23 marzo, 2008

Carta para Leticia

“(…) no se si voy a poder quererlo si no lo tuve en la panza… si no es parecido a ninguno de los dos, si sé que no es nuestro (…)”

Esta carta tiene 15 años. Fue mi reacción a las dudas de Leticia, mi gran amiga de entonces. La escribí a lo largo de una madrugada, no tanto para mi destinataria sino para entender por qué sus palabras me habían desvelado. Finalmente se dejó ver, ajena a los primeros esbozos, los tachones y las hojas alborotadas. No me fue difícil reconocer cuáles de las palabras de Leticia les dieron luz a las mias, pero me resultó sorprendente descubrir el tiempo que me llevo entender –casi un año después de empezar a discutir sobre los desafíos y los riesgos de la adopción – el puente que, más allá de la distancia que nunca intenté negar entre el hijo biológico y el adoptado; unen a uno y otro, y en algún punto constitutivo, los igualan.

Transcribo algunos fragmentos,

(…) Todos los cachorros humanos nacemos con la necesidad urgente de ser salvados. Salvados del principio de eficacia que nos escupe desamparados y se desentiende. Todos y cada uno de nosotros necesitamos una voz suave que al nombrarnos nos rescate de la masa indiferenciada, para hacernos unos (no otros) y dejar atrás la nada. Unos besos muchos y por sobre todas las cosas, constantes -leche tibia y una canción de cuna- para producir la alquimia inmemorial de transformar al manojo de vida en un hijo. Un sutil y decisivo pliegue del nacimiento, eclipsado tal vez por su grotesca, agotadora y dolorosa expresión física. El gesto inaugural del amor para recuperar la simbiosis ilusioria que acaba de romper el cuerpo. Un inicio después del inicio; intenso, desbordante, contenido, gradual –siempre amoroso-, o un inicio truncado (vivir puede parecerse tanto a bordear eternamente un abismo). Sucede en la inmediatez del primer contacto (es verdad, la naturaleza deja en la parturienta como al pasar –casi con desprecio- las hormonas y sus efectos como buenos augurios al recién nacido; pero definitivamente no es cierto que esto alcance, y por el contrario, hay veces que logra el efecto inverso) o sucede después –una mirada que no puede enfocar, el olor aparentemente imposible de la tibieza en la piel de un recién nacido, o quizás sea necesario un esfuerzo mayor y sean las palabras –no muchas: “ma-má”- las que franqueen la primer puerta al paraíso. A veces, sucede; pero tan débil que se disuelve como la sal en las primeras o tardías lágrimas de desencanto. Y a veces (muchas son las veces) simplemente, no sucede (vivir puede parecerse tanto a la búsqueda eterna de un abrazo imposible).
(…) querida Leti: ahora intento decirlo en pocas palabras, sin miedo a exagerar ni ánimos de reducir la complejidad de tu preocupación con mi retórica: tengo la certeza de que; como marca indeleble, reflexiva o naturalizada; todos los hijos son adoptados. Dale, animate a adoptar el tuyo. (…)

16 marzo, 2008

El aleteo de una mariposa

Soy supersticiosa, fóbica y a mi cotidianeidad la sostengo a fuerza de rituales. Me despierto cada día a la misma hora (sin despertador). Me levanto con el mismo pie (el derecho, obviamente). Voy al baño, me lavo los dientes (cambio el cepillo rigurosamente cada tres meses, misma marca, mismo color) Descorro las cortinas de la cocina, pongo comida en el plato de la gata y preparo el desayuno. Desde hace años –y a lo largo de todo el día- respeto invariablemente una secuencia de pequeños actos aprendidos y de tan repetidos automáticos. Varía con el tiempo para adecuarme a las prioridades esenciales de cada etapa, sólo sustituyo una por otra para ajustar su estructura y funcionalidad a las convivencias. Una fuente de motivaciones que en sus descargas contundentes son capaces de neutralizar el desequilibrio provocado por las pequeñas sorpresas e imprevistos cotidianos; conformando al entrelazarse, un universo cerrado de sabores, sonidos, olores y sensaciones particulares. Ayer, sin ir más lejos, desde el dormitorio y a breves instantes de haberme despertado agendé mentalmente llamar al service de la heladera porque la variación en el sonido del motor había emergido disonante del ronroneo inaudible de la cotidianeidad. En mi orden cuidadosamente ensamblado soy fuerte. Invencible.
Sin embargo, hay veces que la repetición constante fracasa en revertir el auténtico núcleo de mi caos –sin más: la suma de mis errores - y por el contrario se transforma en una prisión asfixiante, en una nueva demanda para hacer frente. En esos momentos, ansío desesperadamente que suceda aquello de lo que suelo huir. Un insignificante gesto del destino que redireccione mi atención hacia otro sitio. Una intromisión mínima. El aleteo de una mariposa en algún remoto lugar de mi universo.
Aquella mañana era uno de esos momentos.
La alarma de la jarra eléctrica se superpuso con el teléfono, una coincidencia doméstica que aunque nimia interpreté como el anticipo de un instante mágico. No me equivoqué. Era Lucía. Si bien nos habíamos visto varias veces después del nacimiento de Julieta, era la primera vez que ella llamaba desde nuestra última discusión.
-Hola… soy yo.
-¡Hola Lú! – fue mi saludo esperanzado. No obtuve respuesta. -¡Qué lindo que llamaste! ¿Cómo está July? La extraño mucho ¿sabés? –sobreactué una alegría cierta, verborrágica, como siempre que un silencio se interpone y me incomoda.
Lucía, repentinamente, interrumpió mi monólogo.
-Mamá… estoy muy cansada. Hace seis horas que esta llorando sin parar. No doy más.
Su voz era un murmullo, las palabras se articulaban lentas y caían al vacío en las últimas silabas. En contraste, el enojo. O para ser más precisa: esa furia desatada cuando el enojo es indiferente a las consecuencias. La naturaleza embravecida, desbordante, en el llanto de Julieta que –yo intuía- había roto el hechizo. Lucía ciertamente estaba del otro lado del paraíso, en el pantano brumoso donde la maternidad pierde su brillo y se vuelve oscura, densa, viscosa.
Yo no sabía si Lucía estaba llorando, pero sabía que estaba llorando como lloramos todas alguna vez. Imaginé sus ojos azules cerrados, las cejas levemente arqueadas hacia el centro, y dos lágrimas ardiendo en sus mejillas: las pruebas ineludibles del rito de iniciación a una femeneidad nueva y tan vieja como el origen y la vida.
- Hija: no llores. Voy para allá. Poné a Julieta en su catre, y si llora dejala que no le va a pasar nada.
Hice un par de llamadas para cancelar las reuniones del día y salí a la calle –sin maquillaje, sin peinarme siquiera- caminé unas cuadras, paré un taxi y fue mirándome al espejo retrovisor que me di cuenta que en el apuro había olvidado a la gata en el balcón. “Que se joda”, pensé. “Tiene la suerte de ser animal”. Y por un largo rato, dejé de pensar en mi.
Cuando llegué, Lucía tenía a Julieta en brazos y caminaba de un lado a otro, mientras “El Reino del Revés” sonaba de fondo. Julieta lloraba a los gritos. El estado de Lucía era francamente lamentable. Las ojeras oscurecían sus ojos, y en su remera oscura dos lamparones blancos olían a leche rancia.
-No pude- fue lo primero que me dijo como quien pide perdón. Su tono era infantil. Era fácil imaginar el puchero que faltaba.
-¿Qué no pudiste?
-No pude dejarla llorar, no aguanto que llore de esa forma sin hacer nada.
Me sonreí y la abracé como cuando era chica. Ella se dejo abrazar y me dio a Julieta que se retorcía, irritada.
-Bañate y salí a tomar aire, yo me quedo con July hasta que vuelva Pablo.
-¿En serio? Mira que faltan dos horas ¿eh? ¿de verdad podés?
- Si, en serio. Quedate tranquila. Yo me ocupo.
En cuanto Lucía se fue, acosté a Julieta en esa alfombra mullida, llena de espejos y juguetitos de colores que sus padres insisten en llamar gimnasio, y la desnudé. Apagué la música y susurré las mismas canciones que escucharon mis hijas a su edad. Me sorprendió recordar cada palabra, cada melodía. Julieta interrumpía por momentos su furia para fijar con dificultad sus ojos en alguna parte de mi cara, que rendida, supongo que le daba más curiosidad. Invariablemente, durante un tiempo que pareció eterno, volvió de mi frente a sus ojos cerrados y acuosos para retomar el llanto desaforado. Sus piernitas rollizas subían y bajaban, la panza se contraía, sus puños cerrados temblaban con odio. Ensayé palabras suaves, caricias tibias que abarcaban con dos palmas todo su cuerpo. Entonces opté por levantarla. La acuné y apoyé sobre mi antebrazo con la espalda hacia el techo moviéndola despacio hacia arriba y abajo, presionando por su propio peso la barriguita hinchada. Finalmente di en el blanco: un estruendoso y gigantesco pedo fue el inesperado punto de inflexión de aquella tarde. Al trueno inicial le continuaron algunos ecos menores que liberaron a la princesa de su dolor. Y no lloró más ¡No lloró más! Es indudable que por momentos la felicidad toma formas ridículas sin por eso perder intensidad.
Cuando Lucía volvió de su paseo –dos horas después- Julieta descansaba –no por casualidad precisamente- en su babysit rosa bebé: el primer regalo de la dichosa abuela que soy.
-Gracias- dijo Lucía con admiración y los ojos iluminados de gratitud. Si ella supiera lo mucho que ansié que en un instante como aquel, tan vulnerable, su fragilidad provocara un gesto desprevenido -una grieta imperceptible- donde ganarme el indulto que necesito, sabría -seguramente- que su agradecimiento es mucho más de lo que merezco.

10 marzo, 2008

Desterrada

Ayer Julieta cumplió un mes. Hubo un breve festejo que se interrumpió repentinamente cuando su llanto se hizo inmanejable y todos renunciamos a calmarla. Su madre con voz firme nos invitó a retirarnos sin dejar espacio para dubitaciones: tomé mi cartera del sillón, y con la mueca estúpida y ya vaciada de sentido con la que hacía instantes había intentado infructuosamente hacer sonreír a mi nieta saludé a su padre que me devolvió una mirada llena de compasión y cansancio. A Lucía, en cambio, la abracé con fuerza buscando una empatía que no pareció necesitar, y me fui. Creo que fue entonces, del peor modo, con ternura y firmeza –haciendo uso de un derecho irreprochable- que se inició un nuevo tiempo para mí. Ayer me echaron. Todavía estoy averiguando de dónde, pero lo cierto es que ayer fui desterrada.
Sergio y Marisa, mis consuegros, con la corrección que los caracteriza se ofrecieron a llevarme en su auto, y yo, haciendo alarde de mi absoluta carencia de habilidades sociales insistí en caminar, al tiempo que, sin darme cuenta -pero esto ellos no podían saberlo- sacaba sin disimulo el dinero para un taxi.
Nunca me sentí cómoda con ellos. Permanentemente sobreactúan con gestos pequeños y certeros una diferencia moral que me irritaba. Esta vez, me sentí incapaz de anteponer mi libertad al sarcasmo de Marisa; demasiado exigida estaba intentando disimular la envidia. Porque ayer, es verdad, hubiera necesitado ser escoltada por un hombre, sino el padre de Lucía al menos uno de espaldas anchas y voz decidida, que le diera fuerza con su presencia a las palabras que buscaban sonar de abuela que tan frágiles y ajenas me salían. Un alguien que después me abrazase con fuerza para disipar mis sombras y me diera el indecodificable consuelo de una sopa caliente antes de hacerme el amor.
Quizás así no me hubiera sentido tan vieja como me siento. Tan seca por haber acelerado el tiempo pariendo una hija antes de los veinte. Sólo de ese modo encuentro explicación a esta tremenda injusticia. No cumplí aún los cincuenta, pero los años que tengo por delante parecen estar todos atados a mi cuello, al borde del abismo de la tercera edad. Estoy desconcertadamente triste, indiscutiblemente sola. Tomada por un anacronismo. Ser abuela me pegó mal.

06 marzo, 2008

¡Ay Papantla, tus hijos volan!

Yo siempre he cuidado mucho a Angela de que no se caiga, o que al menos que no tenga caídas tan aparatosas.

Mi hija es muy hábil en tareas manuales, no es de los niños que corren todo el tiempo y escalan en cada mueble o pared que encuentren. Tampoco es muy afecta a usar la bicicleta, prefiere ponerse a pintar, no es muy hábil para correr como otros niños de su edad, no es de las niñas que traen las rodillas raspadas y llenas de moretones. El papá siempre me reclama que le hace falta más actividad física, ser un poquito más "marota", que le hace falta caerse un poco más.

Esto último se lo cumplí. Mi hija estaba encantada con unos zapatitos nuevos, caminaba muy coqueta y en un momento dado intentó bajar las escaleras. No quiso que le diera la mano, tampoco que la vigilara, así que desaparecí de su vista. En algunos segundo escuché un golpe fuerte y quise pensar que algo se había caído porque mi hija nunca se cae. Enseguida escuché el llanto, me acerqué corriendo y vi a mi hija con el vestidito hasta la espalda, tirada de panza en las escaleras. La levanté y vi que tenía la raspones en la frente, nariz, rodillas y codos.

El papá se acercó y le dije: "mira, ahí está, para que no digas que le hace falta caerse". Juntos abrazamos y acariciamos a la inconsolable niña después de su primer caída aparatosa. Sé que habrá más, pero esta vez me sentí como si yo misma la hubiera aventado escaleras abajo.

29 febrero, 2008

¿y las demás colaboradoras? ¿les comieron las teclas los ratones? Quiero conocerlas chicas.

28 febrero, 2008

Círculos

Mis padres vinieron a vivir a Morelia hace casi treinta años, estuvieron un tiempo en casa de mi abuela paterna la cual no conocí y después se fueron a su casa que era apenas un terreno con dos cuartitos y un baño. Ahí nací. En esa casa he estado toda mi vida, incluso un tiempo después de casarme y un tiempo despues de separarme.

Vivir en la misma ciudad, y más aún, en la misma casa tanto tiempo provoca cierta sensación de repetición, de circularidad; una especie de deja vu. La casa también fue la primera que mi hija habitó, usó ropa que era mía cuando apenas pesaba 7 kilos, a veces come en la misma cocina donde yo comí durante mi infancia y juventud, juega con un par de muñecas que alguna vez fueron mías. Incluso asiste a la misma escuela donde yo asisití, la maestra no es la misma pero se llama Martha, igual que mi maestra de preescolar. Solo le pido a Dios que mi hija no se descalabre en la banquita roja del patio y que su primer serenata no sea a los 5 años.

La mayoría de las cosas son distintas: mi hija usa perfectamente el microondas, en mis tiempos ni siquiera existía; mi padre tiene una colección de carritos a escala a los que yo tenía terminantemente prohibido acercarme a menos de medio metro, mi hija los usa a su antojo; yo desde los dos años digo groserías, mi hija habla de una forma exquisitamente correcta y goza de un amplio vocabulario. La lista sería interminable, definitivamente las cosas ya no son como antes.

Aún con las diferencias, mi hija me ha traído a manera de flashback los mejores recuerdos de mi infancia porque algunos episodios son similares a los que hubo en mi vida hace 2o años, incluso he llegado a recordar lo que sentía en ese enotnces, el cómo veía el mundo, mis dudas. Es como ver el remake de una película, como Pinocho 2000. Vuelvo a vivir mi niñez, sólo que ahora no me lleva mi madre de la mano, me lleva mi Ángela.

21 febrero, 2008

La historia de Cui Miguel

Tengo un pequeño de 3 y medio, mi suegro se llama Cuitlahuac, mi esposo se llama Cuitlahuac y si, ya sé lo que muchas pensarán, mi hijo se llama Cuitláhuac, y es Cuitlahuac tercero, como Shrek Tercero.
(Cuitláhuac (1476 – 1520) fue el penúltimo tlatoani -gobernador, incorrectamente llamado emperador- mexica. Era Señor de Iztapalapa y hermano de Moctezuma I. Su nombre significa literalmente "(el que) ha sido encargado (del cuidado de alguien)". (tomado de Wikipedia).
Y la historia nuestra es la siguiente: cuando supimos que era un varón el que venía en camino, mi esposo, como orgulloso padre, decidió que su hijo se llamaría Cuitlahuac, sólo Cuitlahuac, como él y su padre, al que además le daría mucho gusto que su hijo se llamara así, teoría que yo respaldé durante todo el embarazo hasta el día de ir al registro civil, en el momento de llenar la proforma del acta, que asenté que el nombre del niño sería Cuitlahuac Miguel, excuso decir que si sus ojos hubieran sido cuchillos me habría acuchillado, y ni qué decir de los ojos de mi suegra, ella tan dulce y tierna me miró con ojos desafiantes (no es cierto, es para que se ponga emocionante), no fueron desafiantes, pero si de despecho, porque de dónde carajos había yo sacado el Miguel, !por Dios!, y claro, ella no sabía que mi papá-abuelo (porque me crié con él) se llamaba Miguel, y que en su honor yo quería ponerle a mi hijo Miguel, es más Miguel Angel, teoría que fue descartada por mi marido en primera instancia, pues ningún nombre le parecía combinable con Cuitlahuac. En contadas ocasiones hemos tocado el tema, pues siempre terminamos peleando, a lo que una vez le contesté: el tiempo me dará la razón, y como si fuera así, cuando el pequeño entró a la guarde, todo mundo le dijo Miguel, hasta entonces yo también me atreví, jajaja, siendo mi hijo, no sabía como llamarle, casi siempre prefería el CUI, o mejor el: cachorro, hijo, bebé, peque, perruni, perrunito (es de cariño y ahora que casi no le digo, me pide: "mamá, dime peduni"). El niño sabe que se llama Cuitlahuac Miguel.

19 febrero, 2008

Historia de Angela

Mi adorada hija se llama Angela, el nombre significa: mensajera de Dios. El nombre no lo elegí por el significado, simplemente me gustó en la situación más absurda que cualquier persona pueda imaginar.

Eran mis primeros días en la Universidad Michoacana, lugar en el que los trámites de cualquier tipo son más pesados que la carrera completa. Para quedar formalmente inscrita necesitaba hacerme unos análisis de laboratorio, obviamente en la facultad de Farmacobiología de dicha universidad no sin antes hacer un pago en el banco y llevar la ficha de depósito, para posteriormente ir a la facultad de Odontología a una revisión y a la facultad de Medicina por un certificado médico.

Este trámite como requisito lo consideraba innecesario pero después comprendí que lo hacen para que pongan en práctica sus conocimientos los estudiantes de las facultades relacionadas con la salud.

Llegué un día a las 6 de la mañana con mis muestras en frascos al igual que decenas de estudiantes, situación por demás vergonzosa. Yo era la primera, lo sabía porque alcancé a ver mi ficha de depósito arriba de las demás en el escritorio. Nos irían llamando uno a uno por nuestro nombre leído en la ficha con el fin de sacarnos sangre. En ese entonces las fichas de los bancos eran copias al carbón y lo que estaba escrito en ellas no era del todo visible.

Empezaron a llamarnos y efectivamente yo era la primera. Mi nombre es Ana Gabriela pero como la ficha estaba poco legible se confundieron y me llamaron Angela y desde ese momento me gustó cómo se escuchaba. Sabía que estaban llamándome pero no respondí para que repitieran el nombre otra vez, volver a escucharlo y pensar que de verdad me llamaba así. No corregí el nombre, simplemente pasé al consultorio y dejé que me siguieran llamando Angela.

Al salir de ahí decidí que si tenía una hija le pondría de nombre Angela. Se lo comuniqué a toda la gente que conocía, y mi entonces novio estuvo de acuerdo. Algunos meses después me embaracé, mi hija nació y nadie me preguntó su nombre, simplemente comenzaron a llamarla Angela desde el primer día.

Seguramente los nombres de sus hijos también tienen una historia. Las invito a comprartirla.

15 febrero, 2008

Sobre la incuestionable superioridad de las nuevas generaciones

Desprevenida caminando al sol, Felichi pregunta
—Si pudieras tener tres poderes sobrenaturales, ¿cuáles querrías?
—Es difícil. Creo que serían la invisibilidad, la teletransportación y la telepatía. ¿Vos?
—La inmortalidad, la eterna juventud y la levitación.

No comments.

08 febrero, 2008

Me presento

Soy Gabriela, tengo 24 años y una nena de 5 recién cumplidos. Mexicana, de la ciudad de Morelia. Soy teóricamente casada; mi esposo vive en una ciudad a dos horas de aquí desde hace casi un año y la distancia ha dejado de ser meramente física.

Recién me topé con este blog y en una noche lo leí todo, hasta los primeros archivos; de sobra está decir que me encantó y no dudé en participar. Me gustó la idea de que sean muchos participantes, las experiencias compartidas de alguna manera hacen mas llevadera la tarea de ser madres.

Tengo mucho para aportar, solamente espero poder postear periódicamente.

Saludos a todos.

04 enero, 2008

Entretenimiento veraniego

Esta es una entrada autopromocional. Ustedes sabrán disculpar, pero para mantener entretenidos a los niños que se niegan a asistir a alguna de las colonias veraniegas que auspicia la ciudad los convencí de hacer un podcast.

Y les re gustó. Se divirtieron como cretinos. Yo estaba segura de que iba a ser así, y que yo iba a trabajar más que ellos en lo técnico del asunto... Pero bueno, aquí salió el número 0 de mi primer nieto (el hijo de mis hijos)

PaMaTo, el podcast de los chistes malos

Disfrútenlo y, si se copan, dejen algún mensaje o envíen un chiste.

25 diciembre, 2007

2008

A quienes pasan estas fiestas colocando hielo en chichones y quemaduras...
¡FELICIDADES!
A quienes deben mantener la ilusión de sus retoños, que todavía creen...
¡FELICIDADES!
A quienes se ganan un insulto o una rabieta porque no era ese el juguete que les habían pedido...
¡FELICIDADES!
A quienes se les vuelan los hijos adolescentes un minuto después de la medianoche...
¡FELICIDADES!
A quienes jamás en las fiestas piensan en sí mismos...
¡FELICIDADES!
Que este año nuevo los llene de paciencia, sabiduría y autocontrol. Y que logren sobrevivir hasta que comiencen las clases y regresen los psicólogos de sus vacaciones.
¡FELICES FIESTAS!

13 diciembre, 2007

VOLVÉ, VOLVÉ QUE TE QUIERO

Esta semana se fue de mi vida la persona más importante.
No me separé. No se fue del nido ningún hijo. No perdí a una amiga. Ni a un maestro. No falleció ningún familiar anciano.
Se fue la chica.
En once años de casada he tenido cuatro empleadas domésticas. Yo creo que es un buen número. Que habla de una buena relación empleada-empleador. La primera estuvo varios años y se fue a trabajar a EE.UU. Gana más que mi marido y yo juntos, se compró un auto, me llama para mi cumple y cuando viene a la Argentina me trae remeras de Gap. La que le siguió se volvió a su provincia porque se cansó de Buenos Aires. La anterior-anterior se puso un negocio en la casa. La anterior decidió que iba a quedarse n su casa a cuidar a su hija. Es decir, todas se van de mi casa para mejorar. Las inspiro yo. Por eso últimamente tuvimos varios cambios. Pero la última dijo que estaba todo bien, que se sentía cómoda. Y de pronto, cuando ya llevaba media hora de retraso, me envía un mensaje de texto: "no me esperes, no voy". Y como en dos semanas de prueba había venido un día sí y un día no y me había discutido que le había pagado mal y al ver las cuentas tuvo que retractarse, le dijo que así no, que me manejen no me gusta, que iba a buscar a otra persona. Pero no hay. No hay otra persona en mi futuro inmediato. Así que aquí estoy. Sola. Abandonada. Perdida.
Me cansé. No tomo a nadie más. Viene el verano y quiero salir a pasear. No puedo dejar sola en casa a alguien que no conozco. Y además vienen sólo dos veces a la semana y cuatro horas cada vez. Es poco. Lo que hacen ellas lo puedo hacer yo. Ya lo hice cuando me casé y hasta con cinco meses de embarazo. Los viernes barría y fregaba y limpiaba y planchaba y aspiraba. Hasta que la panza no me permitió inclinarme más sobre la bañadera.
Ahora no tengo panza (bah, mejor no hablemos de ese tema) y puedo hacerlo. ¡Qué fantástica la libertad! No esperar a nadie. No importarme si falta. No sentirme incómoda en mi propia casa en presencia de una extraña. Lo hago yo. Todo.
Y así quedé.
No se puede ser madre, y empleada, y administradora de hogar, y escritora, y tener tres blogs, y estudiar logogenia. No, no se puede.
Igual me dije que no iba a hacer todo junto como antes, por la ciática más que nada. Que cada día iba a hacer una parte. ¡Pero esa parte me lleva todo el día! Y termino fundida, transpirada, olorosa, histérica. Me levanto y hago las camas, y junto la ropa, y pongo a lavar ropa, y lavo los platos de la noche, y hago las compras y voy preparando el almuerzo. Busco a los chicos al mediodía. Y después lavo otra vez los platos, y ordeno la cocina, y saco la ropa del lavarropas y la pongo en el secarropas. Y me ocupo de algo mío. Y después hago los dormitorios. O los baños (como hoy). O la cocina. O el comedor y el pasillo y los adornos. O la oficina. O el balcón. O plancho como dos horas y el vapor me ayuda al cutis. Y cuando termino me quiero bañar con lo cual pierdo más tiempo. Y hay que llevar a los chicos a sus actividades. Y me quedo a esperarlos porque el tiempo no me da para regresar a casa y volver a buscarlos. O a algún cumpleaños. Y ayudarlos en las tareas. Y al volver pelear para que se bañen. Y empezar a preparar la cena. Y juntar los juguetes de todo el día luego de gritar como una desaforada para que los junten ellos. Y llega mi marido. Y seguro faltan huevos o una cebolla. Y para mañana necesita la única camisa que no planché. Y todo lo que ordené y limpié está otra vez desordenado y sucio. Y no escribí nada. Ni leí blogs. Y menos que menos escribí en mis blogs. Y lo único que pienso es en ir a dormir. Acostarme. Hacerme masajes. No escuchar a nadie. No ver a nadie. Tomarme un Valium.
Se fue la chica.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ayúdenme por favor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

05 diciembre, 2007

ES POBRE EL QUE QUIERE

A la comunidad de padres, tutores y encargados de "Hijos y otros animales salvajes":
Antes de que alguien se entere por otra fuente, quiero informarles que rechacé utilizar este blog para hacer negocios. Eso significa que si alguien soñaba con hacerse millonario por este medio, parece que no, que no lo logrará.
Este es el mail que me llegó. He quitado todo nombre personal por respeto al remitente:

Verónica,
buenos días. Me pongo en contacto ya q desde xxxx tenemos una posible acción para una marca, interesada en blogs de madres. Me pasó tu blog, mi socio, xxxx. Aunque en realidad no se si se conocen.
Te cuento un poco de que se trata la acción:
En este caso en particular, tenemos un cliente que hace xxxx (uno de los 2 grandes), que en marzo 08 estará con un lanzamiento de un servicio online para madres (para el lanzamiento habrá un evento en marzo). Es por eso que estamos reclutando blogs acordes para esta acción. La idea es la siguiente:
- durante febrero trabajaremos en la generación de posts en los blogs q participen...les daremos 10 invitaciones a cada blog, para que regalen entre sus lectores, como quieran (bajo un concurso de mandá tu mail, foto de tu bebé, etc....como quiera cada blog). Y desde ya que el blogger está invitado al evento. Pueden ir con sus hijos, ya que habrá actividades para los chicos.
- durante marzo, más allá de ir al evento y cubrirlo (esto es comentar en el blog lo que les pareció el evento, qzás sacar fotos, o subir un video, etc), se suma un banner x un mes al blog y esto si es pago.
Lo que necesitaría conocer, es que nivel de impresiones mensuales están teniendo. Si no lo tienen medido, yo te puedo dar un código de banner invisible, para poder contabilizar las visitas. De esa manera, podemos determinar que inversión se puede hacer respecto al banner.
Veo que son muchos padres los q participan. En ese caso, creo que podríamos invitar a todos al evento (pero esto te lo confirmo una vez que avancemos).
En tiempos estamos mal, ya que ayer nos pidieron una propuesta para hoy!! pero bueno, dicen que el cliente siempre tiene la razón! y así estoy, a full con la propuesta.
Es por eso, que si puedo tener una respuesta hoy, aunque sea para sumarlos en la propuesta, buenísimo. Y después arreglamos los detalles.
Gracias! Saludos,
xxxxxxxxxxx


En principio no tendría ningún problema en colocar un banner, como sucede con AdSense, que uso en mis otros blogs, y ganar algo de dinero. Pero... ¿¿¿subir la foto más linda del bebé??? ¿¿¿Concursos para madres??? ¿¿¿Ir a filmar un evento de un producto y decir que es el mejor y que lousamos siempre??? ¿A mí me parece o alguien dijo madres=pelotudas?
No, a mí esto no me va. Supongo que ahora ya nadie me ofrecerá un negocio como la gente... pero qué le vamos a hacer... sigo pobre porque quiero. Y ustedes también.

02 diciembre, 2007

Riesgo psíquico

Advertencia: escribo sobre la marcha, no es algo pensado largamente... Ya adjuntaré las futuras reflexiones si las hubiera.

Leo en Medtempus acerca de la excusa que plantean algunas mujeres para practicarse un aborto: que corre riesgo su salud psíquica.

A esto respondo yo: ¿no se destartala la psiquis de la mujer cuando ...
  • no puede descansar apropiadamente durante uno/dos/tres/cuatro/cinco/seis meses a causa de los horarios del niño? [táchese lo que no corresponda]
  • no puede ir al baño tranquila por uno/dos/tres/más de tres años ya sea por episiotomías, hemorroides, llantos, golpes imprevistos? [táchese lo qe no corresponda]
  • su vida sexual es alterada por lactancia nocturna, llantos ídem, "mamá tengo sed", "tengo miedo" y otras por el estilo?
  • la atención de todos se dirige al estado del niño y nadie nota que la madre está con un peinado nuevo, con un ojo en compota, agotada por el trajín, o simplemente anémica?
  • la economía familiar tiembla por el gasto de pañales, leche maternizada, juguetes, muebles para bebés, cochecitos y butacas para el auto?
  • llegado su primer día de trabajo tiene que manejar la culpa de abandonar (¡qué término, mi Dios!) a su bebé en manos de un/a extraño/a para poder ejercer su profesión?
  • el hermano mayor azota a gusto y piaccere al recién llegado en cuanto la madre (esa injusta mujer) decide dedicarse a tareas más insubstanciales como la comida del resto de la familia, su higiene personal o echarse una siesta?
  • tiene que ir al supermercado con un niño en plena época de aprendizaje del control de esfínteres que se le antoja hacer caca apenas toca el turno en la caja?
  • llegada la edad escolar, los niños insisten (con gritos y berrinches) en que nada los haría más felices y plenos que ir a jugar a lo del compañerito que vive a 40 km del hogar?
Sin dudas para muestra basta un botón. Ser madre (padre y hermano mayor) implica un enorme riesgo psíquico, mucho esfuerzo, demasiada energía puesta en reacomodar los horarios, la economía y los afectos. Tiene sus recompensas, claro, pero como todo lo que vale en la vida, tiene su costo.
Habrá momentos en los que no tenemos plata para otro hijo, o no tenemos tiempo porque estamos creciendo profesionalmente o en crisis con el hombre que nos acompaña. Sí, es difícil. Muy difícil. Ser padres es difícil e implica riesgo psíquico, que no nos mientan en eso.
Que no nos den oportunidad de zafar del orgullo, la gratitud, el embeleso de criar un hijo por el riesgo que corre mi psiquis. Eso es muy fácil. Que nos obliguen a plantearnos la seriedad del reto es lo apropiado, lo que corresponde con la magnitud del acto de procrear, de acompañar a un nuevo ser en su estreno de la vida.

24 noviembre, 2007

Amor no es posesión

Aprovechando que mañana es el "Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer" querría deciros algo con toda la humildad.

Como madres debemos preocuparnos e intentar conseguir que nuestros hijos sean felices. Amarlos y educarlos en ese amor. Pero tenemos una misión mucho más importante y complicada, conseguir que el día de mañana, además de ser felices ellos, también sean capaces de hacer felices a otros. O, como mínimo, que no les hagan daño.

Sé que sufriré mucho, muchísimo si alguno de mis hijos no consigue ser feliz en el futuro. Más aún si sus parejas contribuyen a ese sufrimiento de un modo activo.

Pero también sé que el dolor será insoportable si tengo que ver que son ellos los que hacen daño a quien les quiere.

En España, 67 mujeres han muerto este año 2007 a manos de sus parejas. Acuchilladas, golpeadas, quemadas, degolladas, por disparo...

El amor no es posesión, es otra cosa. Debemos enseñárselo a nuestros hijos.

09 noviembre, 2007

REUNIÓN DE PERSONAL

Como todos saben, en este blog puede escribir cualquiera, con el único trámite de solicitar el alta. Sin embargo, últimamente no hay mucho movimiento. Es por ello que quisiera saber quiénes siguen estando por acá, e invito a toda madre y/o padre desesperado a sumarse al mismo.

29 octubre, 2007

PASEADOR DE NIÑOS, SE BUSCA

Yo no sé cómo todavía no se le ocurrió a nadie (y tal vez mi idea inicie un gran negocio del cual, como siempre, no veré un peso) pero he descubierto qué es lo que necesito o lo que le falta a mi vida: un paseador de niños.
Veamos... un estudiante o profesor de educación física que venga a mi casa a buscar a mis niños y se los lleve, entre tres veces por semana y todos los días, de 15 a 18, puede ser, o de 16 a 19... lo podemos conversar, a jugar a alguna plaza (preferentemente cercada) o a una canchita de fútbol, y que durante esas horas los mantenga activos, entretenidos, mediante juegos y deportes.
Junto a los míos puede retirar a dos o tres chicos más (pongamos no más de seis en cada grupo), de edades acordes.
De esta manera ayudaríamos a los niños -sobre todo a quienes van a la escuela jornada simple, como los míos- a combatir su terrible adicción a la tvplaystationcompu, a mantenerse físicamente activos, a descargar adrenalina, y a regresar a casa sin fuerzas siquiera para protestar por nada.
Ya sé, me dirán que para todo eso existen los clubes. Y los míos van. ¿Pero quién los lleva, eh? ¿Y quién se queda durante toda la clase de fútbol y la de lucha porque no le da el tiempo para regresar a su casa y volver a buscarlos? ¿Quién pierde toda la tarde? ¿Con quién se pelean los niños cuando no quieren salir de casa? ¿Y a quién llaman los profesores el día que los niños están rebeldes, o cansados, o molestos, justamente porque la ven allí, tan a mano? ¿Quién..? ¿Y así día tras día y actividad tras actividad?
¿No hay por allí un interesado que no me cobre a cambio de la idea?
Entrego a mis niños con la correa y el bozal correspondientes.

30 agosto, 2007

VERÓNICA Y FAMILIA

Les presento a mi familia. Hemos pasado un buen rato con los niños jugando a simpsonizarnos .
(En cuanto le tomen la mano verán que con cualquier foto, femenina o masculina, pueden hacer a cualquier conocido, familiar, enemigo, jefe, amigo).








27 agosto, 2007

Antes (II)

Llegué a la maternidad como muchas otras mujeres, y a decir verdad trato de criar a mi hijo según lo que me dicta el corazón, el sentido común cuando aplica, y el prueba-error algunas veces. No obstante, existe internet, los libros de puericultura, los consejos bien intencionados o los foros de crianza. Y nunca me dejo de sorprender.
Una de ellas es la capacidad humana (o femenina?) para teorizar, marcar tendencia y calificar lo que "se debe" y "no se debe" hacer durante un acto tan natural como es criar hijos. Y la otra es pensar cuánto cambiaron las cosas en los 30 y algo de años que pasaron entre mi nacimiento y el de mi hijo. Con esto no estoy justificando conductas pasadas, ni diciendo que "antes se hacía así y no pasaba nada" pero...no sé, si me atengo a las costumbres actuales y me pongo a pensar en las antiguas....puedo ser tremendista y pensar que nuestra niñez transcurrió al filo de la muerte y debemos considerarnos felices de haber llegado a adultos. O puedo ser despreocupada y asumir que actualmente los padres somos una manga de hincha pelotas exagerados.

Hoy, si viajamos en auto con nuestros hijos, primero vamos a Creciendo o a Planeta Bebe y evaluamos toda la oferta de butacas del mercado. Chequeamos cuál es la más apta según edad, peso y medidas del niño. Miramos que esté homologada por la Comunidad Europea y la resistencia a impactos debidamente testeadas. Tratamos de no comprar ninguna usada por las dudas. Gastamos una fortuna, la instalamos con el mayor cuidado posible y al cabo de unos meses o un año volvemos a hacer lo mismo porque nuestro hijo ha crecido y por su seguridad debemos comprarle una nueva.
Antes, nuestros padres nos llevaban de vacaciones a Mar del Plata por una Ruta 2 doble mano atestada de Dodge Polaras, Falcon Futura y Chevys Malibu cómodamente sentados en brazos de nuestras madres que viajaban en el asiento delantero del Peugeot 504. Olvidemos por un instante el ABS (frenos a disco con viento a favor) y por suerte no había airbag porque más de uno habría terminado estampado contra el plástico. Otros chicos, quizás mas afortunados que nosotros, tuvieron la oportunidad de sentarse en unas sillas de caño, que simplemente colgaban del asiento y los mantenían en su lugar gracias a una especie de barral que evitaba que se deslicen hacia adelante. Por supuesto, el tránsito era otro (por lo menos eso me dice mi papá cada vez que le saco este tema). Lo cual no quita que una maniobra brusca hecha a la obscena velocidad de 60 km/h te hiciera volar por los aires con silla y todo.

Ahora nuestros hijos toman agua mineral baja en sodio.
Antes veníamos de andar en bicicleta muertos de sed, tocábamos timbre en cualquier casa y decíamos: "Señora, me da agua?". La vieja abría la canilla y nos alcanzaba una manguera recalentada, a la cual nosotros acercábamos la boca en franca comunión de gérmenes para esperar que salga el reconfortante chorro.


Ahora las sillas de comer de los bebés tiene arnés de 5 puntos, bandeja extraíble y patas que garantizan estabilidad. Son plegables para ocupar menos lugar y la funda se puede sacar y poner en el lavarropas.
Antes eran de mimbre, caña o madera y nos ataban con un repasador para que no nos fuéramos a la mierda.

Antes nos daban la mamadera con Nestum a los 3 meses, previa hechura de agujero grande en la tetina de goma con una aguja caliente.
Ahora no se puede darles nada a los bebes a esa edad porque toda otra cosa que no sea leche materna es veneno.

Antes dormíamos boca abajo.
Ahora solamente se admite si el bebe tiene reflujo o vomita en exceso. SOLAMENTE. Entendiste???!!!!

Antes no nos amamantaban. Como la S26 o el Bifilac costaban una fortuna nos criaban a leche Nido o las 3 Niñas.
Ahora está prohibidísimo darles leche de vaca antes del año. Lo mismo pasa con la miel (salvo que seas Yiya Murano)

Antes nos dejaban ir solos en tren al Italpark, lleno de juegos peligrosísimos y de escaso mantenimiento.
Ahora los chicos no pueden salir solos ni a la esquina.


Los productos mejoraron. Los servicios mejoraron. Me resisto a creer que los padres mejoramos.

Ustedes que piensan?