18 noviembre, 2009

El amor incondicional

Cuando mi madre decidió dejar de trabajar me llamó una tarde al trabajo y me dijo “voy a dejar de trabajar”. Y yo no pregunté nada. Tenía 70 años, y mi hermano y yo sabíamos que eso más temprano que tarde iba a suceder. Su trabajo consistía en atender el teléfono del consultorio de mi cuñada de entonces y ambas se encargaban de hacernos entender que nos estaban haciendo un favor. Y yo sentía que me estaba haciendo el favor de trabajar. Mi hermano sentía lo mismo. Pero mi hermano estaba lejos, muy lejos, en Alemania, probando suerte, lejos. Y como estaba probando y la suerte que nadie dudaba que tendría todavía no había llegado, todos dábamos por sentado que no podía aportar dinero para completar los magros ingresos de mi madre. De este modo, yo tenía que cargar económicamente con mis dos hijas, con mi madre y con todas las insoportables pequeñeces de su incipiente vejez. Ni mis hijas, ni mi hermano, ni mi madre, ni yo misma creíamos que las cosas debían ser de otro modo. O, para ser más exacta, debería decir que algo no era del modo que debía ser: mi condición de mujer sola con hijos. A veces mi madre me compadecía. A veces mi madre me culpaba por haberlo dejado ir. En ambos casos, concluía que no había tenido suerte: muchos hombres tienen una amante y no por eso abandonan a sus legítimas esposas. Y a sus dos hijas. Mi mala suerte en verdad había sido que otra mujer –la otra- había logrado ser la única. Ninguna lo lograba. Yo había perdido dos veces: cornuda y abandonada. Eso sí que era tener mala suerte. Y siempre pero siempre terminaba sus monólogos suspirando y hablando de mi padre: un hombre de los de antes que de tan bueno Dios había querido llevárselo pronto junto a él.
Cuando hace un tiempo mi madre me dijo que ya no podía vivir sola en el departamento que le alquilo, usó el mismo tono que diez años antes cuando me dijo que no iba a trabajar más. El mismo tono monocorde y resignado. Y el mismo silencio final. Esta vez sus ojos estaban más viejos y por eso me parecieron más tristes; pero me miraban del mismo modo: esperando que yo absorbiera las consecuencias de sus decisiones incompletas.
Los silencios de mi madre son espacios asfixiantes, callejones sin salida. Un empujón para marearse en el laberinto y desconocer el trayecto que lleva a caer siempre en el mismo lugar. En el exacto lugar donde se debe caer. Feliz está, por haber hecho exactamente lo que entendió que era su destino; y mira creyendo que finalmente llegó su hora de recibir recompensa. Si hablara, probablemente su voz traería el eco del surco que en el ir y venir de todos sus años ahuecó con la pesadez de su cuerpo, y ahora, en la liviandad de la vida hecha espera considera que todos debemos agradecer. Vanidad por demás absurda teniendo en cuenta que si sostuvo su vida durante tantos años fue gracias al sentido que le dio nuestra existencia.
Su silencio me cuenta que ya se ha dicho todo. Que no hay nada detrás del muro. Y yo, encerrada en sus ojos viejos, me ahogo en el encierro. En estos momentos, cuando decide no decidir, el entramado de pequeños gestos amorosos que sostuvieron mi vida, para bien o mal, es una trampa perfecta. En estos momentos, la desigualdad parece invertirse pero sólo para volverse más efectiva. En estos momentos es donde entiendo el revés del amor incondicional. En su nombre, siendo adultos o niños, son ellos quienes deciden nuestros pasos.

31 agosto, 2009

Madre

Sé que no es 10 de mayo, pero hace poco me encontré con una frase que escuché un 10 de mayo, día de las madres, de una de mis profesoras de escuela y quiero compartirla con ustedes.

"Si al apagarse la última vela del pastel,
si al caer la última cinta del regalo,
si al despertar un 11 de mayo te sigues sintiendo dichosa de ser madre
Felicidades, mujer, que Dios te bendiga"

13 julio, 2009

Rayito de luz

Hace algunos días el pediatra pensaba entregarme a Max, justo en ese momento e él se le ocurrió dejar de respirar y el doctor me dijo: a poco te da miedo. Respondí afirmativamente, como lo hubiera hecho cualquiera, a lo que el doctor respondió: Entonces aquí lo seguimos dejando hasta que se te quite el miedo, porque una persona con miedo hace puras pendejadas, si entrego un niño a una mamá con miedo lo mata. Perdí las esperanzas de sacar pronto a mi hijo de ahí.

Hoy el doctor me vio bañarlo, atenderlo y pudo darse cuenta de que no me da miedo. Me dijo: ya? está lista? Yo le dije que sí y me dijo: bueno, hoy después de la toma de las 12 se lo lleva. Así que Max ya está en casa.

No pude evitar sentir algo de frustración por traerme solamente un bebé en vez de dos, tampoco puedo evitar imaginarme a los dos en la cuna. En el camino vi una familia con unos gemelitos y se me salieron algunas lágrimas. Pero todo esto fue diminuto comparado con la satisfacción que me da tener a mi pequeño conmigo. Volví a sonreír despues de dos largas semanas. Yo sé que me costará superar lo sucedido con mi Ariel pero teniendo cerca a Max y ver cómo mi hija lo adora, supongo será un poco más llevadero.

Por el momento el sentimiento de culpa se ha ido, y también el coraje; ya no tengo ganas de matar al pediatra y me siento más que agradecida con toda la gente que cuidó a mis bebés. Y sé que Ariel estará también más tranquilo.

Ahora sí, a ser mamá se ha dicho.

05 julio, 2009

Junio triste

Realmente todo sucedió demasiado rápido, apenas me daba tiempo de asimilar una cosa cuando ya estaba sucediendo otra y ahora no puedo creer que todo esto me haya sucedido precisamente a mí.

El lunes 22 de junio en la noche comencé a sentir contracciones, algo bastante raro porque apenas contaba con 29.4 semanas de embarazo. Nos fuimos al hospital y la doctora que me atendió me dijo: no puede ser! tienes 2 cm de dilatación y no hay incubadoras disponibles. Ante esto le pregunté por mis opciones y al decirme que era posible detener el trabajo de parto decidí quedarme en el hospital. Efectivamente lograron detenerme las contracciones, me hicieron algunos análisis de laboratorio y todo salió de maravilla. Salí aún embarazada de ese hospital el jueves 25 en la tarde.

Ese mismo día en la noche las contracciones volvieron, y yo volví al hospital con la esperanza de que me las volvieran a detener. En la sala de observación mientras esperábamos que las contracciones se calmaran con el medicamento, se me rompió la fuente, rompí bolsas o como quiera que se diga. Me hicieron una cesárea de emergencia el viernes 26, apenas pude ver a mis pequeños, ambos con dificultades para respirar, uno más grave que otro.

No había incubadoras para mis niños, ni siquiera espacio, estaban recibiendo atención en el mismo quirófano y después en un pasillo. Ante esto mi esposo pidió un traslado pero en ninguno de los hospitales que cubría el seguro tenían espacio. Así que se los llevó a una clínica particular.

Yo salí del hospital el domingo 28 en la noche. El lunes en la mañana fui a ver a mis pequeños, uno estaba evolucionando de maravilla. El más pequeño, Ariel, tenía aún muchas complicaciones pero yo le hablé y le dije que le echara ganas, que pronto saldríamos de ahí. Los vi ese mismo día en la tarde.
Fui el martes 30 a verlos y Ariel estaba muy inestable, con muchos altibajos. Lo vi muy inquieto, tratando de quitarse los tubos de encima; traté de calmarlo, le dije que estaría bien. Ese mismo día en la tarde volví y no me dejaron entrar, había mucha gente antendiendo a mi pequeño, el doctor no llegaba y las enfermeras empezaban a gritarse entre sí. Yo estaba en el sillón de afuera diciéndome a mí misma que eso no estaba pasando; le exigí a Dios que me lo dejara, que sería la mejor madre del mundo. EL doctor llegó a hacer lo suyo mientras yo continué exigiendo la vida de mi hijo.
Así pasaron dos horas, a las 7 de la noche me llamaron, entré y el doctor con un poco de lástima y resignación me dijo: Señora, falleció el bebito, hicimos lo que pudimos. Toda mi vida se derrumbó en ese momento, me quería morir para no dejarlo ir solo. Entré sin dejar de llorar, acaricié a mi hijo. Una enfermera lo desconectó de todo lo que traía puesto para que yo pudiera abrazarlo, me lo entregó en los brazos y así lo tuve cerca de tres horas. Aún tengo la imagen de su cuerpecito pálido, maltratado de tantas agujas, tubos, tela adhesiva. Llegó mi esposo, juntos nos despedimos de él, con el alma hecha polvo y las mejillas empapadas le dimos la bendición y nos lo quitaron para arreglarlo.
A esa hora ya estaban afuera mis padres para arreglar lo necesario para el funeral; Ariel fue colocado en una cajita blanca y llevado a la funeraria. Cuando llegamos ya estaba gran parte de ambas familias y algunos amigos. Yo seguía exigiéndole a Dios que me entregara a mi hijo. El tiempo que estuvimos ahí fue mucha gente a dar sus condolencias, honestamente no lo esperaba porque nadie conocía a Ariel, de hecho algunas personas se enteraron que ya habían nacido para saber que uno de ellos ya se había marchado.
Fue duro ver cómo la tierra iba cubriendo la pequeña cajita blanca poco a poco, yo quería a mi hijo conmigo. Cuando todo acabó descansé y me dio remordimiento de conciencia porque Max seguía en el hospital y él también me necesitaba. Respecto a él me dijo el doctor: éste sí se lo entrego vivo. Max ha evolucionado muy bien, ya respira por su cuenta, voy a verlo todos los días pero estoy buscando la posibilidad de regresarlo al hospital donde nació porque donde está ahora no me da más que desoconfianza.
Durante el día soy una mujer repuesta, porque mi hija debe verme fuerte, yo creo, ya me vio llorar suficiente. El día es para la mujer que lo ha superado todo. En la noche, ya que todos duermen me derrumbo y vuelvo a llorar. De noche me vienen muchos sentimientos; de culpa porque pienso en todo lo que pude haber hecho para alargar mi embarazo, pienso en que debi haber ido a otro hospital, no sé cual pero cualquiera que no hubiera sido ese; me da coraje con todos los que atendieron a mi bebé porque estoy segura de que no hicieron todo lo que estaba en sus manos. Cuando alguien nuevo llega, el doctor presume de haber salvado a muchos niños prematuros y no puedo dejar de reprocharle que al mío lo dejó morir.
Sobre todo el sentimiento de vacío es el que me persigue. A mí me sigue haciendo falta Ariel, yo estaba embarazada de dos bebés, di a luz a dos bebés y debí haber salido de ese hospital con dos bebés. Sigo exigiéndole a Dios que me lo devuelva.
Busco una explicación a todo esto, yo sé que todo esto tiene un propósito, que algo tengo que aprender pero aún no sé qué es. La gente me dice que Dios sabe lo que hace pero eso no me basta, yo también quiero saber porqué no fui digna de quedarme con ambos gemelitos. Me dicen que algo mejor vendrá pero no sé cómo me daré cuenta si ahorita nada es lo suficientemente bueno. ¿Cómo seguir viviendo, cómo volver a disfrutar de las cosas de la vida?
Solamente cuando estoy con Angela o cuando voy al hospital a ver a Max es que logro olvidarme un poco de todo lo que me duele; el inmenso cariño de mi hija y los pequeños logros de mi bebé me hacen sentir que la vida sigue. Pero estar conmigo misma se ha vuelto tóxico.

29 mayo, 2009

Segunda ronda

Hace 6 años nació mi pequeña Angela, después por varias razones (una a la vez) postergamos los planes de tener otro bebé. Por fin nos aventamos, me quité el dispositivo intrauterino pero nada sucedía; dejamos de pensar en eso. Cuando menos lo imaginábamos, una noche de año nuevo compré una rpueba de embarazo que dio un resultado positivo. Nos llenamos de alegría.

Las sensaciones esta vez fueron diferentes, ya no me sentía ante lo desconocido y estaba convencida de que no volvería a cometer las mismas fallas (no tan graves) que con Angela, me sentía en tierra firme, en un puerto seguro, sin incertidumbres.

Hace un mes cumplí 6 meses de embarazo y tuve mi primer ultrasonido, yo iba decidida a preguntar por el sexo. Salí de ahí con alma de primeriza, pues me dieron la gran noticia de que son DOS VARONES. Sí, tendré gemelitos. No está de más decir que me desbordé de alegría, esparcí la noticia en cuanto pude.

Nuevamente me siento ante lo desconocido, con muchas espectativas y feliz. A Angela le divierte la idea, se ve que los amará. Mi esposo está feliz, con un poco de preocupación pero feliz. La vida nos dio una gran sorpresa, y a mi me encantan estos giros inesperados que da la vida.

Ahora me dedico a buscar información sobre embarazos múltiples y crianza de gemelos, así que si alguna de ustedes conoce una página de internet, blog, foro, le agradecería me pasara el link. Y si alguna de ustedes es madre de gemelos me encantaría establecer contacto.

28 enero, 2009

..._ _ _ ... _ _ _ (S.O.S)

COMO HAGO PARA ENTRETENER A UN NIÑO DE 7 AÑOS?


  • COLONIAS DE VACACIONES

  • SALIDAS

  • PARQUES

  • ACADEMIA DE NATACIÓN

  • BIBLIOTECAS

El aburrimiento que tienen los niños cuando terminan la vorágine de el año escolar es monstruoso. Despues de correr del cole a hacer algun deporte, idiomas, o lo que sea, viene una época donde no existen obligaciones de ninguna especie. Es en ese preciso instante en el que se convierten en tiranos demandantes.


Mas grave aún, es el caso de mi pobre Jeremias que es unico hijo, así que ni siquiera tiene hermanos con quienes jugar.


Lo que veo en Posadas, Misiones, que es donde nosotros vivimos, es que la oferta de actividades, salvo que una disponga de vehículo y de dinero (no es mi caso) es nula. Resulta imposible gastar casi cuatrocientos pesos en una colonia de vacaciones que lo lleva a las ocho de la mañana y lo trae a las cinco de la tarde durante diez dias hábiles. Me parece un robo.


Por otra parte, cada salida significa que que el niño vague a gusto y paladar para luego proceder a ingerir algun tipo de refrigerio.


Los parques tienen los juegos en una estado CASI calamitoso.


La mejor opción de todas es que Jeremias aprenda a nadar, asi por lo menos no conoce el pánico que tengo yo.


Con respecto a los libros, Jeremias se lee desde los diarios, pasando por atlas y libros de variada temática.


ALGUIEN TIENE ALGUNA OTRA IDEA???


30 octubre, 2008

Desfalco

Ana es una mujer de 35 años, tiene un hijo y una hija de 5 y 3 años respectivamente. Hace cuatro años estando ella embarazada y con el niño pequeño fue abandonada por su marido; suceso que tampoco le dolió mucho porque ¿a quién le dolería perder un marido desobligado, malencarado, nefasto y feo?
Ella recibió una llamada de parte de la Secretaría de Educación Pública. Consiguió una plaza o base de maestra por parte del gobierno estatal a 3 horas y media de donde vivían sus papás. Dejó a su hijo para hacer los trámites correspondientes, presentarse en su lugar de trabajo y tramitar su incapacidad por embarazo.
Regresó a su ciudad a esperar que concluyera su embarazo. Un mes de abril nació una niña a la que llamó Anabel. Cuando Anabel tenía dos meses de nacida, Ana tuvo que volver a su lugar de trabajo, así que se fue con un niño de años y medio y una bebita de dos meses a un lugar desconocido, donde no conocía a nadie, a empezar una vida nueva, a empezar desde cero.
Con el tiempo hizo nuevo amigos, los niños crecieron, todos ya se sentían a gusto en su casa, como si siempre hubieran vivido ahí. Cuando los niños tenían 3 y dos años hizo su aparición el que se había ausentado. Con la ilusión de volver a ser una familia fue aceptado y llegó ya con todo puesto y todas las comodidades a una casa ya completamente amueblada, con unos niños que ya dormían toda la noche y una esposa que ya percibía un sueldo.
Bien o mal duraron juntos dos años más, porque le dieron la buena noticia a Ana de que le podrían dar su cambio a su ciudad; podía conservar su trabajo y permanecer en la bella ciudad de Morelia, en la que había vivido antes de obtener su plaza.
Como su esposo ya tenía un empleo, Ana se adelantó a Morelia con los niños para empezar a ubicarse de nuevo. Estuvieron en casa de los papás de Ana, poco tiempo después llegó Omar (esposo) y solamente quedaba ir por todas sus pertenencias.
Antes de eso Omar sacó un crédito para una casa, se la entregaron, los papás de Ana ayudaron con el dinero que faltaba para tal casa. Entonces sí, a ir por los muebles; Ana consiguió prestada una camioneta y alguien que manejara. Ya cuando todo estaba dispuesto Omar se molestó sin razón aparente y se fue con todo y maletas prometiendo no volver.
Ana viajó sin su marido para ir por lo que le hacía falta y ¿cual fue la sorpresa? que ya no había pertenencias. La casa donde estuvieron ya estaba vacía. Investigó con los vecinos, quienes le dieron todos los detalles: todo había sido vendido. Y si digo que todo, es TODO: sala, refrigerador, estufa, recámara, aparatos, también las camas de los niños, sus juguetes y ropa.
Al volver a Morelia con las manos vacías Ana fue a la casa recién comprada por su marido y sus llaves no coincidían con la cerradura. Es decir: Omar dejó a sus hijos y a su esposa en la calle y prácticamente en calzones. Hasta el carro que les habían prestado los papás de Ana fue vendido y el dinero prestado para la casa prácticamente se fue a la basura. Y por si fuera poco también dejó a Ana con una deuda descomunal en el banco.
No entiendo en qué tipo de mente podría caber tan meticuloso y perverso plan. ¿Qué tipo de persona es la que se atreve a quitarles todo a sus hijos y dejarlos a la buena de Dios?
Creí que estas cosas solamente pasaban en películas pero sucedió más cerca de lo que había imaginado: Ana es mi hermana.
Al principio pensé en mandar golpear al sujeto aquel ya que tengo los contactos y las posibilidades, finalmente no lo hice; confío en que el tiempo, la vida, Dios ponga todo en su lugar algun día.

17 octubre, 2008

EL miedo

SOFIA HERRERA. 3 AÑOS
Desaparecida en Tierra del Fuego

No es un miedo más. Es un miedo tan intenso y tan profundo, tan absolutamente devastador, que apenas nos animamos a nombrarlo, aunque le demos a nuestros chicos todas las indicaciones necesarias para que nunca suceda. Es el miedo a que alguien se los lleve. El miedo a que desaparezcan. El miedo a buscarlos y no encontrarlos.
Es la madre de todos los miedos.

Es, tal vez, aún más angustiante que el miedo a que un hijo muera. Porque implica el no saber, la duda absoluta, la impotencia total.
Sofía Herrera desapareció hace diecinueve días en Tierra del Fuego, y estoy segura de que sus padres, al igual que yo, pensaron que a ellos nunca les podía pasar algo así.
Pero pasa.

Yo he perdido a mis hijos, por segundos o minutos, varias veces. El mayor se escapó siendo pequeño en un par de oportunidades y, para colmo, se escondió. El menor desapareció de mi vista una vez en el zoológico de Buenos Aires, colmado de gente. No lo voy a olvidar nunca. Deben haber pasado tres minutos entre que no lo ví y apareció. Tres minutos que sirvieron para que a mí se me desarmara el alma y volviera a recuperarla. Pero por una milésima de segundo, cada vez, pensé: ¿y si no lo encuentro? y la idea me parece tan inmensamente dolorosa que borro el pensamiento y me pongo a gritar su nombre.

¡Es tan fácil llevarse a un chico! Una mínima amenaza para que se calle, un pequeño engaño, y por más enseñanzas que les hemos ofrecido, un niño puede irse con cualquiera. Sin ir más lejos, en las peores épocas de rabietas del mayor, me sucedió de tener que llevarlo alzado mientras me pegaba y gritaba como un desposeído. Nunca nadie me paró para preguntar si ése era mi hijo, o dudó de la situación. Y yo he visto a cantidad de madres viviendo lo mismo, y nunca le avisé a alguien que tal niño parece incómodo con tal mujer y trata de zafarse. Nadie me haría caso.

Los consejos para que hechos así no sucedan los conocemos todos. Pero igual pasa.

Más allá de que mis hijos nunca están solos en lugares públicos (Sofía tampoco estaba sola), hay situaciones que yo no puedo controlar, y hay momentos en que soy una sola y ellos dos.

De pequeños, por ejemplo, nunca les puse ropa o gorros con sus nombres. Siempre me pareció simpático ver a los chicos con las remeras que dicen sus nombres, pero en algún lugar leí que era una forma rápida de que un secuestrador se acerque a ellos: llamándolos por su nombre. Diciéndoles que los conoce.
Nunca subí fotos de ellos y no doy sus nombres. Son "el mayor" y "el menor".
Cuando paseamos, trato de que se vistan (ahora ya eligen su ropa) con colores llamativos para encontrarlos fácilmente entre otros chicos. Y siempre hago un repaso mental de lo que llevan puesto, por si tengo que describirlos.
Por supuesto, siempre les dije que no hablaran con extraños, que no se fueran con extraños, que no aceptaran nada de extraños. Y que si se perdían, se quedara en el lugar porque yo los iba a encontrar. Que no aceptaran irse con el guardia del lugar o con la policía. Que dijeran que la madre los va a encontrar allí.
¿Pero cuánto valor tiene la palabra de un niño? ¿Quién le haría caso?

También me mentalizo para que, en caso de perderlos, actuar rápidamente y en forma inteligente (que es lo más difícil). Gritar su nombre, hacer escándalo, que todo el mundo se dé cuenta de que falta un niño, pedir que cierren las puertas si estamos en un supermercado o un shopping. Pero, ¿quién lo haría? La gente de seguridad primero intenta tranquilizarte, no creo que jamás aceptaran cerrar las puertas (¿y si después alguien les hace juicio por retención ilegal o abuso de poder?), y hasta que realmente creen que el chico se perdió, se pierden los segundos más valiosos.

No hay salida. Cuando sucede, sucede. No podemos encerrarnos en nuestras casas y no podemos privar a los chicos de correr un poco, de jugar, de ser independientes.

Desde este espacio, me sumo a la búsqueda de Sofía.

Y sigo pensando que a mí no me pasará, porque caso contrario, no podría vivir.

29 septiembre, 2008

No todo es lo que parece

A veces nuestros pequeños, con toda la inocencia del mundo suelen hacer comentarios que nos meten en problemas, y no porque lo hagan a propósito, simplemente dicen las cosas de manera tan simple que dan a imaginar más de lo debido a los adultos que los escuchan.

1. En una ocasión iba yo saliendo de la casa de mi madre y pasó un vecino (señor de aproximadamente 60 años) en una moto (en ese entonces le llamaban mucho la atención las motos a Angela):


Señor de la moto:
"Buenos días"

Yo:
"Buenos días"

Angela:
"¿Porqué te saludó ese señor mamá?"

Yo:
"Porque me conoce, es vecino de tu abuelita"

En la noche ya estábamos cenando los tres juntos: Angela, su papá y yo. Todo estaba silencioso cuando Angela dejo escapar el siguiente comentario a manera de presunción:


"Mi mamá tiene un amigo con moto"


Está de más explicar la mirada fulminante que me dirigió mi marido y la serie de explicaciones que tuve que dar.



2. En otra ocasión yo me encontraba haciendo cuentas con ayuda de una calculadora:


Angela:
“Mamá, ¿qué haces?”

Yo:
Sumando

Angela:
“Yo también quiero”

Le di la calculadora en cuanto la desocupé y se puso a “sumar”
Tiempo después estábamos en casa de mi madre, casualmente también estaba haciendo cuentas con ayuda de una calculadora.

Angela:
“Abuelita, quiero fumar”

Abuela:
(sorprendida y molesta)
“¿Qué es lo que quieres?”

Angela:
“Fumar como mi mamá”

Abuela:
“¿Tu mamá fuma enfrente de ti?”

Angela:
“Sí, en la casa”

Mi madre me dirigió una mirada asesina, estaba a punto de regañarme cuando Angela intervino:

Angela:
“¿Entonces sí me prestas tu calculadora abue? Para hacer cuentas y fumar como mi mami y como tú”

Con eso se alcaró todo el mal entendido pero el susto nadie nos lo quita.


3. (y más reciente) Ahora que entré a trabajar me salgo de la casa a las 6:20 de la mañana, a esa hora aún no amanece. Desde hace poco Angela se levanta casi a la hora que me voy y me alcanzo a despedir de ella. Una vez me preguntó que porqué me voy de noche a trabajar, yo le aclaré que no es de noche, sino de madrugada y que cuando yo me iba faltaba poco para que el sol saliera.
Estábamos, nuevamente, de visita con la abuela.

Angela:
“Abuelita, yo ya me levanto temprano”

Abuela:
“¿Sí nena? Qué bueno”

Angela:
“Sí abuelita, me levanto cuando todavía es de noche y mi mamá se va”

Esta vez no hubo mal entendido pero le sacó la risa a la abuela, por la cantidad de interpretaciones que se le puede dar a lo que mi Angela dice.

¿Se dan cuenta de que estas cosas solamente suceden cuando estamos con mi madre o mi marido? Eso de que no lo hacen a propósito empiezo a dudarlo.

31 agosto, 2008

Intuición infantil

Muchas mujeres hacemos alarde de nuestra intuición femenina; un tercer ojo que ve detrás de las paredes, dentro de cada cráneo y dentro del corazón más hermético. He escuchado decir que "una madre todo lo sabe", y lo creo. Sabemos cuando nuestros hijos están tristes, cuando están particularmente contentos, cuando tienen miedo.

Seguramente nunca hemos tomado en cuenta que la intuición de nuestros hijos, su observación es a veces más meticulosa que la nuestra. Tal vez ellos sepan más que nosotros sobre lo que nos rodea.

Cuando mi hija tenía aproximadamente un año, ya dormía a pierna suelta; se dormía temprano, dormía toda la noche, nada podía despertarla. Vivíamos los tres en un cuartito improvisado en la azotea de la casa de mis suegros, atravezábamos por algunos problemas económicos. Cierto día ya no pude aguantar las ganas de llorar, después de dormir a Angela dejé salir las lágrimas, en silencio para no hacer ruido. Repentina y extrañamente Angela despertó y lloró junto conmigo. Simplemente no encuentro explicación alguna.

Hace un año, 5 meses y 17 días que el padre de mi hija y yo estamos separados. Mientras resolvíamos si separarnos o no, le ofrecieron un puesto mejor en la empresa donde trabaja, sólo que ese puesto estaba en otra ciudad a 3 horas y media de aquí. La situación entre nosotros provocó que él no vacilara en aceptar el puesto.

Me costó aprender a estar conmigo misma y con mi hija pero finalmente lo logré, incluso empecé a disfrutarlo infinitamente. La distancia nos ayudó a extrañarnos y recordar cuánto nos queremos; sin embargo ni la distancia ni el tiempo han hecho que yo me sienta segura de querer vivir nuevamente con él. Aún así, lo intentaré.

Hoy regresa, y me da la impresión que no regresa el mismo que se fue. Acordamos no decirle a Angela para que sea sorpresa. Pero mientras yo estoy muerta de miedo y de incertidumbre por lo que pasará, por lo que no pasará, Angela está particularmente contenta y no puede dormir, como si supiera que hoy a la media noche llega su padre, y que llega para quedarse.

No dudo que en el fondo sepa.

Escribo este post en vivo, mientras lo esperamos; las lágrimas me hacen ver borroso lo que escribo y Angela está distraida con la televisión, pero no dudo que que se haya dado cuenta de que estoy llorando y no me dice nada para no desconcertarme.

Hoy mientras estemos durmiendo (si es que logramos dormir) llegará Él. Cuando despertemos ya nada será igual a hoy, ni siquiera igual que antes de que se fuera. Y Angela... ella lo sabe.

25 agosto, 2008

Madre vs. Maestra

"Yo no tengo una personalidad;
yo soy un cocktail, un conglomerado,
una manifestación de personalidades".
Oliverio Girondo


Nadie dijo que ser madre es fácil; tratar de organizarnos es un maratón porque la vida transcurre mientras tratamos de organizarla, no se diga las angustias, preocupaciones y demás. El amor de madre hace de esta labor algo totalmente satisfactorio.

La experiencia facilita la docencia, por eso para mí dar clases ahora es igual que practicar un deporte extremo. He dado clases anteriormente, a chicos de entre 19 y 20 años pero no es lo mismo tratar con adolescentes y en eso soy primeriza (llevo exactamente una semana), sin embargo he ido tomando el ritmo para que poco a poco se vuelva parte de mi vida.

Ser madre y maestra es complicado en un principio, con un poco de organización ambas actividades salen adelante; ayuda el hecho de que cada una tiene su espacio: se es madre en todos lados excepto en el aula y se es docente solamente en el aula, en teoría.

Tomemos dos rompecabezas de 1000 piezas cada uno, revolvamos todas y cada una de las 2000 piezas; tratar de separar los rompecabezas es lo mismo que tratar de ser exclusivamente madre con los hijos y exclusivamente docente en el aula. Lo realmente titánico no es ser, sino intentar no ser.

La maestra y la madre conviven en la misma persona y ello provoca que a veces, al menos yo, me comporte insoncsientemente como madre protectora cuando debería ser una autoridad firme con un toque de indiferencia; o que en ocasiones cuando trato de alcarar una duda de mi hija lo haga con el tono de voz y matices propios de alguien cuyo oficio es impartir conocimientos académicos. Me siento como el Gollum de "El Señor de los Anillos".

Tal vez no haya forma de separar totalmente a la madre de la maestra. He llegado a pensar: ¿será porque ambas tienen en común más de lo que había imaginado?

13 agosto, 2008

LOGOGENIA.BLOGSPOT

Conocí a Patricia Salas. Descubrí la logogenia. Viajé a Salta. Comencé el diplomado. Viajé otra vez a Salta. Seguí estudiando. Me convertí en diplomada en logogenia. Tuve mi primera alumna. Trabajo en una escuela. Doy charlas. Recibo consultas. Oriento. El año que viene estaré dictando el diplomado bajo el mando de Salas. Y todo eso ahora será parte de...

21 julio, 2008


La bruja azul.

Muchas veces al volver del supermercado con Maju tomábamos por Arenal Grande hasta Chaná zigzagueando el barrio hasta llegar a casa. En el camino, más precisamente sobre los últimos cincuenta metros de esa calle había una casa que como todas, carecía de jardín y que tenía la ventana siempre abierta, a cualquier hora y sin importar el clima. A través de esa ventana se podía observar una pieza lúgubre, de paredes con una pintura indescifrable por el tiempo y el avance sin obstáculos de una humedad poderosa. En el centro de la habitación había una mesa de comedor de estilo francés sin sillas alrededor. La mesa estaba forrada con un nylon grueso, azul eléctrico, sujetado por tachuelas cabezonas dispuestas muy desordenadamente. Atrás de ella y contra la pared, un ropero del mismo estilo también lucía totalmente cubierto con el mismo nylon y con el mismo descuido en las tachuelas. Además de estos dos muebles, de otra de las paredes colgaba un cuadro oval, forrado y claveteado exactamente igual a la mesa y al ropero.

La ventana tenía cuatro hojas de madera pintadas de azul eléctrico y con grandes vidrios. Dos de esas hojas eran fijas y las otras siempre estaban abiertas bajo la persiana que asomaba apenas, dejando ver su espléndido azul eléctrico.

La mayoría de las veces, tras las rejas había una anciana flaca, alta y de largos dedos y cabellos despeinados, blanquísimos. Se apoyaba en la reja sacando los antebrazos hacia fuera por los rectángulos planos de la reja con diseño, y miraba la gente pasar y escribía, en una cuadernola ajadísima, con lapicera azul y a gran velocidad.

Cuando Maju y yo aparecíamos en la esquina ella nos clavaba su mirada concentrada y fija sin quitárnosla de encima hasta que estábamos a pocos metros de pasar frente a su ventana. Entonces bajaba decidida la mirada hacia su cuadernola y escribía frenéticamente.
Casi siempre, después de ir ya de espaldas a ella, inquietos por la curiosidad nos dábamos vuelta para ver que estaba haciendo, entonces nos encontrábamos otra vez con su mirada fija en nosotros, la que volvía a bajar en un tic para concentrarse en la escritura.

Vale decir que todo vecino, vendedor, ciclista, perro o lo que fuera era abordado por ella de la misma manera y, que Maju y yo éramos apenas una figurita más de su álbum infinito.

Muchos años me picó (y aún me pica) no poder leer lo que escribía aquella mujer flaca y misteriosa.

Ayer, después de muchos años, pasé de nuevo frente a la casa de “La bruja azul” -como le decía Maju- y pude ver los inequívocos signos del paso del tiempo sobre la persiana definitivamente cerrada, y sobre ella un grafiti que decía: ¿continuará?

09 julio, 2008

Limites

Vivo preocupada por el tema de los límites. Tengo un Jeremias de 7 años, que a fuerza de ser único, y otras virtudes hay veces que va en vía de convertirse en un tirano.
Más me preocupa aún, habiendo visto en los medios de todo el país, como una docente es sometida a la burla y el escarnio por parte de sus "alumnos".
Tambien diría que su vida estaba en peligro, pero no va a faltar quien me trate de exagerada.
La primera reacción fue repartir culpas. Pero nadie ni siquiera hizo un amague de repartir responsabilidades.
Un niño pasa cuatro o cinco horas en la escuela. El resto del tiempo lo pasa en su casa, repartiendo su tiempo entre su familia y su grupo de pares.
En la escuela se imparte educación. Conocimiento de carácter científico, sistemático. En la escuela SE EDUCA.
En el seno de la familia, es donde el niño SE FORMA. Dentro de la familia, es donde el niño adquiere valores éticos, morales, donde se adquiere cabal idea de lo que está BIEN y está MAL.
Entonces, a quien le cabe la responsabilidad por los actos cometidos por esos alumnos?
Por otra parte, la escuela y el docente han perdido su autoridad, a fuerza de ser denunciados por los padres de ESA clase de adolescentes.
Hoy vemos una docente que sin inmutarse permite que un alumno haga todo tipo de payasadas, y vemos a otra docente a la que le ponen un preservativo en la cabeza y le prenden fuego a SU CABELLO.
Ninguna de las dos hizo nada.
Estan indefensas.
No se defienden ellas mismas, no las defienden sus directivos, no las defiende el sistema escolar, y la sociedad permanece inmutable.
ES UN ASCO.

05 julio, 2008

La guardería del terror

Hace aproximadamente dos años fui testigo de un acto indignante, inconcebible, inhumano. Lo doy a conocer porque es una situación que estoy segura no solamente existe donde yo lo vi, y también porque no pensé que pudiera ponerse peor.

Para comenzar trataré de describir el espacio. El patio trasero de la casa de mi madre colinda perpendicularmente con el patio trasero de una casa adaptada como guardería (estancia infantil, sala). En la casa de mi madre se escucha perfectamente lo que sucede en el patio y algunas veces lo que sucede dentro de las instalaciones. La ventana de una habitación en casa de mi madre da al patio trasero, por lo que ofrece una vista parcial del patio de la guardería.


Desde que comenzó a funcionar este espacio escuchábamos regaños que sólo pueden venir de una persona que no tiene la mínima idea de cómo tratar niños; escuchábamos llantos fuertes, constantes y algunos interminables. Los regaños poco pedagógicos provenían de la directora del establecimiento y encargada de cuidar a los niños: "¡cálllate, nadie quiere a los niños llorones!", "si sigues tu mamá no va a venir nunca por ti", "no entiendes, estás tonto".

En una ocasión me encontraba editando algunos videos de mi cámara. Comencé a escuchar lo que ya se había vuelto rutina, sólo que esta vez me encontraba cerca de la ventana y no pude resistir la curiosidad de asomarme y ver lo que sucedía del otro lado de la barda. Enseguida tomé mi cámara de video y ésta fue la escena que pude grabar:

En el patio se encontraban un par de maestras; una grande de edad, directora del plantel y madre de la maestra que la acompañaba. Ambas estaban "enseñando" a caminar a un niño; él caminaba sostenido de un aro que jalaba lentamente una de las mujeres. Yo le calculé al niño aproximadamente un año de edad porque a esa edad lo importante son los pasos. Él se cansó y comenzaba a dejarse caer sentado y ahí comenzó la furia de las bestias que estaban con él.

Primero una, lo levantaba violentamente de un bracito mientras le gritaba: "¡levántate!", esto en repetidas ocasiones. Después lo levantaban del cabello para que siguiera caminando. Finalmente fue el llanto lo que empezó a molestarles y se unieron en contra de un ser que no es capaz de defenderse: una lo hacía caminar mientras la otra le tapaba la boca y no conformes con eso varias veces le propinaron unas nalgadas y cachetadas con una fuerza que no debería usarse con un niño. Posteriormente entraron en la casa y perdí todo de vista.

Señoras, me paralicé, no supe qué hacer; lloré indignada y me quedé frente a la ventana un largo rato sin poder creer lo que acababan de ver mis ojos. Llegó la hora de irme a la escuela y allá le platiqué lo sucedido a una de mis compañeras, el hecho no tardó en difundirse por toda la escuela. Al atardecer se comunicó conmigo un buen periodista y amigo mío; estaba interesado en el video y me dijo que él se encargaría de todo.

Al poco rato nos visitaron un grupo de periodistas que se llevaron el video no sin antes entrevistar a todos los vecinos. Yo esperaba la nota al siguiente día, pero no, me pidieron estar al pendiente por si sucedía algo parecido para tener más videos; lo que les interesaba era la nota. Al cabo de una semana las imágenes ya habían sido divulgadas por los medios de comunicación de la ciudad. Fue entrevistada la directora del plantel, también los padres del niño maltratado. La nota fue complementada por la opinión y orientación del director del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación y fue ahí donde supe que el pequeño alumno contaba con dos años de edad, tenía atrofia cerebral y no podía escuchar de un oído; está de más decir que se multiplicó mi indignación.

Los padres estaban dispuestos a demandar, yo serviría de testigo; pero sucedió algo curioso antes: yo no conocía personalmente a los padres, mi contacto con ellos fue por medio de un periodista y estaba por confirmarse una cita con ellos. Me contactó una persona para decirme que me abstuviera de declarar, a manera de amenaza me sugirió no meterme en problemas. El periodista que servía de intermediario entre los padres del niño y yo, desapareció y en ningún medio de comunicación quisieron darme datos.

Por casualidad la señora pudo ponerse en contacto conmigo, fui al Ministerio Público a declarar como testigo y después de eso no supe más de esa familia ni de la evolución de la demanda.

No vi ningun resultado, la escuelita continúa ofreciendo sus servicios con el mismo personal. He sido testigo de situaciones similares y peores. En el fondo del patio hay un cuartito diminuto donde encierran a los niños a manera de castigo, continúan las reprimendas y no dudo que también los golpes.

Ahí no termina todo, pero antes de seguir necesito explicar algunos puntos. Desde hace algunos años la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) da apoyo económico a estancias infantiles y otorga becas a familias de bajos recursos para que los niños menores de 4 años acudan a las estancias que se encuentran afiliadas mientras los padres trabajan .

Con esto se benefician todas las partes: SEDESOL puede brindar el apoyo a guarderías sin tener que administrarlas. Las guarderías cuentan con el subsidio económico sufiente para mantener calidad en el servicio y además cuentan con prestigio ya que el organismo gubernamental promueve seguridad y confianza en sus estancias. No se diga los padres, que tienen dónde dejar a sus hijos mientras trabajan, tienen la garantía de que estarán bien atendidos y pagan una cuota mínima mensual que representa el 5% de lo que pagarían en otro lado.

La guardería del terror llamada "Mundo Pequeñito" hace algunos meses obtuvo el apoyo de SEDESOL con todos los beneficios: apoyo económico, prestigio y más niños. A grandes rasgos cumplieron con todos los requisitos señalados, porque no existe uno que diga: no maltratar a los niños. Tiene todo para afiliarse y parece que toda la evidencia de los medios de comunicacion no sirvió de nada. Ahora los padres, confiados en la seguridad que brinda SEDESOL dejarán a sus hijos con el lobo.

¿Qué hacer? ¿Denunciar? No sirve de nada. ¿Difundirlo? Tampoco. Opté por esperar a los padres en la esquina de la guardería y mostrarles el video. Algunos niños afortunadamente dejaron de ir, algunas madres respondieron: "es que no tengo dónde más dejar a mi hijo".

A nosotros como padres ¿qué nos queda? Nos queda darnos a la tarea de observar a nuestros hijos y confiar en lo que ellos nos dicen con palabras o sin ellas. Nos queda esperar que los padres que tienen a sus hijos en esa estancia se den cuenta del lugar tan inseguro que es, antes de que los niños sean víctimas de personas que distan mucho de llamarse seres humanos.

18 junio, 2008

Instinto animal... digo, maternal.

Desde que comprobé mi embarazo con una prueba de laboratorio, me dediqué a leer todo lo relacionado con la maternidad. Cada libro, enciclopedia, revista que pasó por mis manos fue leído cuidadosamente. Sé con seguridad que no soy la única en tratar de realizar una licenciatura autodidacta en Maternidad.

Ya que me encontré con Angela enfrente haciendo gala de sus pulmones con tremendo llanto, todo el material leído, consultado y clasificado no era más que papel con tinta, basura, espacio desperdiciado. Con decir que en sus primeras 48 horas de vida, mi niña solamente tomó tres alimentos (y eso porque una enfermera me hizo favor de llevarle leche de fórmula); todo porque yo no sabía que no me estaba saliendo leche, sólo Angela se había dado cuenta pero no tenía forma de hacérmelo saber más que llorando, lo cual es como hablarle a la pared tratándose de una madre primeriza de 19 años. ¿Y todo lo que leí sobre lactancia? Apilado a un lado de mi escritorio.

El pediatra de mi hija me dio un consejo que nadie más me habría dado, no lo hubiera esperado ni siquiera de él, una persona cuyo instrumento de trabajo es la ciencia. "Tu instinto maternal te dirá qué hacer, confía en él. Ese instinto jamás te dejaría hacerle daño a tu bebé".

Nada más cierto. En un momento de llanto inexplicable lo último que viene a la mente son las revistas, y por si fuera poco nos volvemos sordas a los útiles consejos de las abuelas. Mientras el bebé llora sólo podemos abrazarlo, pasearlo, revisarle el pañal, revisarle la ropa, tal vez llorar con él o tratar de amamantarlo... hasta dar con la solución.

Esa es la forma como yo aprendí a ser madre de un bebé. Ahora soy madre de una niña y después seré madre de una adolescente, un adulto; no sé si el proceso de aprendizaje será igual pero por si las dudas además de confiar en mi instinto continúo leyendo libros, enciclopedias y revistas.

11 junio, 2008

Cuatro meses

La felicidad, para el que no sabe ser feliz, tiene la intensidad de un café cargado, la brevedad de un bombón de fruta, la dulzura untuosa del chocolate. Para ser feliz hace falta un talento especial –una habilidad- que no todos tuvimos la suerte de aprender sin darnos cuenta. Y para quienes seguimos intentando, la felicidad implica el esfuerzo por desarrollar la voluntad de deshacer en la humedad de la boca el significado de los gestos y las palabras (el banquete siempre es preparado por otro), absorber con el cuerpo lo esencial y el nutriente, deshacerse de su forma irrelevante. La felicidad, para el que no sabe ser feliz, es una efímera experiencia comestible y quizás por eso, cuando aparece, se presente acompañada de sabores añorados y gratificantes.
Defecto o virtud, lo cierto es al entrar en aquel departamento me sentí tomada casi de inmediato por la luminosidad del ambiente. Últimamente, esa habitación es una caja de Pandora. No puedo anticipar lo que habré de encontrar allí. Y esta vez, no me saqué el abrigo sino la tristeza entera. No éramos muchos, y si bien hablé con todos y cada uno, no los recuerdo; embriagada como estaba por las burbujas de una gaseosa. La felicidad es una intensa experiencia de unidad, Julieta cumplió cuatro meses, y todos allí lo celebramos. Les hablé de mi nueva condición de abuela, del reencuentro entre mis hijas, de mi alegría recién estrenada. Pregunté, comenté. Me reí ante todo. Mucho y sin sentido, mientras me percataba de que lo más gratificante de la felicidad para los que no fuimos felices, es que los buenos recuerdos están siempre adelante y en el contraste, es posible captar el instante exacto en el que se están haciendo.

05 junio, 2008

Verde agua

Mayo anticipó toda la crudeza del invierno en unos pocos días, durante los cuales Julia y Lucía aprovecharon para prender la estufa al máximo, preparar chocolate con leche y tomar la casa como si fueran niñas. Me gusta escucharlas deshacer los años en infinidad de anécdotas que desconozco, eligiendo cuidadosas las piezas del pasado que les cuenta una historia compartida. Me gusta ser testigo del ritual con el que recrean el lazo maltrecho por la distancia. Se toman de la mano, se miran y ese parece ser el modo que encuentran de retornar a la ilusión que de tanto desear se convirtió en recuerdo. Mientras ellas se acomodan para ver una película, yo las observo sentada en mi sillón, ansiosa por adentrarme nuevamente en la novela que tengo entre manos desde anoche. “Verde agua”. Así se llama. Una novela íntima. Tan precisa que a poco de comenzar me hiere, impecable.

“Pienso en mi madre cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Las raíces de mi fuerza y de mi capacidad de no rendirme frente a las dificultades se hunden en su amor. La soledad, siempre al acecho incluso en una vida llena de afecto y que hace tres años me develó su rostro de Medusa, encuentra aún en ella su consuelo y su superación. Su amor total y definitivo por mi hermana y por mí es lo más puro e incorruptible que la vida me ha dado”

Pasaron las dos horas de película pero yo continúo exactamente en el mismo lugar. Y una vez más, releo. Sólo un atisbo de concentración y memorizo sin esfuerzo cada palabra de esta insospechada revelación tardía. La descripción exacta del recuerdo que me hubiera gustado ser en mis hijas, guardada en un libro que recién ahora comienzo a leer. No sé cuánto me distancio de ella. No puedo evaluarlo, aunque la sospecha que me detiene a preguntar comienza a hablar por si misma.

02 junio, 2008

LOGOGENIA

Me inicio en el ejercicio de la logogenia, un método de desarrollo de la competencia lingüística para niños sordos, que estudié en Salta con la primera logogenista argentina, Dra. Patricia Salas.
La logogenia fue creada por la lingüista Bruna Radelli, utilizando como base la gramática generativa de Chomsky, y se practica desde hace aproximadamente diez años en varios países de Sudamérica, España, Portugal e Italia.

Un niño oyente vive dos años inmerso en su lengua antes de comenzar a hablarla. Y luego, y sin que nadie se lo haya enseñado, nos asombra con construcciones lingüísticas que nunca hemos pronunciado a su lado. Ha adquirido su lengua. Los niños sordos no siempre logran desarrollar esta capacidad biológica. La logogenia busca sustituir el estímulo oral por el estímulo visual, lo hablado por lo escrito, para exponer al niño a la lengua.
La logogenia no es un método de enseñanza.
No es un método de lectura.
No es un método de comunicación.
No importa si el niño se comunica en forma oral o por lengua de signos.
Lo que importa es que los niños sordos no logran alcanzar niveles adecuados de comprensión lectora. No entienden lo que leen (los libros de texto, las consignas escolares, el diario, un cuento, Internet), y por ello, no leen . A medida que crecen, esta situación produce fracaso académico, laboral, y la imposibilidad de continuar aprendiendo.

Los logogenistas trabajamos atendiendo a un alumno por vez, varias veces a la semana. Nuestra herramienta es el "par mínimo", oraciones que ponen de manifiesto un contraste gramatical.
Por ejemplo:
Dame un lápiz.
Dame ese lápiz.
Dame los lápices.
Dame muchos lápices.
"Para comprender la diferencia entre estas oraciones no es suficiente conocer el significado de las palabras que las componene, sino es necesario ver también la información sintáctica que contienen. Esta es la información no lexical que es transmitida por medio de la estructura de la oración misma". (Bruna Radelli).

Pues bien, seré la primera logogenista de Buenos Aires, lo cual implica dar a conocer una práctica o terapia nueva. Con gusto responderé a cualquier consulta que quieran hacerme.
Si conocen a algún niño que pueda beneficiarse con la logogenia, pueden enviarle mi mails a sus padres.
Si alguien desea estudiar logogenia, junto a la Dra. Salas (ambas poseemos el extraño honor de ser las únicas logogenistas hipoacúsicas) estamos planeando la posibilidad de dictar el diplomado en la ciudad de Buenos Aires el próximo año.

Verónica Sukaczer
verosuk68@yahoo.com.ar

27 mayo, 2008

Avances de mi maternidad temporal

Omití ciertos detalles que me parecieron irrelevantes, pero ahora que empiezan a tomar importancia, los expongo:
  • Mi casa está en una de las orillas de la ciudad, aproximadamente a 20 km del letrero que desea feliz viaje.
  • Por cuestiones prácticas me vine a casa de mi madre, lo que se supone haría más fácil la labor porque queda más cerca de todo.
  • En casa de mi madre viven 4 adultos (madre, padre, tía, hermana) que a veces dan más problemas que los niños.

Desde que empezó esta odisea, cada adulto se fue deslindando de responsabilidades. El motivo: "Gaby ahorita no está trabajando, no hace nada y está todo el día en la casa". Como si hacer la tesis para obtener el grado de licenciatura fuera una pachanga. Aún así mi naturaleza solitaria agradeció la ausencia de mis cohabitantes.

Mi madre cesó de dejarme la comida semipreparada y dejó de ayudar con los platos. A mi padre hay que cuidarlo del azúcar porque solo no puede, es como un niño de 60 años. Mi tía es como una adolescente que sólo llega a dormir, siempre lo ha sido. Mi hermana ya no deja ropa para sus hijos, debo buscar hasta debajo de la cama y encontrar un par de calcetines es toda una misión. Todos llegan a la casa y cada quien a su cuarto, por lo que cuando tengo un relevo, lo tengo a las 6 de la tarde.

Eso no es problema para mí, puedo hacer todo mientras nadie me moleste. Lo difícil es tener a los adultos cada vez más presentes. Hacen reclamos sobre la comida, la limpieza, el cuidado de los niños. Se comprende que teniendo niños es imposible mantener la casa limpia todo el día, además son NIÑOS y mientras lo sean harán travesuras; y mientras yo sea adulto seguiré regañándolos aunque no quiera, al menos para que sepan que estuvo mal.

Hace cuatro días mi padre les dio chocolates; me aceptaron al comida hasta las 5 de la tarde. Me hicieron travesuras en la cocina y los saqué para poder limpiar y servirles otra cosa pero hicieron otra diablura y otra. Dieron las 6 de la tarde y ellos sin comer.

Los adultos salieron de sus cuevas y lo primero que pensaron fue que por las travesuras yo los había castigado sin comer. Me regañaron cual niña enfrente de todos: "eso está mal, así no se castiga a un niño, con comida nunca", "porqué no le diste una limpiadita aquí" "hay muchos trastes" "¡Qué desastre!" Me bombardearon y no me dieron oportunidad de decir una sola palabra a mi favor. Cuando pude salí corriendo.

Deserté. Desaparecí dos días con mi hija para tranquilizarme, al volver me encontré con la ofensa más grande que me hayan hecho: mi hermana se acercó, me colocó un billete en la mano y me dijo "ten, para que ya te calmes". Hay cosas que no pueden pagarse con dinero y es una gran tontería tratar de hacerlo. Sin aceptar el dinero me quedé (sí, soy dócil) y todo había cambiado: los adultos comenzaron a cooperar con un poco de ayuda pero bien reza el dicho "mucho ayuda el que no estorba". Lo cierto es que el clima no dejó de ser incómodo después del incidente.

Ahora mi hija me ha pedido con lágrimas en los ojos que volvamos a nuestra casa que, aunque lejos de todo y reducida en espacio, es nuestro mundo. Tres personas que quiero me necesitan: mi hermana, mi hija (desatendida en las últimas semanas) y yo. Tomé la decisión de seguir en casa de mi madre hasta que comience el verano, junto con la primavera salgo por cuarta vez de este lugar.

Comencé con mucha voluntad la tarea de hacerme cargo de dos niños más, pero no contaba con los adultos. Necesito empezar a buscar razones para no sentirlo como una derrota, como un fracaso, una falla. Y sólo espero que nadie se sienta ofendido por mi partida.