20 febrero, 2007
SOY MADRE DE DOS MÁS
Bien, en momentos en que los míos de 8 y casi 6 están experimentando alguna transformación psicótica, y de verdad están insoportables, y porque a pesar de que mi mente a veces fantasea con el tercero mis entrañas me dicen que no, he adoptado otros dos.
Con la excusa de que, espero, ayuden a los biológicos míos a calmarse un poco y entender la palabra responsabilidad. También porque me encantan y mi mamá nunca me lo había permitido. Así que ya está. Están en casa. ¡Y son tan hermosos! Tienen cinco semanas de vida y son dulces, increíblemente simpáticos, inquietos, inteligentes, vivaces. Uno muerde un poco.
No son perros. A los perros hay que sacarlos a pasear llueva o truene. Mucho trabajo y mucho dinero.
No son gatos. Soy alérgica. A los cinco minutos me empieza a picar la cara. A los diez me pongo afónica. Luego empiezo a toser y estornudar y hay que tener el decadrón a mano por las dudas.
Lito se ha dormido y parece un ángel, todo blanco. Toti está aún jugando, es siamés. Los veo a ellos y me digo que así tendrían que vivir y ser mis niños. Todo el día en una jaula de vidrio, con comida y agua a gusto, un baño y una ruedita. No joden. No llaman. No dicen comprame. No tienen olor. No van al médico. No se vacunan. No se quejan de las condiciones existentes. Se pelean poco, justamente porque son hermanos. Yo los levanto y los acaricio. Me preocupo por su alimentación y limpieza de su entorno. A la hora de limpiar su jaula, los paso a una caja de cartón y no dicen nada. No miran TV. No usan ropa ni se ponen tres semanas seguidas esa remera de los Simpson. No insultan. Duermen cuando lo necesitan y juegan cuando quieran. No vienen a decirme que están aburridos.
Son jerbos. Están en casa.
14 febrero, 2007
Feliz San Valentín
Os deseo a todas las que sois mamis, a las que quereis serlo, a las que no, a las que quizá, a las que ya veremos: mucho, mucho amor.
08 enero, 2007
CAMBIO DE DOMICILIO
Iba a suceder tarde o temprano, y lo decidí antes de que lo decidiera por mí: pasé el blog al sistema nuevo o lo que fuera. Para ingresar, entonces, se les pedirá una cuenta de e-mail. Sigan las instrucciones para mudarse, y seguimos viéndonos y leyéndonos acá.
Otra cosa: cuando tenga tiempo, haré las etiquetas de todo lo escrito en el blog. Organizaré el blog con nuestros nombres, así cada una podrá buscar y releer todo lo que ha escrito.
Cariños de madre
21 diciembre, 2006
MADRES CON HIJOS LES DESEAN FELICES FIESTAS
Que las que tienen bebés puedan descansar, las que tienen niños renueven su paciencia, y las que tienen adolescentes sobrevivan hasta que se vayan de casa.
Que el diálogo entre padres e hijos florezca más allá del comprame.
Que la paz reine en el hogar, las buenas notas en la escuela y las buenas amistades fuera de casa.
Que los que no son cariñosos por naturaleza nos brinden un poco de mimos, y los que son cargosos logren un poco de independencia.
Que podamos continuar, con salud, amor, dinero, inteligencia, aguante físico, cordura, imaginación, paciencia, tranquilidad espiritual y los pies sobre la tierra, administrando nuestros hogares, criando nuestros niños y manteniendo nuestros trabajos/profesiones.
Estos son los deseos de esta madre/esposa/escritora/ama de casa para estas fiestas.
¡MUCHAS FELICIDADES!
Y que el 2007 nos encuentre en un spa en donde no se permita el acceso de niños.
23 noviembre, 2006
HIJOS Y OTROS ANIMALES SALVAJES
Josué
Es el que me vuelve loca desde hace meses, aunque solo hace veinte días que le conozco la cara. El culpable de mis noches en vela, de mi cansancio y mis ataques de mal humor. El culpable, también, de que cualquier cosa me arranque lágrimas y de que pueda quedarme largos minutos robados al sueño sonriendo como una estúpida, solo mirándole la cara. Es mi hijo Josué, recién nacido. “¡El varón! ¡El que completa la parejita!”, como dicen las viejas. “Con el que se cerró la fábrica”, agrego yo enseguida.
Desde bien chiquito, hace lo que quiere. Me pateó sin misericordia durante los últimos cuatro meses de embarazo, y como buen vasco terco, en vez de apuntar la cabeza para abajo y prepararse para salir por el canal como cualquier buen chico, la dejó bien arriba y trataba de hacer fuerza encima de mi ombligo, por más que yo le decía que la salida no era por ahí…
Y sí, hace lo que quiere. La fecha de parto original era el 11 de noviembre; a fines de octubre, el señor seguía cómodamente sentado, de manera que el médico dijo: “¡A cesárea!”. Yo, sin reponerme del shock (es que tenía la esperanza de que fuera un parto natural, como con la nena), solo atiné a decir: “Bueno, pero que sea en noviembre”. No sé por qué, no me gustaba el mes de octubre para su cumpleaños. Me gustan los meses impares, qué sé yo. El médico dijo: “Perfecto, entonces la hacemos el 1 de noviembre”. Todo parecía ir bien. Salvo que el 30 de octubre a la madrugada, el señor decidió que, después de todo, a él sí le gustaba ese mes para su cumpleaños, y empezó a causar contracciones… y la cesárea hubo que hacerla a las corridas, despertando al obstetra y la neonatóloga, que se vino al hospital con toda la familia y los dejó esperando en el coche mientras recibía a Josué.
Pasó la cesárea, están pasando los dolores, pero el tipo sigue haciendo lo que quiere. Sobre todo conmigo, claro. Sabe que me tiene en un puño, y sonríe satisfecho mientras le doy la teta. (La misma teta que me hizo sangrar las primeras veces que se agarró para comer como un desesperado, mientras yo aullaba de dolor). Es el dueño de mis tiempos, de mi cuerpo y de mi atención.
Bianca lo mira con cariño, dice que es hermoso, lo llena de besos, quiere cambiarlo, alimentarlo, moverlo, todo… En resumen, con el hermano, todo bien; los berrinches y los caprichos los reserva para nosotros, los padres.
He descubierto, finalmente, que se puede amar a dos al mismo tiempo. Sigo amando a Bianca tanto como antes, y ahora, tal vez, la aprecio más, sabiendo a lo que tiene que renunciar y acomodarse desde que llegó su hermano; y estoy profundamente enamorada de este varón que me cayó en los brazos y que seguramente un día se irá de ellos sin el menor remordimiento, para correr detrás de otra mujer.
03 noviembre, 2006
Pequeños pensamientos extremistas
La escuela de pupilos, por ejemplo. ¡Qué lindo que pudiéramos optar entre, por ejemplo, la escuela pública del barrio, la privada cara, la religiosa o mandar a los chicos a vivir a la escuela! Entregar a un niño de seis años, el mismo que jamás levanta sus juguetes, que le hace un boicot al baño, que nos insulta como si fuéramos los amigos adolescentes de Internet, y que de pronto nos devolvieran uno de 12 -o de 18, si le sumamos la secundaria- ya criado, domesticado y listo para enfrentar el mundo. Dejar en la puerta de la escuela un pibe que nos mira como si quisiera asesinarnos -que es como me miran los míos cada mañana cuando los despierto- y recibir el viernes a la nochecita uno deseoso de cariño, que se deje besar, apretujar, que nos regale una cartita contándonos cuánto nos extrañó, tan desesperado de nuestra atención que sería capaz hasta de servirnos el desayuno (que dicho de paso aprendió a hacer en la escuela, mientras que en casa no sabe siquiera dónde se guardan las tazas).
Fue la literatura la que nos quitó la maravillosa posibilidad de enviar a nuestros niños a las escuelas pupilas. ¿Pero por qué tenemos que creer que todas las experiencias serán como la de Jane Eyre? Y en caso de que lo fueran, ¿acaso Jane Eyre no se convirtió en una mejor persona, más fuerte, más responsable? ¿No salió de la escuela lista para enfrentar el mundo laboral, encontró trabajo y además se terminó casando con su empleador millonario? Yo no sé si con la educación actual que le brindo a mis hijos lograré que consigan la mitad de eso. Por ejemplo, los míos se quejan de que el agua de la bañadera está fría en invierno y caliente en verano. Ya quiero verlos cuando tengan que lavarse con la escarcha que se formó la noche anterior. Los míos tiran la leche -primera marca, con hierro- a la pileta para no tomarla. Porque nunca se enfrentaron a una única comida grumosa y horrible. Los míos dijeron "comprame" antes que "mamá". Porque nunca se les confiscaron sus pertenencias para entregarlas al hijo tonto de la directora. Por eso, yo creo que deberíamos volver a las raíces, reinvindicar la escuela de pupilos. En cada barrio, una comunidad de niños abandonados, durmiendo hacinados y con frío, comiendo mal, compitiendo por un caramelo premasticado, descubriendo, en fin, qué maravilloso y cálido era vivir con mamá y papá. Cuanto agradecimiento deberían habernos demostrado. Y nosotros iremos por la vida llenos de culpa, es verdad, pero tan libres, tan ligeros, tan infelices...
26 septiembre, 2006
bajando a mamá de un hondazo.

- Es hermosa, muy hermosa. Extraño los bebes.
- Sí, increíble.
- ¿qué pensás?
- que quiero uno.
Recibí las fotos de mi sobrina nueva, y no pude hacer otra cosa que maravillarme de esa belleza chiquitita, nueva, llorona. En un momento no pude sino extrañar esos momentos de bebés mínimos que ahora están 10 años lejos.
Si tuve una beba hermosa a los casi 16, ¿¿¿por qué no a los casi 42, eh????. Así estábamos mirando las fotos y él conteniéndo mis ímpetus hasta que llega Laura y me dice mirando la prima nueva:
- má es hermosa!
- sí, ¿no? (tanteando, creo)
- sí (Me mira. Me conoce), ¿no te gustaría que Lu tuviera un hijito?, decile vos...a mi me gustaría...
- ah! pero yo había pensado mejor tener yo un bebé...¿no te gustaría un hermanito?
- Sos re-vieja vos má!!! vos? si ni siquiera me dejás tener un perro, "¿quién lo va a cuidar?" me decís siempre. Peor un bebé. No, no quiero ningún hermanito
Juan que se asomó oportunamente a ver las fotos que su padre y yo mirábamos, y todavía andaba por allí revoloteando, escuchando todo lo que sucedía dio su lapidaria y oclusiva opinión.
- Laura, acá el hermanito sos vos. ¿no, che, ustedes??
19 septiembre, 2006
Darwin, chupate esta mandarina.
El otro día, entre corrida y corrida, escucho a Sol que me llama
-¡¡Mamá, mamá, vení rápido, está dios en la tele!!
Estaba muy excitada, claro, parecía que tenía a la vista la prueba tangible de la existencia del ser supremo. Para que lo vamos a negar, si yo tuviera semejante certeza me pondría igual. Fui más que ligero, quería ver qué era lo que estaba mirando.
-No hija, ese no es dios, es el papa- tuve que desilusionarla.
-¿Es el papá de dios?
-No, dios no tiene papá, es el papa.
-¿Y qué es el papa?
-Es algo así como el jefe de todos los curas.
-¿Y por qué está en la tele?
-Porque no está de acuerdo con unas personas que explican cómo aparecieron los animales, las plantas y los hombres en el mundo. Unos dicen que aparecieron de una forma y él dice que no, que aparecieron de otra.
Abril, que seguía la conversación muy interesada, al instante aclaró cualquier duda que pudiéramos llegar a tener.
-¡Ah! ¡Pero eso es re fácil! ¿No sabe que primero vinieron los dinosaurios, después los monstruos, después los piratas y después los argentinos, y entonces cayó un meteorito y se extinguieron los dinosaurios, después de un tiempo los monstruos, después los piratas y quedamos nada más que los argentinos?
-No, hijita, parece que no lo sabe.
La sonrisa me duró todo el día.
13 septiembre, 2006
Afrodita no viaja en turista
El día del maestro lo llevo a la oficina, y al mediodía almorzamos en la parrilla de enfrente, donde voy casi siempre. Le digo (y él lo comprueba) que aunque la el lugar no es precisamente elegante, la comida es riquísima y el precio, módico.
Entiendo contesta. Es para dioses de segunda.
29 agosto, 2006
10 agosto, 2006
Tiene trece años y ya es más alto que yo
El otro día mirándole tuve un flash. Le vi tal cual era cuando tenía tres añitos y una lengua de trapo divertidísima y no pude evitar sentir exactamente lo mismo que sentía cuando le veía ante mí haciendo casitas con piezas de madera para sus muñequitos. Le escuchaba hablar con ellos y regañarles porque se quitaban las camas los unos a los otros.
Ahora es un muchachito camino de hacerse un hombre y enfrentarse a una vida llena de peligros.
La otra noche me despertaron a las tres de la madrugada unos gritos desgarradores, desesperados. Era la voz de una muchacha que gritaba a "alguien" que dejase de golpear a otro "alguien". En un primer momento creí que estaba soñando, tengo la costumbre de soñar con realidad virtual. O sea: sueño que me duele la barriga y me despierto encogida de dolor o sueño que me están atacando y me encuentro con el codo de mi marido amenazando mis costillas (involuntariamente, por supuesto).
Una vez reaccioné al hecho de que aquellos gritos no salían de mi cabeza, fui a la habitación de mi hijo que es la que está en el lado de la calle de dónde provenían los gritos y miré por su ventana, pero desde allí no veía nada. Así que cambié de ventana y fui al lavadero desde donde tenía una perspectiva completa de lo que estaba ocurriendo.
La escena era la siguiente: los protagonistas, un grupo de chavales de entre dieciséis y dieciocho años, formado por cinco chicos y cuatro chicas. De los cinco chavales dos se pegaban con muchas ganas y los demás intentaban separarles... pero con cuidado de no recibir. Entre las niñas, unas lloraban, otras gritaban, gritos que aproveché cuando llamé a la policía para que comprendieran la urgencia de su intervención. Os aseguro que los gritos del que en ese momento recibía eran aterradores, igual que escucharle después decirle a su contrincante que le iba a arrancar la cabeza. Temblaba toda yo cuando estando uno sobre el otro en el suelo le mordió y el que llevaba la peor parte en ese momento gritó de auténtico dolor. Golpes y más golpes caían de todos lados. Era una escena de tanta violencia que me produjo unas tremendas ganas de ser dos veces más alta de lo que soy, tener músculos donde solo hay carne y darle una tunda a cada uno que les recordase la que, seguro que más de una vez, les había dado su madre.
Yo nunca pego a mis hijos. Recuerdo haberlo intentado y notar como mi brazo se aflojaba al acercarse al tierno culito de mis niños.
Para tranquilizaros os diré que en seguida llegó la policía y puso paz, los guardias estuvieron hablando con ellos hasta calmarlos y después cada uno se fue a lo suyo.
Yo fui a la habitación de mi hijo, que dormía como un angelito y me estremecí pensando que alguna vez él fuera protagonista de tanta violencia.
Sentí pánico.
Pero tendré que aceptar que ya nunca volverá a tener tres años y que el mundo también es suyo.
27 julio, 2006
Racionalismo Zen
Creo que se trata de no pensar, dejar la mente en blanco.
Ah, ¿y para que sirve?
Mucho de eso no sé, pero me parece que es como una manera de ejercitarla. Así después, cuando tenés que usarla para pensar, funciona mejor
Entiendo, pero ¿y eso de volar?
¿Vos decís los que levitan, si se puede flotar en el aire por meditar?
Sí, ¿vos creés eso?
No, yo creo que se puede elevar el espíritu pero que la ley de gravedad es igual para todos
Yo creo lo mismo. A la gravedad no le interesa lo que la gente piensa.
18 julio, 2006
PASEN Y VÉANME
Si alguien se moría de ganas de conocerme -hay perversiones peores- ya tiene su excusa para ir a la Feria.
Nombrando el blog, descuentos en algo, seguro.
26 junio, 2006
La colcha
Me crié viendo a mi abuela tejer las aplicaciones para esas colchas que hoy, remodeladas y unidas, cubren la cama de mi hijo. Tejedora de toda la vida, había acumulado incontables ovillitos de lana de colores, que un día comenzó a transformar en aplicaciones de crochet para dos colchas, que cubrirían sus camas gemelas de su cuarto de viuda que aún conservaba. Aprendí a tejer ayudándola, o molestándola, no sé.Hace unos años le pedí a mi madre, que ya es una abuela vieja y achacosa, que me las rescatara. Que las transformara en una gran colcha de dos plazas para mi cama, querías volver a verlas lucirse, les guardo cariño. La veterana asumió la tarea, las remendó, rehizo los bordes.
La instalé en mi cama y algo comenté a mi hijo chico, Juan, sobre su origen y los más de treinta años que tenía. Desde ese momento comenzó cada tanto a pedírmela.
Me resistí un tiempo, pero este invierno no la había puesto, todavía, en uso: un acolchado moderno y mullido se resistía a compartir la cama con ella.
Anoche Juan, con sus catorce años y su adolescencia a semi instalar, se subió a algo y se apropió de la colcha. Me llamó desde su cuarto, metido en la cama, libro en mano, cara triunfante
- Mirá, vos no la usás, me la traje, y si la cama la tendés vós que quede arriba del todo, así la veo.
Lo vi rodeado por ese mar de aplicaciones de crochet y notó mi emoción. Me veía a mi misma entre ellas, veía a mi abuela, veía mi infancia ya lejana.
-Qué te pasa?, preguntó
-Nada, me gusta verte con la colcha, me trae muchos recuerdos, mi abuela seguro nunca pensó que un hijo mío la usaría, me emociona verte tapado con ella.
Juan se inclinó y le dio un beso rápido a la colcha, me sonrió y me tiró, de lejos, sin olvidar su distancia de adolescente en ciernes, otro beso a mí.
Todavía a veces siento con él esa conexión casi mágica.
14 junio, 2006
teología cromática
Madre: Siempre cuando estoy a punto de salir me doy cuenta que me falta algo...
Niño: Viste. Al final siempre se sufre. En los partidos de fútbol, en casa, siempre cuando estás a punto de terminar, sufrís.
Taxista: Pero cómo ¿vos sufriste con el partido? Si ganamos cómodos...
Niño: Ganamos porque Dios es argentino. (Ostensible carcajada de la Madre.) ¡Claro, si donde él vive el cielo es celeste y las nubes son blancas!
Madre: Ah, por eso
Niño: Y también es de Boca. Porque el cielo es azul y el sol amarillo
01 junio, 2006
BEBÉS EN CUOTAS
Decía: "Sólo pagás si lográs el embarazo (consultar condiciones en Fecunditas). Facilidades hasta en 24 cuotas. Tarjeta de crédito. Fecunditas"
Primera cuestión, ¿por qué una publicidad destinada a las mujeres en el suplemento del Mundial, que difícilmente muchas lean? ¿Sería posible que esta empresa médica esté jugando con los sentimientos masculinos durante el Mundial? Veamos un ejemplo: ella quiere quedar embarazada y no logra. El marido, hasta ahora, no se ha preocupado mucho por el tema. Pero viene el Mundial y quiere disfrutarlo tranquilo, tener la TV a su disposición y, de ser posible, no ser interrumpido por consultas femeninas, ni hacer el amor en los horarios de los partidos. Entonces: él sabe que lo suyo sólo lleva unos minutos, un par de videos XXX, y un frasquito. Veinte minutos de trabajo para varios meses de tranquilidad. Vale la pena. Ella será la que tenga que ir a las consultas, inyectarse las hormonas, hacer las fertilizaciones. Ella es la que tiene un óvulo por mes, él puede ocuparse de lo suyo en cualquier momento.
"¡Mi amor!, vení. Me decidí. Vamos a hacer el bebé. Vos andá pidiendo el turno, que no se superponga con ningún partido, y te prometo que por las próximas semanas te dejo tranquilísima para que te ocupes del asunto".
Segunda cuestión: como se paga solamente si se logra el embarazo, ¿no puede ser que, inconcientemente, la mujer se boicotee a sí misma, y no logre embarazarse para no pagar, ya que todas llevamos un registro genético que dice: "mejor barato. Regalado lo que sea".
Si lográs quedar embarazada, pero lo perdés dentro del primer trimestre, como sucede con uno de cada tres embarazos, ¿se paga igual?
Claro, son vivos, ahí está la trampa: dice "embarazo", no dice "neonato".
Pero insisto; si lo perdés, que nos ha pasado a tantas, ¿te dan otras dos chances por el mismo precio?
Si una empezó a pagar, tiene el bebé, y luego se arrepiente porque este llora mucho, y como todavía no llegó a pagar ni 15 cuotas, ¿se puede dejar de pagar?
Si una queda embarazada de mellizos, ¿son igual 24 cuotas ó 48? Y con trillizos, ¿habrá descuento?
La empresa, ¿tiene convenio de descuento con alguna tarjeta de crédito? Porque por ejemplo mi tarjeta de crédito me hace descuento los domingos en nafta. ¿Habrá una tarjeta que descuente el 20% si el embarazo se logra un día martes?
En las condiciones de Fecunditas, ¿se acepta cualquier tipo de embarazo y cualquier tipo de bebé? Digo yo, si se produce un embarazo ectópico, ¿igual se considera embarazo y hay que pagar las 24 cuotas aunque no se pueda tener un bebé? Y si la pipeta con la que se hizo la fecundación estaba sucia, y una tiene un bebé de otra raza, ¿también se paga, o podés quedarte con el bebé pero te devuelven las cuotas?
Ahora... si el parto resulta dificultoso, ¿se paga lo mismo? En las 24 cuotas, ¿está incluído el parto o hay que pagarlo aparte? Y el plan que elijas para pagar el parto, ¿tiene que ver con que te pongan peridural o te hagan episiotomía, o no?
Y si una se arrepiente antes de lograr el embarazo y pide la restitución del dinero, con lo difícil que es eso cuando se paga en cuotas, y te dicen que no, que las cuotas igual se seguirán debitando, ¿podés pedir que por ese precio te den, por ejemplo, una TV de plasma?
Y si una no tiene tarjeta de crédito, y por ejemplo lleva a una buena amiga el día de pago, para que le preste la tarjeta y firme, ¿el embarazo lo debe lograr la amiga o puede seguir intentándolo la que hizo la primera consulta?
Y lo más importante, las cuotas, ¿tienen interés? Porque con interés deberían incluir al menos un moisés y un cochecito, digo yo...
¿Y si una paga las 24 cuotas y justo hay otro corralito, o quiebra, o simplemente se queda sin plata, tiene que interrumpir el embarazo o devolver al bebé?
¿Y si se larga la inflación, se respetan los montos de las 24 cuotas, o te ofrecen otro embarazo a los dos años, a mitad de precio, para compensar el aumento?
Y si se paga en efectivo, ¿hay descuento? ¿Te ofrecen un embarazo de la misma calidad?
¿Se aceptarán planes de pago con la sola entrega del documento de identidad, o temerán que una vez embarazada te largues y no vuelvas más?
Qué quieren que les diga... me resultó muy complicado.
28 mayo, 2006
me gustaba que me mataran

Anoche estuve mirando fotos y escaneando algunas. Cuando vi ésta recordé que cuando éramos chicos uno de mis juegos preferidos era hacerme la muerta.
-daniiii, no seas, levantate. No es gracioso.
03 mayo, 2006
YO AMO A MI MAMÁ
Mis viejos se fueron a Europa durante un mes. ¡Un mes entero! Treinta días. Mientras escribo calculo que deben andar por Viena, con los pies rotos y el alma hinchada.
Más allá de que estén en Europa (el sentimiento sería el mismo si estuvieran en Miramar), tengo que decir que yo vivo enfrente de la casa de mis padres. Justo enfrente. Desde mi cuarto piso veo su segundo piso, y cuando las dos estamos en nuestros respectivos balcones nos saludamos como adolescentes y mi madre, aprovechando mi talento en lectura labial y mi buena vista, inicia conversaciones. Siempre bromeamos con que tendríamos que atar un cordón con una canastita entre nuestros balcones, para poder pasarnos cosas. Igual no hace falta. Ella no viene casi nunca a mi casa, pero yo cruzo casi todos los días.
Lo de casi todos los días ha tenido sus altibajos. Cuando recién me casé y me sentía sola en casa, y cuando tuve a mi primogénito y me sentía sobrepasada, cruzaba a su casa y me instalaba todos los días. Tengo una buena excusa: en verano ella tiene aire acondicionado y yo no. En invierno ella tiene calefacción central y yo un par de estufas. Cuando nació el menor, lo cruzaba para ir a buscar al mayor al jardín, y ya que mi bebé estaba allí, terminaba almorzando con ellos todos los días. Pero luego tuvimos varias peleas y me dí cuenta de que la culpa era mía, mía y mía. Si yo no ponía distancia, si le permitía ser parte de mi vida y mi familia en forma diaria, no podía impedir que luego ella opinara, decidiera, criticara, etc, etc. Ahora yo también era madre y no deseaba compartir mi maternidad. Pusimos días. Iba a su casa tres veces a la semana, desde el almuerzo y casi toda la tarde. Tuvimos otras peleas. Decidimos que lo mejor era que los chicos fueran a almorzar a su casa, se quedaran por la tarde, y yo aparezco ahora para tomar un té a la hora de retirarlos. Como no tengo empleada con cama, la única ayuda con la que cuento -en relación a los chicos- es la de ella. Si no fueran a su casa, yo no tendría ni un minuto para mí (mejor no hablemos de mi suegra).
Bien, no tengo ni un minuto para mí. Y la extraño. La extraño y la necesito. La extraño porque he podido construir con ella una buena relación. La necesito por lo que ya saben.
Yo la odié, por supuesto. Durante mi adolescencia, ella fue el monstruo que poblaba mi realidad. Era la persona que no me permitía ser, expresarme, sentir. La que decidía por mí según sus extraños cánones de lo que era mejor. Era la persona que tenía que odiar, y matar, metafóricamente, claro está, si quería ser alguien. Yo misma. Supongo que si sigo viviendo enfrente de su casa es porque lo logré a medias. En vez de matarla, la hice agonizar un poquito. Salí de la adolescencia a tropezones y lo que siguió no fue tan fácil ni mejor. Pero allí estaba ella. Encontré una amiga. Alguien con quien podía hablar. En más de una ocasión fue mi salvavidas y siempre, pero siempre, mi confidente. Lo que no sabe ella, no lo sabe nadie. Mi marido a veces la cela. Dice que yo no le cuento cosas a él porque ya se las conté a mi mamá y con eso me basta. Y tiene razón. Con mi mamá no tengo que ser ningún personaje, ni la buena amiga comprensiva, ni la esposa dedicada, ni la madre perfecta, ni la profesional exitosa. Con ella puedo ser hija. Con todos mis defectos que por supuesto me mostrará. Pero he aprendido a no hacerle demasiado caso. Con ella me río de los demás sin miedo a quedar mal con nadie. Con ella hablamos pestes de todo el mundo y sabemos que no hay peligro, que quedará entre nosotras. A ella le consulto algunas cosas y le pido opinión para muchas otras, aunque decida no seguir su consejo. A ella la llamo para las emergencias y los problemas de último momento. A ella le pido dinero prestado cuando no llegamos a fin de mes. Con ella lloramos los peores desastres familiares y compartimos los dolores más profundos.
Uno de los grandes aprendizajes que hice en mi incipiente madurez, fue que después de todo ella no tenía la culpa. Que realmente había hecho lo que creía mejor, como lo hago ahora yo con mis hijos. Con todo el amor del mundo. Y que no pudo no equivocarse porque de eso se trata la vida. Que alguien tenía que decidir, criarme, cuidarme. El día que supe que la culpa no era de ella, y que a partir de entonces la responsabilidad era mía, que yo era la dueña de mi vida, fue que maduré, me hice mejor persona y pude enfrentar mejor lo que me sucedía. Cuando eso sucedió, fue mi decisión continuar y mejorar la relación con ella.
A veces, en los momentos en que quiero estrangular a mis hijos, me gustaría, por un breve segundo, sabiendo que es una fantasía, que mis hijos me dijeran gracias. Gracias por todo lo que hago por ellos. Sé que es un desatino. Ellos no me deben nada. Fue mi decisión tenerlos y hacerme madre. Pero a veces... cuando estoy tan cansada y ellos tan demandantes, quisiera que se dieran cuenta, aunque ser por un segundo, de todo lo que implica ser su madre. Ser mi madre no ha sido más fácil. Y yo sé que no debo darles las gracias a mi mamá (aunque a veces a ella le gustaría). Entonces, aquí va mi homenaje: ¡extraño a mi vieja!. Y todavía faltan 20 días para que vuelva.
25 abril, 2006
¿Se puede amar a dos al mismo tiempo?
Si hubiera empezado más joven, me hubiera gustado tener tres. Pero empezando a los 37, me parece que dos es un buen número. (Por supuesto, mi marido sigue divagando con que podemos tener muchos, pero yo ya le dejé bien en claro mi posición varias veces; dos es la máxima concesión que puedo hacer a esta altura). Mi edad tope para tener hijos eran los 40, y el plazo se cumple este año…; realmente, era una carrera contra el tiempo.
Al mismo tiempo, a pesar de mi convicción inicial, más de una vez, después de tener a Bianca, sentí una especie de angustia al pensar en tener otro hijo, previendo que voy camino de perder la poca salud mental que me queda, que voy a tener que resignar más espacios y tiempos propios (¿qué, todavía me quedaba alguno?), etc. Pero está decidido. Realmente creo que lo mejor para la nena es tener un hermanito.
Pues bien, empezamos a buscarlo, y quedé embarazada otra vez. Y ahora se actualiza otra sensación que experimenté a poco de tener a Bianca: ¿se puede amar a dos hijos con la misma intensidad? No puedo menos que sentir que todo el caudal de amor que ahora dedico exclusivamente a mi hija se va a tener que dividir en dos, y que no solo ella va a perder, sino que también su hermanito o hermanita corre en desventaja, porque desde el vamos le va a tocar la mitad del amor que recibió su hermana hasta ahora. Y, la verdad, sufro por ellos al pensarlo…
Las madres con las que he hablado me aseguran que “siempre hay lugar para uno más”, que uno ama a todos sus hijos con igual fuerza, aunque no pueda dedicarle a cada uno el mismo tiempo y atención que dedicaría a uno solo; pero por más que racionalmente lo entiendo y lo acepto, en mi interior sigue rondando esa terrible duda...
19 abril, 2006
lo que sobra y lo que falta
Claro. ¿Vos por qué pensás que los chicos creen más en las películas que ven y en las historias que leen que los grandes? pregunto, mientras me respondo mentalemente que es porque los chicos manejan menos datos sobre cómo se construye la ficción.
es obvio mamá: ¡porque los chicos tenemos más imaginación!
