16 marzo, 2006

Período de adaptación

Mi hija se llama Bianca, tiene dos años, es hija única (por ahora). Yo tengo mi oficina de traductora en casa, así que, desde que nació, ella siempre estuvo todo el día conmigo. Durante todo el año pasado me quejé de que la nena estaba muy pegada a mí, me limitaba mucho en mis movimientos, que me complicaba cualquier salida que quisiera hacer. Veía esas cuatro horas diarias que iba a tener cuando ella comenzara el jardín como un (mini) regreso a la libertad perdida.
Pues bien, Bianca empezó las clases el 1 de marzo (tenía que empezar el 13 de febrero, pero justo ese día nos fuimos de vacaciones). Durante los primeros días del período de adaptación, por supuesto, estuve con ella en la salita (era la única mamá, los otros chicos ya estaban todos "adaptados"). De a poco empecé a tratar de salir por momentos de la salita para que se fuera acostumbrando a estar ahí sin mí. Escándalo, gritos, llantos. (Cuando Bianca llora, se entera todo el mundo, y cuando ríe, también. Nunca te deja dudas de lo que siente). Yo me preguntaba cuánto iba a durar el período de adaptación, cuándo se iba a quedar tranquila con sus compañeros y la señorita, por qué no madurará de una vez esta chica...
Me esperaba una sorpresa. Este martes, al llevarla al jardín, cuando hice amague de entrar con ella, me dijeron, sin anestesia, que Bianca entraba sola. Por supuesto, la nena empezó con sus gritos y su escándalo. Y yo, que por fin comenzaba a tener un rato de libertad... me quedé llorando afuera, bajo la lluvia. Me quedé tratando de verla por la ventana sin que ella me viera, pensando que no había podido despedirme de ella como hubiera querido; que se iba a agotar de llorar una hora y media seguida ahí; que la maestra no iba a poder tenerla todo el tiempo a upa porque tiene otros 16 chicos para atender; tantas cosas que en ese momento me parecían terribles. El dueño del jardín (es privado) y esposo de la directora pasó, me vio como un pollito mojado y cara de compungida, y se detuvo a charlar un rato para calmarme, explicarme que todo iba a estar bien, que las maestras saben lo que hacen, que hay que hacer un corte en determinado momento, etc. Todas cosas que yo ya sabía en teoría, pero que en la práctica no impedían que se me cayeran las lágrimas. Me quedé esperándola ahí, en la entrada (para colmo, no había dónde sentarse porque estaba todo mojado), hasta que se hicieron las 9.30, hora en que la tenía que retirar (le acortaron el horario para que no se le hiciera tan duro). Cuando la retiré, estaba tranquila. Hizo un amague de puchero cuando me vio, pero era claro que yo había llorado más que ella. La maestra me dijo que había llorado mucho al principio, pero después se había quedado tranquila la mayor parte del tiempo... Yo la miré, suspiré y sonreí.
Ahora, cada día, al entrar, hace un poco menos de berrinche. Ya ni pone cara de "Mirá cuánto he sufrido" cuando la voy a buscar. Y yo también empiezo a estar más tranquila... y hasta tengo tiempo para bañarme y leer tranquila el mail.

8 comentarios:

Antonia Romero dijo...

Me has traido muchos recuerdos con tu post. Yo también soy de esas madres y sufrí una barbaridad cuando tuve que dejarle llorar y marcharme.

Pero ¿sabes qué he descubierto con los años? Pues ¡que nos toman el número! Que se dan perfectamente cuenta de que nos tienen en el bolsillo y cuando van creciendo somos su paño de lágrimas, sus consoladoras y su colchón.

El cordón, que aunque se corte sigue emitiendo ondas...

Un saludo y "pa l'ante"

Antonia

otra mamá dijo...

La llevás a La Pata Cata?
La descripción del dueño me hizo acordar...
Paciencia, es sólo una etapa, en breve la vas a ir a buscar y no va a querer soltar a la maestra (y si sos como yo, también de va a dar cosita...)

cp dijo...

Daisy, los niños hacen y deshacen con nosotros lo que quieren.
Y nosotras somos faciles de convencer!
Por suerte yo no tuve momentos de llantos con los mios. Juan comenzo desde bebe y siempre vivio bien el jardin, alguna vez habra llorado seguro, pero no terriblemente!
Y Nacho que comenzó salita de 3 este año fue fantastico. Ya el segundo día queria quedarse! Igual en el fondo yo pensaba: que guacho ni una lagrimita va a largar por su madre? jeje.
Cariños y ya vas a ver que pasará rápido.

daisy dijo...

Es cierto que los chicos nos tienen tomado el tiempo perfectamente, y saben qué cuerda tocar para provocar determinadas reacciones. Igual, espero que nunca llegue el día en que Bianca llore por tener que separarse de la maestra... ¡Ahí me pongo a hacer un berrinche yo!
Hoy, su mayor preocupación al entrar sin mí al jardín era no olvidarse su mochila. ¡Ni una sola lágrima! Bueno, yo tampoco lloré... Vamos avanzando.

Verónica Sukaczer dijo...

Querida Daisy: ¡felicidades por tu primer post! :-). Me alegra leerte por fin.
Mis dos niñitos casi no necesitaron adaptación, aunque igual tuve que hacerla unos días, sentada lejos del aula, y también me dolió un poco que no me necesitaran, que pudieran dejarme con tanta facilidad. Eso fue cuando tuvieron 18 meses Alan, y 2 años Ari. Al crecer la cosa se hace un poco más difícil, porque comienzan a darse cuenta de qué significa el jardín y las obligaciones de levantarse todos los días, y la adaptación que no tuviste a los 2, aparece a los 4. Entonces yo ya estaba canchera y prefería las adaptaciones "a la fuerza", que la maestra se lo lleve con alaridos incluidos, porque sé que a los 10 minutos se calman y empiezan a disfrutar. La verdad es que ellos mismos alargan la adaptación cuando está la mamá o cuando saben que pueden acceder a ella sin problemas. Cuando no estás, no estás.
El sábado pasado Ariel tenía que empezar sus grupitos en el club. La semana que viene cumple 5. ¡¡¡Y se comportó como uno de 2!!! Gritó, lloró, se tiró al suelo, se agarraba de las puertas para que no pudiera llevarlo. Y no pude. A uno de 5 ya no te lo agarran a la fuerza :-). Y como no es el jardín, obligatorio... No me quedó más remedio que tenerlo conmigo toda la tarde y lo aburrí hasta la desesperación. No le permití ir a jugar, ni tener juguetes, ni conversar. Ese era mi tiempo de descansar y leer, y tenía que estar a mi lado calladito y quieto. Hasta que al final... ¡se fue a los grupitos, contento y sonriendo! De desesperación, creo yo. Y cuando lo fui a buscar y él me vio, ni siquiera fue capaz de correr hacia mí. Se quedó comiendo su alfajor con sus amigos, y yo que lo amo tanto, en el fondo lo quiero matar :-).
Besos y mimos para Bianca
(Reina tuvo una nena, Julieta)

lolamaar dijo...

Hola! es la primera vez en este blog. La imagen tuya (de una mamá) llorando bajo la lluvia a la salida del jardín, intentando ver a su nena, me pareció hermosa, literaria... me encantó.
Volveré por aquí.
Saludos
LM

daisy dijo...

Gracias, Vero, por la bienvenida! Después de varios intentos fallidos, por fin logré entrar y publicar algo!
En cuanto a la adaptación... no, por favor, no me digas que se repite en otras edades también! Yo que ya estaba pensando que con esta tenía bastante! Socorro!!!
Igual, buena técnica la de aburrirlos para que prefieran sus actividades... espero que me funcione con Bianca!

daisy dijo...

Gracias, lolamaar! Pocas veces se me ocurren imágenes bellas para lo que escribo, pero esta vez, bastó con contar lo que realmente sucedió... Espero que vuelvas y lo sigas disfrutando.