10 abril, 2008

Por favor

Creo que nunca conté mi historia en este blog. Básicamente mi marido y yo somos una integrante más del 15% de parejas infértiles que viven en la Argentina.

Después de algunos años que transcurrieron con mucha tristeza, impotencia, bronca, esperanza, desesperación y soledad, pero también gracias a la ciencia y a haber tenido el dinero necesario para intentarlo una y otra vez, el 27 de marzo de 2006 un llamado telefónico del centro de fertilidad donde nos atendimos me avisó que lo habíamos logrado: al fin estaba embarazada.

Exactamente ocho meses después nació nuestro hijo. En este punto del post tendría que agregar que es la luz de nuestras vidas y todas esas cosas que decimos los padres al hablar de nuestros retoños. A pesar de que no existan palabras para manifestar cuánto amor es capaz de despertar ese niño, insistimos en tratar de describir qué se siente al gestar un hijo, al parirlo, al amamantarlo, al verlo crecer. Pero...la verdad es que no se puede. No se puede porque no alcanzan los diccionarios del mundo para expresar cómo es. Hay que vivirlo. No hay otra. Al contarlo siempre te quedás corta.

Todo el mundo debe tener el derecho a vivirlo. Y aunque parezca mentira, hoy no es así. Porque (al menos en este país) el acceso a los tratamientos de fertilidad es un privilegio para las parejas que cuentan con dinero suficiente para costearlos. Casi siempre los intentos son más de uno. Hay gente que se endeuda para hacerlo. Y hay gente que directamente no puede soñar con probar. Y no es justo. Sé que muchas personas piensan "y bueno, que adopten y listo", expresión que no voy a debatir porque no es el foco del mensaje que quiero dar.

Las parejas con trastornos reproductivos necesitamos que se reconozca que lo nuestro no es una obsesión, ni un capricho para competir con la naturaleza o para desafiar a Dios. Simplemente tenemos una enfermedad, un problema físico que requiere tratamiento, a veces operaciones, internaciones, y siempre (pero siempre) de la administración de drogas caras. Nada de esto forma parte del PMO. Ninguna obra social o prepaga lo reconoce. Sale todo de nuestros bolsillos, hasta que éstos se quedan vacíos y flacos y ahí nos damos cuenta que llegó el momento de resignarse y colgar los guantes.

Por esto hoy les pido: apóyennos. Nos estamos organizando. En el sitio Infertilidad-arg las chicas están armando una movida importante. Apelamos a la solidaridad de todos.

No saben cuánto les agradezco. Mi familia también.

2 comentarios:

Maru y Nico dijo...

Nos sumamos y ya bajamos la planilla para juntar firmas.
Besos

* Nina dijo...

Me parece super importante el proyecto y ya me arremango para darle difusion.