con el mismo nombre en la familia. Esta era importantísima, si tienen en cuenta que en una reunión mi familia alguien gritara ¡ALEJANDRO! más de la mitad se sentiría aludido. Si, en cambio, el grito fuera ¡LUIS! sólo atendería un 20%.
* tenía que tener un segundo nombre. Esa era medio boba, sabía que el segundo nombre no se usa nunca, pero bue...
Finalmente llegamos a una decisión: Patricio Iván. Así, porque sí. Porque nos gustaban los dos nombres. Luego de elegirlos recordé que yo iba a ser llamada Alejandra Patricia, pero mi padre cambió mi nombre por Graciela Alejandra al anotarme en el Registro Civil. ¿Su justificación? Dijo recordó que cuando empezó a salir con mi mamá ella dijo llamarse Graciela, ser hija del vigilante de la esquina y qué sé yo qué más.
Pero eso no iba a pasar con nuestro hijo. Patricio Iván llevaría ese nombre porque sus padres lo habían elegido con amor, pensándolo, imaginándolo. Estaba decidido. Ese era el nombre del primogénito.
Lo anunciamos a las respectivas familias. No sé quién se dio cuenta. Quizás fuí yo, quizás otro, no lo recuerdo. Fue el principio del fin.
El nombre de Patricio Iván conllevaba un detalle que cobró demasiada importancia: sus iniciales serían P.I.S.
Las familias se dividieron, las opiniones también. Los bandos se enfrentaron con fuertes argumentos. Por un lado estaban los que lo tomaban para el churrete, se sucedían ataques de hilaridad cuando se hablaba de Patricio Iván. Una vecina, embarazada de una nena, Catalina, cuando me veía me preguntaba cómo estaba PIS, y aclaraba que ella estaba esperando a CACA...
Los otros se rasgaban las vestiduras. Pontificaban sobre los profundos daños psicológicos que podría causar al niño en su más temprana época del control esfinteriano. Que las burlas de los compañeros lo harían tímido, retraído y antisocial. Que yo tenía que velar para que no pasara por las terribles pruebas que lo esperaban y que su identidad se vería dañada por la fatídica conjunción de iniciales.
En medio de eso mi panza crecía. Y mi malestar también. Era una prueba piloto de lo que pesarían las opiniones y bromas del entorno. Hasta qué punto invadirían nuestro espacio, nuestra familia, nuestro criterio...
Finalmente, decidimos cortar por lo sano. Basta de molestar con el nombre de mi hijo. No se va a llamar Patricio Iván, porque si así fuera sus opiniones y bromas serían lo que marcaría su crianza, se llamará Patricio Andrés. No jodan más.
Patricio Andrés creció y hoy elige llamarse Pato.

06 abril, 2007

Nos vemos por acá

Buenas tardes. Soy Verónica, alias Verte en los blogs, 36 años, madre reciente y primeriza de Ramiro de 4 meses. Tengo exactamente 40 minutos para escribir un post coherente, legible y si no es mucho pedir también entretenido, ya que esta es la duración exacta de las siestas de mi hijo. Ni 38 ni 43: 40 minutos religiosos, por lo cual y teniendo en cuenta de que acaba de caer siendo las 15:02 en el reloj de mi cocina, para las 15:42 deberé haber terminado, releído, hecho preview, corregido y publicado. Encima es mi primer post en tan distinguido blog, al que ingreso despues de aprobar el riguroso casting de la Sra también Verónica pero Sukaczer (a quien, segun acordamos previamente, cedo el privilegio de utilizar su nombre de pila) por lo cual la presión es aún mayor. Voy bien, son 15:07.
Ramiro nació en noviembre, a las apuradas. No obstante, lo buscamos durante 2 años. Para esta misma fecha pero en 2006 me estaba enterando de que estaba embarazada (acaba de pasar mi marido reprochandome "despues no me digas que no estás todo el dia con la computadora"...ufff. El señor vio el tenis, toda la mañana y hasta recién...pero se ve que el partido ya terminó y no sabe que coños hacer) Retomo: no fue un embarazo espontáneo, fue mas bien una lucha contra algo que nadie elige, que es ser infértil. Pero bueno, por suerte todo salió mejor de lo que esperábamos y nuestro tercer intento nos sorprendió con una beta de 193.
No me lo creí hasta que nació. Iba a las ecografías y veía la pantalla como mirando un documental de la National Geographic. Esa silueta que se movía en blanco y negro, ese bebe que bostezaba y manoteaba todo desde la 4 D era mi hijo, y ya era igual que ahora: inquieto, alerta y con los ojos como el 2 de oros.
Cuando lo sacaron y me lo mostraron fue lo más. Cuando estuve internada lo miraba y decía: tendría 50 hijos más mañana mismo si pudiera. Cuando llegué a casa me acompaño mi mamá la primera semana. Fue increíble.
A la siguiente, mi mama se tuvo que ir a trabajar y me quede sola. No quiero decir que me quise matar porque es muy fuerte para una primera leída, pero cualquier madre sabe lo que es el puerperio y no necesita que se lo expliquen en detalle. Mi hijo no dormía. De noche sí, pero la siesta jamás. Cuando podía, leía en internet "cuanto duermen los bebes?" y veía que un recién nacido lo hacía unas 20 horas entre el día y la noche y pensaba: por favor que alguien le avise al mío. El dormía alrededor de 12: 8 de noche (cortadas) y 4 de dia, de a ratitos, como los perros.
Mi hijo lloraba. Si tomaba la teta no. Si lo soltaba lloraba. Mi hijo tenía gases. Tenía todo lo que nadie te dice: que la maternidad es fantástica es un hecho, si no valdría la pena el esfuerzo, pero lo otro, lo políticamente incorrecto, lo que "queda mal decir" todos te lo ocultan.
Puta, ya son y 32. Me dispersé y ahora no sé como seguir. A ver...llegué a ser madre con la idea de "comen y duermen" para descubrir que el mío no aplica a esta simple regla. Comer come, eso sí, de lo lindo. De noche es un rey, y de día se aburre. Tiene cuatro meses y ya se aburre. Quiere estar sentado solo y no puede. Quiere agarrar chiches pesados y se le caen. Se enoja con el gimnasio porque los muñequitos están pegados y él quiere metérselos en la boca. Igual yo lo dejo, pobre hijo. Tiene que aprender que cada cosa viene a su tiempo y que no todo es fácil de obtener en esta vida.
Y ya está moviendo las patitas, me rec...y ni siquiera releí lo que estoy escribiendo. Seguro seguro que el post es un desastre. Prometo mas consistencia en los próximos, es que esto de escribir en tiempo real no me está funcionando. Pero bueno, es así. Sarna con gusto no pica. Los tengo que dejar (suerte para los lectores, je). Las próximas entregas tendrán mejor calidad literaria, lo juro. Un beso.

04 abril, 2007

Mi propia bienvenida.

Arranco con una presentación formal? Ok
Soy Alfonsina. 33 años. 2 hijas, de 6 y 2 años. Divorciada.
Mmmm...
Es tal vez un poco acotada. Podría ir más allá? Sí, seguro.
Bueno entonces voy.
Hace un poco más de un año me separé. Fue un divorcio difícil, doloroso. Nadie sale indemne de este tipo de rupturas. Mucho menos los chicos.
Las mías tuvieron que cambiar de casa, barrio, colegio, amigos y hasta la familia (por motivos que más adelante contare) no cambió pero tuvo una mutación importante.
Mi ex marido se fue a vivir al extranjero, y si bien, vuelve cada mes y medio o dos meses, todo se nos hizo mucho mas difícil de lo que creía.
Durante muchos días no tenia fuerza ni para levantarme de la cama, y sí es cierto, los niños te dan un empuje extra, pero cuando no tenes ni un poco de fuerza ese empuje se transforma en una carga.
Una "debe" estar bien por ellos. Ser fuerte. Y por supuesto no entra en el combo quedarte en la cama todo un día llorando, si eso es lo que necesitas.
Pasé momentos donde agradecía a Dios o a quien fuera tener el amor incondicional de esas dos "mostruas", y también pase por momentos donde lo único que quería era que alguien se las llevara por lo menos un día entero para poder quedarme en pijama y llorar tranquila.
Pero las cosas pasan. El tiempo pasa y todo se va acomodando.
Estamos encontrando nuestro propio lugar como una pequeña familia de tres.
Nos cuidamos y nos queremos.
Aunque aveces necesite encerrárme en el baño para poder llorar tranquila.

26 marzo, 2007


Aunque no nací en Jacinto Vera, mi casa natal era afuera de lata y por adentro madera. Y hacía frío. A falta de estufa, el viejo fabricaba -en lo que a mi me parecía una enorme lata cilíndrica- un brasero de aserrín capaz de dar calor toda la noche. La ceremonia de ir a buscar el aserrín a la carpintería y encontrar el más sequito, los fantásticos cuentos que me hacía en ese breve viaje y aquel frío en la cara hicieron de mi infancia -entre otras tantas pequeñeces amorosas- la mejor parte de este todo. Cuando el brasero estaba encendido soltaba chispitas diminutas que volaban hacia el techo haciendo eses breves. La luz tenue del rancho y mi imaginación de niño en la era del Apolo 11 me llevaban por viajes interestelares. Me acostaba de panza en el piso de modo que la boca del brasero quedase a la altura de mis ojos para ver los colores que se producían allí dentro. Para aumentar el goce, jugaba a desenfocar al máximo la vista para apreciar aquello como una imagen factible de reproducir luego. Yo sabía que era fuego, me lo habían advertido muchas veces, pero la fascinación y el espíritu fantasioso me hicieron introducir una imaginaria nave (muy parecida a mi mano) en aquella cavidad ardiente. El saldo fue terrible, la nave quedó gravemente dañada y aunque en la base de reparaciones hicieron todo lo que pudieron no dejó de arderme en toda la noche. Al otro día, el brasero era el mismo, el astronauta también, pero la percepción de las cosas había cambiado para siempre.
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Este texto antes que post, fue comment en el blog de Ludmilla, como siempre me gustó, lo rescaté ahora como aporte a esta nueva comunidad de blogueros a la que me han invitado.

23 marzo, 2007

Presentación y discurso de bienvenida

Me presento: mi apodo más íntimo es Mumi, mi nombre Maria Eugenia. Desde diciembre de 2.004 soy Otra. Mi marido se llama Germán, mi hijo: Santino.
Madre babosa, abogada-trabajo en Tribunales, de tarde soy ama de casa y Madre. Entrerriana de Villaguay, residente en Paraná. Descendiente de judíos rusos y tanos-criollos-gallegos por parte de madre (lo me valió el apodo de "rusa" y "rusa hincha pelotas").
Me encanta este blog, me enorgullece poder participar y poder hinchar las pelotas acá también. Voy a empezar por disentir con Verónica acerca de no aguantar los hijos propios.
Yo no sé que hormonas andan circulando por mi cuerpo desde que nació Santino, pero le tengo una paciencia infinita, es muy raro que me saque de las casillas. Será que mi modelo de maternidad ha sido mi abuela (la típica abuela)? Estaré haciendo lo correcto?

17 marzo, 2007

Ley de paridad

Cuidar de unos hijos, escribir, trabajar, llevar una casa...

Hace dos días se aprobó en España la ley de paridad 40/60. Esto quiere decir que a partir de ahora todos los cargos políticos deberán repartirse entre hombres y mujeres en una proporción de 40/60. Esto nos "reserva" una cuota mínima de participación a las mujeres.

He pensado ponerlo yo también en práctica en casa. A partir de ahora por cada sesenta veces que ponga yo el lavavajillas contaré las que lo ha puesto mi marido. Y por cada cuarenta que he puesto paños fríos en la cabeza de mi hija con fiebre, también.

Acabo de tener una larga conversación con Guille y Laura sobre el futuro y hemos llegado al momento en que tendrán que cambiar a su mami por "alguien" a quien querrán mucho y con quien iniciarán una nueva vida. Los dos han dicho lo mismo: nosotros siempre te querremos más a ti que a nadie.

Qué inocentes, he pensado.

Me refiero a los padres que se creen este tipo de afirmaciones.

12 marzo, 2007

MADRES SE BUSCAN

Este blog nació con la idea de transformarse en una comunidad de madres desesperadas. Nunca lo quise para mí sola, sino que buscaba aquí otras voces a las que pudiera decirles: "a mis hijos los amo más que a nada en el mundo, pero no los aguanto". Y que me respondieran que ellas también. Que eso es normal.
Pasaron por aquí varias mamás, y varias se fueron, y esto ha quedado bastante abandonado. Por eso hago una última llamada-invitación. A las mamás que quieran escribir aquí. Lo único que tienen que hacer es enviarme un mail. Si nadie se suma, creo entonces que será el momento de decir que el tiempo de este blog, ya pasó.

02 marzo, 2007

¡Y SE TERMINÓ!

He jugado. Los he cuidado. Los llevé a la pileta cada fin de semana. Cuidé al mayor que cree que flotar estilo perrito es saber nadar, y nunca solté al menor con su pánico al agua y sus bracitos inflables. Les compré juguetes. Vimos películas. Invité a sus primos a dormir a casa, y una tarde tenía seis pibes corriendo por todos lados. Les hice las comidas que más les gustan. Los llevé de vacaciones. Les permité dormirse tarde, aunque siguieron levantándose temprano. Los mantuve fresquitos. Salvo los días en que visitaron a sus abuelas, no me separé de ellos ni un minuto. Respondí a sus dudas existenciales. Los reté y les grité hasta que me dolió la garganta. Preparé sus baños. Bañé al menor y le limpié la cola cada vez. Les serví agua o jugo cada vez que lo pidieron. Les compré dos mascotas. Los abracé lo poco que me dejaron. Los llevé al médico, a vacunar, y estuve con ellos en cada dolorcito o fiebre.
Y ahora...
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡empiezan las clases!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
No me importa tener que volver a levantarme 6,30 cada mañana, si a cambio tendré 4 horas de paz y tranquilidad y libertad para mí. Es poquísimo, lo sé, van jornada simple... qué le vamos a hacer. ¡Pero son cuatro horas sin ellos!

Que tengan todos un hermoso comienzo de clases (o de paro, según la provincia que corresponda).

20 febrero, 2007

SOY MADRE DE DOS MÁS

Cada vez que me da el ataque del tercero, como lo llamo, mi santa madre me sugiere que me compre un perro, más cariñoso y mejor compañía. El ataque del tercero aparece en general cuando una amiga tiene un bebé, y con mayor fuerza si lo sostengo. No pasa lo mismo con los deambuladores, por ejemplo, que me hinchan las bolas, y a quienes jamás sonrío para que no me crean amigable.
Bien, en momentos en que los míos de 8 y casi 6 están experimentando alguna transformación psicótica, y de verdad están insoportables, y porque a pesar de que mi mente a veces fantasea con el tercero mis entrañas me dicen que no, he adoptado otros dos.
Con la excusa de que, espero, ayuden a los biológicos míos a calmarse un poco y entender la palabra responsabilidad. También porque me encantan y mi mamá nunca me lo había permitido. Así que ya está. Están en casa. ¡Y son tan hermosos! Tienen cinco semanas de vida y son dulces, increíblemente simpáticos, inquietos, inteligentes, vivaces. Uno muerde un poco.
No son perros. A los perros hay que sacarlos a pasear llueva o truene. Mucho trabajo y mucho dinero.
No son gatos. Soy alérgica. A los cinco minutos me empieza a picar la cara. A los diez me pongo afónica. Luego empiezo a toser y estornudar y hay que tener el decadrón a mano por las dudas.
Lito se ha dormido y parece un ángel, todo blanco. Toti está aún jugando, es siamés. Los veo a ellos y me digo que así tendrían que vivir y ser mis niños. Todo el día en una jaula de vidrio, con comida y agua a gusto, un baño y una ruedita. No joden. No llaman. No dicen comprame. No tienen olor. No van al médico. No se vacunan. No se quejan de las condiciones existentes. Se pelean poco, justamente porque son hermanos. Yo los levanto y los acaricio. Me preocupo por su alimentación y limpieza de su entorno. A la hora de limpiar su jaula, los paso a una caja de cartón y no dicen nada. No miran TV. No usan ropa ni se ponen tres semanas seguidas esa remera de los Simpson. No insultan. Duermen cuando lo necesitan y juegan cuando quieran. No vienen a decirme que están aburridos.
Son jerbos. Están en casa.

14 febrero, 2007

Feliz San Valentín

Hay muchos tipos de amor y el que siento por mis niños no es poca cosa.
Os deseo a todas las que sois mamis, a las que quereis serlo, a las que no, a las que quizá, a las que ya veremos: mucho, mucho amor.

08 enero, 2007

CAMBIO DE DOMICILIO

Daisy, Marce, Antonia Romero, Daniela Guitérrez, Natalix:
Iba a suceder tarde o temprano, y lo decidí antes de que lo decidiera por mí: pasé el blog al sistema nuevo o lo que fuera. Para ingresar, entonces, se les pedirá una cuenta de e-mail. Sigan las instrucciones para mudarse, y seguimos viéndonos y leyéndonos acá.
Otra cosa: cuando tenga tiempo, haré las etiquetas de todo lo escrito en el blog. Organizaré el blog con nuestros nombres, así cada una podrá buscar y releer todo lo que ha escrito.
Cariños de madre

21 diciembre, 2006

MADRES CON HIJOS LES DESEAN FELICES FIESTAS

Que las que quieren tener hijos los tengan con salud, y las que no quieren tener más, no sufran accidentes de anticonceptivos.
Que las que tienen bebés puedan descansar, las que tienen niños renueven su paciencia, y las que tienen adolescentes sobrevivan hasta que se vayan de casa.
Que el diálogo entre padres e hijos florezca más allá del comprame.
Que la paz reine en el hogar, las buenas notas en la escuela y las buenas amistades fuera de casa.
Que los que no son cariñosos por naturaleza nos brinden un poco de mimos, y los que son cargosos logren un poco de independencia.
Que podamos continuar, con salud, amor, dinero, inteligencia, aguante físico, cordura, imaginación, paciencia, tranquilidad espiritual y los pies sobre la tierra, administrando nuestros hogares, criando nuestros niños y manteniendo nuestros trabajos/profesiones.

Estos son los deseos de esta madre/esposa/escritora/ama de casa para estas fiestas.
¡MUCHAS FELICIDADES!
Y que el 2007 nos encuentre en un spa en donde no se permita el acceso de niños.

23 noviembre, 2006

HIJOS Y OTROS ANIMALES SALVAJES

HIJOS Y OTROS ANIMALES SALVAJES

Josué

Es el que me vuelve loca desde hace meses, aunque solo hace veinte días que le conozco la cara. El culpable de mis noches en vela, de mi cansancio y mis ataques de mal humor. El culpable, también, de que cualquier cosa me arranque lágrimas y de que pueda quedarme largos minutos robados al sueño sonriendo como una estúpida, solo mirándole la cara. Es mi hijo Josué, recién nacido. “¡El varón! ¡El que completa la parejita!”, como dicen las viejas. “Con el que se cerró la fábrica”, agrego yo enseguida.
Desde bien chiquito, hace lo que quiere. Me pateó sin misericordia durante los últimos cuatro meses de embarazo, y como buen vasco terco, en vez de apuntar la cabeza para abajo y prepararse para salir por el canal como cualquier buen chico, la dejó bien arriba y trataba de hacer fuerza encima de mi ombligo, por más que yo le decía que la salida no era por ahí…
Y sí, hace lo que quiere. La fecha de parto original era el 11 de noviembre; a fines de octubre, el señor seguía cómodamente sentado, de manera que el médico dijo: “¡A cesárea!”. Yo, sin reponerme del shock (es que tenía la esperanza de que fuera un parto natural, como con la nena), solo atiné a decir: “Bueno, pero que sea en noviembre”. No sé por qué, no me gustaba el mes de octubre para su cumpleaños. Me gustan los meses impares, qué sé yo. El médico dijo: “Perfecto, entonces la hacemos el 1 de noviembre”. Todo parecía ir bien. Salvo que el 30 de octubre a la madrugada, el señor decidió que, después de todo, a él sí le gustaba ese mes para su cumpleaños, y empezó a causar contracciones… y la cesárea hubo que hacerla a las corridas, despertando al obstetra y la neonatóloga, que se vino al hospital con toda la familia y los dejó esperando en el coche mientras recibía a Josué.
Pasó la cesárea, están pasando los dolores, pero el tipo sigue haciendo lo que quiere. Sobre todo conmigo, claro. Sabe que me tiene en un puño, y sonríe satisfecho mientras le doy la teta. (La misma teta que me hizo sangrar las primeras veces que se agarró para comer como un desesperado, mientras yo aullaba de dolor). Es el dueño de mis tiempos, de mi cuerpo y de mi atención.
Bianca lo mira con cariño, dice que es hermoso, lo llena de besos, quiere cambiarlo, alimentarlo, moverlo, todo… En resumen, con el hermano, todo bien; los berrinches y los caprichos los reserva para nosotros, los padres.
He descubierto, finalmente, que se puede amar a dos al mismo tiempo. Sigo amando a Bianca tanto como antes, y ahora, tal vez, la aprecio más, sabiendo a lo que tiene que renunciar y acomodarse desde que llegó su hermano; y estoy profundamente enamorada de este varón que me cayó en los brazos y que seguramente un día se irá de ellos sin el menor remordimiento, para correr detrás de otra mujer.

03 noviembre, 2006

Pequeños pensamientos extremistas

Es una lástima que se pierdan costumbres de nuestros ancestros, que tanto ayudarían, hoy en día, a organizar el caos que es nuestra vida.
La escuela de pupilos, por ejemplo. ¡Qué lindo que pudiéramos optar entre, por ejemplo, la escuela pública del barrio, la privada cara, la religiosa o mandar a los chicos a vivir a la escuela! Entregar a un niño de seis años, el mismo que jamás levanta sus juguetes, que le hace un boicot al baño, que nos insulta como si fuéramos los amigos adolescentes de Internet, y que de pronto nos devolvieran uno de 12 -o de 18, si le sumamos la secundaria- ya criado, domesticado y listo para enfrentar el mundo. Dejar en la puerta de la escuela un pibe que nos mira como si quisiera asesinarnos -que es como me miran los míos cada mañana cuando los despierto- y recibir el viernes a la nochecita uno deseoso de cariño, que se deje besar, apretujar, que nos regale una cartita contándonos cuánto nos extrañó, tan desesperado de nuestra atención que sería capaz hasta de servirnos el desayuno (que dicho de paso aprendió a hacer en la escuela, mientras que en casa no sabe siquiera dónde se guardan las tazas).
Fue la literatura la que nos quitó la maravillosa posibilidad de enviar a nuestros niños a las escuelas pupilas. ¿Pero por qué tenemos que creer que todas las experiencias serán como la de Jane Eyre? Y en caso de que lo fueran, ¿acaso Jane Eyre no se convirtió en una mejor persona, más fuerte, más responsable? ¿No salió de la escuela lista para enfrentar el mundo laboral, encontró trabajo y además se terminó casando con su empleador millonario? Yo no sé si con la educación actual que le brindo a mis hijos lograré que consigan la mitad de eso. Por ejemplo, los míos se quejan de que el agua de la bañadera está fría en invierno y caliente en verano. Ya quiero verlos cuando tengan que lavarse con la escarcha que se formó la noche anterior. Los míos tiran la leche -primera marca, con hierro- a la pileta para no tomarla. Porque nunca se enfrentaron a una única comida grumosa y horrible. Los míos dijeron "comprame" antes que "mamá". Porque nunca se les confiscaron sus pertenencias para entregarlas al hijo tonto de la directora. Por eso, yo creo que deberíamos volver a las raíces, reinvindicar la escuela de pupilos. En cada barrio, una comunidad de niños abandonados, durmiendo hacinados y con frío, comiendo mal, compitiendo por un caramelo premasticado, descubriendo, en fin, qué maravilloso y cálido era vivir con mamá y papá. Cuanto agradecimiento deberían habernos demostrado. Y nosotros iremos por la vida llenos de culpa, es verdad, pero tan libres, tan ligeros, tan infelices...

26 septiembre, 2006

bajando a mamá de un hondazo.



- Es hermosa, muy hermosa. Extraño los bebes.

- Sí, increíble.

- ¿qué pensás?

- que quiero uno.

Recibí las fotos de mi sobrina nueva, y no pude hacer otra cosa que maravillarme de esa belleza chiquitita, nueva, llorona. En un momento no pude sino extrañar esos momentos de bebés mínimos que ahora están 10 años lejos.

Si tuve una beba hermosa a los casi 16, ¿¿¿por qué no a los casi 42, eh????. Así estábamos mirando las fotos y él conteniéndo mis ímpetus hasta que llega Laura y me dice mirando la prima nueva:

- má es hermosa!

- sí, ¿no? (tanteando, creo)

- sí (Me mira. Me conoce), ¿no te gustaría que Lu tuviera un hijito?, decile vos...a mi me gustaría...

- ah! pero yo había pensado mejor tener yo un bebé...¿no te gustaría un hermanito?

- Sos re-vieja vos má!!! vos? si ni siquiera me dejás tener un perro, "¿quién lo va a cuidar?" me decís siempre. Peor un bebé. No, no quiero ningún hermanito

Juan que se asomó oportunamente a ver las fotos que su padre y yo mirábamos, y todavía andaba por allí revoloteando, escuchando todo lo que sucedía dio su lapidaria y oclusiva opinión.

- Laura, acá el hermanito sos vos. ¿no, che, ustedes??

19 septiembre, 2006

Darwin, chupate esta mandarina.

Las mañanas en mi casa suelen ser bastante agitadas. Por lo general prendo el televisor, pongo algún canal que tenga noticiero, me fijo la temperatura, y queda prendido hasta que nos vamos.
El otro día, entre corrida y corrida, escucho a Sol que me llama
-¡¡Mamá, mamá, vení rápido, está dios en la tele!!
Estaba muy excitada, claro, parecía que tenía a la vista la prueba tangible de la existencia del ser supremo. Para que lo vamos a negar, si yo tuviera semejante certeza me pondría igual. Fui más que ligero, quería ver qué era lo que estaba mirando.
-No hija, ese no es dios, es el papa- tuve que desilusionarla.
-¿Es el papá de dios?
-No, dios no tiene papá, es el papa.
-¿Y qué es el papa?
-Es algo así como el jefe de todos los curas.
-¿Y por qué está en la tele?
-Porque no está de acuerdo con unas personas que explican cómo aparecieron los animales, las plantas y los hombres en el mundo. Unos dicen que aparecieron de una forma y él dice que no, que aparecieron de otra.
Abril, que seguía la conversación muy interesada, al instante aclaró cualquier duda que pudiéramos llegar a tener.
-¡Ah! ¡Pero eso es re fácil! ¿No sabe que primero vinieron los dinosaurios, después los monstruos, después los piratas y después los argentinos, y entonces cayó un meteorito y se extinguieron los dinosaurios, después de un tiempo los monstruos, después los piratas y quedamos nada más que los argentinos?
-No, hijita, parece que no lo sabe.

La sonrisa me duró todo el día.

13 septiembre, 2006

Afrodita no viaja en turista

Seguramente inspirado en la expresión "comer como los dioses", el niño acuñó una propia: "comida de dioses". Puede aplicarse a salchichas con puré tanto como a salmón rosado, siempre y cuando le parezca que está comiendo algo delicioso.

El día del maestro lo llevo a la oficina, y al mediodía almorzamos en la parrilla de enfrente, donde voy casi siempre. Le digo (y él lo comprueba) que aunque la el lugar no es precisamente elegante, la comida es riquísima y el precio, módico.

—Entiendo —contesta—. Es para dioses de segunda.

10 agosto, 2006

Tiene trece años y ya es más alto que yo


El otro día mirándole tuve un flash. Le vi tal cual era cuando tenía tres añitos y una lengua de trapo divertidísima y no pude evitar sentir exactamente lo mismo que sentía cuando le veía ante mí haciendo casitas con piezas de madera para sus muñequitos. Le escuchaba hablar con ellos y regañarles porque se quitaban las camas los unos a los otros.

Ahora es un muchachito camino de hacerse un hombre y enfrentarse a una vida llena de peligros.

La otra noche me despertaron a las tres de la madrugada unos gritos desgarradores, desesperados. Era la voz de una muchacha que gritaba a "alguien" que dejase de golpear a otro "alguien". En un primer momento creí que estaba soñando, tengo la costumbre de soñar con realidad virtual. O sea: sueño que me duele la barriga y me despierto encogida de dolor o sueño que me están atacando y me encuentro con el codo de mi marido amenazando mis costillas (involuntariamente, por supuesto).

Una vez reaccioné al hecho de que aquellos gritos no salían de mi cabeza, fui a la habitación de mi hijo que es la que está en el lado de la calle de dónde provenían los gritos y miré por su ventana, pero desde allí no veía nada. Así que cambié de ventana y fui al lavadero desde donde tenía una perspectiva completa de lo que estaba ocurriendo.

La escena era la siguiente: los protagonistas, un grupo de chavales de entre dieciséis y dieciocho años, formado por cinco chicos y cuatro chicas. De los cinco chavales dos se pegaban con muchas ganas y los demás intentaban separarles... pero con cuidado de no recibir. Entre las niñas, unas lloraban, otras gritaban, gritos que aproveché cuando llamé a la policía para que comprendieran la urgencia de su intervención. Os aseguro que los gritos del que en ese momento recibía eran aterradores, igual que escucharle después decirle a su contrincante que le iba a arrancar la cabeza. Temblaba toda yo cuando estando uno sobre el otro en el suelo le mordió y el que llevaba la peor parte en ese momento gritó de auténtico dolor. Golpes y más golpes caían de todos lados. Era una escena de tanta violencia que me produjo unas tremendas ganas de ser dos veces más alta de lo que soy, tener músculos donde solo hay carne y darle una tunda a cada uno que les recordase la que, seguro que más de una vez, les había dado su madre.

Yo nunca pego a mis hijos. Recuerdo haberlo intentado y notar como mi brazo se aflojaba al acercarse al tierno culito de mis niños.

Para tranquilizaros os diré que en seguida llegó la policía y puso paz, los guardias estuvieron hablando con ellos hasta calmarlos y después cada uno se fue a lo suyo.

Yo fui a la habitación de mi hijo, que dormía como un angelito y me estremecí pensando que alguna vez él fuera protagonista de tanta violencia.

Sentí pánico.

Pero tendré que aceptar que ya nunca volverá a tener tres años y que el mundo también es suyo.

27 julio, 2006

Racionalismo Zen

—Ma, ¿qué es la meditación?
—Creo que se trata de no pensar, dejar la mente en blanco.
—Ah, ¿y para que sirve?
—Mucho de eso no sé, pero me parece que es como una manera de ejercitarla. Así después, cuando tenés que usarla para pensar, funciona mejor
—Entiendo, pero ¿y eso de volar?
—¿Vos decís los que levitan, si se puede flotar en el aire por meditar?
—Sí, ¿vos creés eso?
—No, yo creo que se puede elevar el espíritu pero que la ley de gravedad es igual para todos
—Yo creo lo mismo. A la gravedad no le interesa lo que la gente piensa.

18 julio, 2006

PASEN Y VÉANME

El próximo jueves 27, de 14 a 15 horas, estaré en la Feria del Libro Infantil, stand de Alfaguara, mostrándome, haciendo como que firmo, o esperando que alguien compre un libro mío para firmarlo, o respondiendo a los desubicados de siempre dónde está el baño, o aclarando que soy Sukaczer y no Shúa ni Schujer.
Si alguien se moría de ganas de conocerme -hay perversiones peores- ya tiene su excusa para ir a la Feria.
Nombrando el blog, descuentos en algo, seguro.

26 junio, 2006

La colcha

Me crié viendo a mi abuela tejer las aplicaciones para esas colchas que hoy, remodeladas y unidas, cubren la cama de mi hijo. Tejedora de toda la vida, había acumulado incontables ovillitos de lana de colores, que un día comenzó a transformar en aplicaciones de crochet para dos colchas, que cubrirían sus camas gemelas de su cuarto de viuda que aún conservaba. Aprendí a tejer ayudándola, o molestándola, no sé.
Si sé que tardó años en completar la obra, y que luego fue enorme también el esfuerzo para planchar y unir cuadradito a cuadradito, hasta tenerlas al fin prontas, cerca ya del fin de su vida. Siempre siguieron dando vueltas por la casa de mi madre, a veces cuidadas, a veces semi abandonadas.
Hace unos años le pedí a mi madre, que ya es una abuela vieja y achacosa, que me las rescatara. Que las transformara en una gran colcha de dos plazas para mi cama, querías volver a verlas lucirse, les guardo cariño. La veterana asumió la tarea, las remendó, rehizo los bordes.
La instalé en mi cama y algo comenté a mi hijo chico, Juan, sobre su origen y los más de treinta años que tenía. Desde ese momento comenzó cada tanto a pedírmela.
Me resistí un tiempo, pero este invierno no la había puesto, todavía, en uso: un acolchado moderno y mullido se resistía a compartir la cama con ella.
Anoche Juan, con sus catorce años y su adolescencia a semi instalar, se subió a algo y se apropió de la colcha. Me llamó desde su cuarto, metido en la cama, libro en mano, cara triunfante
- Mirá, vos no la usás, me la traje, y si la cama la tendés vós que quede arriba del todo, así la veo.
Lo vi rodeado por ese mar de aplicaciones de crochet y notó mi emoción. Me veía a mi misma entre ellas, veía a mi abuela, veía mi infancia ya lejana.
-Qué te pasa?, preguntó
-Nada, me gusta verte con la colcha, me trae muchos recuerdos, mi abuela seguro nunca pensó que un hijo mío la usaría, me emociona verte tapado con ella.
Juan se inclinó y le dio un beso rápido a la colcha, me sonrió y me tiró, de lejos, sin olvidar su distancia de adolescente en ciernes, otro beso a mí.
Todavía a veces siento con él esa conexión casi mágica.

14 junio, 2006

teología cromática

Llegando en taxi a la escuela (¿hace falta aclarar que tarde?)

Madre: —Siempre cuando estoy a punto de salir me doy cuenta que me falta algo...

Niño: —Viste. Al final siempre se sufre. En los partidos de fútbol, en casa, siempre cuando estás a punto de terminar, sufrís.

Taxista: —Pero cómo ¿vos sufriste con el partido? Si ganamos cómodos...

Niño: —Ganamos porque Dios es argentino. (Ostensible carcajada de la Madre.) ¡Claro, si donde él vive el cielo es celeste y las nubes son blancas!

Madre: —Ah, por eso

Niño: —Y también es de Boca. Porque el cielo es azul y el sol amarillo

01 junio, 2006

BEBÉS EN CUOTAS

En el suplemento del Mundial, que salió en el Clarín de hoy, había una publicidad a página entera que me dejó llena de dudas.

Decía: "Sólo pagás si lográs el embarazo (consultar condiciones en Fecunditas). Facilidades hasta en 24 cuotas. Tarjeta de crédito. Fecunditas"

Primera cuestión, ¿por qué una publicidad destinada a las mujeres en el suplemento del Mundial, que difícilmente muchas lean? ¿Sería posible que esta empresa médica esté jugando con los sentimientos masculinos durante el Mundial? Veamos un ejemplo: ella quiere quedar embarazada y no logra. El marido, hasta ahora, no se ha preocupado mucho por el tema. Pero viene el Mundial y quiere disfrutarlo tranquilo, tener la TV a su disposición y, de ser posible, no ser interrumpido por consultas femeninas, ni hacer el amor en los horarios de los partidos. Entonces: él sabe que lo suyo sólo lleva unos minutos, un par de videos XXX, y un frasquito. Veinte minutos de trabajo para varios meses de tranquilidad. Vale la pena. Ella será la que tenga que ir a las consultas, inyectarse las hormonas, hacer las fertilizaciones. Ella es la que tiene un óvulo por mes, él puede ocuparse de lo suyo en cualquier momento.
"¡Mi amor!, vení. Me decidí. Vamos a hacer el bebé. Vos andá pidiendo el turno, que no se superponga con ningún partido, y te prometo que por las próximas semanas te dejo tranquilísima para que te ocupes del asunto".

Segunda cuestión: como se paga solamente si se logra el embarazo, ¿no puede ser que, inconcientemente, la mujer se boicotee a sí misma, y no logre embarazarse para no pagar, ya que todas llevamos un registro genético que dice: "mejor barato. Regalado lo que sea".

Si lográs quedar embarazada, pero lo perdés dentro del primer trimestre, como sucede con uno de cada tres embarazos, ¿se paga igual?
Claro, son vivos, ahí está la trampa: dice "embarazo", no dice "neonato".
Pero insisto; si lo perdés, que nos ha pasado a tantas, ¿te dan otras dos chances por el mismo precio?

Si una empezó a pagar, tiene el bebé, y luego se arrepiente porque este llora mucho, y como todavía no llegó a pagar ni 15 cuotas, ¿se puede dejar de pagar?

Si una queda embarazada de mellizos, ¿son igual 24 cuotas ó 48? Y con trillizos, ¿habrá descuento?

La empresa, ¿tiene convenio de descuento con alguna tarjeta de crédito? Porque por ejemplo mi tarjeta de crédito me hace descuento los domingos en nafta. ¿Habrá una tarjeta que descuente el 20% si el embarazo se logra un día martes?

En las condiciones de Fecunditas, ¿se acepta cualquier tipo de embarazo y cualquier tipo de bebé? Digo yo, si se produce un embarazo ectópico, ¿igual se considera embarazo y hay que pagar las 24 cuotas aunque no se pueda tener un bebé? Y si la pipeta con la que se hizo la fecundación estaba sucia, y una tiene un bebé de otra raza, ¿también se paga, o podés quedarte con el bebé pero te devuelven las cuotas?

Ahora... si el parto resulta dificultoso, ¿se paga lo mismo? En las 24 cuotas, ¿está incluído el parto o hay que pagarlo aparte? Y el plan que elijas para pagar el parto, ¿tiene que ver con que te pongan peridural o te hagan episiotomía, o no?

Y si una se arrepiente antes de lograr el embarazo y pide la restitución del dinero, con lo difícil que es eso cuando se paga en cuotas, y te dicen que no, que las cuotas igual se seguirán debitando, ¿podés pedir que por ese precio te den, por ejemplo, una TV de plasma?

Y si una no tiene tarjeta de crédito, y por ejemplo lleva a una buena amiga el día de pago, para que le preste la tarjeta y firme, ¿el embarazo lo debe lograr la amiga o puede seguir intentándolo la que hizo la primera consulta?

Y lo más importante, las cuotas, ¿tienen interés? Porque con interés deberían incluir al menos un moisés y un cochecito, digo yo...

¿Y si una paga las 24 cuotas y justo hay otro corralito, o quiebra, o simplemente se queda sin plata, tiene que interrumpir el embarazo o devolver al bebé?

¿Y si se larga la inflación, se respetan los montos de las 24 cuotas, o te ofrecen otro embarazo a los dos años, a mitad de precio, para compensar el aumento?

Y si se paga en efectivo, ¿hay descuento? ¿Te ofrecen un embarazo de la misma calidad?

¿Se aceptarán planes de pago con la sola entrega del documento de identidad, o temerán que una vez embarazada te largues y no vuelvas más?

Qué quieren que les diga... me resultó muy complicado.

28 mayo, 2006

me gustaba que me mataran


Anoche estuve mirando fotos y escaneando algunas. Cuando vi ésta recordé que cuando éramos chicos uno de mis juegos preferidos era hacerme la muerta.
-dale, basta...daaaleeeeeeeee despertate. No lo hagas más
-daniiii, no seas, levantate. No es gracioso.
No dejaba la muerte hasta darme cuenta que alguno se largaría a llorar, o temblaba de miedo real. Entoces ahí sí, cuando ya había probado la eficacia de mi misión, me levantaba feliz.
Ese era el momento en que tenía que correr veloz porque el grupo de deudos , lejos de alegrarse con el milagro de la resurrección, estaba dispuesto a correrme hasta alcanzarme y pegarme como escarmiento por morirme tan bien. Pegarme hasta que volviera a morir.
Era la mejor: no pestañaba ni un poquito. Los ojos bien abiertos pero inertes, mirando siempre el fondo del jardín. Soportaba pellizcos y gritos y aún que otro tirón de pelo con estoicismo. Pero es obvio que un cadáver -aun jugando- no da para demasiado maltrato.
Esta foto es en el fondo de mi casa. La muerta soy yo y mi vecinita me mira. Nuestras muñecas yacen a mi lado.
Esta foto la sacó mi papá, detrás dice "d. playing dead. 8 years old". Yo tenía 8 años y me gustaba que me ahorcaran hasta matarme. Me gustaba, también, que me ametrallaran. También me gustaba matar. Me gustaba pelearme, tener hijas e hijos, bañarlos, peinarlos, acostarlos, llevarlos de paseo, me gustaba ser mujer de un cowboy y rehén de un indio, estar en la guerra, vivir en una trinchera o en una choza helada con piso de tierra, quemar hormigas, cazar palomas, armar guerras de langostas para que se arrancaran la cabeza y –sí, también– me gustaba que me ataran a los árboles para hacerme prisionera y quemarme viva.
Era un monstruo.
Como todos los chicos de la casa, del barrio, de la ciudad y quizá del mundo. Porque mientras sea de jugando, dicen, podemos jugar a cualquier cosa. A la muerte, al dolor, a la pena, al nacimiento, al horror. El juego queda fuera del mundo y en ese lugar no hay riesgo, ni dolor, ni angustia. En la burbuja del juego podemos ser esquizoides buenos y malos, perversos y angelicales, egoístas y generosos, ser obsesos enfermizos o ensimismados autistas, matar a nuestros mejores amigos con regocijo, nadar donde no hay agua y ver un desierto donde no hay arena. En el juego estamos a salvo. Podemos ser locos peligrosos, superhéroes y asesinos con la misma sonrisa. Nadie nos arrastrará al hospicio más cercano.
Porque jugar es, de jugando, una cápsula de mórbido placer.

03 mayo, 2006

YO AMO A MI MAMÁ

Lo tengo que decir, aunque provoque escozor en la comunidad psicoanalítica entera: extraño a mi mamá.
Mis viejos se fueron a Europa durante un mes. ¡Un mes entero! Treinta días. Mientras escribo calculo que deben andar por Viena, con los pies rotos y el alma hinchada.
Más allá de que estén en Europa (el sentimiento sería el mismo si estuvieran en Miramar), tengo que decir que yo vivo enfrente de la casa de mis padres. Justo enfrente. Desde mi cuarto piso veo su segundo piso, y cuando las dos estamos en nuestros respectivos balcones nos saludamos como adolescentes y mi madre, aprovechando mi talento en lectura labial y mi buena vista, inicia conversaciones. Siempre bromeamos con que tendríamos que atar un cordón con una canastita entre nuestros balcones, para poder pasarnos cosas. Igual no hace falta. Ella no viene casi nunca a mi casa, pero yo cruzo casi todos los días.
Lo de casi todos los días ha tenido sus altibajos. Cuando recién me casé y me sentía sola en casa, y cuando tuve a mi primogénito y me sentía sobrepasada, cruzaba a su casa y me instalaba todos los días. Tengo una buena excusa: en verano ella tiene aire acondicionado y yo no. En invierno ella tiene calefacción central y yo un par de estufas. Cuando nació el menor, lo cruzaba para ir a buscar al mayor al jardín, y ya que mi bebé estaba allí, terminaba almorzando con ellos todos los días. Pero luego tuvimos varias peleas y me dí cuenta de que la culpa era mía, mía y mía. Si yo no ponía distancia, si le permitía ser parte de mi vida y mi familia en forma diaria, no podía impedir que luego ella opinara, decidiera, criticara, etc, etc. Ahora yo también era madre y no deseaba compartir mi maternidad. Pusimos días. Iba a su casa tres veces a la semana, desde el almuerzo y casi toda la tarde. Tuvimos otras peleas. Decidimos que lo mejor era que los chicos fueran a almorzar a su casa, se quedaran por la tarde, y yo aparezco ahora para tomar un té a la hora de retirarlos. Como no tengo empleada con cama, la única ayuda con la que cuento -en relación a los chicos- es la de ella. Si no fueran a su casa, yo no tendría ni un minuto para mí (mejor no hablemos de mi suegra).
Bien, no tengo ni un minuto para mí. Y la extraño. La extraño y la necesito. La extraño porque he podido construir con ella una buena relación. La necesito por lo que ya saben.
Yo la odié, por supuesto. Durante mi adolescencia, ella fue el monstruo que poblaba mi realidad. Era la persona que no me permitía ser, expresarme, sentir. La que decidía por mí según sus extraños cánones de lo que era mejor. Era la persona que tenía que odiar, y matar, metafóricamente, claro está, si quería ser alguien. Yo misma. Supongo que si sigo viviendo enfrente de su casa es porque lo logré a medias. En vez de matarla, la hice agonizar un poquito. Salí de la adolescencia a tropezones y lo que siguió no fue tan fácil ni mejor. Pero allí estaba ella. Encontré una amiga. Alguien con quien podía hablar. En más de una ocasión fue mi salvavidas y siempre, pero siempre, mi confidente. Lo que no sabe ella, no lo sabe nadie. Mi marido a veces la cela. Dice que yo no le cuento cosas a él porque ya se las conté a mi mamá y con eso me basta. Y tiene razón. Con mi mamá no tengo que ser ningún personaje, ni la buena amiga comprensiva, ni la esposa dedicada, ni la madre perfecta, ni la profesional exitosa. Con ella puedo ser hija. Con todos mis defectos que por supuesto me mostrará. Pero he aprendido a no hacerle demasiado caso. Con ella me río de los demás sin miedo a quedar mal con nadie. Con ella hablamos pestes de todo el mundo y sabemos que no hay peligro, que quedará entre nosotras. A ella le consulto algunas cosas y le pido opinión para muchas otras, aunque decida no seguir su consejo. A ella la llamo para las emergencias y los problemas de último momento. A ella le pido dinero prestado cuando no llegamos a fin de mes. Con ella lloramos los peores desastres familiares y compartimos los dolores más profundos.
Uno de los grandes aprendizajes que hice en mi incipiente madurez, fue que después de todo ella no tenía la culpa. Que realmente había hecho lo que creía mejor, como lo hago ahora yo con mis hijos. Con todo el amor del mundo. Y que no pudo no equivocarse porque de eso se trata la vida. Que alguien tenía que decidir, criarme, cuidarme. El día que supe que la culpa no era de ella, y que a partir de entonces la responsabilidad era mía, que yo era la dueña de mi vida, fue que maduré, me hice mejor persona y pude enfrentar mejor lo que me sucedía. Cuando eso sucedió, fue mi decisión continuar y mejorar la relación con ella.
A veces, en los momentos en que quiero estrangular a mis hijos, me gustaría, por un breve segundo, sabiendo que es una fantasía, que mis hijos me dijeran gracias. Gracias por todo lo que hago por ellos. Sé que es un desatino. Ellos no me deben nada. Fue mi decisión tenerlos y hacerme madre. Pero a veces... cuando estoy tan cansada y ellos tan demandantes, quisiera que se dieran cuenta, aunque ser por un segundo, de todo lo que implica ser su madre. Ser mi madre no ha sido más fácil. Y yo sé que no debo darles las gracias a mi mamá (aunque a veces a ella le gustaría). Entonces, aquí va mi homenaje: ¡extraño a mi vieja!. Y todavía faltan 20 días para que vuelva.

25 abril, 2006

¿Se puede amar a dos al mismo tiempo?

Soy hija única. Eso significa que fui única destinataria de los afectos de mi abuela Dolores (la que me crió); fui la reina de su corazón, la niña de sus ojos, la razón de su existencia, su mimada, su alegría. Y lo disfruté durante varios años. Pero, al ir creciendo, fui sintiendo que, tal vez, ser hija única no era la situación ideal. Y muchas veces, ya de grande, sentí que, si hubiera tenido hermanos, hubiera podido… cómo decirlo… enfrentar mejor la “salida al mundo”: aprender a encontrarme con otro, a compartir, a cuidar, a pelear, a negociar, a defender mis espacios y mis tiempos propios en un ambiente seguro, antes de salir al ruedo. Por eso, decidí que no tendría un solo hijo.
Si hubiera empezado más joven, me hubiera gustado tener tres. Pero empezando a los 37, me parece que dos es un buen número. (Por supuesto, mi marido sigue divagando con que podemos tener muchos, pero yo ya le dejé bien en claro mi posición varias veces; dos es la máxima concesión que puedo hacer a esta altura). Mi edad tope para tener hijos eran los 40, y el plazo se cumple este año…; realmente, era una carrera contra el tiempo.
Al mismo tiempo, a pesar de mi convicción inicial, más de una vez, después de tener a Bianca, sentí una especie de angustia al pensar en tener otro hijo, previendo que voy camino de perder la poca salud mental que me queda, que voy a tener que resignar más espacios y tiempos propios (¿qué, todavía me quedaba alguno?), etc. Pero está decidido. Realmente creo que lo mejor para la nena es tener un hermanito.
Pues bien, empezamos a buscarlo, y quedé embarazada otra vez. Y ahora se actualiza otra sensación que experimenté a poco de tener a Bianca: ¿se puede amar a dos hijos con la misma intensidad? No puedo menos que sentir que todo el caudal de amor que ahora dedico exclusivamente a mi hija se va a tener que dividir en dos, y que no solo ella va a perder, sino que también su hermanito o hermanita corre en desventaja, porque desde el vamos le va a tocar la mitad del amor que recibió su hermana hasta ahora. Y, la verdad, sufro por ellos al pensarlo…
Las madres con las que he hablado me aseguran que “siempre hay lugar para uno más”, que uno ama a todos sus hijos con igual fuerza, aunque no pueda dedicarle a cada uno el mismo tiempo y atención que dedicaría a uno solo; pero por más que racionalmente lo entiendo y lo acepto, en mi interior sigue rondando esa terrible duda...

19 abril, 2006

lo que sobra y lo que falta

—¿sabías que aunque los chicos nos creemos los efectos especiales de las películas, los adolescentes, los adultos y los ancianos ya saben que son efectos especiales?
—Claro. ¿Vos por qué pensás que los chicos creen más en las películas que ven y en las historias que leen que los grandes? —pregunto, mientras me respondo mentalemente que es porque los chicos manejan menos datos sobre cómo se construye la ficción.
—es obvio mamá: ¡porque los chicos tenemos más imaginación!

13 abril, 2006

BASTA!!!!!

El año pasado fue el primero desde que Martín murió en que me encontré hablando y escribiendo acerca del asunto más de una vez. Fue así porque proliferaron los padres víctimas a quienes no quisiera parecerme jamás. Esa categoría de personas se arrogó el derecho de hacer o decir cualquier cosa, esgrimiendo su condición de doliente extremo o más aún: "¿ud. qué sabe si no se le ha muerto un hijo?".
Bien, me banqué un añito de análisis duro, de los medios a full con el tema y por sobre todo me tocó en más de una oportunidad la antipática cuestión de contestar algo así como: "a mi se me murío un hijo, y?. ¿qué plus de derecho te da un plus de dolor?. Ninguno."
Otra de las cuestiones que me tuvieron el año cromañónico en vilo, fue que ahora Laura tiene ya 9 años (edad que tenía cuando su hermano murió, hace siete), y por lo tanto no se ha privado ni un poquito de preguntar y preguntar hasta el último detalle acerca del accidente en el que murió su hermano. Este año, nuestra "notera amarillosa" nos mantuvo al trote y nos puso hizo volver a un sitio decididamente pasado.
El pasado fin de semana un varón de 16 años murió. El domingo, laurita se pasó haciéndonos notar qué curioso es que el chico muerto "tiene un mellizo...como juan", "que tenía 16 años...como juan", "que lo raro es que el muerto no es Juan sino Matías y el vivo no es Juan sino Martín, como nuestro muerto. Algo salió al revés, ....por suerte".
La sobreexposición del dolor ajeno en los medios, lejos de conmoverme me da bronca, mucha. Ese padre doloroso junto al gran padre de todos los padres dolorosos, Blumberg, me pone en guardia. Pero hoy cuando Laura vino a contarme que sus amigas-vecinas le dijeron que sería mejor que también nosotros nos fuésemos a otro país así no nos matan a Juan, creí que había llegado el momento.
Pegué un grito: BASTA!!!!!!, que se escuchó hasta en las antípodas de núñez. Salí al balcón a gritar, gritar y gritar hasta cansarme, me siguieron Juan y Laura que estaban llorando adentro asustados,abrazados. Salieron y les dije: "gritemos fuerte, bien con todo, saquémonos las ganas y la bronca, y que nadie nos pregunte por qué mierda gritamos....".
El portero, elegantemente tocó el timbre y nadie le abrió.
Mis amigas del edificio llamaban por teléfono y no atendimos.
Todo duró dos o tres minutos eternos.
Después entramos, nos hicimos un té y abrimos una lata de galletitas de jenjibre que traje de inglaterra, comimos y tomamos en silencio. La vida sigue.

11 abril, 2006

La decisión más difícil

Tengo 37 años, dos hijos con el mismo esposo, y una fertilidad rápida y precisa. Las tres veces que quise quedar embarazada, fue así y listo. Un sistema express.
En relación a esto tengo que decir que me encantan los chicos, que siempre me han gustado. Desde pequeña he querido estar rodeada de niños. Cuidaba a mi prima. Animaba cumpleaños. Era la niñera perfecta en cada reunión en la que hubiera un bebé. Cuando crecí empecé a creer que era Mafalda, pero seguía sintiendo como Susanita.
Esperaba tener cuatro propios, y eso me confimó un vidente al que visité una vez, más por curiosidad que por creencia. Dos varones, dos niñas, dos abortos. He cumplido con lo de los dos varones y un aborto espontáneo. Pensar que según el destino me quedan aún otros tres intentos, es como demasiado.
A eso quiero llegar. Sé con el corazón, con el mismo sentimiento con que supe que quería hijos más que nada en el mundo, que no quiero tener más hijos. Que cerré la fábrica. A dos manos, digo yo, dos hijos. Soy madre a tiempo completo y recién ahora empiezo a recuperarme a mí misma. Y estoy cansada. Y los bebés son hermosos pero verdaderamente molestos. Y mi cuerpo ya no es el mismo que el de hace siete años y dos cesáreas. Y mi esposo no quiere con total certeza. Sé todo eso y entonces... ¿por qué estoy aquí escribiendo? Sé que no quiero tener más hijos ahora. Pero estoy segura de que el día de mañana lamentaré no haber tenido otro. Bromeo con que me gustaría tener, ahora, uno ya criado. Fantaseo con la adopción... ¡Pero no quiero! No quiero empezar de nuevo. Ser esclava de un neonato, perseguir a un deambulador, volver a hacer papillas, cambiar pañales, lavar vómitos, enseñar límites, hablar en diminutivo, regresar al jardín, quitar todos los adornos, tapar los enchufes, preocuparme por si alguien fuma, por si hace frío, cargar el bolso con todo, no poder hilvanar dos frases seguidas, no salir, estar pendiente de esa otra personita, lidiar con los celos fraternales, perder mis espacios, preocuparme a muerte por un resfrío. No quiero. Lo siento en las entrañas. Tengo dos hijos hermosos, sanos, inteligentes, incansables. Y tengo 37 años... tendría que ser ahora... y ahora no quiero. Es la decisión más difícil que he tenido que tomar, porque tiene fecha de vencimiento.
Oh, lo sé. Debo estar escribiendo esto porque mi mejor amiga tuve una beba. La primera. Y yo la tuve entre mis brazos al segundo día, y luego la entregué a la madre con total felicidad de saber que no era yo la que tenía que llevármela a casa. Entonces está decidido: no quiero más.
¿Y si quiero..?

03 abril, 2006

tiempo al tiempo

El niño comienza nueva escuela de arte. La madre concurre a la reunión de padres para recibir la información pertinente a la cursada. En el momento del arribo escucha:

—... es importante porque se pierden la consigna, y además se corta el clima de la clase.

La directora recomienda no llegar tarde y la madre escucha el discurso por la mitad, porque llegó tarde. Después la directora indica que el establecimiento está abierto desde las ocho, y pueden dejar a los chicos a partir de esa hora.

A punto de culminar la reunión una señora pregunta desde qué hora puede dejar a su hijo y si no hay problema en que llegue, digamos, unos diez minutos después de la hora de entrada cada día. O sea: ella se había perdido TODO el discurso de la puntualidad, porque llegó después.

Hijo mío: mi karma es tu karma pero (respiremos tranquilos) siempre puede ser peor.

28 marzo, 2006

Carta a la psicopedagoga.

Hola Seño Psicopedagoga, soy la mamá de Abril. Ya sé que tenemos una cita acordada para hablar sobre ella. Sé también de que se trata. ¿A que Abril no da ni cinco de pelota a lo que le dicen? No, en casa está todo igual que siempre, por ahora, mañana no sé. Porque Ud. vio, el presente es el presente y del mañana se supone, no se sabe, y eso es una de las cosas que trato de inculcarles a mis hijas. También trato de que sean personas independientes, autosuficientes y que encuentren placer en todo lo que emprendan. Y no hablo de éxito, hablo de placer y de responsabilidad por todo lo que se asuma, hablo de libertad Seño Psicopedagoga. Claro Seño, lo de Abril es producto de la educación y tengo muy claro cuán difícil puede llegar a ponerse en el libre ejercicio de su voluntad, pero si uno se toma el tiempo de explicarle cuáles son los beneficios y cuáles los obstáculos ante tal ejercicio, ella entiende, porque es obstinada pero no estúpida y sabe lo que es un límite. Si, ya sé, es una mini revolución de tres años, un menudo trastorno que alborota al resto, pero ¿qué quiere que le diga? Yo no estoy educando a un carnero para que siga a la manada, estoy educando a una persona, persona desde que nació, para que pueda desarrollar todas sus potencialidades y pueda ser feliz. No quiero hijas “adaptadas”, quiero hijas responsables que amen lo que sea que hagan. ¿Ud sabe cuánta gente adaptada totalmente trastornada hay? Quiero hijas libres que se hagan cargo de su deseo y que no carguen con el deseo de otros, porque eso es estar muerto en vida Seño. Si yo no se lo enseño ¿se lo van a enseñar Uds? Evidentemente, no. Uds portando el panfleto de la educación están generando masa y no personas, y eso, aparte de macabro es peligroso. Y entiendo que lo que pretendo para mis hijas ninguna institución lo va a brindar, por eso me ocupo yo. Lo único que quiero, Seño, es que en vez de coartar sepan encauzar, porque es más fácil domesticar la esencia de un chico que educarla. Y ya sé que los libros dicen tal o cuál cosa y que Ud Seño se peló el culo mínimo cinco años leyéndolos, pero yo parí dos hijas sin manual y le digo que las cosas son diferentes con la propia cría. Resumiendo Seño, un chico quilombero es un chico que se aburre, y un chico que se aburre necesita estímulo y no que lo castiguen. Si tienen una veta no la sepulten, sepan explotarla, les va a dar más satisfacciones que cualquier otra cosa que emprendan profesionalmente.
Sinceramente suya, la mamá de Abril.

24 marzo, 2006

no habrá olvido, no habrá perdón

Caminando rumbo a Plaza de Mayo, hoy 24 de marzo, Laura no dejaba de preguntar ....

-pero entonces por qué los militares no se iban...?- dice,
-bueno, no querían irse, querían el poder y finalmente como ya no sabían muy bien cómo hacer para esconder todo lo malo que pasaba, pensaron que si recuperaban las islas malvinas la gente les iba a agradecer y querer que se quedaran...
-pero má....la guerra esa no la ganamos los argentinos, no?
-no, la ganaron los ingleses y se quedaron en las islas y muchos chicos jóvenes que eran soldados se murieron ...eso fue lo que finalmente ayudó un poco más para que la gente se diera cuenta que ya los militares habían hecho muchos desastres y muchas cosas malas y mal....entonces la gente empezó a organizarse, a perder el miedo y a armar otra vez los partidos politicos para que volviera la democracia....
-¿los ingleses ganaron?
-sí.
-bueno, entonces es como que los ingleses nos salvaron de nosotros mismos...

17 marzo, 2006

el otro jardin

Hace tiempo que no escribo. Me costaba pensar cómo contar algunas cosas, cómo ponerle palabras. El post de Daisy me ayuda -en algún sentido- y me angustia mucho en otro.
Acá voy en el intento de darle cuerpo a la experiencia nueva, feliz y devastadora a la vez.
Hay jardines y jardines. Mis cuatro hijos fueron de los que al llegar al jardín en sala de tres, el primer día lloraron a mares cuando tuvieron que irse. Supongo que sería porque a todos les gustaban mucho otros chicos: Lucía tuvo record de horas plaza antes de ir al jardín, los gemelos eran siempre dos, y laura ya tenía hermanos y amigos de los hermanos y primos y .......
Cuando Martín murió fue doloroso para todos porque es una clase de despedida sin vacilaciones (ya les conté de eso y no tengo nada más que decir). Se sabe que es un final y que no hay regreso posible, ni encuentro futuro. Que todo lo que tuvimos, fue.
Lucía se fue a vivir sola a los 18 años, precozmente independizada por sus padres, sabiendo que si la 'manteníamos' estando en casa, era injusto sacrificar su derecho y su necesidad de espacio propio y de intimidad a condiciones tales como 'hasta que te mantengas sola'. Ok, la ayudamos bastante pero ya es una mujer que se las arregla solita, terminó la facu y labura. Deberia decir que cada renovación de alquiler fue viniendo más cerca de casa y que ahora es mi vecina del 6to. "B", pero eso no hace sino mostrar que la separación resultó cómoda.
Laura está en cuarto grado, o sea, también va al colegio contenta y camina sola las dos cuadras que hay entre su escuela y la casa. Está grande y creciendo no en santidad pero si en belleza y picardía. Juan está en quinto año. Hasta acá podría creerme una mujer que pasó las separaciones de sus hijos con más o menos dolor o felicidad pero que ya estaba todo vivido al menos una vez y era acervo de experiencia.
NO, NO, NO.
Estoy devastada y sorprendida ingratamente por mi propia vulnerabilidad. Me pongo mal apenas intento pensar qué mierda me pasa con ésto que vivo ahora, cómo es que me duele tanto, cómo me creí tan canchera, cómo me agarró mal parada...Estoy tan triste que el relato de Daisy me hace llorar a mares. Hay jardines en los que se entra para quedarse, para no volver más, para no querer el regreso a casa por nada del mundo. Juan entró al jardín de las delicias, mordió la manzana, jugosa, roja, fresca.
Juan a los 16 años está estrenando el amor, está entregado al encantamiento de un cuerpo de mujercita, al sopor de ensueño permanente, al arrullo de su voz de sirena. Es conmovedor saber que el que fue mi bebé, está descubriéndose hombre pequeño con un porvenir delicioso y extenso. Es feliz, está enamorado por primera vez y correspondido con una intensidad fervorosa, afiebrada y festiva. No hay cómo decir lo bien que me hace saberlo crecido, capaz de hacer feliz a alguien, que ella sea un encanto -o lo sea para él-, no puedo no ser feliz.
Sí. No.
Todo bien, porque ante todo me muestro y quiero sentirme políticamente contenta. Qué más pedir para un hijo que sea amado? eh??. No sé, pero estoy como si me hubiera pasado un tren por arriba, como si un aluvión me emparara el alma. Triste, tristísima, se que lo que había entre nosotros dos (ese amor único de la madre con su hijo varón) no vamos a tenerlo más. Haber probado el fruto de ese árbol hizo que Adán se descubriera desnudo, tuviera verguenza y se cubriera sus genitales.
Algo así; ese niño con quien tuve el amor más intenso, sólido e íntimo durante tantos años. Ese con quien compartí el trío que fuimos durante mucho tiempo. Ese a quien consolé y por quien temí más que por ninguno de los otros de la familia, cuando su gemelo murió. Mi otro hijo. El rubio peludo de 1,90 que me hacía upa para molestarme cuando lo retaba. Ese ya descubrió la intimidad del amor, y el pudor. Levantó entre nuestros cuerpos una pared emocional que nos preserva a la vez que nos distancia. Que nos cuida, que nos hace madurar a la vez que nos niega satisfacciones tan elementales.
Juan está en el jardín de las delicias y ese sitio es para siempre sin mí. Estoy haciendo un duelo distinto a todos los anteriores que hice frente a cada destete, inicio de clase, ir solos al cole, mudarse o incluso morirse. Este duelo del fin del amor pueril con un grandote que superó el edipo hace rato pero con quien nos permitíamos algunos escarseos, es definitivamente un punto final.
Los otros días recordaba que sería más o menos a los 9 años cuando ya no vi más a mi hijo desnudo, recordé que no sabía cómo era su cuerpo de púber, que nunca lo había visto desnudo desde entonces. Recordé cuando era bebé, cuando era chico, cuando nos atamos a la vida y la risa, para no dejarnos ir tras la tristeza de la ausencia de Martín. Recordé cuando ya no hablábamos de él como de un gemelo, cuando pasó a ser MI HIJO VARON. el único.
A cada rato me topo con papeles declarándome su amor, dibujitos de corazones hechos por sus manitos cuando, inocentes, ni pensaban en las curvas de Irina.
Este es un momento difícil y mágico, único creo. Cuando lucía descubrió el amor lo hizo con eso que tenemos las mujeres: más confesiones arrebatadas, emociones encontradas, preguntas y respuestas, complicidades y recaudos de género. El paso de niña a mujer es temprano pero también nos dio más tiempo para compartir y charlar, para verlo venir. El amor que Lucía como mujer tiene por su chico no modificó ni un poquito su contacto conmigo, lo intensificó en todo caso, buscó mi palabra, mi abrazo ...Juan no. Juan un día dejó de ser un niño, incluso un púber adolescente erotizado al divino botón onanista y secreto, para ser un chico enamorado de una chica real.
- Má, estoy saliendo con Irina
- ah!, congrats! Juan ...qué bueno
- sí, nos re amamos.
- qué bueno, bombón, qué bueno!!.
Y no me animé a abrazarlo, no me animé a llorar delante de él, no le diría nunca que lo extraño como no extrañé nunca a otro. Cuando tenía 10 años el hombre que entonces amaba -mi papá- se mató por amor a otra -mi madre-, estuve enojada un tiempo pero se me pasó. Cuando nacieron mis hijos varones supe que ese sí sería un amor para siempre, de por vida. Y lo es. No se trata de ya no me quiere. Es otra cosa. La primera infancia tuvo para nosotros una intensidad densa y secreta; íntima y poderosa que raramente se pueda racionalizar. Leí a Freud, a otros y llevo muchos años de análisis, pero sobre todo sé de todo lo que puede el amor por los hijos. La carga erótica de ese amor es innegable, y eso cuando las chicas aman a su padre con descaro frente a mí, es celos .
Al crecer; el amor entre juan y yo fue tomando diversos modos de expresión, quizá uno de los más intensos fue el de saber los dos cúantas cosas amamos juntos: a los otros amores de nuestros días, la música, la vida, la comida rica, el recuerdo de lo que tuvimos cuando estaba Martín.
Ahora empieza otra etapa, otro momento. Juan está correteando en el jardín de las delicias con Irina -y serán otras-, pero no lo espero en la puerta. De ese jardín no se sale de la mano de la mamá.

16 marzo, 2006

Período de adaptación

Mi hija se llama Bianca, tiene dos años, es hija única (por ahora). Yo tengo mi oficina de traductora en casa, así que, desde que nació, ella siempre estuvo todo el día conmigo. Durante todo el año pasado me quejé de que la nena estaba muy pegada a mí, me limitaba mucho en mis movimientos, que me complicaba cualquier salida que quisiera hacer. Veía esas cuatro horas diarias que iba a tener cuando ella comenzara el jardín como un (mini) regreso a la libertad perdida.
Pues bien, Bianca empezó las clases el 1 de marzo (tenía que empezar el 13 de febrero, pero justo ese día nos fuimos de vacaciones). Durante los primeros días del período de adaptación, por supuesto, estuve con ella en la salita (era la única mamá, los otros chicos ya estaban todos "adaptados"). De a poco empecé a tratar de salir por momentos de la salita para que se fuera acostumbrando a estar ahí sin mí. Escándalo, gritos, llantos. (Cuando Bianca llora, se entera todo el mundo, y cuando ríe, también. Nunca te deja dudas de lo que siente). Yo me preguntaba cuánto iba a durar el período de adaptación, cuándo se iba a quedar tranquila con sus compañeros y la señorita, por qué no madurará de una vez esta chica...
Me esperaba una sorpresa. Este martes, al llevarla al jardín, cuando hice amague de entrar con ella, me dijeron, sin anestesia, que Bianca entraba sola. Por supuesto, la nena empezó con sus gritos y su escándalo. Y yo, que por fin comenzaba a tener un rato de libertad... me quedé llorando afuera, bajo la lluvia. Me quedé tratando de verla por la ventana sin que ella me viera, pensando que no había podido despedirme de ella como hubiera querido; que se iba a agotar de llorar una hora y media seguida ahí; que la maestra no iba a poder tenerla todo el tiempo a upa porque tiene otros 16 chicos para atender; tantas cosas que en ese momento me parecían terribles. El dueño del jardín (es privado) y esposo de la directora pasó, me vio como un pollito mojado y cara de compungida, y se detuvo a charlar un rato para calmarme, explicarme que todo iba a estar bien, que las maestras saben lo que hacen, que hay que hacer un corte en determinado momento, etc. Todas cosas que yo ya sabía en teoría, pero que en la práctica no impedían que se me cayeran las lágrimas. Me quedé esperándola ahí, en la entrada (para colmo, no había dónde sentarse porque estaba todo mojado), hasta que se hicieron las 9.30, hora en que la tenía que retirar (le acortaron el horario para que no se le hiciera tan duro). Cuando la retiré, estaba tranquila. Hizo un amague de puchero cuando me vio, pero era claro que yo había llorado más que ella. La maestra me dijo que había llorado mucho al principio, pero después se había quedado tranquila la mayor parte del tiempo... Yo la miré, suspiré y sonreí.
Ahora, cada día, al entrar, hace un poco menos de berrinche. Ya ni pone cara de "Mirá cuánto he sufrido" cuando la voy a buscar. Y yo también empiezo a estar más tranquila... y hasta tengo tiempo para bañarme y leer tranquila el mail.

14 marzo, 2006

precisiones sobre el dubi dubi du



(aquí el pez en el agua, terminó el verano pero las fotos quedan)

Cuando Félix preguntó por primera vez sobre "cómo se hacen los bebés" le expliqué lo mínimo indispensable: que una célula de hombre se junta con una célula de mujer y después de nueve meses, etc.

Pero a medida que fue pasando el tiempo comenzó a pedir más precisiones, hasta que finalmente llegamos al punto en que expliqué que "el pito del varón entra en la chu de la mujer y así le deja adentro la célula que hace falta para el bebé".

Demás está decir que con la escolarización fue adquiriendo cada vez más precisiones sobre el asunto, hasta llegar a la pregunta inamovible: "¿Vos hiciste sexo con mi papá para que yo naciera?", "sí" "y ¿cómo se siente?" "se siente bien, porque si no la humanidad se extinguiría".

Hasta acá, todo normal.

Ayer, veníamos caminando por la calle y aconteció este diálogo:

—ma, ¿vos cuándo hiciste el dubi-dubi-du para tenerme a mí?
—¿Cómo cuándo? Hace ocho años...
—sí, ya sé, pero ¿a qué hora?
—¿para qué querés saber eso?
—para saber en qué momento empecé a existir

me acordé de los días y noches que antecedieron a su concepción y está claro que no puede responderle "fueron tantas veces que no sabría decirte".

Pero más me acordé de cuando yo tenía nueve años y, a la vuelta de alguna excursión (no sé cual pero fue en un micro) cuando Bárbara Palmer, de 4ºA, a propósito de alguna inocencia que yo debo haber dicho me zampó una verdad para la que no estaba preparada, como quien te da un sopapo de sorpresa.

"pero qué, ¿vos pensás que los padres lo hacen solo para tener hijos?"

13 marzo, 2006

Mi hijo, el dotor

Ariel (casi 5) a su hermano Alan (7): "Mamá tiene una enfermedad, y por eso se pone cruel y me reta".

08 marzo, 2006

Alba

Para poder escribir sobre esto he tenido que dejarme las tripas en el armario porque si no las lágrimas no me hubieran dejado ver la pantalla del ordenador.

No voy a relatar los hechos que están suficientemente explicados en todos los periódicos y cadenas de televisión. Al fin y al cabo no hacen falta los detalles para que el corazón se te encoja en el pecho al saber que una niña de cinco años se debate entre la vida y la muerte en la UCI de un hospital, después de haber recibido las "caricias" de sus padres.

Alba, según aquellos que la conocen, es una niña triste, cabizbaja, que no jugaba en el parque con otros niños y a la que nadie ha visto reír.

Hace tres meses le rompieron la clavícula, el húmero y una costilla. Y yo, como muchos, me pregunto ¿nadie pudo hacer nada por ella? ¿no hay ningún modo de que un padre no pueda agredir a su hijo?

Durante meses, la evidencia de que la niña sufría agresiones estuvo en manos de los jueces, de las policías y de los servicios sociales y de protección de la infancia de dos municipios y de la Generalitat.

La asistenta social -dice El Periódico de Cataluña- como era nueva "no sabía qué hacer"
¿Dimitir, quizá?

Tres juzgados involucrados en las denuncias por malos tratos a la menor...

Pero sobre todo intento pensar qué tendrá esa madre en la cabeza, no hablo ya dentro del pecho, para permitir que alguien utilice a su hija como saco de golpes y aún después de eso, defenderle.

En este mismo instante muchos niños lloran angustiados en manos de sus "protectores padres".

¿Alguien puede oírles?
Antonia Romero

07 marzo, 2006

¿Y... y cómo fue?

Teniendo en cuenta que he compartido con ustedes mi miedo infantil a cambiar de escuela, y mi preocupación adulta a cambiar del ámbito privado al público, y sabiendo que los secretos han sido revelados, que los niños pasaron ya su primer y segundo día escolar, que he conocido por fin a sus docentes, compañeros y alumnos, va esta declaración de mi sentimiento en este preciso momento:
¡AGUANTE LA ESCUELA PÚBLICA!

02 marzo, 2006

Lo que hice en las vacaciones

Anticipándome al inicio de clases, va aquí mi composición tema "Lo que hice en las vacaciones", que por única vez permito copiar y modificar para que sirva a todos los estudiantes el próximo 6 de marzo.

"En las vacaciones me la pasé pensando que se iban a terminar pronto e iban a comenzar las clases. No sólo lo pensé, también lo soñé varias veces. Pero no era ninguno de mis hijos el que empezaba las clases en mis sueños, sino que era yo. Se lo hubiera contado al analista si tuviera analista, pero en este momento no me quedan sesiones provistas por la prepaga, así que ando sin análisis y sin responsabilidad por el mundo. No pude dejar de pensar en el comienzo de clases, lo explico, justamente por el cambio al que he sometido a mis hijos. De escuela privada a pública. De jornada con tres tardes obligatorias a simple. De nivel medio-medio-alto a nivel no sabe no contesta. De inglés a no inglés. De rugby a fútbol. De amiguitos de toda la vida a nenes que no conocemos. Uno lo lee así y suena medio repugnante (¿se puede escribir repugnante en una composición escolar?). Sobre todo lo del rugby y la clase media, porque parece medio elitista o elitista del todo. Pero lo pongo porque era lo único que mis chicos y yo conocíamos, teniendo en cuenta que el mayor había empezado sala de 1 en esta escuela, y el menor de 2. No es que no haya querido enviar al menor también a sala de 1, pero no me caminaba el chico. No me caminaba y no me hablaba, y así no me lo aceptaron, como que algo tenía fallado. Entonces como somos todos analizados y modernos, lo mandamos a estimulación temprana y a los 2 empezó el jardín. Me fui por las ramas, lo sé. Lo imagino a mi hijo mayor entrando el primer día de clases a su escuela nueva, sin conocer a nadie. Tal vez no encuentre con quien sentarse. Tal vez le de un ataque de timidez y se ponga colorado, y eso me parte el alma y me produce una angustia infinita, y todo lo que quiero es acompañarlo, darle la mano fuerte y sacarle la lengua a todos los compañeritos. Después me siento con él y me convierto en su amiguita de segundo grado, y todos terminamos en un psiquiátrico. Él lo tiene re-asumido. Que va a ir a una escuela nueva. Yo no. Él dice que tiene un poco de miedo y que preferiría ser el único de la clase (no el único nuevo, no el único varón, el único-único, que fuera una clase de uno), y yo le digo con mi mayor falsedad que va a tener un montón de amigos y así más fuerte podrá cantar... pero no me lo creo. Y dicen que si yo no me lo creo, él tampoco se lo va a creer. Y ojo, porque yo sé que va a tener un montón de amigos, porque los pibes son moldeables a las circunstancias, y esto le va a hacer super bien, porque la verdad es que ya no nos estaba gustando la escuela con rubgy, con todas esas 4x4, que no eran cuentas de matemática, justamente. Y yo soñé toda la vida con regresar y reinvindicar la escuela pública. ¿Pero por qué meterlo a mi hijo en mi cruzada político-social, digo yo? Y el menor... ay, si ustedes lo vieran, con esa pinta de pigmeo rubio y cachetudo, para comérselo... Un día me dijo que "no quería más a sus amigos viejos", pero que "Facundo -que es un amigo viejo- iba a ser siempre pero siempre su mejor y más amigo", y a mí se me partió el alma otra vez y en varias porciones desiguales, qué quieren que les diga. Por suerte su maestra nueva es divina, dulce, joven, simpática, y su aula es infinita y repleta de juguetes. En suite. Con computadoras. Porque viste que en una escuela pública te puede tocar la maestra de 65 que todavía no logró jubilarse y ya no puede sentarse en el suelo por la artritis. Mi mamá se jubiló a los 60, de la escuela pública, y yo creo que hasta el último día fue una maestra grandiosa, pero porque es mi mamá, ¿no? En cambio a la maestra del mayor no la conozco. Y por eso sigo soñando. Que tengo puesto el guardapolvo blanco que compré en "Quintás, donde un peso vale más", con broches y proceso antimanchas que calculo durará lo mismo que dure el lápiz negro (medio día), y entro sola, y no conozco a nadie, y todos me miran porque soy la nueva, y yo los miro y creo que son todos tarados y feos y miserables. Hasta que alguien se me acerca un poco o yo me acerco y me presento, y entonces me pregunto si no será mejor enviar a mi hijo el primer día con algún juguete lindo, ponele un Max Steel, para que sirva como anzuelo, así los otros nenes se le acercan, y yo no tengo juguetes nuevos en el sueño porque soy más grande. Tengo 11 años. Porque claro, a los 11 años yo cambié de escuela de verdad, y no conocía a nadie (ayudaba que mi vieja era maestra en la misma escuela), pero fue uno de los cambios más positivos de mi vida. Y eso deseo para mi hijo. Pero estoy muerta de miedo. Me parece que voy a llevar yo algún juguete nuevo el primer día para que las otras mamás se me acerquen. El chiquito ni se va a dar demasiada cuenta del cambio. Pero el mayor... Ay... encima la escuela nueva está a 1 cuadra del jardín viejo, y en algún momento se van a cruzar... Y la que sueña soy yo. Eso me pasó durante las vacaciones: me las pasé soñando que empezaba la escuela y que no había estudiado para inglés (siempre es inglés o matemática, esos monstruos)".