27 septiembre, 2005

LOS AMAMOS TANTO...

Lo sabíamos. Lo intuíamos. Habíamos soñado toda la vida con tener hijos. Habíamos acunado muñecas con dedicación y cariño, sabiendo íntimamente que un día serían de verdad, que serían nuestros. Tener hijos era -es- lo más importante. Tal vez para no sentirnos tan solas. Tal vez para llenar ese vacío. Queríamos criar personitas a nuestra imagen y semejanza. Saber si dábamos la altura. Si podríamos hacerlo. Si lograríamos no repetir los errores de nuestros padres.

Y un día llegaron por fin a nuestros brazos. Los parimos con o sin dolor. Parto normal o cesárea. Tal vez hubo otros intentos en el camino que nos hicieron amar aún más a este bebé que había logrado sobrevivir nueve meses en nuestro vientre. Los amamos tanto...

Hasta que descubrimos que no hay devolución. La maternidad cerró en cuanto nos dieron el alta, y nos dejaron en la calle con un ser extraño que, oh pecado, no hace lo que nosotras deseamos que haga.

Ellos crecen. Nosotras nos cansamos. Llega el día en que ni siquiera recordamos si somos personas. Mujeres. Laburantes. O qué corno. Entonces lo pensamos. No nos animamos a decirlo aún, pero lo repetimos en silencio como un mantra: ¡no los aguantamos más!
Por favor, que alguien se los lleve aunque sea un rato. Una abuela, una tía, una amiga, la vecina, la esposa del portero, la empleada del supermercado. No, ninguna de ellas lo cuidarán como nosotras. Somos esclavas y ellos, pequeños tiranos.

¡Son insoportables! ¿Por qué habíamos querido ser madres? ¡Y es para siempre! ¿Dónde quedaron esos tres minutos de gloria en que se durmió sobre nuestro pecho y era tan hermoso y santo? ¿Y si no me gusta... y si de pronto ser mamá no era lo que quería? Si nos equivocamos con una carrera, con una pareja, ¿no hay posibilidad de que nos hayamos equivocado aquí también? ¿No hay escapatoria?

Y sin embargo los amamos tanto...

¿Empezamos?

Este blog, por supuesto, se lo dedico a mis hijos. Y a los de todas ustedes.

2 comentarios:

Daisy dijo...

Recuerdo que cuando llegué a casa con mi hija Bianca recién nacida, mientras mi marido se tiraba a dormir la siesta, pensé: "No hay retorno. Esta personita entró en mi vida... y no se va a ir más". Y fue tan fuerte que me sentí mareada. Es cierto eso que leí en algún mensaje posterior a este: una los suelta, pero ellos te tienen atada. Menos mal que una está enamorada de ellos, si no, sería insoportable...

JJ dijo...

Se pueden parir, o pueden salir por cesarea, y también se pueden adoptar. A todos se los quiere de igual manera...