25 abril, 2006

¿Se puede amar a dos al mismo tiempo?

Soy hija única. Eso significa que fui única destinataria de los afectos de mi abuela Dolores (la que me crió); fui la reina de su corazón, la niña de sus ojos, la razón de su existencia, su mimada, su alegría. Y lo disfruté durante varios años. Pero, al ir creciendo, fui sintiendo que, tal vez, ser hija única no era la situación ideal. Y muchas veces, ya de grande, sentí que, si hubiera tenido hermanos, hubiera podido… cómo decirlo… enfrentar mejor la “salida al mundo”: aprender a encontrarme con otro, a compartir, a cuidar, a pelear, a negociar, a defender mis espacios y mis tiempos propios en un ambiente seguro, antes de salir al ruedo. Por eso, decidí que no tendría un solo hijo.
Si hubiera empezado más joven, me hubiera gustado tener tres. Pero empezando a los 37, me parece que dos es un buen número. (Por supuesto, mi marido sigue divagando con que podemos tener muchos, pero yo ya le dejé bien en claro mi posición varias veces; dos es la máxima concesión que puedo hacer a esta altura). Mi edad tope para tener hijos eran los 40, y el plazo se cumple este año…; realmente, era una carrera contra el tiempo.
Al mismo tiempo, a pesar de mi convicción inicial, más de una vez, después de tener a Bianca, sentí una especie de angustia al pensar en tener otro hijo, previendo que voy camino de perder la poca salud mental que me queda, que voy a tener que resignar más espacios y tiempos propios (¿qué, todavía me quedaba alguno?), etc. Pero está decidido. Realmente creo que lo mejor para la nena es tener un hermanito.
Pues bien, empezamos a buscarlo, y quedé embarazada otra vez. Y ahora se actualiza otra sensación que experimenté a poco de tener a Bianca: ¿se puede amar a dos hijos con la misma intensidad? No puedo menos que sentir que todo el caudal de amor que ahora dedico exclusivamente a mi hija se va a tener que dividir en dos, y que no solo ella va a perder, sino que también su hermanito o hermanita corre en desventaja, porque desde el vamos le va a tocar la mitad del amor que recibió su hermana hasta ahora. Y, la verdad, sufro por ellos al pensarlo…
Las madres con las que he hablado me aseguran que “siempre hay lugar para uno más”, que uno ama a todos sus hijos con igual fuerza, aunque no pueda dedicarle a cada uno el mismo tiempo y atención que dedicaría a uno solo; pero por más que racionalmente lo entiendo y lo acepto, en mi interior sigue rondando esa terrible duda...

19 abril, 2006

lo que sobra y lo que falta

—¿sabías que aunque los chicos nos creemos los efectos especiales de las películas, los adolescentes, los adultos y los ancianos ya saben que son efectos especiales?
—Claro. ¿Vos por qué pensás que los chicos creen más en las películas que ven y en las historias que leen que los grandes? —pregunto, mientras me respondo mentalemente que es porque los chicos manejan menos datos sobre cómo se construye la ficción.
—es obvio mamá: ¡porque los chicos tenemos más imaginación!

13 abril, 2006

BASTA!!!!!

El año pasado fue el primero desde que Martín murió en que me encontré hablando y escribiendo acerca del asunto más de una vez. Fue así porque proliferaron los padres víctimas a quienes no quisiera parecerme jamás. Esa categoría de personas se arrogó el derecho de hacer o decir cualquier cosa, esgrimiendo su condición de doliente extremo o más aún: "¿ud. qué sabe si no se le ha muerto un hijo?".
Bien, me banqué un añito de análisis duro, de los medios a full con el tema y por sobre todo me tocó en más de una oportunidad la antipática cuestión de contestar algo así como: "a mi se me murío un hijo, y?. ¿qué plus de derecho te da un plus de dolor?. Ninguno."
Otra de las cuestiones que me tuvieron el año cromañónico en vilo, fue que ahora Laura tiene ya 9 años (edad que tenía cuando su hermano murió, hace siete), y por lo tanto no se ha privado ni un poquito de preguntar y preguntar hasta el último detalle acerca del accidente en el que murió su hermano. Este año, nuestra "notera amarillosa" nos mantuvo al trote y nos puso hizo volver a un sitio decididamente pasado.
El pasado fin de semana un varón de 16 años murió. El domingo, laurita se pasó haciéndonos notar qué curioso es que el chico muerto "tiene un mellizo...como juan", "que tenía 16 años...como juan", "que lo raro es que el muerto no es Juan sino Matías y el vivo no es Juan sino Martín, como nuestro muerto. Algo salió al revés, ....por suerte".
La sobreexposición del dolor ajeno en los medios, lejos de conmoverme me da bronca, mucha. Ese padre doloroso junto al gran padre de todos los padres dolorosos, Blumberg, me pone en guardia. Pero hoy cuando Laura vino a contarme que sus amigas-vecinas le dijeron que sería mejor que también nosotros nos fuésemos a otro país así no nos matan a Juan, creí que había llegado el momento.
Pegué un grito: BASTA!!!!!!, que se escuchó hasta en las antípodas de núñez. Salí al balcón a gritar, gritar y gritar hasta cansarme, me siguieron Juan y Laura que estaban llorando adentro asustados,abrazados. Salieron y les dije: "gritemos fuerte, bien con todo, saquémonos las ganas y la bronca, y que nadie nos pregunte por qué mierda gritamos....".
El portero, elegantemente tocó el timbre y nadie le abrió.
Mis amigas del edificio llamaban por teléfono y no atendimos.
Todo duró dos o tres minutos eternos.
Después entramos, nos hicimos un té y abrimos una lata de galletitas de jenjibre que traje de inglaterra, comimos y tomamos en silencio. La vida sigue.

11 abril, 2006

La decisión más difícil

Tengo 37 años, dos hijos con el mismo esposo, y una fertilidad rápida y precisa. Las tres veces que quise quedar embarazada, fue así y listo. Un sistema express.
En relación a esto tengo que decir que me encantan los chicos, que siempre me han gustado. Desde pequeña he querido estar rodeada de niños. Cuidaba a mi prima. Animaba cumpleaños. Era la niñera perfecta en cada reunión en la que hubiera un bebé. Cuando crecí empecé a creer que era Mafalda, pero seguía sintiendo como Susanita.
Esperaba tener cuatro propios, y eso me confimó un vidente al que visité una vez, más por curiosidad que por creencia. Dos varones, dos niñas, dos abortos. He cumplido con lo de los dos varones y un aborto espontáneo. Pensar que según el destino me quedan aún otros tres intentos, es como demasiado.
A eso quiero llegar. Sé con el corazón, con el mismo sentimiento con que supe que quería hijos más que nada en el mundo, que no quiero tener más hijos. Que cerré la fábrica. A dos manos, digo yo, dos hijos. Soy madre a tiempo completo y recién ahora empiezo a recuperarme a mí misma. Y estoy cansada. Y los bebés son hermosos pero verdaderamente molestos. Y mi cuerpo ya no es el mismo que el de hace siete años y dos cesáreas. Y mi esposo no quiere con total certeza. Sé todo eso y entonces... ¿por qué estoy aquí escribiendo? Sé que no quiero tener más hijos ahora. Pero estoy segura de que el día de mañana lamentaré no haber tenido otro. Bromeo con que me gustaría tener, ahora, uno ya criado. Fantaseo con la adopción... ¡Pero no quiero! No quiero empezar de nuevo. Ser esclava de un neonato, perseguir a un deambulador, volver a hacer papillas, cambiar pañales, lavar vómitos, enseñar límites, hablar en diminutivo, regresar al jardín, quitar todos los adornos, tapar los enchufes, preocuparme por si alguien fuma, por si hace frío, cargar el bolso con todo, no poder hilvanar dos frases seguidas, no salir, estar pendiente de esa otra personita, lidiar con los celos fraternales, perder mis espacios, preocuparme a muerte por un resfrío. No quiero. Lo siento en las entrañas. Tengo dos hijos hermosos, sanos, inteligentes, incansables. Y tengo 37 años... tendría que ser ahora... y ahora no quiero. Es la decisión más difícil que he tenido que tomar, porque tiene fecha de vencimiento.
Oh, lo sé. Debo estar escribiendo esto porque mi mejor amiga tuve una beba. La primera. Y yo la tuve entre mis brazos al segundo día, y luego la entregué a la madre con total felicidad de saber que no era yo la que tenía que llevármela a casa. Entonces está decidido: no quiero más.
¿Y si quiero..?

03 abril, 2006

tiempo al tiempo

El niño comienza nueva escuela de arte. La madre concurre a la reunión de padres para recibir la información pertinente a la cursada. En el momento del arribo escucha:

—... es importante porque se pierden la consigna, y además se corta el clima de la clase.

La directora recomienda no llegar tarde y la madre escucha el discurso por la mitad, porque llegó tarde. Después la directora indica que el establecimiento está abierto desde las ocho, y pueden dejar a los chicos a partir de esa hora.

A punto de culminar la reunión una señora pregunta desde qué hora puede dejar a su hijo y si no hay problema en que llegue, digamos, unos diez minutos después de la hora de entrada cada día. O sea: ella se había perdido TODO el discurso de la puntualidad, porque llegó después.

Hijo mío: mi karma es tu karma pero (respiremos tranquilos) siempre puede ser peor.

28 marzo, 2006

Carta a la psicopedagoga.

Hola Seño Psicopedagoga, soy la mamá de Abril. Ya sé que tenemos una cita acordada para hablar sobre ella. Sé también de que se trata. ¿A que Abril no da ni cinco de pelota a lo que le dicen? No, en casa está todo igual que siempre, por ahora, mañana no sé. Porque Ud. vio, el presente es el presente y del mañana se supone, no se sabe, y eso es una de las cosas que trato de inculcarles a mis hijas. También trato de que sean personas independientes, autosuficientes y que encuentren placer en todo lo que emprendan. Y no hablo de éxito, hablo de placer y de responsabilidad por todo lo que se asuma, hablo de libertad Seño Psicopedagoga. Claro Seño, lo de Abril es producto de la educación y tengo muy claro cuán difícil puede llegar a ponerse en el libre ejercicio de su voluntad, pero si uno se toma el tiempo de explicarle cuáles son los beneficios y cuáles los obstáculos ante tal ejercicio, ella entiende, porque es obstinada pero no estúpida y sabe lo que es un límite. Si, ya sé, es una mini revolución de tres años, un menudo trastorno que alborota al resto, pero ¿qué quiere que le diga? Yo no estoy educando a un carnero para que siga a la manada, estoy educando a una persona, persona desde que nació, para que pueda desarrollar todas sus potencialidades y pueda ser feliz. No quiero hijas “adaptadas”, quiero hijas responsables que amen lo que sea que hagan. ¿Ud sabe cuánta gente adaptada totalmente trastornada hay? Quiero hijas libres que se hagan cargo de su deseo y que no carguen con el deseo de otros, porque eso es estar muerto en vida Seño. Si yo no se lo enseño ¿se lo van a enseñar Uds? Evidentemente, no. Uds portando el panfleto de la educación están generando masa y no personas, y eso, aparte de macabro es peligroso. Y entiendo que lo que pretendo para mis hijas ninguna institución lo va a brindar, por eso me ocupo yo. Lo único que quiero, Seño, es que en vez de coartar sepan encauzar, porque es más fácil domesticar la esencia de un chico que educarla. Y ya sé que los libros dicen tal o cuál cosa y que Ud Seño se peló el culo mínimo cinco años leyéndolos, pero yo parí dos hijas sin manual y le digo que las cosas son diferentes con la propia cría. Resumiendo Seño, un chico quilombero es un chico que se aburre, y un chico que se aburre necesita estímulo y no que lo castiguen. Si tienen una veta no la sepulten, sepan explotarla, les va a dar más satisfacciones que cualquier otra cosa que emprendan profesionalmente.
Sinceramente suya, la mamá de Abril.

24 marzo, 2006

no habrá olvido, no habrá perdón

Caminando rumbo a Plaza de Mayo, hoy 24 de marzo, Laura no dejaba de preguntar ....

-pero entonces por qué los militares no se iban...?- dice,
-bueno, no querían irse, querían el poder y finalmente como ya no sabían muy bien cómo hacer para esconder todo lo malo que pasaba, pensaron que si recuperaban las islas malvinas la gente les iba a agradecer y querer que se quedaran...
-pero má....la guerra esa no la ganamos los argentinos, no?
-no, la ganaron los ingleses y se quedaron en las islas y muchos chicos jóvenes que eran soldados se murieron ...eso fue lo que finalmente ayudó un poco más para que la gente se diera cuenta que ya los militares habían hecho muchos desastres y muchas cosas malas y mal....entonces la gente empezó a organizarse, a perder el miedo y a armar otra vez los partidos politicos para que volviera la democracia....
-¿los ingleses ganaron?
-sí.
-bueno, entonces es como que los ingleses nos salvaron de nosotros mismos...

17 marzo, 2006

el otro jardin

Hace tiempo que no escribo. Me costaba pensar cómo contar algunas cosas, cómo ponerle palabras. El post de Daisy me ayuda -en algún sentido- y me angustia mucho en otro.
Acá voy en el intento de darle cuerpo a la experiencia nueva, feliz y devastadora a la vez.
Hay jardines y jardines. Mis cuatro hijos fueron de los que al llegar al jardín en sala de tres, el primer día lloraron a mares cuando tuvieron que irse. Supongo que sería porque a todos les gustaban mucho otros chicos: Lucía tuvo record de horas plaza antes de ir al jardín, los gemelos eran siempre dos, y laura ya tenía hermanos y amigos de los hermanos y primos y .......
Cuando Martín murió fue doloroso para todos porque es una clase de despedida sin vacilaciones (ya les conté de eso y no tengo nada más que decir). Se sabe que es un final y que no hay regreso posible, ni encuentro futuro. Que todo lo que tuvimos, fue.
Lucía se fue a vivir sola a los 18 años, precozmente independizada por sus padres, sabiendo que si la 'manteníamos' estando en casa, era injusto sacrificar su derecho y su necesidad de espacio propio y de intimidad a condiciones tales como 'hasta que te mantengas sola'. Ok, la ayudamos bastante pero ya es una mujer que se las arregla solita, terminó la facu y labura. Deberia decir que cada renovación de alquiler fue viniendo más cerca de casa y que ahora es mi vecina del 6to. "B", pero eso no hace sino mostrar que la separación resultó cómoda.
Laura está en cuarto grado, o sea, también va al colegio contenta y camina sola las dos cuadras que hay entre su escuela y la casa. Está grande y creciendo no en santidad pero si en belleza y picardía. Juan está en quinto año. Hasta acá podría creerme una mujer que pasó las separaciones de sus hijos con más o menos dolor o felicidad pero que ya estaba todo vivido al menos una vez y era acervo de experiencia.
NO, NO, NO.
Estoy devastada y sorprendida ingratamente por mi propia vulnerabilidad. Me pongo mal apenas intento pensar qué mierda me pasa con ésto que vivo ahora, cómo es que me duele tanto, cómo me creí tan canchera, cómo me agarró mal parada...Estoy tan triste que el relato de Daisy me hace llorar a mares. Hay jardines en los que se entra para quedarse, para no volver más, para no querer el regreso a casa por nada del mundo. Juan entró al jardín de las delicias, mordió la manzana, jugosa, roja, fresca.
Juan a los 16 años está estrenando el amor, está entregado al encantamiento de un cuerpo de mujercita, al sopor de ensueño permanente, al arrullo de su voz de sirena. Es conmovedor saber que el que fue mi bebé, está descubriéndose hombre pequeño con un porvenir delicioso y extenso. Es feliz, está enamorado por primera vez y correspondido con una intensidad fervorosa, afiebrada y festiva. No hay cómo decir lo bien que me hace saberlo crecido, capaz de hacer feliz a alguien, que ella sea un encanto -o lo sea para él-, no puedo no ser feliz.
Sí. No.
Todo bien, porque ante todo me muestro y quiero sentirme políticamente contenta. Qué más pedir para un hijo que sea amado? eh??. No sé, pero estoy como si me hubiera pasado un tren por arriba, como si un aluvión me emparara el alma. Triste, tristísima, se que lo que había entre nosotros dos (ese amor único de la madre con su hijo varón) no vamos a tenerlo más. Haber probado el fruto de ese árbol hizo que Adán se descubriera desnudo, tuviera verguenza y se cubriera sus genitales.
Algo así; ese niño con quien tuve el amor más intenso, sólido e íntimo durante tantos años. Ese con quien compartí el trío que fuimos durante mucho tiempo. Ese a quien consolé y por quien temí más que por ninguno de los otros de la familia, cuando su gemelo murió. Mi otro hijo. El rubio peludo de 1,90 que me hacía upa para molestarme cuando lo retaba. Ese ya descubrió la intimidad del amor, y el pudor. Levantó entre nuestros cuerpos una pared emocional que nos preserva a la vez que nos distancia. Que nos cuida, que nos hace madurar a la vez que nos niega satisfacciones tan elementales.
Juan está en el jardín de las delicias y ese sitio es para siempre sin mí. Estoy haciendo un duelo distinto a todos los anteriores que hice frente a cada destete, inicio de clase, ir solos al cole, mudarse o incluso morirse. Este duelo del fin del amor pueril con un grandote que superó el edipo hace rato pero con quien nos permitíamos algunos escarseos, es definitivamente un punto final.
Los otros días recordaba que sería más o menos a los 9 años cuando ya no vi más a mi hijo desnudo, recordé que no sabía cómo era su cuerpo de púber, que nunca lo había visto desnudo desde entonces. Recordé cuando era bebé, cuando era chico, cuando nos atamos a la vida y la risa, para no dejarnos ir tras la tristeza de la ausencia de Martín. Recordé cuando ya no hablábamos de él como de un gemelo, cuando pasó a ser MI HIJO VARON. el único.
A cada rato me topo con papeles declarándome su amor, dibujitos de corazones hechos por sus manitos cuando, inocentes, ni pensaban en las curvas de Irina.
Este es un momento difícil y mágico, único creo. Cuando lucía descubrió el amor lo hizo con eso que tenemos las mujeres: más confesiones arrebatadas, emociones encontradas, preguntas y respuestas, complicidades y recaudos de género. El paso de niña a mujer es temprano pero también nos dio más tiempo para compartir y charlar, para verlo venir. El amor que Lucía como mujer tiene por su chico no modificó ni un poquito su contacto conmigo, lo intensificó en todo caso, buscó mi palabra, mi abrazo ...Juan no. Juan un día dejó de ser un niño, incluso un púber adolescente erotizado al divino botón onanista y secreto, para ser un chico enamorado de una chica real.
- Má, estoy saliendo con Irina
- ah!, congrats! Juan ...qué bueno
- sí, nos re amamos.
- qué bueno, bombón, qué bueno!!.
Y no me animé a abrazarlo, no me animé a llorar delante de él, no le diría nunca que lo extraño como no extrañé nunca a otro. Cuando tenía 10 años el hombre que entonces amaba -mi papá- se mató por amor a otra -mi madre-, estuve enojada un tiempo pero se me pasó. Cuando nacieron mis hijos varones supe que ese sí sería un amor para siempre, de por vida. Y lo es. No se trata de ya no me quiere. Es otra cosa. La primera infancia tuvo para nosotros una intensidad densa y secreta; íntima y poderosa que raramente se pueda racionalizar. Leí a Freud, a otros y llevo muchos años de análisis, pero sobre todo sé de todo lo que puede el amor por los hijos. La carga erótica de ese amor es innegable, y eso cuando las chicas aman a su padre con descaro frente a mí, es celos .
Al crecer; el amor entre juan y yo fue tomando diversos modos de expresión, quizá uno de los más intensos fue el de saber los dos cúantas cosas amamos juntos: a los otros amores de nuestros días, la música, la vida, la comida rica, el recuerdo de lo que tuvimos cuando estaba Martín.
Ahora empieza otra etapa, otro momento. Juan está correteando en el jardín de las delicias con Irina -y serán otras-, pero no lo espero en la puerta. De ese jardín no se sale de la mano de la mamá.

16 marzo, 2006

Período de adaptación

Mi hija se llama Bianca, tiene dos años, es hija única (por ahora). Yo tengo mi oficina de traductora en casa, así que, desde que nació, ella siempre estuvo todo el día conmigo. Durante todo el año pasado me quejé de que la nena estaba muy pegada a mí, me limitaba mucho en mis movimientos, que me complicaba cualquier salida que quisiera hacer. Veía esas cuatro horas diarias que iba a tener cuando ella comenzara el jardín como un (mini) regreso a la libertad perdida.
Pues bien, Bianca empezó las clases el 1 de marzo (tenía que empezar el 13 de febrero, pero justo ese día nos fuimos de vacaciones). Durante los primeros días del período de adaptación, por supuesto, estuve con ella en la salita (era la única mamá, los otros chicos ya estaban todos "adaptados"). De a poco empecé a tratar de salir por momentos de la salita para que se fuera acostumbrando a estar ahí sin mí. Escándalo, gritos, llantos. (Cuando Bianca llora, se entera todo el mundo, y cuando ríe, también. Nunca te deja dudas de lo que siente). Yo me preguntaba cuánto iba a durar el período de adaptación, cuándo se iba a quedar tranquila con sus compañeros y la señorita, por qué no madurará de una vez esta chica...
Me esperaba una sorpresa. Este martes, al llevarla al jardín, cuando hice amague de entrar con ella, me dijeron, sin anestesia, que Bianca entraba sola. Por supuesto, la nena empezó con sus gritos y su escándalo. Y yo, que por fin comenzaba a tener un rato de libertad... me quedé llorando afuera, bajo la lluvia. Me quedé tratando de verla por la ventana sin que ella me viera, pensando que no había podido despedirme de ella como hubiera querido; que se iba a agotar de llorar una hora y media seguida ahí; que la maestra no iba a poder tenerla todo el tiempo a upa porque tiene otros 16 chicos para atender; tantas cosas que en ese momento me parecían terribles. El dueño del jardín (es privado) y esposo de la directora pasó, me vio como un pollito mojado y cara de compungida, y se detuvo a charlar un rato para calmarme, explicarme que todo iba a estar bien, que las maestras saben lo que hacen, que hay que hacer un corte en determinado momento, etc. Todas cosas que yo ya sabía en teoría, pero que en la práctica no impedían que se me cayeran las lágrimas. Me quedé esperándola ahí, en la entrada (para colmo, no había dónde sentarse porque estaba todo mojado), hasta que se hicieron las 9.30, hora en que la tenía que retirar (le acortaron el horario para que no se le hiciera tan duro). Cuando la retiré, estaba tranquila. Hizo un amague de puchero cuando me vio, pero era claro que yo había llorado más que ella. La maestra me dijo que había llorado mucho al principio, pero después se había quedado tranquila la mayor parte del tiempo... Yo la miré, suspiré y sonreí.
Ahora, cada día, al entrar, hace un poco menos de berrinche. Ya ni pone cara de "Mirá cuánto he sufrido" cuando la voy a buscar. Y yo también empiezo a estar más tranquila... y hasta tengo tiempo para bañarme y leer tranquila el mail.

14 marzo, 2006

precisiones sobre el dubi dubi du



(aquí el pez en el agua, terminó el verano pero las fotos quedan)

Cuando Félix preguntó por primera vez sobre "cómo se hacen los bebés" le expliqué lo mínimo indispensable: que una célula de hombre se junta con una célula de mujer y después de nueve meses, etc.

Pero a medida que fue pasando el tiempo comenzó a pedir más precisiones, hasta que finalmente llegamos al punto en que expliqué que "el pito del varón entra en la chu de la mujer y así le deja adentro la célula que hace falta para el bebé".

Demás está decir que con la escolarización fue adquiriendo cada vez más precisiones sobre el asunto, hasta llegar a la pregunta inamovible: "¿Vos hiciste sexo con mi papá para que yo naciera?", "sí" "y ¿cómo se siente?" "se siente bien, porque si no la humanidad se extinguiría".

Hasta acá, todo normal.

Ayer, veníamos caminando por la calle y aconteció este diálogo:

—ma, ¿vos cuándo hiciste el dubi-dubi-du para tenerme a mí?
—¿Cómo cuándo? Hace ocho años...
—sí, ya sé, pero ¿a qué hora?
—¿para qué querés saber eso?
—para saber en qué momento empecé a existir

me acordé de los días y noches que antecedieron a su concepción y está claro que no puede responderle "fueron tantas veces que no sabría decirte".

Pero más me acordé de cuando yo tenía nueve años y, a la vuelta de alguna excursión (no sé cual pero fue en un micro) cuando Bárbara Palmer, de 4ºA, a propósito de alguna inocencia que yo debo haber dicho me zampó una verdad para la que no estaba preparada, como quien te da un sopapo de sorpresa.

"pero qué, ¿vos pensás que los padres lo hacen solo para tener hijos?"

13 marzo, 2006

Mi hijo, el dotor

Ariel (casi 5) a su hermano Alan (7): "Mamá tiene una enfermedad, y por eso se pone cruel y me reta".

08 marzo, 2006

Alba

Para poder escribir sobre esto he tenido que dejarme las tripas en el armario porque si no las lágrimas no me hubieran dejado ver la pantalla del ordenador.

No voy a relatar los hechos que están suficientemente explicados en todos los periódicos y cadenas de televisión. Al fin y al cabo no hacen falta los detalles para que el corazón se te encoja en el pecho al saber que una niña de cinco años se debate entre la vida y la muerte en la UCI de un hospital, después de haber recibido las "caricias" de sus padres.

Alba, según aquellos que la conocen, es una niña triste, cabizbaja, que no jugaba en el parque con otros niños y a la que nadie ha visto reír.

Hace tres meses le rompieron la clavícula, el húmero y una costilla. Y yo, como muchos, me pregunto ¿nadie pudo hacer nada por ella? ¿no hay ningún modo de que un padre no pueda agredir a su hijo?

Durante meses, la evidencia de que la niña sufría agresiones estuvo en manos de los jueces, de las policías y de los servicios sociales y de protección de la infancia de dos municipios y de la Generalitat.

La asistenta social -dice El Periódico de Cataluña- como era nueva "no sabía qué hacer"
¿Dimitir, quizá?

Tres juzgados involucrados en las denuncias por malos tratos a la menor...

Pero sobre todo intento pensar qué tendrá esa madre en la cabeza, no hablo ya dentro del pecho, para permitir que alguien utilice a su hija como saco de golpes y aún después de eso, defenderle.

En este mismo instante muchos niños lloran angustiados en manos de sus "protectores padres".

¿Alguien puede oírles?
Antonia Romero

07 marzo, 2006

¿Y... y cómo fue?

Teniendo en cuenta que he compartido con ustedes mi miedo infantil a cambiar de escuela, y mi preocupación adulta a cambiar del ámbito privado al público, y sabiendo que los secretos han sido revelados, que los niños pasaron ya su primer y segundo día escolar, que he conocido por fin a sus docentes, compañeros y alumnos, va esta declaración de mi sentimiento en este preciso momento:
¡AGUANTE LA ESCUELA PÚBLICA!

02 marzo, 2006

Lo que hice en las vacaciones

Anticipándome al inicio de clases, va aquí mi composición tema "Lo que hice en las vacaciones", que por única vez permito copiar y modificar para que sirva a todos los estudiantes el próximo 6 de marzo.

"En las vacaciones me la pasé pensando que se iban a terminar pronto e iban a comenzar las clases. No sólo lo pensé, también lo soñé varias veces. Pero no era ninguno de mis hijos el que empezaba las clases en mis sueños, sino que era yo. Se lo hubiera contado al analista si tuviera analista, pero en este momento no me quedan sesiones provistas por la prepaga, así que ando sin análisis y sin responsabilidad por el mundo. No pude dejar de pensar en el comienzo de clases, lo explico, justamente por el cambio al que he sometido a mis hijos. De escuela privada a pública. De jornada con tres tardes obligatorias a simple. De nivel medio-medio-alto a nivel no sabe no contesta. De inglés a no inglés. De rugby a fútbol. De amiguitos de toda la vida a nenes que no conocemos. Uno lo lee así y suena medio repugnante (¿se puede escribir repugnante en una composición escolar?). Sobre todo lo del rugby y la clase media, porque parece medio elitista o elitista del todo. Pero lo pongo porque era lo único que mis chicos y yo conocíamos, teniendo en cuenta que el mayor había empezado sala de 1 en esta escuela, y el menor de 2. No es que no haya querido enviar al menor también a sala de 1, pero no me caminaba el chico. No me caminaba y no me hablaba, y así no me lo aceptaron, como que algo tenía fallado. Entonces como somos todos analizados y modernos, lo mandamos a estimulación temprana y a los 2 empezó el jardín. Me fui por las ramas, lo sé. Lo imagino a mi hijo mayor entrando el primer día de clases a su escuela nueva, sin conocer a nadie. Tal vez no encuentre con quien sentarse. Tal vez le de un ataque de timidez y se ponga colorado, y eso me parte el alma y me produce una angustia infinita, y todo lo que quiero es acompañarlo, darle la mano fuerte y sacarle la lengua a todos los compañeritos. Después me siento con él y me convierto en su amiguita de segundo grado, y todos terminamos en un psiquiátrico. Él lo tiene re-asumido. Que va a ir a una escuela nueva. Yo no. Él dice que tiene un poco de miedo y que preferiría ser el único de la clase (no el único nuevo, no el único varón, el único-único, que fuera una clase de uno), y yo le digo con mi mayor falsedad que va a tener un montón de amigos y así más fuerte podrá cantar... pero no me lo creo. Y dicen que si yo no me lo creo, él tampoco se lo va a creer. Y ojo, porque yo sé que va a tener un montón de amigos, porque los pibes son moldeables a las circunstancias, y esto le va a hacer super bien, porque la verdad es que ya no nos estaba gustando la escuela con rubgy, con todas esas 4x4, que no eran cuentas de matemática, justamente. Y yo soñé toda la vida con regresar y reinvindicar la escuela pública. ¿Pero por qué meterlo a mi hijo en mi cruzada político-social, digo yo? Y el menor... ay, si ustedes lo vieran, con esa pinta de pigmeo rubio y cachetudo, para comérselo... Un día me dijo que "no quería más a sus amigos viejos", pero que "Facundo -que es un amigo viejo- iba a ser siempre pero siempre su mejor y más amigo", y a mí se me partió el alma otra vez y en varias porciones desiguales, qué quieren que les diga. Por suerte su maestra nueva es divina, dulce, joven, simpática, y su aula es infinita y repleta de juguetes. En suite. Con computadoras. Porque viste que en una escuela pública te puede tocar la maestra de 65 que todavía no logró jubilarse y ya no puede sentarse en el suelo por la artritis. Mi mamá se jubiló a los 60, de la escuela pública, y yo creo que hasta el último día fue una maestra grandiosa, pero porque es mi mamá, ¿no? En cambio a la maestra del mayor no la conozco. Y por eso sigo soñando. Que tengo puesto el guardapolvo blanco que compré en "Quintás, donde un peso vale más", con broches y proceso antimanchas que calculo durará lo mismo que dure el lápiz negro (medio día), y entro sola, y no conozco a nadie, y todos me miran porque soy la nueva, y yo los miro y creo que son todos tarados y feos y miserables. Hasta que alguien se me acerca un poco o yo me acerco y me presento, y entonces me pregunto si no será mejor enviar a mi hijo el primer día con algún juguete lindo, ponele un Max Steel, para que sirva como anzuelo, así los otros nenes se le acercan, y yo no tengo juguetes nuevos en el sueño porque soy más grande. Tengo 11 años. Porque claro, a los 11 años yo cambié de escuela de verdad, y no conocía a nadie (ayudaba que mi vieja era maestra en la misma escuela), pero fue uno de los cambios más positivos de mi vida. Y eso deseo para mi hijo. Pero estoy muerta de miedo. Me parece que voy a llevar yo algún juguete nuevo el primer día para que las otras mamás se me acerquen. El chiquito ni se va a dar demasiada cuenta del cambio. Pero el mayor... Ay... encima la escuela nueva está a 1 cuadra del jardín viejo, y en algún momento se van a cruzar... Y la que sueña soy yo. Eso me pasó durante las vacaciones: me las pasé soñando que empezaba la escuela y que no había estudiado para inglés (siempre es inglés o matemática, esos monstruos)".

17 febrero, 2006

Soy políglota

El otro día Violeta, la perra, no aparecía por ningún lado. La buscamos debajo de las camas, adentro del placard, en el vanitory y hasta en la heladera. Aclaro que lo de la heladera no es descabellado, un par de veces los gatos salieron de ahí medios duritos de frío. La cosa es que Violeta no aparecía, entonces las nenas me propusieron que la llamara.

-La estoy llamando, hace media hora que no paro de decir Violeta, Violeta.
-Pero no má, así no.
-¿Y cómo quieren que la llame?
-Hablale como sabés vos.
-¿...?
-Hablale como animal, como cuando llamas a los gatos o como con los monos.

Ahí caí, me estaban pidiendo que ladrara. Ahí caí también en que ellas piensan que yo hablo el idioma de los animales. Claro que esta no es una idea fantasiosa de sus cabecitas infantiles, tiene una base cuasi científica porque yo...esteee...yo...maúllo. Sí, maúllo. Cuando los gatos se esconden y no los encontramos me pongo a maullar como si fuera uno de ellos y vienen.
Lo de los monos es otra historia. Una vez en un zoológico, frente a la jaula de los carayás que estaban muy entretenidos gritando y no se acercaban, se me ocurrió imitar el aullido que hacían, al instante teníamos a la mayoría adelante nuestro tratando de descubrir al mono que estaba afuera llamándolos.
Con semejantes ejemplos, pobres criaturas ¿qué van a pensar?
Así que para no desilusionarlas, me puse a llorar como un cachorro, Violeta apareció y todos contentos.
Calculo que cuando sean más grandes y me pidan ayuda con inglés, se les va a caer un ídolo.

15 febrero, 2006

tic, tac,tic,tac

- Má,¿por qué hay que dibujar el amor con un corazón?
- podés dibujarlo como querés...
- pero es que el amor está en el corazón?
- ummm
- como las ideas están en la cerebro....¿viste que siempre en los dibujitos si tenés una idea ponen una lamparita prendida arriba de la cabeza?
- si, pero el amor no es "una cosa" que está en alguna parte concreta del cuerpo, las ideas tampoco. Son pensamientos, sensaciones...Se elige "representarlos" con el corazón al amor, o la lamparita para que todos entendamos cuando vemos el dibujito...
- Sí, una vez yo tuve una idea y se me perdió y me dijo iaia que vaya donde estaba antes porque si los ojos veían lo mismo que antes..entonces la idea me volvía...No era nada en la cabeza...
-Bueno, cuando vayas al secundario te van a explicar bien, todo ....pero viste que decimos "mariposas en el estómago" cuando estamos enamorados...
- ahhh, sí.
Muy detrás de los ojos, habita desierta la ternura . Los vasos sanguíneos, saben reconocer la voz acorazada de las entrañas. (anoto en mi diario, luego de la charla con laurita)

14 febrero, 2006

San Valentin

Detesto las fiestas importadas? Si
Soy una madre babosa? Si
Entonces, como pesa más la babosidad materna, este es mi homenaje al amor más grande, incondicional y para siempre que voy a tener en toda la vida.

07 febrero, 2006

la escatológica naturaleza del varón promedio.

Éste energúmeno tiene ahora exactamente 43 años, una mujer sueca y bella y tres hijas chicas.

El invento de mi cuñada, sólo fue posible porque pensó en que la habilidad de un electricista evitaría que ella - e incluso sus hijas, dentro de un tiempito- tuvieran que hacer justicia por mano propia.
El sujeto en cuestión es mi hermano mayor, ese mismísimo que nos invitó a pasar fin de año y más y más en Estocolmo. Pero así como lo ven, de maduro padre de familia, devenido profesional librepensador y económicamente tranquilo: EL TIPO NO PUEDE EMBOCAR EL CHORRO DEL PIS EN EL INODORO. No hay caso.
El sistema de la tía resulta un poco "pavloviano" comenta mi hijo -que tampoco emboca- ya que al ver la luz, el tipo recuerda que debe ATENDER y mea donde corresponde. En fin, el primer mundo da para todo.
Más de media docena de hermanos, innumerables (por que mi memoria es muy mala) partenaires ocacionales y alguno estable, más un par de hijos varones han determinado mi creencia en que los hombres tienen un vínculo histriónico e hilarante con sus funciones orgánicas desde pequeños....y no se les va cuando crecen.
Voy a confesar algo inconfesable. Hoy uno de mis sobrinos que tengo durante una semana en mi casa (tiene 5 años) vino corriendo hasta mi cama mientras yo intentaba despertar para poner un poco de orden en ese cuarto repleto de amiguitos, primitos y vecinitos. Todos varones entre 5 y 7.
- D!! (se lee dai, apelativo cariñoso de entrecasa) D!!....
- qué? te pasa algo en serio?
- si........
-...........
- me tiré un "pedo con jugo" y ahora está el cuarto todo sucio y todos se ríen.
Salté como si me hubieran eyectado mil resortes recordando con furia cada uno de los concursos de pedos de mis hermanos decidían conveniente y oportuno tener sólo para molestarme, las miles de anécdotas de caca y pis que siguen recordando como magníficos eventos ahora que son unos grandotes de más de entre 37 y 44 años. Eso dejando afuera la educación escatológica escencial a la naturaleza masculina que se han empeñado en transmitir a sus hijos y sobrinos...
Llegué al dormitorio y encuentro a seis pequeños riéndose casi a lágrima suelta del pobre Cale, cagado por sorpresa. Entré y me tenté, me contuve y les pedí amablemente que salieran mientras limpiaba. Junté sabanas con jugo de pedo + calzones + mantas + un poco de todo y lo metí en el lavarropa. Cale estaba bañándose sin que nadie lo mandara, el resto como si tal cosa seguían midiendo sus poderosos efluvios en narraciones inverosímiles mientras desayunaban como famélicos. Es que desde que me acuerdo ¿ qué otro momento más oportuno para relatos de esa índole sino durante la comida?.
En fin. Las mujeres tenemos el mismo sistema digestivo y probablemente sea alguna enseñanza vinculada con el recato o el pudor o la verguenza lo que evita que la tendencia sea tan marcadamente indiscriminada. No es que no seamos capaces de hacerlo, sólo que elegimos cuidadosamente delante de quién. Eso es lo que les expliqué a mis hijitas....no he recibido quejas.

04 febrero, 2006

I´ll always be there...

Lo que cuenta Natalix, me hace acordar algo. Van a creer que sometí mis oídos sajones a una sobredosis auditiva de viejos boleros cantados por el juarense Luís Miguel y que eso me espumó el cerebro y me dejó todos los residuos de mi resistencia a la ñoñez.
Sí, ¿por qué no puedo ser como dios para mis hijos? ¿ por qué no puedo decirles mentiritas que les ahorren sufrimientos? ¿por qué no debería atenuarles lo terrible de la vida?.
Hace un tiempo decidí dejar de lado el impiadoso sincericidio: le digo a Laura, cada tanto, alguna mentira. Por ejemplo: "no, no tiene queso", "no tengas miedo", "no va a pasarte nada", y la que llevaba el récord era: "yo siempre voy a estar ahí".
Sí, había decido que si dios le dijo a Isaías : "No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa”, lo mío era un poco menos pretencioso.
Y así lo hice. Cada vez que Laura tenía miedo, cada vez que yo lo tenía, y cada vez que nos separábamos: "siempre voy a estar con vos", en abierta contradicción con los hechos. Ahora que lo pienso, sin embargo, fue sólo parcialmente útil: porque la falsedad de tal afirmación es, en mi caso, tan patente que me lo hecha en cara. “No es verdad. no estás siempre conmigo.”
La primera vez que me lo dijo, me hizo mal. Mucho. Entonces decidí cambiar esa expresión por otra más cierta "quisiera estar siempre con vos". Les aviso: no fue un acierto, fue peor. Esa frase, tal como lo descubrió al instante mi hijita astuta, supone mi falibilidad y con un demoledor "¿ y por qué no podés?", me dejó en pelotas.
Decido entonces volver a la expresión anterior. Así aunque sea sigo comprobando cada día la distancia que me separa de cualquier divinidad...

02 febrero, 2006

when I'm gone

Me levanto y tengo que comprar la comida del gato, el antibiótico que debo empezar, y lavar los platos de anoche. El niño todavía duerme. Le digo "salgo a comprar y vuelvo". Rechina los dientes desde lo más profundo de su sueño, yo insisto: "me voy a comprar, Felito, ¿me escuchaste?". Hace que sí con la cabeza y salgo.

A la vuelta lo encuentro bañado en lágrimas "¡Me levanté y no estabas!!!".

Explicaciones: no debiste haberme oido, te avisé y estabas muy dormido, perdón, tenés que saber que jamás te abandonaría (-¿Alguna vez te dejé solo? –Hoy). Perdón, te quiero, tranquilizate, debería haber dejado una nota. Abrazos, besos, pena infinita por su penar y su temor, lenta vuelta a la calma, sonrisas, no pasó nada, si querés te preparo el desayuno, sí, quiero.

En la cocina veo sobre la mesa una foto mía que estaba en el living.
—Ay, trajiste mi foto para pensar en mí y llorar cuando no estaba —pregunto con sorna.

Me avergüenza mi propia crueldad pero burlarme es una forma de decirme y decirle "ya pasó, ya puedo reirme de eso y todo". Sólo que él es liviano (por más jóven que yo sea, él siempre va a ser más liviano), pasa a través de la ironía como si fuera niebla, como los ángeles cruzan la materia sólida, las puertas, las paredes, sin inmutarse me responde

—No. La traje para pensar en vos y saber que estabas conmigo aunque no estuvieras.

Él siguió engullendo yogurt y yo tuve un escalofrío, una especie de susto y me quedé mirándolo llena de admiración y agradecimiento, en silencio.