28 mayo, 2006

me gustaba que me mataran


Anoche estuve mirando fotos y escaneando algunas. Cuando vi ésta recordé que cuando éramos chicos uno de mis juegos preferidos era hacerme la muerta.
-dale, basta...daaaleeeeeeeee despertate. No lo hagas más
-daniiii, no seas, levantate. No es gracioso.
No dejaba la muerte hasta darme cuenta que alguno se largaría a llorar, o temblaba de miedo real. Entoces ahí sí, cuando ya había probado la eficacia de mi misión, me levantaba feliz.
Ese era el momento en que tenía que correr veloz porque el grupo de deudos , lejos de alegrarse con el milagro de la resurrección, estaba dispuesto a correrme hasta alcanzarme y pegarme como escarmiento por morirme tan bien. Pegarme hasta que volviera a morir.
Era la mejor: no pestañaba ni un poquito. Los ojos bien abiertos pero inertes, mirando siempre el fondo del jardín. Soportaba pellizcos y gritos y aún que otro tirón de pelo con estoicismo. Pero es obvio que un cadáver -aun jugando- no da para demasiado maltrato.
Esta foto es en el fondo de mi casa. La muerta soy yo y mi vecinita me mira. Nuestras muñecas yacen a mi lado.
Esta foto la sacó mi papá, detrás dice "d. playing dead. 8 years old". Yo tenía 8 años y me gustaba que me ahorcaran hasta matarme. Me gustaba, también, que me ametrallaran. También me gustaba matar. Me gustaba pelearme, tener hijas e hijos, bañarlos, peinarlos, acostarlos, llevarlos de paseo, me gustaba ser mujer de un cowboy y rehén de un indio, estar en la guerra, vivir en una trinchera o en una choza helada con piso de tierra, quemar hormigas, cazar palomas, armar guerras de langostas para que se arrancaran la cabeza y –sí, también– me gustaba que me ataran a los árboles para hacerme prisionera y quemarme viva.
Era un monstruo.
Como todos los chicos de la casa, del barrio, de la ciudad y quizá del mundo. Porque mientras sea de jugando, dicen, podemos jugar a cualquier cosa. A la muerte, al dolor, a la pena, al nacimiento, al horror. El juego queda fuera del mundo y en ese lugar no hay riesgo, ni dolor, ni angustia. En la burbuja del juego podemos ser esquizoides buenos y malos, perversos y angelicales, egoístas y generosos, ser obsesos enfermizos o ensimismados autistas, matar a nuestros mejores amigos con regocijo, nadar donde no hay agua y ver un desierto donde no hay arena. En el juego estamos a salvo. Podemos ser locos peligrosos, superhéroes y asesinos con la misma sonrisa. Nadie nos arrastrará al hospicio más cercano.
Porque jugar es, de jugando, una cápsula de mórbido placer.

03 mayo, 2006

YO AMO A MI MAMÁ

Lo tengo que decir, aunque provoque escozor en la comunidad psicoanalítica entera: extraño a mi mamá.
Mis viejos se fueron a Europa durante un mes. ¡Un mes entero! Treinta días. Mientras escribo calculo que deben andar por Viena, con los pies rotos y el alma hinchada.
Más allá de que estén en Europa (el sentimiento sería el mismo si estuvieran en Miramar), tengo que decir que yo vivo enfrente de la casa de mis padres. Justo enfrente. Desde mi cuarto piso veo su segundo piso, y cuando las dos estamos en nuestros respectivos balcones nos saludamos como adolescentes y mi madre, aprovechando mi talento en lectura labial y mi buena vista, inicia conversaciones. Siempre bromeamos con que tendríamos que atar un cordón con una canastita entre nuestros balcones, para poder pasarnos cosas. Igual no hace falta. Ella no viene casi nunca a mi casa, pero yo cruzo casi todos los días.
Lo de casi todos los días ha tenido sus altibajos. Cuando recién me casé y me sentía sola en casa, y cuando tuve a mi primogénito y me sentía sobrepasada, cruzaba a su casa y me instalaba todos los días. Tengo una buena excusa: en verano ella tiene aire acondicionado y yo no. En invierno ella tiene calefacción central y yo un par de estufas. Cuando nació el menor, lo cruzaba para ir a buscar al mayor al jardín, y ya que mi bebé estaba allí, terminaba almorzando con ellos todos los días. Pero luego tuvimos varias peleas y me dí cuenta de que la culpa era mía, mía y mía. Si yo no ponía distancia, si le permitía ser parte de mi vida y mi familia en forma diaria, no podía impedir que luego ella opinara, decidiera, criticara, etc, etc. Ahora yo también era madre y no deseaba compartir mi maternidad. Pusimos días. Iba a su casa tres veces a la semana, desde el almuerzo y casi toda la tarde. Tuvimos otras peleas. Decidimos que lo mejor era que los chicos fueran a almorzar a su casa, se quedaran por la tarde, y yo aparezco ahora para tomar un té a la hora de retirarlos. Como no tengo empleada con cama, la única ayuda con la que cuento -en relación a los chicos- es la de ella. Si no fueran a su casa, yo no tendría ni un minuto para mí (mejor no hablemos de mi suegra).
Bien, no tengo ni un minuto para mí. Y la extraño. La extraño y la necesito. La extraño porque he podido construir con ella una buena relación. La necesito por lo que ya saben.
Yo la odié, por supuesto. Durante mi adolescencia, ella fue el monstruo que poblaba mi realidad. Era la persona que no me permitía ser, expresarme, sentir. La que decidía por mí según sus extraños cánones de lo que era mejor. Era la persona que tenía que odiar, y matar, metafóricamente, claro está, si quería ser alguien. Yo misma. Supongo que si sigo viviendo enfrente de su casa es porque lo logré a medias. En vez de matarla, la hice agonizar un poquito. Salí de la adolescencia a tropezones y lo que siguió no fue tan fácil ni mejor. Pero allí estaba ella. Encontré una amiga. Alguien con quien podía hablar. En más de una ocasión fue mi salvavidas y siempre, pero siempre, mi confidente. Lo que no sabe ella, no lo sabe nadie. Mi marido a veces la cela. Dice que yo no le cuento cosas a él porque ya se las conté a mi mamá y con eso me basta. Y tiene razón. Con mi mamá no tengo que ser ningún personaje, ni la buena amiga comprensiva, ni la esposa dedicada, ni la madre perfecta, ni la profesional exitosa. Con ella puedo ser hija. Con todos mis defectos que por supuesto me mostrará. Pero he aprendido a no hacerle demasiado caso. Con ella me río de los demás sin miedo a quedar mal con nadie. Con ella hablamos pestes de todo el mundo y sabemos que no hay peligro, que quedará entre nosotras. A ella le consulto algunas cosas y le pido opinión para muchas otras, aunque decida no seguir su consejo. A ella la llamo para las emergencias y los problemas de último momento. A ella le pido dinero prestado cuando no llegamos a fin de mes. Con ella lloramos los peores desastres familiares y compartimos los dolores más profundos.
Uno de los grandes aprendizajes que hice en mi incipiente madurez, fue que después de todo ella no tenía la culpa. Que realmente había hecho lo que creía mejor, como lo hago ahora yo con mis hijos. Con todo el amor del mundo. Y que no pudo no equivocarse porque de eso se trata la vida. Que alguien tenía que decidir, criarme, cuidarme. El día que supe que la culpa no era de ella, y que a partir de entonces la responsabilidad era mía, que yo era la dueña de mi vida, fue que maduré, me hice mejor persona y pude enfrentar mejor lo que me sucedía. Cuando eso sucedió, fue mi decisión continuar y mejorar la relación con ella.
A veces, en los momentos en que quiero estrangular a mis hijos, me gustaría, por un breve segundo, sabiendo que es una fantasía, que mis hijos me dijeran gracias. Gracias por todo lo que hago por ellos. Sé que es un desatino. Ellos no me deben nada. Fue mi decisión tenerlos y hacerme madre. Pero a veces... cuando estoy tan cansada y ellos tan demandantes, quisiera que se dieran cuenta, aunque ser por un segundo, de todo lo que implica ser su madre. Ser mi madre no ha sido más fácil. Y yo sé que no debo darles las gracias a mi mamá (aunque a veces a ella le gustaría). Entonces, aquí va mi homenaje: ¡extraño a mi vieja!. Y todavía faltan 20 días para que vuelva.

25 abril, 2006

¿Se puede amar a dos al mismo tiempo?

Soy hija única. Eso significa que fui única destinataria de los afectos de mi abuela Dolores (la que me crió); fui la reina de su corazón, la niña de sus ojos, la razón de su existencia, su mimada, su alegría. Y lo disfruté durante varios años. Pero, al ir creciendo, fui sintiendo que, tal vez, ser hija única no era la situación ideal. Y muchas veces, ya de grande, sentí que, si hubiera tenido hermanos, hubiera podido… cómo decirlo… enfrentar mejor la “salida al mundo”: aprender a encontrarme con otro, a compartir, a cuidar, a pelear, a negociar, a defender mis espacios y mis tiempos propios en un ambiente seguro, antes de salir al ruedo. Por eso, decidí que no tendría un solo hijo.
Si hubiera empezado más joven, me hubiera gustado tener tres. Pero empezando a los 37, me parece que dos es un buen número. (Por supuesto, mi marido sigue divagando con que podemos tener muchos, pero yo ya le dejé bien en claro mi posición varias veces; dos es la máxima concesión que puedo hacer a esta altura). Mi edad tope para tener hijos eran los 40, y el plazo se cumple este año…; realmente, era una carrera contra el tiempo.
Al mismo tiempo, a pesar de mi convicción inicial, más de una vez, después de tener a Bianca, sentí una especie de angustia al pensar en tener otro hijo, previendo que voy camino de perder la poca salud mental que me queda, que voy a tener que resignar más espacios y tiempos propios (¿qué, todavía me quedaba alguno?), etc. Pero está decidido. Realmente creo que lo mejor para la nena es tener un hermanito.
Pues bien, empezamos a buscarlo, y quedé embarazada otra vez. Y ahora se actualiza otra sensación que experimenté a poco de tener a Bianca: ¿se puede amar a dos hijos con la misma intensidad? No puedo menos que sentir que todo el caudal de amor que ahora dedico exclusivamente a mi hija se va a tener que dividir en dos, y que no solo ella va a perder, sino que también su hermanito o hermanita corre en desventaja, porque desde el vamos le va a tocar la mitad del amor que recibió su hermana hasta ahora. Y, la verdad, sufro por ellos al pensarlo…
Las madres con las que he hablado me aseguran que “siempre hay lugar para uno más”, que uno ama a todos sus hijos con igual fuerza, aunque no pueda dedicarle a cada uno el mismo tiempo y atención que dedicaría a uno solo; pero por más que racionalmente lo entiendo y lo acepto, en mi interior sigue rondando esa terrible duda...

19 abril, 2006

lo que sobra y lo que falta

—¿sabías que aunque los chicos nos creemos los efectos especiales de las películas, los adolescentes, los adultos y los ancianos ya saben que son efectos especiales?
—Claro. ¿Vos por qué pensás que los chicos creen más en las películas que ven y en las historias que leen que los grandes? —pregunto, mientras me respondo mentalemente que es porque los chicos manejan menos datos sobre cómo se construye la ficción.
—es obvio mamá: ¡porque los chicos tenemos más imaginación!

13 abril, 2006

BASTA!!!!!

El año pasado fue el primero desde que Martín murió en que me encontré hablando y escribiendo acerca del asunto más de una vez. Fue así porque proliferaron los padres víctimas a quienes no quisiera parecerme jamás. Esa categoría de personas se arrogó el derecho de hacer o decir cualquier cosa, esgrimiendo su condición de doliente extremo o más aún: "¿ud. qué sabe si no se le ha muerto un hijo?".
Bien, me banqué un añito de análisis duro, de los medios a full con el tema y por sobre todo me tocó en más de una oportunidad la antipática cuestión de contestar algo así como: "a mi se me murío un hijo, y?. ¿qué plus de derecho te da un plus de dolor?. Ninguno."
Otra de las cuestiones que me tuvieron el año cromañónico en vilo, fue que ahora Laura tiene ya 9 años (edad que tenía cuando su hermano murió, hace siete), y por lo tanto no se ha privado ni un poquito de preguntar y preguntar hasta el último detalle acerca del accidente en el que murió su hermano. Este año, nuestra "notera amarillosa" nos mantuvo al trote y nos puso hizo volver a un sitio decididamente pasado.
El pasado fin de semana un varón de 16 años murió. El domingo, laurita se pasó haciéndonos notar qué curioso es que el chico muerto "tiene un mellizo...como juan", "que tenía 16 años...como juan", "que lo raro es que el muerto no es Juan sino Matías y el vivo no es Juan sino Martín, como nuestro muerto. Algo salió al revés, ....por suerte".
La sobreexposición del dolor ajeno en los medios, lejos de conmoverme me da bronca, mucha. Ese padre doloroso junto al gran padre de todos los padres dolorosos, Blumberg, me pone en guardia. Pero hoy cuando Laura vino a contarme que sus amigas-vecinas le dijeron que sería mejor que también nosotros nos fuésemos a otro país así no nos matan a Juan, creí que había llegado el momento.
Pegué un grito: BASTA!!!!!!, que se escuchó hasta en las antípodas de núñez. Salí al balcón a gritar, gritar y gritar hasta cansarme, me siguieron Juan y Laura que estaban llorando adentro asustados,abrazados. Salieron y les dije: "gritemos fuerte, bien con todo, saquémonos las ganas y la bronca, y que nadie nos pregunte por qué mierda gritamos....".
El portero, elegantemente tocó el timbre y nadie le abrió.
Mis amigas del edificio llamaban por teléfono y no atendimos.
Todo duró dos o tres minutos eternos.
Después entramos, nos hicimos un té y abrimos una lata de galletitas de jenjibre que traje de inglaterra, comimos y tomamos en silencio. La vida sigue.

11 abril, 2006

La decisión más difícil

Tengo 37 años, dos hijos con el mismo esposo, y una fertilidad rápida y precisa. Las tres veces que quise quedar embarazada, fue así y listo. Un sistema express.
En relación a esto tengo que decir que me encantan los chicos, que siempre me han gustado. Desde pequeña he querido estar rodeada de niños. Cuidaba a mi prima. Animaba cumpleaños. Era la niñera perfecta en cada reunión en la que hubiera un bebé. Cuando crecí empecé a creer que era Mafalda, pero seguía sintiendo como Susanita.
Esperaba tener cuatro propios, y eso me confimó un vidente al que visité una vez, más por curiosidad que por creencia. Dos varones, dos niñas, dos abortos. He cumplido con lo de los dos varones y un aborto espontáneo. Pensar que según el destino me quedan aún otros tres intentos, es como demasiado.
A eso quiero llegar. Sé con el corazón, con el mismo sentimiento con que supe que quería hijos más que nada en el mundo, que no quiero tener más hijos. Que cerré la fábrica. A dos manos, digo yo, dos hijos. Soy madre a tiempo completo y recién ahora empiezo a recuperarme a mí misma. Y estoy cansada. Y los bebés son hermosos pero verdaderamente molestos. Y mi cuerpo ya no es el mismo que el de hace siete años y dos cesáreas. Y mi esposo no quiere con total certeza. Sé todo eso y entonces... ¿por qué estoy aquí escribiendo? Sé que no quiero tener más hijos ahora. Pero estoy segura de que el día de mañana lamentaré no haber tenido otro. Bromeo con que me gustaría tener, ahora, uno ya criado. Fantaseo con la adopción... ¡Pero no quiero! No quiero empezar de nuevo. Ser esclava de un neonato, perseguir a un deambulador, volver a hacer papillas, cambiar pañales, lavar vómitos, enseñar límites, hablar en diminutivo, regresar al jardín, quitar todos los adornos, tapar los enchufes, preocuparme por si alguien fuma, por si hace frío, cargar el bolso con todo, no poder hilvanar dos frases seguidas, no salir, estar pendiente de esa otra personita, lidiar con los celos fraternales, perder mis espacios, preocuparme a muerte por un resfrío. No quiero. Lo siento en las entrañas. Tengo dos hijos hermosos, sanos, inteligentes, incansables. Y tengo 37 años... tendría que ser ahora... y ahora no quiero. Es la decisión más difícil que he tenido que tomar, porque tiene fecha de vencimiento.
Oh, lo sé. Debo estar escribiendo esto porque mi mejor amiga tuve una beba. La primera. Y yo la tuve entre mis brazos al segundo día, y luego la entregué a la madre con total felicidad de saber que no era yo la que tenía que llevármela a casa. Entonces está decidido: no quiero más.
¿Y si quiero..?

03 abril, 2006

tiempo al tiempo

El niño comienza nueva escuela de arte. La madre concurre a la reunión de padres para recibir la información pertinente a la cursada. En el momento del arribo escucha:

—... es importante porque se pierden la consigna, y además se corta el clima de la clase.

La directora recomienda no llegar tarde y la madre escucha el discurso por la mitad, porque llegó tarde. Después la directora indica que el establecimiento está abierto desde las ocho, y pueden dejar a los chicos a partir de esa hora.

A punto de culminar la reunión una señora pregunta desde qué hora puede dejar a su hijo y si no hay problema en que llegue, digamos, unos diez minutos después de la hora de entrada cada día. O sea: ella se había perdido TODO el discurso de la puntualidad, porque llegó después.

Hijo mío: mi karma es tu karma pero (respiremos tranquilos) siempre puede ser peor.

28 marzo, 2006

Carta a la psicopedagoga.

Hola Seño Psicopedagoga, soy la mamá de Abril. Ya sé que tenemos una cita acordada para hablar sobre ella. Sé también de que se trata. ¿A que Abril no da ni cinco de pelota a lo que le dicen? No, en casa está todo igual que siempre, por ahora, mañana no sé. Porque Ud. vio, el presente es el presente y del mañana se supone, no se sabe, y eso es una de las cosas que trato de inculcarles a mis hijas. También trato de que sean personas independientes, autosuficientes y que encuentren placer en todo lo que emprendan. Y no hablo de éxito, hablo de placer y de responsabilidad por todo lo que se asuma, hablo de libertad Seño Psicopedagoga. Claro Seño, lo de Abril es producto de la educación y tengo muy claro cuán difícil puede llegar a ponerse en el libre ejercicio de su voluntad, pero si uno se toma el tiempo de explicarle cuáles son los beneficios y cuáles los obstáculos ante tal ejercicio, ella entiende, porque es obstinada pero no estúpida y sabe lo que es un límite. Si, ya sé, es una mini revolución de tres años, un menudo trastorno que alborota al resto, pero ¿qué quiere que le diga? Yo no estoy educando a un carnero para que siga a la manada, estoy educando a una persona, persona desde que nació, para que pueda desarrollar todas sus potencialidades y pueda ser feliz. No quiero hijas “adaptadas”, quiero hijas responsables que amen lo que sea que hagan. ¿Ud sabe cuánta gente adaptada totalmente trastornada hay? Quiero hijas libres que se hagan cargo de su deseo y que no carguen con el deseo de otros, porque eso es estar muerto en vida Seño. Si yo no se lo enseño ¿se lo van a enseñar Uds? Evidentemente, no. Uds portando el panfleto de la educación están generando masa y no personas, y eso, aparte de macabro es peligroso. Y entiendo que lo que pretendo para mis hijas ninguna institución lo va a brindar, por eso me ocupo yo. Lo único que quiero, Seño, es que en vez de coartar sepan encauzar, porque es más fácil domesticar la esencia de un chico que educarla. Y ya sé que los libros dicen tal o cuál cosa y que Ud Seño se peló el culo mínimo cinco años leyéndolos, pero yo parí dos hijas sin manual y le digo que las cosas son diferentes con la propia cría. Resumiendo Seño, un chico quilombero es un chico que se aburre, y un chico que se aburre necesita estímulo y no que lo castiguen. Si tienen una veta no la sepulten, sepan explotarla, les va a dar más satisfacciones que cualquier otra cosa que emprendan profesionalmente.
Sinceramente suya, la mamá de Abril.

24 marzo, 2006

no habrá olvido, no habrá perdón

Caminando rumbo a Plaza de Mayo, hoy 24 de marzo, Laura no dejaba de preguntar ....

-pero entonces por qué los militares no se iban...?- dice,
-bueno, no querían irse, querían el poder y finalmente como ya no sabían muy bien cómo hacer para esconder todo lo malo que pasaba, pensaron que si recuperaban las islas malvinas la gente les iba a agradecer y querer que se quedaran...
-pero má....la guerra esa no la ganamos los argentinos, no?
-no, la ganaron los ingleses y se quedaron en las islas y muchos chicos jóvenes que eran soldados se murieron ...eso fue lo que finalmente ayudó un poco más para que la gente se diera cuenta que ya los militares habían hecho muchos desastres y muchas cosas malas y mal....entonces la gente empezó a organizarse, a perder el miedo y a armar otra vez los partidos politicos para que volviera la democracia....
-¿los ingleses ganaron?
-sí.
-bueno, entonces es como que los ingleses nos salvaron de nosotros mismos...

17 marzo, 2006

el otro jardin

Hace tiempo que no escribo. Me costaba pensar cómo contar algunas cosas, cómo ponerle palabras. El post de Daisy me ayuda -en algún sentido- y me angustia mucho en otro.
Acá voy en el intento de darle cuerpo a la experiencia nueva, feliz y devastadora a la vez.
Hay jardines y jardines. Mis cuatro hijos fueron de los que al llegar al jardín en sala de tres, el primer día lloraron a mares cuando tuvieron que irse. Supongo que sería porque a todos les gustaban mucho otros chicos: Lucía tuvo record de horas plaza antes de ir al jardín, los gemelos eran siempre dos, y laura ya tenía hermanos y amigos de los hermanos y primos y .......
Cuando Martín murió fue doloroso para todos porque es una clase de despedida sin vacilaciones (ya les conté de eso y no tengo nada más que decir). Se sabe que es un final y que no hay regreso posible, ni encuentro futuro. Que todo lo que tuvimos, fue.
Lucía se fue a vivir sola a los 18 años, precozmente independizada por sus padres, sabiendo que si la 'manteníamos' estando en casa, era injusto sacrificar su derecho y su necesidad de espacio propio y de intimidad a condiciones tales como 'hasta que te mantengas sola'. Ok, la ayudamos bastante pero ya es una mujer que se las arregla solita, terminó la facu y labura. Deberia decir que cada renovación de alquiler fue viniendo más cerca de casa y que ahora es mi vecina del 6to. "B", pero eso no hace sino mostrar que la separación resultó cómoda.
Laura está en cuarto grado, o sea, también va al colegio contenta y camina sola las dos cuadras que hay entre su escuela y la casa. Está grande y creciendo no en santidad pero si en belleza y picardía. Juan está en quinto año. Hasta acá podría creerme una mujer que pasó las separaciones de sus hijos con más o menos dolor o felicidad pero que ya estaba todo vivido al menos una vez y era acervo de experiencia.
NO, NO, NO.
Estoy devastada y sorprendida ingratamente por mi propia vulnerabilidad. Me pongo mal apenas intento pensar qué mierda me pasa con ésto que vivo ahora, cómo es que me duele tanto, cómo me creí tan canchera, cómo me agarró mal parada...Estoy tan triste que el relato de Daisy me hace llorar a mares. Hay jardines en los que se entra para quedarse, para no volver más, para no querer el regreso a casa por nada del mundo. Juan entró al jardín de las delicias, mordió la manzana, jugosa, roja, fresca.
Juan a los 16 años está estrenando el amor, está entregado al encantamiento de un cuerpo de mujercita, al sopor de ensueño permanente, al arrullo de su voz de sirena. Es conmovedor saber que el que fue mi bebé, está descubriéndose hombre pequeño con un porvenir delicioso y extenso. Es feliz, está enamorado por primera vez y correspondido con una intensidad fervorosa, afiebrada y festiva. No hay cómo decir lo bien que me hace saberlo crecido, capaz de hacer feliz a alguien, que ella sea un encanto -o lo sea para él-, no puedo no ser feliz.
Sí. No.
Todo bien, porque ante todo me muestro y quiero sentirme políticamente contenta. Qué más pedir para un hijo que sea amado? eh??. No sé, pero estoy como si me hubiera pasado un tren por arriba, como si un aluvión me emparara el alma. Triste, tristísima, se que lo que había entre nosotros dos (ese amor único de la madre con su hijo varón) no vamos a tenerlo más. Haber probado el fruto de ese árbol hizo que Adán se descubriera desnudo, tuviera verguenza y se cubriera sus genitales.
Algo así; ese niño con quien tuve el amor más intenso, sólido e íntimo durante tantos años. Ese con quien compartí el trío que fuimos durante mucho tiempo. Ese a quien consolé y por quien temí más que por ninguno de los otros de la familia, cuando su gemelo murió. Mi otro hijo. El rubio peludo de 1,90 que me hacía upa para molestarme cuando lo retaba. Ese ya descubrió la intimidad del amor, y el pudor. Levantó entre nuestros cuerpos una pared emocional que nos preserva a la vez que nos distancia. Que nos cuida, que nos hace madurar a la vez que nos niega satisfacciones tan elementales.
Juan está en el jardín de las delicias y ese sitio es para siempre sin mí. Estoy haciendo un duelo distinto a todos los anteriores que hice frente a cada destete, inicio de clase, ir solos al cole, mudarse o incluso morirse. Este duelo del fin del amor pueril con un grandote que superó el edipo hace rato pero con quien nos permitíamos algunos escarseos, es definitivamente un punto final.
Los otros días recordaba que sería más o menos a los 9 años cuando ya no vi más a mi hijo desnudo, recordé que no sabía cómo era su cuerpo de púber, que nunca lo había visto desnudo desde entonces. Recordé cuando era bebé, cuando era chico, cuando nos atamos a la vida y la risa, para no dejarnos ir tras la tristeza de la ausencia de Martín. Recordé cuando ya no hablábamos de él como de un gemelo, cuando pasó a ser MI HIJO VARON. el único.
A cada rato me topo con papeles declarándome su amor, dibujitos de corazones hechos por sus manitos cuando, inocentes, ni pensaban en las curvas de Irina.
Este es un momento difícil y mágico, único creo. Cuando lucía descubrió el amor lo hizo con eso que tenemos las mujeres: más confesiones arrebatadas, emociones encontradas, preguntas y respuestas, complicidades y recaudos de género. El paso de niña a mujer es temprano pero también nos dio más tiempo para compartir y charlar, para verlo venir. El amor que Lucía como mujer tiene por su chico no modificó ni un poquito su contacto conmigo, lo intensificó en todo caso, buscó mi palabra, mi abrazo ...Juan no. Juan un día dejó de ser un niño, incluso un púber adolescente erotizado al divino botón onanista y secreto, para ser un chico enamorado de una chica real.
- Má, estoy saliendo con Irina
- ah!, congrats! Juan ...qué bueno
- sí, nos re amamos.
- qué bueno, bombón, qué bueno!!.
Y no me animé a abrazarlo, no me animé a llorar delante de él, no le diría nunca que lo extraño como no extrañé nunca a otro. Cuando tenía 10 años el hombre que entonces amaba -mi papá- se mató por amor a otra -mi madre-, estuve enojada un tiempo pero se me pasó. Cuando nacieron mis hijos varones supe que ese sí sería un amor para siempre, de por vida. Y lo es. No se trata de ya no me quiere. Es otra cosa. La primera infancia tuvo para nosotros una intensidad densa y secreta; íntima y poderosa que raramente se pueda racionalizar. Leí a Freud, a otros y llevo muchos años de análisis, pero sobre todo sé de todo lo que puede el amor por los hijos. La carga erótica de ese amor es innegable, y eso cuando las chicas aman a su padre con descaro frente a mí, es celos .
Al crecer; el amor entre juan y yo fue tomando diversos modos de expresión, quizá uno de los más intensos fue el de saber los dos cúantas cosas amamos juntos: a los otros amores de nuestros días, la música, la vida, la comida rica, el recuerdo de lo que tuvimos cuando estaba Martín.
Ahora empieza otra etapa, otro momento. Juan está correteando en el jardín de las delicias con Irina -y serán otras-, pero no lo espero en la puerta. De ese jardín no se sale de la mano de la mamá.

16 marzo, 2006

Período de adaptación

Mi hija se llama Bianca, tiene dos años, es hija única (por ahora). Yo tengo mi oficina de traductora en casa, así que, desde que nació, ella siempre estuvo todo el día conmigo. Durante todo el año pasado me quejé de que la nena estaba muy pegada a mí, me limitaba mucho en mis movimientos, que me complicaba cualquier salida que quisiera hacer. Veía esas cuatro horas diarias que iba a tener cuando ella comenzara el jardín como un (mini) regreso a la libertad perdida.
Pues bien, Bianca empezó las clases el 1 de marzo (tenía que empezar el 13 de febrero, pero justo ese día nos fuimos de vacaciones). Durante los primeros días del período de adaptación, por supuesto, estuve con ella en la salita (era la única mamá, los otros chicos ya estaban todos "adaptados"). De a poco empecé a tratar de salir por momentos de la salita para que se fuera acostumbrando a estar ahí sin mí. Escándalo, gritos, llantos. (Cuando Bianca llora, se entera todo el mundo, y cuando ríe, también. Nunca te deja dudas de lo que siente). Yo me preguntaba cuánto iba a durar el período de adaptación, cuándo se iba a quedar tranquila con sus compañeros y la señorita, por qué no madurará de una vez esta chica...
Me esperaba una sorpresa. Este martes, al llevarla al jardín, cuando hice amague de entrar con ella, me dijeron, sin anestesia, que Bianca entraba sola. Por supuesto, la nena empezó con sus gritos y su escándalo. Y yo, que por fin comenzaba a tener un rato de libertad... me quedé llorando afuera, bajo la lluvia. Me quedé tratando de verla por la ventana sin que ella me viera, pensando que no había podido despedirme de ella como hubiera querido; que se iba a agotar de llorar una hora y media seguida ahí; que la maestra no iba a poder tenerla todo el tiempo a upa porque tiene otros 16 chicos para atender; tantas cosas que en ese momento me parecían terribles. El dueño del jardín (es privado) y esposo de la directora pasó, me vio como un pollito mojado y cara de compungida, y se detuvo a charlar un rato para calmarme, explicarme que todo iba a estar bien, que las maestras saben lo que hacen, que hay que hacer un corte en determinado momento, etc. Todas cosas que yo ya sabía en teoría, pero que en la práctica no impedían que se me cayeran las lágrimas. Me quedé esperándola ahí, en la entrada (para colmo, no había dónde sentarse porque estaba todo mojado), hasta que se hicieron las 9.30, hora en que la tenía que retirar (le acortaron el horario para que no se le hiciera tan duro). Cuando la retiré, estaba tranquila. Hizo un amague de puchero cuando me vio, pero era claro que yo había llorado más que ella. La maestra me dijo que había llorado mucho al principio, pero después se había quedado tranquila la mayor parte del tiempo... Yo la miré, suspiré y sonreí.
Ahora, cada día, al entrar, hace un poco menos de berrinche. Ya ni pone cara de "Mirá cuánto he sufrido" cuando la voy a buscar. Y yo también empiezo a estar más tranquila... y hasta tengo tiempo para bañarme y leer tranquila el mail.

14 marzo, 2006

precisiones sobre el dubi dubi du



(aquí el pez en el agua, terminó el verano pero las fotos quedan)

Cuando Félix preguntó por primera vez sobre "cómo se hacen los bebés" le expliqué lo mínimo indispensable: que una célula de hombre se junta con una célula de mujer y después de nueve meses, etc.

Pero a medida que fue pasando el tiempo comenzó a pedir más precisiones, hasta que finalmente llegamos al punto en que expliqué que "el pito del varón entra en la chu de la mujer y así le deja adentro la célula que hace falta para el bebé".

Demás está decir que con la escolarización fue adquiriendo cada vez más precisiones sobre el asunto, hasta llegar a la pregunta inamovible: "¿Vos hiciste sexo con mi papá para que yo naciera?", "sí" "y ¿cómo se siente?" "se siente bien, porque si no la humanidad se extinguiría".

Hasta acá, todo normal.

Ayer, veníamos caminando por la calle y aconteció este diálogo:

—ma, ¿vos cuándo hiciste el dubi-dubi-du para tenerme a mí?
—¿Cómo cuándo? Hace ocho años...
—sí, ya sé, pero ¿a qué hora?
—¿para qué querés saber eso?
—para saber en qué momento empecé a existir

me acordé de los días y noches que antecedieron a su concepción y está claro que no puede responderle "fueron tantas veces que no sabría decirte".

Pero más me acordé de cuando yo tenía nueve años y, a la vuelta de alguna excursión (no sé cual pero fue en un micro) cuando Bárbara Palmer, de 4ºA, a propósito de alguna inocencia que yo debo haber dicho me zampó una verdad para la que no estaba preparada, como quien te da un sopapo de sorpresa.

"pero qué, ¿vos pensás que los padres lo hacen solo para tener hijos?"

13 marzo, 2006

Mi hijo, el dotor

Ariel (casi 5) a su hermano Alan (7): "Mamá tiene una enfermedad, y por eso se pone cruel y me reta".

08 marzo, 2006

Alba

Para poder escribir sobre esto he tenido que dejarme las tripas en el armario porque si no las lágrimas no me hubieran dejado ver la pantalla del ordenador.

No voy a relatar los hechos que están suficientemente explicados en todos los periódicos y cadenas de televisión. Al fin y al cabo no hacen falta los detalles para que el corazón se te encoja en el pecho al saber que una niña de cinco años se debate entre la vida y la muerte en la UCI de un hospital, después de haber recibido las "caricias" de sus padres.

Alba, según aquellos que la conocen, es una niña triste, cabizbaja, que no jugaba en el parque con otros niños y a la que nadie ha visto reír.

Hace tres meses le rompieron la clavícula, el húmero y una costilla. Y yo, como muchos, me pregunto ¿nadie pudo hacer nada por ella? ¿no hay ningún modo de que un padre no pueda agredir a su hijo?

Durante meses, la evidencia de que la niña sufría agresiones estuvo en manos de los jueces, de las policías y de los servicios sociales y de protección de la infancia de dos municipios y de la Generalitat.

La asistenta social -dice El Periódico de Cataluña- como era nueva "no sabía qué hacer"
¿Dimitir, quizá?

Tres juzgados involucrados en las denuncias por malos tratos a la menor...

Pero sobre todo intento pensar qué tendrá esa madre en la cabeza, no hablo ya dentro del pecho, para permitir que alguien utilice a su hija como saco de golpes y aún después de eso, defenderle.

En este mismo instante muchos niños lloran angustiados en manos de sus "protectores padres".

¿Alguien puede oírles?
Antonia Romero

07 marzo, 2006

¿Y... y cómo fue?

Teniendo en cuenta que he compartido con ustedes mi miedo infantil a cambiar de escuela, y mi preocupación adulta a cambiar del ámbito privado al público, y sabiendo que los secretos han sido revelados, que los niños pasaron ya su primer y segundo día escolar, que he conocido por fin a sus docentes, compañeros y alumnos, va esta declaración de mi sentimiento en este preciso momento:
¡AGUANTE LA ESCUELA PÚBLICA!

02 marzo, 2006

Lo que hice en las vacaciones

Anticipándome al inicio de clases, va aquí mi composición tema "Lo que hice en las vacaciones", que por única vez permito copiar y modificar para que sirva a todos los estudiantes el próximo 6 de marzo.

"En las vacaciones me la pasé pensando que se iban a terminar pronto e iban a comenzar las clases. No sólo lo pensé, también lo soñé varias veces. Pero no era ninguno de mis hijos el que empezaba las clases en mis sueños, sino que era yo. Se lo hubiera contado al analista si tuviera analista, pero en este momento no me quedan sesiones provistas por la prepaga, así que ando sin análisis y sin responsabilidad por el mundo. No pude dejar de pensar en el comienzo de clases, lo explico, justamente por el cambio al que he sometido a mis hijos. De escuela privada a pública. De jornada con tres tardes obligatorias a simple. De nivel medio-medio-alto a nivel no sabe no contesta. De inglés a no inglés. De rugby a fútbol. De amiguitos de toda la vida a nenes que no conocemos. Uno lo lee así y suena medio repugnante (¿se puede escribir repugnante en una composición escolar?). Sobre todo lo del rugby y la clase media, porque parece medio elitista o elitista del todo. Pero lo pongo porque era lo único que mis chicos y yo conocíamos, teniendo en cuenta que el mayor había empezado sala de 1 en esta escuela, y el menor de 2. No es que no haya querido enviar al menor también a sala de 1, pero no me caminaba el chico. No me caminaba y no me hablaba, y así no me lo aceptaron, como que algo tenía fallado. Entonces como somos todos analizados y modernos, lo mandamos a estimulación temprana y a los 2 empezó el jardín. Me fui por las ramas, lo sé. Lo imagino a mi hijo mayor entrando el primer día de clases a su escuela nueva, sin conocer a nadie. Tal vez no encuentre con quien sentarse. Tal vez le de un ataque de timidez y se ponga colorado, y eso me parte el alma y me produce una angustia infinita, y todo lo que quiero es acompañarlo, darle la mano fuerte y sacarle la lengua a todos los compañeritos. Después me siento con él y me convierto en su amiguita de segundo grado, y todos terminamos en un psiquiátrico. Él lo tiene re-asumido. Que va a ir a una escuela nueva. Yo no. Él dice que tiene un poco de miedo y que preferiría ser el único de la clase (no el único nuevo, no el único varón, el único-único, que fuera una clase de uno), y yo le digo con mi mayor falsedad que va a tener un montón de amigos y así más fuerte podrá cantar... pero no me lo creo. Y dicen que si yo no me lo creo, él tampoco se lo va a creer. Y ojo, porque yo sé que va a tener un montón de amigos, porque los pibes son moldeables a las circunstancias, y esto le va a hacer super bien, porque la verdad es que ya no nos estaba gustando la escuela con rubgy, con todas esas 4x4, que no eran cuentas de matemática, justamente. Y yo soñé toda la vida con regresar y reinvindicar la escuela pública. ¿Pero por qué meterlo a mi hijo en mi cruzada político-social, digo yo? Y el menor... ay, si ustedes lo vieran, con esa pinta de pigmeo rubio y cachetudo, para comérselo... Un día me dijo que "no quería más a sus amigos viejos", pero que "Facundo -que es un amigo viejo- iba a ser siempre pero siempre su mejor y más amigo", y a mí se me partió el alma otra vez y en varias porciones desiguales, qué quieren que les diga. Por suerte su maestra nueva es divina, dulce, joven, simpática, y su aula es infinita y repleta de juguetes. En suite. Con computadoras. Porque viste que en una escuela pública te puede tocar la maestra de 65 que todavía no logró jubilarse y ya no puede sentarse en el suelo por la artritis. Mi mamá se jubiló a los 60, de la escuela pública, y yo creo que hasta el último día fue una maestra grandiosa, pero porque es mi mamá, ¿no? En cambio a la maestra del mayor no la conozco. Y por eso sigo soñando. Que tengo puesto el guardapolvo blanco que compré en "Quintás, donde un peso vale más", con broches y proceso antimanchas que calculo durará lo mismo que dure el lápiz negro (medio día), y entro sola, y no conozco a nadie, y todos me miran porque soy la nueva, y yo los miro y creo que son todos tarados y feos y miserables. Hasta que alguien se me acerca un poco o yo me acerco y me presento, y entonces me pregunto si no será mejor enviar a mi hijo el primer día con algún juguete lindo, ponele un Max Steel, para que sirva como anzuelo, así los otros nenes se le acercan, y yo no tengo juguetes nuevos en el sueño porque soy más grande. Tengo 11 años. Porque claro, a los 11 años yo cambié de escuela de verdad, y no conocía a nadie (ayudaba que mi vieja era maestra en la misma escuela), pero fue uno de los cambios más positivos de mi vida. Y eso deseo para mi hijo. Pero estoy muerta de miedo. Me parece que voy a llevar yo algún juguete nuevo el primer día para que las otras mamás se me acerquen. El chiquito ni se va a dar demasiada cuenta del cambio. Pero el mayor... Ay... encima la escuela nueva está a 1 cuadra del jardín viejo, y en algún momento se van a cruzar... Y la que sueña soy yo. Eso me pasó durante las vacaciones: me las pasé soñando que empezaba la escuela y que no había estudiado para inglés (siempre es inglés o matemática, esos monstruos)".

17 febrero, 2006

Soy políglota

El otro día Violeta, la perra, no aparecía por ningún lado. La buscamos debajo de las camas, adentro del placard, en el vanitory y hasta en la heladera. Aclaro que lo de la heladera no es descabellado, un par de veces los gatos salieron de ahí medios duritos de frío. La cosa es que Violeta no aparecía, entonces las nenas me propusieron que la llamara.

-La estoy llamando, hace media hora que no paro de decir Violeta, Violeta.
-Pero no má, así no.
-¿Y cómo quieren que la llame?
-Hablale como sabés vos.
-¿...?
-Hablale como animal, como cuando llamas a los gatos o como con los monos.

Ahí caí, me estaban pidiendo que ladrara. Ahí caí también en que ellas piensan que yo hablo el idioma de los animales. Claro que esta no es una idea fantasiosa de sus cabecitas infantiles, tiene una base cuasi científica porque yo...esteee...yo...maúllo. Sí, maúllo. Cuando los gatos se esconden y no los encontramos me pongo a maullar como si fuera uno de ellos y vienen.
Lo de los monos es otra historia. Una vez en un zoológico, frente a la jaula de los carayás que estaban muy entretenidos gritando y no se acercaban, se me ocurrió imitar el aullido que hacían, al instante teníamos a la mayoría adelante nuestro tratando de descubrir al mono que estaba afuera llamándolos.
Con semejantes ejemplos, pobres criaturas ¿qué van a pensar?
Así que para no desilusionarlas, me puse a llorar como un cachorro, Violeta apareció y todos contentos.
Calculo que cuando sean más grandes y me pidan ayuda con inglés, se les va a caer un ídolo.

15 febrero, 2006

tic, tac,tic,tac

- Má,¿por qué hay que dibujar el amor con un corazón?
- podés dibujarlo como querés...
- pero es que el amor está en el corazón?
- ummm
- como las ideas están en la cerebro....¿viste que siempre en los dibujitos si tenés una idea ponen una lamparita prendida arriba de la cabeza?
- si, pero el amor no es "una cosa" que está en alguna parte concreta del cuerpo, las ideas tampoco. Son pensamientos, sensaciones...Se elige "representarlos" con el corazón al amor, o la lamparita para que todos entendamos cuando vemos el dibujito...
- Sí, una vez yo tuve una idea y se me perdió y me dijo iaia que vaya donde estaba antes porque si los ojos veían lo mismo que antes..entonces la idea me volvía...No era nada en la cabeza...
-Bueno, cuando vayas al secundario te van a explicar bien, todo ....pero viste que decimos "mariposas en el estómago" cuando estamos enamorados...
- ahhh, sí.
Muy detrás de los ojos, habita desierta la ternura . Los vasos sanguíneos, saben reconocer la voz acorazada de las entrañas. (anoto en mi diario, luego de la charla con laurita)

14 febrero, 2006

San Valentin

Detesto las fiestas importadas? Si
Soy una madre babosa? Si
Entonces, como pesa más la babosidad materna, este es mi homenaje al amor más grande, incondicional y para siempre que voy a tener en toda la vida.

07 febrero, 2006

la escatológica naturaleza del varón promedio.

Éste energúmeno tiene ahora exactamente 43 años, una mujer sueca y bella y tres hijas chicas.

El invento de mi cuñada, sólo fue posible porque pensó en que la habilidad de un electricista evitaría que ella - e incluso sus hijas, dentro de un tiempito- tuvieran que hacer justicia por mano propia.
El sujeto en cuestión es mi hermano mayor, ese mismísimo que nos invitó a pasar fin de año y más y más en Estocolmo. Pero así como lo ven, de maduro padre de familia, devenido profesional librepensador y económicamente tranquilo: EL TIPO NO PUEDE EMBOCAR EL CHORRO DEL PIS EN EL INODORO. No hay caso.
El sistema de la tía resulta un poco "pavloviano" comenta mi hijo -que tampoco emboca- ya que al ver la luz, el tipo recuerda que debe ATENDER y mea donde corresponde. En fin, el primer mundo da para todo.
Más de media docena de hermanos, innumerables (por que mi memoria es muy mala) partenaires ocacionales y alguno estable, más un par de hijos varones han determinado mi creencia en que los hombres tienen un vínculo histriónico e hilarante con sus funciones orgánicas desde pequeños....y no se les va cuando crecen.
Voy a confesar algo inconfesable. Hoy uno de mis sobrinos que tengo durante una semana en mi casa (tiene 5 años) vino corriendo hasta mi cama mientras yo intentaba despertar para poner un poco de orden en ese cuarto repleto de amiguitos, primitos y vecinitos. Todos varones entre 5 y 7.
- D!! (se lee dai, apelativo cariñoso de entrecasa) D!!....
- qué? te pasa algo en serio?
- si........
-...........
- me tiré un "pedo con jugo" y ahora está el cuarto todo sucio y todos se ríen.
Salté como si me hubieran eyectado mil resortes recordando con furia cada uno de los concursos de pedos de mis hermanos decidían conveniente y oportuno tener sólo para molestarme, las miles de anécdotas de caca y pis que siguen recordando como magníficos eventos ahora que son unos grandotes de más de entre 37 y 44 años. Eso dejando afuera la educación escatológica escencial a la naturaleza masculina que se han empeñado en transmitir a sus hijos y sobrinos...
Llegué al dormitorio y encuentro a seis pequeños riéndose casi a lágrima suelta del pobre Cale, cagado por sorpresa. Entré y me tenté, me contuve y les pedí amablemente que salieran mientras limpiaba. Junté sabanas con jugo de pedo + calzones + mantas + un poco de todo y lo metí en el lavarropa. Cale estaba bañándose sin que nadie lo mandara, el resto como si tal cosa seguían midiendo sus poderosos efluvios en narraciones inverosímiles mientras desayunaban como famélicos. Es que desde que me acuerdo ¿ qué otro momento más oportuno para relatos de esa índole sino durante la comida?.
En fin. Las mujeres tenemos el mismo sistema digestivo y probablemente sea alguna enseñanza vinculada con el recato o el pudor o la verguenza lo que evita que la tendencia sea tan marcadamente indiscriminada. No es que no seamos capaces de hacerlo, sólo que elegimos cuidadosamente delante de quién. Eso es lo que les expliqué a mis hijitas....no he recibido quejas.

04 febrero, 2006

I´ll always be there...

Lo que cuenta Natalix, me hace acordar algo. Van a creer que sometí mis oídos sajones a una sobredosis auditiva de viejos boleros cantados por el juarense Luís Miguel y que eso me espumó el cerebro y me dejó todos los residuos de mi resistencia a la ñoñez.
Sí, ¿por qué no puedo ser como dios para mis hijos? ¿ por qué no puedo decirles mentiritas que les ahorren sufrimientos? ¿por qué no debería atenuarles lo terrible de la vida?.
Hace un tiempo decidí dejar de lado el impiadoso sincericidio: le digo a Laura, cada tanto, alguna mentira. Por ejemplo: "no, no tiene queso", "no tengas miedo", "no va a pasarte nada", y la que llevaba el récord era: "yo siempre voy a estar ahí".
Sí, había decido que si dios le dijo a Isaías : "No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa”, lo mío era un poco menos pretencioso.
Y así lo hice. Cada vez que Laura tenía miedo, cada vez que yo lo tenía, y cada vez que nos separábamos: "siempre voy a estar con vos", en abierta contradicción con los hechos. Ahora que lo pienso, sin embargo, fue sólo parcialmente útil: porque la falsedad de tal afirmación es, en mi caso, tan patente que me lo hecha en cara. “No es verdad. no estás siempre conmigo.”
La primera vez que me lo dijo, me hizo mal. Mucho. Entonces decidí cambiar esa expresión por otra más cierta "quisiera estar siempre con vos". Les aviso: no fue un acierto, fue peor. Esa frase, tal como lo descubrió al instante mi hijita astuta, supone mi falibilidad y con un demoledor "¿ y por qué no podés?", me dejó en pelotas.
Decido entonces volver a la expresión anterior. Así aunque sea sigo comprobando cada día la distancia que me separa de cualquier divinidad...

02 febrero, 2006

when I'm gone

Me levanto y tengo que comprar la comida del gato, el antibiótico que debo empezar, y lavar los platos de anoche. El niño todavía duerme. Le digo "salgo a comprar y vuelvo". Rechina los dientes desde lo más profundo de su sueño, yo insisto: "me voy a comprar, Felito, ¿me escuchaste?". Hace que sí con la cabeza y salgo.

A la vuelta lo encuentro bañado en lágrimas "¡Me levanté y no estabas!!!".

Explicaciones: no debiste haberme oido, te avisé y estabas muy dormido, perdón, tenés que saber que jamás te abandonaría (-¿Alguna vez te dejé solo? –Hoy). Perdón, te quiero, tranquilizate, debería haber dejado una nota. Abrazos, besos, pena infinita por su penar y su temor, lenta vuelta a la calma, sonrisas, no pasó nada, si querés te preparo el desayuno, sí, quiero.

En la cocina veo sobre la mesa una foto mía que estaba en el living.
—Ay, trajiste mi foto para pensar en mí y llorar cuando no estaba —pregunto con sorna.

Me avergüenza mi propia crueldad pero burlarme es una forma de decirme y decirle "ya pasó, ya puedo reirme de eso y todo". Sólo que él es liviano (por más jóven que yo sea, él siempre va a ser más liviano), pasa a través de la ironía como si fuera niebla, como los ángeles cruzan la materia sólida, las puertas, las paredes, sin inmutarse me responde

—No. La traje para pensar en vos y saber que estabas conmigo aunque no estuvieras.

Él siguió engullendo yogurt y yo tuve un escalofrío, una especie de susto y me quedé mirándolo llena de admiración y agradecimiento, en silencio.

30 enero, 2006

Lo que se hereda...

Cada vez que llegamos a la casa de mis viejos la misma historia, las nenas entran corriendo, se van sacando la ropa (dejándola por el camino) hasta quedar en bombacha y toman por asalto el dormitorio, en donde se atrincheran por el resto de la noche o el día, según la hora en que lleguemos.
El sábado fue uno de esos días
-Yo no sé de donde sacan esas cosas estas dos, qué desordenadas son! Mirá como se ponen en bolas- le dije a mi mamá después de saludarla, mientras me sacaba las sandalias y las dejaba en el palier. Saludé a mi papá, revoleé la cartera en el sillón, tiré una bolsa con videos en otro sillón, me arremangué el vestido le hice un nudo dejándolo del largo de una minifalda mientras me iba a “mi” lugar en el comedor diario.
Mi vieja me miró y me dijo
-Me estás jodiendo? Hacen lo mismo que hacés vos.
-Yo? Qué hago?
-No te diste cuenta?-
me contestó señalando el reguero de cosas que indicaba el camino seguido y mi cuerpo semi desnudo.
Y no, no me había dado cuenta.
Ahí nomás empezó la enumeración de similitudes por parte de mis progenitores, a saber:
Mi uniforme habitual era una bombacha (igual que mis hijas), solamente me vestía completa en fiestas de guardar o cuando iba de visita a algún lado; salvo que hagan 10ºC bajo cero andamos descalzas, desde que aprendimos a hablar contestamos hasta quedar con la última palabra, siempre fuimos tercas como una mula, normalmente dejamos todo tirado, a pesar de tener los ojos muy grandes cuando nos reímos parecemos chinitos, nuestros malhumores son soportados estoicamente por los que nos rodean, somos curiosas, nos gusta dibujar e inventar historias, amamos a los animales y a las plantas. La lista seguía y seguía.
Ante tamaño recordatorio, alegué que también tenemos muchas cosas que nos distinguen. Por ejemplo: Sol queda en calzones solamente en épocas de calor y Abril hace un culto del nudismo total tanto en invierno como en verano, yo me he vuelto un poco más recatada con la edad (me desnudo cuando es necesario) Sol quiere ser princesa y Abril tener muchos hijos pero que se los cuide yo, yo me conformo con ser quien soy. Sol dibuja en papel, Abril se dibuja el cuerpo, yo hago las dos cosas. Sol se enoja y le dura mucho, Abril se enoja y le dura poco, yo me enojo y depende con quién, me dura o no. Ellas dejan todo tirado, yo también, pero de última lo junto.
...
No encontré nada más.
Recién ahí, bajo la mirada burlona de mis viejos, caí en que mis hijas y yo nos parecemos más de lo que creía.

26 enero, 2006

El cumple se festejó en un salón de fiestas, allí la señoanimadora secuestraba prolijamente los paquetes que traían en la mano los invitados e invitaditos y aseguraba que se los darían a la cumpleañera al final. Al salir, le dieron a mi adoradísma "sobrina" Carmela, una enorme bolsa de residuos negra donde estaba todo aquel botín. Salimos del evento (detesto los salones de fiestas!!)después de haber padecido durante un par de horas el frenesí musical de Miranda, Belinda, Raven, Britney, y todo el pop para agrandaditas. Comimos los adultos comidita rica de fiesta pero los chicos deglutieron algo parecido a alimento para animalitos -chizitos- y bebieron copiosamente litros de cocacola. Nuestra imagen por la calle era patética: 30 grados a full, la imagen de mi Carmelita linda, estrenando sus 5 años y caminando agobiada bajo el peso de su tesoro en bolsa de basura, parecía algo como la niña de la bolsa.
Claudia insistió en "reunión íntima" en la casa ya que al final estaría bueno reponernos...y chusmear todas juntas -las madres-.
Apenas entramos a su casa, Carme vació la bolsa sobre la alfombra y cuál ave-fénix con la energía más que renovada, fue ´a por ellos´: los regalos.
En un lindísimo envoltorio con tarjetita bien prolija estaba guardado el regalo de la re-bobe, la bobe y el zeide (bisabuela y abuelos de carmela): encantadores viejecillos, con buenísima voluntad, suficiente dinero y escasa intuición de lo que puede depararle a la cumpleañera y sus amigos ese dilemático regalo.
Lo abrió y su cara estaba extasiada. Había tenido la beatífica visión de la “Barbie embarazada!!”. Y era toda suya. La muñeca se llama Midge.

Yo, confieso, no pensé en ninguna de esas cosas que en general pienso cuando tengo que regalar algo para chicos chiquitos….no pude; frente a Midge depuse todo intento de selección bienpensante, didácticamente correcta y progresista de juguetes. Quedé atónita.

Allí estábamos todos, contemplando alucinados la evidencia milagrosa de una futura maternidad rarísima. Carmela le dio a su madre la caja para que la abriera con cuidado, en un gesto casi devocional. Los ojos de todos siguían implacables ese periplo.
A partir de ese momento y quién sabe durante cuánto tiempo, Midge estará entronizada en un lugar preferencial del mundo Barbie de Carmela. Eso sí, ese primer día entre primos y amigos íntimos debió padecer una infinita procesión. Todos los que estaban quisieron tenerla, verla, espiarla. Me incluyo.
Cada uno oficiaba una y otra vez el mismo rito: desnudarla ( con notable esfuerzo porque si fuese posible, Midge es aún más rígida que Barbie), mirarla con extrañeza, reconocer la portación de pudenda bombacha marca barbie y observar con rigor la panza a punto. Desde el sillón las madres nos reíamos ante la evidencia de que la muñeca tiene la chabomba labrada sobre la piel, ese sí es el perfectísimo cinturón de castidad!: Barbie, Midge y cualquier otra SON-CON-BOMBACHA.
La rutina infantil se desplegaba delante de nuestros ojos, todos hicieron parir a la pobrecita una vez y otra y otra y otra. Es que el asunto era increíble!, tenían que apretar con vigor hacia adentro, hasta hundirla, la panzota plástica. Lo hacían con una fuerza mezcla de morbo y placer sólo para observar el increíble y brevísimo momento (probablemente imaginado de otro modo, tantas veces) en que el bebé sale literalmente eyectado del inhóspito vientre. Es un parto catapulta!
Durante el tiempo que duró el encanto de la novedad.....supuse que asistiría – y me preparé con toda la curiosidad que tengo- a las más diversas e insólitas conversaciones entre pares, acerca de los orígenes de la vida (probablemente hipótesis sobre el propio origen). ¡Qué infinita decepción!, solo me llamó la atención que ninguno preguntara por el padre, tutor o encargado del extraño bebé que emerge del vientre materno con el pañal puesto.
Sí, sras. y srtas. Mattel cuida no solo de la moral de la madre impenetrable que ni siquiera tiene vulva, vagina ni agujerito por donde parir o hacer caca…sino también la moralita del encantador vástago. El pañal debe habérselo tragado Midge, junto con la "semillita" al momento de la concepción inmaculada...porque es de tela!!. Se puede sacar eso sí: y la hipótesis de Claudia es que eso es posible sólo porque el bebé es varón. "Macho" dijo la partera y mostró con orgullo su gracioso pitulín.
Algunas amigas y yo, que pasamos por esos otros partos, como dios manda, nos preguntábamos con envidia retórica, porqué tardamos más de un instante en volver a tener el pelo prolijo, ese rostro plácido, los labios sonrientes y maquillaje perfecto...y esa turgencia mamaria que ni chorrea ni se le marca una sola venita...pero sobre todo A MIDGE LE AFLORA UNA PANZA NUEVA CHATA E IMPECABLE apenas salido el niño!!. La flacura increíble de Midge posparto nos puso un poco tristes. Pero las preocupaciones de los chicos fueron en general del orden de la pura mecánica: no hubo inquietudes acerca del deseo, de las relaciones de parentesco, de la sexualidad, ni siquiera acerca de la diferencia sexual anatómica. Midge resultó un fiasco para mis amigas progres que insisten en regalar “De dónde venimos”, pero también lo fue para las más mojigatas que esperaban que la presencia de una niña avivada como Laurita respondiera con la sabiduría de los 9 años, “esas” preguntas infantiles que las cómodas sras. eluden con descaro.
Nada.
No hubo siquiera una de las nenas que sintiera la más mínima empatía por la pseudo maternidad de Midge ni por un segundo. No la creyeron, les da más entusiasmo que alguna se disfrazase de futura mamá poniéndose un almohadón debajo de la remera y haga la mímica dolorosa y sudada del parto más novelesco.
Pero a mí sí me dio un poco de impresión. Midge agitó mis peores fantasmas en relación a lo materno. (por supu que no los revelaré acá), pero me pareció monstruosa.. Por esa actitud inhiesta de abanderada de escuela, por que el gesto gélido la hace más parecida a una máquina “portadora de niños” que a una puérpera. Porque aunque sepamos que no existe tal cosa como el instinto materno, a todas nos gustó de chicas jugar a la mamá alguna vez. ...pero ese maniquí es absolutamente inverosimil, incapaz de generar la más mínima ficción que no fuera la del bebé bala.

Un juguete que no sirve para jugar, sencillamente no sirve para nada.

21 enero, 2006

Ayer tuve una experiencia mágica...

Mi chico de doce años cantó por primera vez con su coral.
Ya sé que puede sonar cursi, pero tuve que morderme los labios para no dejar escapar ninguna lágrima (me habría matado si sus compañeros de Instituto me hubiesen visto llorar).
Vosotras me entenderéis, estoy segura. Verle allí arriba, delante de una orquesta en un ambiente (una iglesia) tan propicio y cantando las canciones de la BSO de Los Chicos del coro...

No lo está pasando demasiado bien en el Instituto. Es su primer año y es demasiado "distinto" al tipo de escuela al que estaba acostumbrado. Durante todos los años de clases estuvo con los mismos compañeros. Algunos se marcharon, otros llegaron nuevos, pero la mayoría se conocían desde el primer día. Los profesores, los padres, todo aquel ambiente era suyo, le pertenecía.
De pronto y con sólo doce años, se encuentra en otro lugar, con compañeros a los que no conoce y profesores que le resultan extraños. Los principios suelen ser complicados y para él también lo han sido. Entonces surgió. Su tutora es profesora de música y se propuso montar una coral escolar. Los "amigos" de Guillermo (que es mi hijo) no quisieron ni oír hablar de eso. Pero él se sintió atraído enseguida, le gusta la música. Así que se apuntó. Todos los días, durante cuatro meses, han ensayado a la hora del patio y todos los viernes al terminar las clases.
Hasta ayer.
Me sentí muy orgullosa y emocionada al verle allí. Diez valientes niños, frente a unas cuarenta niñas. Nerviosos y emocionados, supongo que para hacer juego con unos padres que les mirábamos como si hubiesen descubierto la música esa noche y rezábamos porque en su vida todo fuese como en ese momento.
Quería contároslo porque aquí, en casa, debo comportarme como si ayer fuese un día normal. ¿Verdad que me entendéis?

Antonia Romero

18 enero, 2006

De padres e hijas

Los post de Daniela inevitablemente despiertan mis recuerdos. Leyendo el anterior, en el que hablaba del amor de padres e hijas, el relato me remontó hacia mi papá.
En otras partes del blog escribí sobre la relación con mi mamá y con mi hermano, pero a mi viejo lo mencioné apenas. Creo que hay tanto amor salvaje dando vueltas todavía entre nosotros que no tuve la necesidad de volcarlo, pero ahora que se levantó el dique, me acordé.
Uno de mis primeros recuerdos es el de las mañanitas en el norte de Santa Fe (soy santafecina) en que por casualidad madrugaba y él ya estaba tomando mate en el jardín, yo me acercaba con mi sillita y el me preparaba “el especial”, mate con azúcar y en lugar de agua, leche. No hablábamos porque yo todavía no manejaba mucho la palabra, pero disfrutábamos en silencio de nuestra mutua compañía. Por las noches me acompañaban sus cuentos inventados, de animalitos (los mismos que ahora les cuento a mis hijas). Me acuerdo también el acompañarlo a ver pacientes al hospital para después pasar a meter los pies en el río barroso que lamía nuestro pueblo, antes de volver a casa. Más o menos cuando tenía cuatro años nos mudamos a Bs. As. por etapas, primera etapa: nos vinimos mi mamá y yo para conseguir casa, colegio, consultorio; segunda etapa: se vino él con el resto de las pertenencias después de haber liquidado lo que quedaba. Entre etapa y etapa pasaron algunos meses en los que nos veíamos muy poco, solamente cuando el venía unos días. Qué sentimiento de vacío cuando se iba! Yo atesoraba los papelitos de los caramelos que me compraba como para retener algo de su presencia, de los besos cosquillosos de sus bigotazos, hasta la próxima visita.
Ya totalmente establecidos apareció mi hermano y el idilio empezó a romperse, terminó de partirse, pensaba yo, en mi adolescencia. Puse a prueba y desafié constantemente cada uno de sus límites y su paciencia. Pero el tipo no acusaba recibo, recién ahora entiendo que si no lo hizo fue por el amor que me tenía, de otra manera no hubiera podido soportarlo. Fueron unos años difíciles, más para él que para mí, que se vió de pronto con que su bebé se había transformado en el bebé de Rosemary. Capeamos unos cuantos temporales juntos, solitos y salimos adelante.
Tuvo el buen tino de no invadirme nunca, de respetar mis tiempos, de prevenirme y a pesar de eso, con todo el dolor de su alma reflejado en los ojos, dejar que me rompiera la cabeza contra una pared cada vez que insistí en hacerlo. Me dejó crecer y salir de la protección cálida de sus brazos con las suficientes herramientas para enfrentarme yo sola a lo que venga, pero haciéndome saber que siempre va a estar ahí, para mí, cuando lo necesite, para lo que sea.
Yo, tan explosiva, tan inquieta, él, tan agua de pozo, tan medido. Tan distintos nos fuimos igualando al entender la diferencia del otro.
Su presencia me produce lo que la mía produce en él, una total pacificación interior, aún hoy, cuando falta poco para que los papeles se inviertan.

14 enero, 2006

En el auto, su prima le saca a Juan ésta foto. Ella se la manda desde su máquina a la compu y desde ahí me la envía él a mí. Es mediodía y la luz apenas parece estar despuntando, ¿no?. Curiosamente es él quién va dando indicaciones a sus tíos de cómo llegar a tal o cual lugar, se orienta muy rápido y es mandón. Las primas mujeres son ligeramente menores y están cuasi enamoradas de mi hijito...
La comunicación entre un adolescente varón y su madre suele ser bastante acotada, sobre todo si como nosotros dos, somos de poco hablar. Igual estos días fueron muy intensos para sus años, el estar full-time con sus tíos varones, le abrió el universo de esa cosa de masculinidad gregaria que no es precisamente el gineceo doméstico. Siempre disfruté mucho de mis amigos y los amigos de mis hermanos, de los varones y sus asuntos. Disfruté con gran curiosidad, con intriga, con ganas de saber cómo son.
Le hago estos dos comentarios (el de los primos encantados y el de qué distinto es tener hijos que hijas) al dueño de casa, padre de niñas: me cuenta como quien se desnuda que sus hijas lo han enamorado con una furia incontrolable, con cada una sucede otra vez. Que así sabe que puede amar a más de una mujer, y que sólo desde entonces tiene la certeza de que puede ser el tipo más pelotudo del mundo con total tranquilidad: se sabe profundamente amado por ellas. Me conmueve. Es gracioso verlo pedir "no le cuentes a nadie" -cosa que juro, y ya ven!- "las amo tanto, tanto que a veces cuando duermen me acerco y no lo puedo creer, ese abandono, esos cuerpitos despatarrados y los cachetes pidiendo a gritos "comeme", "me he vuelto salvaje desde que soy padre de estas niñas: creo que me siento de verdad un hombre".
Me río. Le digo que alguna vez inventé una teoría rara: pero que Lucía y Laura, con ese amor loco que su padre les corresponde ciegamente, son capaces de llevarme a mí y al mundo entero por delante. El amor de un padre a una hija mujer, ese amor incondicional y que sabe resignarse cuando llega el momento, las hace poderosas, libres, seguras, bellas....Los varones con quienes las madres también tenemos esa clase de amor, igual de amoroso pero distinto, si es correspondido hace de ellos varones sensibles y sutiles; de esos que suelen ser complacientes y con ganas de vernos satisfechas...Juan y Martín fueron hasta los seis años el compendio del edipo. Puedo acordarme de sus manitos metiéndose por debajo de mi ropa ,cuando los hacía upa a eso de los tres años, y acariciándome se iban durmiendo.
No me resulta interiormente fácil dejar a Juan crecer del todo, imaginarlo ya dentro de poco pensando en otra/s... Mi hermano se ríe casi hasta descostillarse.

Cuando termino de decirle eso, me dice que me mandó más fotos por email. Una que le saqué el otro día a la mañana cuando cansada de buscar dónde miercoles se había metido lo encontré hablando secretitos con otro de los muchachos en el cuarto de las nenas...y él jugando con la compu barbie.
Y la otra sacada hace casi seis años, de mis gemelos entonces , jugando un verano en este mismo parque que hoy está tan helado.












13 enero, 2006

Claro que me acuerdo



En sus últimos años, mi bobe Rosi siempre me preguntaba si la recordaría. Pregunta de vieja, le decía yo y bromeaba que no, que al día siguiente de repartirnos su herencia, nos preguntaríamos, mirando alguna foto, quién era esa mujer.
Quise a mi bobe como sólo se ama a una abuela. Aún hoy puedo recordar su olor, la tibieza de su piel, su candor, sus erres rusas. Pasé días, tardes, veranos, vacaciones con ella. Era una de esas abuelas que pelan las uvas y quitan los carozos, que cocinan panqueques, que exprimen naranjas, que te esperan con la comida que te gusta, que te llevan hasta la plaza cinco cuadras con patines, que te compran la revista que te gusta, que te cuentan cuentos, que te enseñan a jugar a la canasta.
De todas las muertes familiares que he vivido, la de ella es la que aún más me pesa. A veces me descubro pensando que tengo que ir a visitarla, que mis hijos querrán conocerla. Y entonces le digo, porque sueño con ella varias veces a la semana que sí, que la recuerdo, que cómo podría olvidarla.

La de la foto en color soy yo, lista para ir al Bar Mitzvá de mi sobrino mayor. La de la foto en blanco y negro es mi bobe Rosi, por supuesto, saliendo de la sinagoga el día en que mis padres se casaron.
Cuando llegó el momento de pensar qué ponerme para la fiesta de mi sobrino, no lo dudé, bajé la caja donde mi abuela guardaba sus vestidos "antiguos", y busqué y me probé. Ahora que está de moda cierta onda retro, el que elegí parecía hecho para mí. Sólo le quité las mangas y lo achiqué. Incluso usé la carterita que lleva mi abuela en la foto. Lo primero que me dijo mi mamá, cuando le conté mi decisión, es que estaba loca. Lo entendí. Para ella era el vestido de su mamá, el que usó hacía 42 años, ¿cómo traspasar ese vestido de un recuerdo a uno nuevo?.
De todos modos mantuve mi palabra y la mantuve en secreto. Cuando mis hermanas y mis tías me vieron, el vestido les "sonaba". Luego no podían creer que me hubiera animado a usarlo, y que quedara tan bien, que pareciera tan moderno.
Yo bromeé con que mi abuela haría acto de presencia a través de su vestido. Que todos estuvieran alertas por si me cambiaba la voz y decía algo fuera de época.
De alguna manera, no puedo negarlo, siento que la llevé conmigo. A mi abuela.
Y cómo me hubiera gustado decirle: "mirá bobe, ¡me puse tu vestido"!.

12 enero, 2006

En esta foto, que Manuel hizo suya, enmarcó y trajo hasta suecia para compartirla con el resto de los hermanos, mamá tenía 13 años. (atrás dice: I´m 13 years old, escrita en cursiva impecablemente inglesa.)
Es la foto más hermosa que ví de ella. Todos pasamos parte del tiempo tratando de encontrar parecidos y diferencias -en mi caso obvias, soy igual a mi padre- de cada uno con ella, o mejor: entre abuela y nietos.
A los chicos les sorprende que ésta mujer no haya sabido lo qué es ser abuela. Lucía que es una de los nietos mayores, tiene una foto donde está en brazos de mi abuela, la mamá de mamá.
A los 13 se la veía saludable y con una actitud que sí puedo reconocer en varios de nosotros. Ese modo soberano de plantarnos en el mundo, esa dureza de sabernos solos desde muy chicos, cada uno a su propio cargo.
Era hermosa.

10 enero, 2006

¿qué es un recuerdo?


¿Qué es un recuerdo?.
¿Es algo que se tiene?.
¿Es algo que se olvida?
No lo sé. En estos días en que vuelvo a ser una nena entre sus hermanos, creo que un recuerdo es una ola: de golpe un pliegue del tiempo se va haciendo denso hasta que puedo percibir ´algo´ que viene hacia mí, inevitable. Estoy de pie delante de él, casi como esperando, alerta.
Cuando de golpe, se acelera ahí entonces el recuerdo es como un vértigo raro, sé que es inevitable y empiezo a sentirlo en el cuerpo. La boca del estómago parece estremecerse, tendería a cerrar los ojos para disfrutar ese segundito previo a un clase de revolcón espumoso del que no se nunca cómo voy a emerger.
- Má....má...maaaaaa!!!!!
- ah, qué?
- dice Pedro que este osito era tuyo. Me contó que cuando vos te dormías él iba y te lo sacaba y se dormía chupándole las orejas y cuando a la mañana vos lo agarrabas y estaba mojado con baba llorabas...¿es verdad?
-
- má, maaaaaaaaa!
- sí, es cierto. Pedro me decía que el osito se había hecho pis, pero yo se lo sacaba y y lo olía y le decía "tiene olor a tu baba!!".
- Puaj!, qué asco!
Recuerdo que era un juego de todos los días. Me hacía feliz recuperarlo, y creo también que parte del juego era saber que olería a pedro. Como ahora, 3o y tantos años después.
-

05 enero, 2006

Eramos pocos...

Hace unos días que estoy tratando de subir una foto, pero blogger me tira un error y no puedo hacer nada.
La foto en cuestión es de Violeta, el regalo que trajo Papá Noel para Sol y Abril. Es una cahorrita Shitzu minúscula, de cuarenta y cinco días y más o menos veinte centímetros de largo, llena de pelo.
La verdad es que a mi mal humor habitual para las fiestas se sumó el mal humor por la responsabilidad de otro bicho más en casa. La fauna hogareña no para de crecer, tenemos tres gatos, tortuga, peces tropicales, crías de peces tropicales y ahora encima venía Violeta, me pareció como demasiado (ES demasiado).
Tratamos de disuadirlas diciéndoles que Papá Noel no podía traer animales porque se abollaban en la bolsa de los juguetes, a lo que contestaron que Papá Noel podía TODO porque es mágico, sino ¿cómo hacía para repartir juguetes a todos los chicos del mundo a la misma hora?. Más que lógico.
Intentamos por el lado de tentarlas con juguetes, ejemplo Barbie veterinaria. No hubo caso, querían una cachorrita de verdad, no la que viene con la Barbie.
Así fue que puteando por lo bajo empecé a buscar a Violeta, puteando por lo bajo la encontré, puteando por lo bajo la pagué y puteando por lo bajo la fuí a buscar.
Como mi mal humor navideño es el peor de los que me agarra durante el resto del año, seguí puteando por lo bajo y por lo alto todo el veinticuatro hasta las doce, momento en el cual, también puteando, puse a la cachorra debajo del arbolito.
Cuando volvieron de ver los fuegos artificiales se quedaron clavadas en la puerta del comedor, mudas y con la boca abierta. Estaban tan emocionadas porque Papá Noel les había traído a su Violeta que no podían articular palabra, emitían gruñiditos de alegría y daban saltitos. Se dieron vuelta y les ví los ojitos llenos de lagrimitas de felicidad.
-Qué va a hacer! Un culo más para limpiar- pensé, mientras se me espiantaba un lagrimón y el espíritu navideño me rozaba de costadito.

02 enero, 2006

LECCIÓN DE VIDA

Me encanta cuando la vida les ofrece una verdadera lección a mis hijos. Yo no soy de las madres que dicen "te vas a caer", yo digo: "probá, y si te caés, es que todavía no estabas listo para eso". Yo no les prohíbo treparse a lo que fuera, pero no los ayudo. Considero que si no pueden hacerlo solos, entonces no pueden hacerlo. Por eso el 31 a la noche, cuando yo les dije que íbamos a mirar los fuegos artificiales de lejos, y ellos no me hicieron caso, y yo repetí y grité un poco (yo siempre grito) y ellos igual se acercaron, no sin antes hacerme un gesto desafiante, me pareció bastante justo que varios de los fuegos vinieran fallados (no eran nuestros, valga la aclaración) y que, en vez de enfilar hacia el cielo, se largaran a correr al ras del pasto, y en todas las direcciones. La estampida de mis hijos, y sus caritas de pánico, más el llanto del menor y su pedido de irnos, y el mayor agarrado a mis piernas, me dieron ganas de decirles: ¡jódanse! Pero como soy madre, los abracé, les dije "yo les dije", y nos fuimos silbando bajito.

26 diciembre, 2005

SOBREVIVIR A LAS FIESTAS

Pasa algo extraño con las fiestas. Pasa que la gente se muere, y de pronto te cambia el entorno, como si a nadie le importara con quién debías o querías festejar, y a qué tradiciones estabas acostumbrada.
Festejo Navidad desde hace sólo diez años, y todavía no me causa ninguna gracia. No estoy acostumbrada a la Navidad, no forma parte de mi herencia genética. Mi Navidad era estar en la cama mirando "Qué bello es vivir" o "Jesús de Nazareth", y molesta por tanto ruido que hasta los sordos escuchamos. La Navidad, según mis padres, era ese tiempo en que a ellos los molestaban por ser judíos y comerse niñitos católicos en su punto justo. Pero después me casé con el hijo de alguien que seguramente podría haber molestado a mis padres en Navidad, y caí al lado del pesebre sin necesidad de bautismo. Pero la gente se muere. Se murieron Oscar, y Estela (y todavía todos se siguen peleando por la herencia) y se murió la tía senil que sentaban enfrente mío y que me miraba toda la noche sin pestañear con esa mirada de los seniles, y se murió la tía alcohólica, de cirrosis, cuándo no, y se murió el papá, y los que todavía viven se pelearon entre ellos, y de pronto lo que yo conocía como Navidad pasó a ser un embrollo de desconocidos que ni siquiera quiero conocer, que se hacen regalos entre ellos, y comen lo que no cocinaron y cuentan chistes malos, y toman de más, y yo que quiero irme.
Se murieron mis bobes, y mi zeide Mauri, y mis hermanas se casaron y tuvieron hijos, y mi papá dejó de prender la radio cinco minutos antes del año nuevo, con lo que a mí me gustaba escuchar cómo iban pasando los segundos y esperar con ansiedad que te cambie el año y puedas emprender nuevos balances. Los demás no se murieron pero se fueron separando por los resentimientos y la vida y ahora uno no sabe hacia dónde encarar, y para lo único que sirve el año viejo, te das cuenta, es para comprender que vayas donde vayas, no era ese el lugar. Tal vez sufra de melancolía pero quiero volver a ese festejo en el que yo bailaba y cortábamos papelitos para tirar por el balcón, aunque entonces no tenía hijos. O necesito inventar otro festejo para crear en mis hijos recuerdos como los que yo tengo. Porque ahora... ¿qué es lo que van a recordar? Que en Navidad la casa de su abuela se llena de desconocidos a los que no les importamos ni nos importan, o que el Año Nuevo lo tenemos que compartir con amigos que no son nuestros amigos, y familia que no es nuestra familia, y el lugar es tan grande que apenas nos vemos, y los chicos felices porque están con sus primos, es verdad, pero no hay baile, no hay papelitos, no hay radio, y a las doce hay que buscarlos por todos los rincones y suplicarles que lo pasemos juntos, y todo esto, lo sé, es porque la gente se muere, y de prepo te encajan la responsabilidad de decidir tus fiestas, y uno no está preparado, no sabe cómo. Por eso las fiestas de hoy son tan extrañas. Porque vayas donde vayas, no era allá.


resacada


Escena de Navidad, en casa del Tigre.
(foto sacada por laurita)

Afuera están en el porche las dos abuelas de mis sobrinos. Mi cuñada está intentando explicarme en sueco, cual sería para ella el modo en que podríamos darle de comer al niñerío e irnos a dormir sin remordimientos.!!!

Yo estoy ahí, pueden verme tirada en la alfombra con cara de haber dormido menos que poco, y descifrando sus secretas intenciones: para que ella duerma alguien debería ocuparse de sus tres bellezas extremadamene pequeñas (Ian,1mes, Marc 11 meses y sue de casi tres años).
Sugiero que sea lucía, cuyas piernas se estiran cual chicle a mi lado y me pone cara de culo. Descartamos a Lu, por piedad. Quedan las dos abuelitas pero Anne tiene miedo de que no sepan qué hacer con los vástagos . Demás estará decir que los hombres duermen el sueño de los justos, luego de haber bebido -como nosotras- y haberse acostado hace un rato -como nosotras-. La opción remanente soy yo y me niego. Necesito dormir!!
Por el piso los juguetes de los chiquitos que fueron abiertos en nochebuena . Me parece que Sue desvistió a su muñeca demasiado pronto y no quiere que su madre se vaya a la cama. Laura dice mientras saca la foto que ella viene a dormir conmigo....
Sí, aunque no lo crean La tía Anne se va a ocupar de sus propios niños. Un triunfo de papá noel!!!

23 diciembre, 2005

Este mes, ¿¿ se debe tener fe en que el bebé de Belén se mece desde el éter...???

Ejem. ¿Es menester tener fe en Él? ¡Es menester querer gente, ser decente, entender mentes!

El que desee presentes que festeje!

(Hereje!!!!!mereces tener sed de heces, que se te peguen jejenes de frente, que te fermenten tres veces tres el té, que te rete el Che!

El Bebé Celeste)

A pesar de compartirles este intercambio epistolar entre el cielo y tierra, qué la pasen lindo, festejen lo que quieran y como quieran. A los chicos besos y bises!!!!

cariños daniela

13 diciembre, 2005

Cuando un ángel no supera al eva-test

No soy muy religiosa, lo mío más que por la fe pasa por el "por las dudas". O sea, "por las dudas" bauticé a mis hijas, no sea cosa que quedaran vagando toda la eternidad en el limbo (y ahora quieren derogar el decreto!), o que estuvieran a merced del mal o que les pasara algo terrible.
Por herencia materna me acerco a una iglesia cada vez que las papas queman y también "por las dudas" voy a misa en fechas importantes.
La cuestión es que el día de la virgen fui a misa con Sol, quien obviamente a los cinco minutos estaba más que embolada. Se movía, se sentaba, se paraba, se arrodillaba, cantaba la canción de Floricienta, seguida por las miradas réprobas de las ancianas militantes de la madre de dios.
Como mi niña está muy interesada por el tema de los bebes y los embarazos, traté de motivarla y aquietarla diciéndole que escuchara el cuentito que estaban contando, que trataba de cómo un ángel se le había aparecido a María para contarle que iba a tener a su hijito, el niño Jesús.
- Qué Má? se le apareció ahora?
-Ahora, ahora, no, hace mucho tiempo para esta época.
-Y Jesús nace cuando es navidad?
-Claro, la navidad es el cumple de Jesús.
-Y la virgen no se había dado cuenta que tenía la panza así de grande con un bebé adentro que tuvo que venir un ángel a decirle?

La agarré de la mano y nos fuimos para casa.



09 diciembre, 2005

LUCIA, Mi amor


Tengo algo que reparar: Lucía dice que nunca cuento nada de ella en el blog, y que a pesar de que ya es una mujer, exige que figure en este espacio algo de lo que vivimos cuando era chiquita. Éramos, sería más justo decir. Lucía nació cuando yo estaba por cumplir 16 años, fue un parto sencillo e indoloro, porque mi ignorancia era tal que no contaba con que doliera. Nació rapidito, dijeron “pujá mamita”, yo hice fuerza como si quisiera hacer caca y listo…. Era mínima, pelada, y con los ojos grandes muy abiertos. Muy abiertos y ella muy seria. Más que llanto hizo un ruidito y mis primeras palabras fueron “es mi Flipper, es linda, es mía”. Flipper era un simpático delfín televisivo de mi infancia (debe poder verse en el canal retro). Ser madre fue en un segundo sepultar mi condición de huérfana, Lucía a su modo me parió. Yo no tenía mucha idea de qué era exactamente ser madre, en el sentido de las responsabilidades. Puedo decir que de lo otro no le faltó nada. En pleno desenfreno de los años ´80 Lucía acompañó mis primeros años de primavera argentina y alfonsinista, sin juicios, sin reclamos ni reproches (todo eso vino después…no se crean). Dormía a upa mientras yo seguía de tugurio en tugurio a Sumo, conoció mil novios y ninguno del todo bien. Desayunaba pizza fría más de una vez, creía que las papas fritas tenían adentro puré chef, y que cualquier lugar es bueno para dormir cuando hay sueño. Y aprendió que entre nosotras sólo hablamos escocés. Hasta hoy. Lucía tenía terrores nocturnos. Se despertaba de noche llorando como loca y con el corazón saliéndose por la boca. Nos asustábamos mucho y yo creí prudente ilustrarla sobre la razón y la necesidad de esos miedos. Creo que no podía entenderme del todo, en aquel momento al menos, aceptaba mis argumentos pero no los entendía y tampoco estaba de acuerdo con ellos. Yo creía que era todo culpa mía. Y le dije que pensaba que ella en su interior y sin darse mucha cuenta estaba enojada conmigo: no por nada que yo hubiera hecho, sino porque a medida que crecía iba siendo poco a poco consciente de mis pequeñas mentiras, de mis metáforas amorosas pero falaces. Yo creía que esos miedos eran causados porque a medida que iba siendo más grande, era consciente por primera vez de lo tonto de mi afirmación cuando le decía –mientras me arreglaba para salir apenas se durmiera-, siempre estoy con vos, aunque no sea físicamente. Una de esas noches de llantos y pesadillas, mientras yo le pedía disculpas y etc….su respuesta fue clara, seca, cortante, en un tono que nunca le había oído: “no es verdad, má. Vos no estás siempre conmigo”. No hubo reproche. No hubo más llantos. Ahora sólo recuerdo en esa escena el ruido de mi crujir de dientes y el dolor compartido por la percepción amarga de los hechos en su desnudez. Siempre fue una pelotudez decirle eso, siempre, pero a veces me resultaba muy difícil sustraerme de su carita cuando ahí yo veía los signos de la devastación debida a la ausencia mutua. Después de esa noche, cambié la frase por otra: “siempre pienso en vos”: neutra, quirúrgica, imposible de comprobar empíricamente. En esa época siempre me sentía una traidora a su amor incondicional, tan traidora como cuando me decía “no te vayas de mi cama cuando yo me duerma” y yo le prometía lo que sabía no cumpliría. Lo hice. Lu, nunca me reprochó nada, a lo sumo se despertaba durante la noche sollozando mi nombre. Con el tiempo y sin dejar de asumir mi cuota parte de responsabilidad en sus terrores nocturnos, pude poner la cosa en perspectiva: estaban motivados, también, por su crecimiento, por la percepción cada día más aguda de la realidad en contraste con la percepción distorsionada de cuanto le rodea de la mente infantil. Mi niña no sólo empezaba a saber: empezaba a entender. Con ayudita de otros pude darme cuenta de qué era lo que nos pasaba. Yo también dejé atrás mi infancia de golpe fue un dolor tan agudo, extremo. De alguna manera sentí piedad por mi hija, la compasión, en su sentido etimológico, nos sumergió a las dos en las sombras necesarias de una existencia cambiante, cruel, abocada a la separación. Sólo la conciencia de un dolor que necesariamente llegará nos prepara para su epifanía.
Es que mundo que nos tocó la preparó perfectamente para la estupefacción física y psíquica, y le negaba las sombras, el vacío, el aburrimiento, la frustración, el daño. ¿Tenía que ser yo quien se lo enseñe? ¿Tenía que ser yo la que le mostrara el dolor que la mera existencia produce? Déjenme ser muy clara: lo prefiero.

06 diciembre, 2005

Tandil



1. Estamos unos días en el campo. Vinimos a arreglar algunas cuestiones previas al verano. Laura quiso venir conmigo entonces me pareció una buena idea invitar a alguna amiga con niña/o.

2. Vino mi mejor amiga con su hijo, Joaquín, íntimo amigo de Laura desde que ambos estaban en la panza.

3. Desde hace un tiempito a la niña le ha dado por usarme la ropa. Especialmente camisones porque "tienen olor a mamá".

4. Acá empieza la serie de fotos que saqué en la siesta de una tarde calurosa en el campo en tandil. Laura se cambia por décima vez. ¿qué verá a trasluz?

Finalmente se decide por volver a sus propios pantalones. Es mejor: Joaquín se asusta de las nenas en camisón.

Consiguió arrastrarlo hasta mi cuarto pero no les resulta fácil saber a qué jugar. El está cansado, aburrido de ella, no sabe cómo decirle que no lo entretiene, que tiene que hacer algo con la pelota y los pies y al mismo tiempo.

No, gordita, no. No hay ningún muchachito debajo de la cama. Es hora de que vayas sabiéndolo: si se van se van mucho, mucho, mucho más lejos.

El se durmió agotado de tanto que ella lo peleaba.

Entretanto Laura se cambio de nuevo y se peinó. Esperó a que Joaquin se despertara....

Está un poco desanimada. ¿es ésto tener de amigo un varón a ésta edad?

Y sí, Lau, ni chicha ni limonada. Dejaste la Barbie pero falta para jugar al doctor


Al día siguiente: Laura durmió conmigo, con mi camisón y apenas se despierta quiere ver si por una de esas casualidades "el" la está espiando debajo de la cama.

Qué lindos son los actos escolares

Qué lindo que son los actos escolares. Cuánta creatividad y trabajo de parte de los maestros. Se nota que los chicos lo están disfrutando. ¿Ya nos podemos ir? Si mi hijo ya actuó, ¿tengo que esperar hasta que actuén todos los demás niñitos, de primero a séptimo, porque ahora se usa que participe toda la escuela? Y si participa toda la escuela, es decir, si todos los chicos están detrás del escenario esperando su turno para salir, ¿para quién es el acto? Ah, claro, es para que los papás veamos qué bien trabajaron durante todo el año. Pero ellos nunca tuvieron teatro. Ah, claro, es para que la escuela les muestre a los papás qué buena escuela que es, cuánta producción, como trabajan los chicos. ¿Es cosa mía o los discursos de los directores parecen sacados de un libro de Bucay plagiado? Mucha new-age. Muchas palabras grandes, mucha libertad, y creación, y respeto por el niño, pero a la hora de actuar a cada uno le dijeron lo que tenía que hacer y decir, o sea que ahí tanta libertad no había. Esta bien, si dejamos que cada chico improvise la cosa no va a salir tan ordenadita y prolija y linda. ¡Qué moderna es esta escuela! Yo le dije a la directora que hacernos forrar las zapatillas era una exageración, y que no se iban a ver. Si al chico le ponemos un gorrito de duende, y como mucho un chaleco, ya te das cuenta de que es un duende. Pero ella quería el chaleco, el gorro, el short, y los zapatos forrados. Todo en dos colores y con muchos pomponcitos. Me tocó amarillo. A mí esas cosas me producen una crisis de rebeldía. Hice el chaleco, conseguí una malla de un color parecido (mostaza, bah), para hacer el gorro hice un triángulo grande y se lo até tipo bandana. Y no puedo explicar aquí como hice las zapatillas porque no sé, pero digamos que usé un pedazo de tela que sobraba y todo con un nudo. Eso sí, puse todos los pomponcitos que había que poner. Igual las zapatillas forradas no se veían desde las butacas. Yo tenía razón. Mi hijo estuvo divino, por supuesto, me encontró y me saludaba y se reía. A él no le tocó hablar. (¿Por qué no le tocó hablar?). El acto fue largo, y después de los dos minutos en que apareció mi hijo ya mucho no me interesaba. Por eso vi cuando esa maestra, desde detrás del cortinado, sacó un brazo largo y atrapó al vuelo a una nena que no tenía muchas ganas de irse del escenario. Si hubiera sido mi hijo yo creo que le sacaba el brazo, porque a él varias veces se le salió el codo de lugar. Pero no podemos dejar que un acto tan cuidado, con tanta creatividad, se arruine porque una nena no sabe cuándo terminó su turno de actuar. A esa nena seguro que le faltaron límites en la casa, porque en la escuela todo es como debe ser.
El acto del menor lo hicieron en un club, al aire libre. Había que llevarse una lona porque la consigna era sentarse en el pasto y pasarla de diez. Como si todos fuéramos hippies jóvenes y sin problemas de columna. Lástima que estaba fresquito. Y los diez minutos que lloviznó cómo se nota que todos se rompen el alma por esta escuela, porque nadie se movió de su lugar. Qué lindo que estuvo el acto. Yo no puedo estar sentada sin respaldo, así que me dolía un poco la espalda, y me paré. Después me cansé y me volví a sentar, porque el acto empezó 45 minutos tarde. Pero qué importa, si todo es una gran fiesta, y ya eran casi las 18,30 y los chicos estaban sin abrigo porque tenían que mostrar la remera del color que les tocó. A mí, celeste. Le puse una remera del hermano, celeste y azul con un gran dibujo, pero se la puse al revés. Qué viva que soy. Y le llevé una camperita celeste, que la tiene celeste de casualidad, no porque se la haya comprado para el acto. Ah, y me tocó hacer una bandera de Guinea. Por suerte la de Guinea es fácil: roja, amarilla y verde. Y la pegué toda. Quedó un poco pegajosa pero qué se iba a notar si el viento la hacía flamear fuerte. Otras mamás no tuvieron la misma suerte, les tocaron banderas con escudos raros y esas cosas. No sé cómo se la habrán arreglado. Cuando leí la notita, decía "una bandera de tela de Guinea", y yo pensé que guinea era un tipo de tela, como decir "encaje de Bruselas". Pensé que los chicos tenían que llevar un pedazo de tela blanca y que en el jardín la iban a pintar de alguna manera. Porque si no la creatividad, ¿dónde queda? Pero no, cuando otra mamá me preguntó qué país me había tocado, me avivé. Mi marido todavía se ríe por mi ignorancia "telística". Pero qué le voy a hacer, no es lo mío. Entonces lo llevé con la remera al revés, la bandera de Guinea, y él se paró en medio del campo y hizo flamear la bandera y caminó para acá y para allá. Claro que para que lo pudiera ver a él primero pasaron los nenitos de 1 año, y los de 2, y los de 3, y recién entonces los de 4, y todavía faltaban los de 5 y se hacía de noche. Qué lindo verlo a mi hijo feliz con su bandera. Lo demás admito que no lo miré demasiado. Miraba cuántas pelotudeces les hicieron hacer a los padres, para que los padres mismos vean qué buena que es esta escuela, con cuanta libertad y creatividad se trabaja.
Pero después me dio un poco de nostalgia, porque como el año que viene van a ir a una escuela pública ya no habrá actos con tanta producción. Ni en un gran teatro. Ni en una cancha de fútbol con los papás sentados en el césped y las embarazadas peléandose por las pocas sillas. Ni con zapatitos de duende. Ni con banderas de Guinea. Menos mal...